dilluns, 3 de setembre del 2018

EL NACIONALISMO ESPAÑOL IDENTITARIO SE IMPONE




Durante la II República se intenta desarrollar, por parte de los sectores progresistas españoles, un modelo de nación laica y garantizadora de derechos básicos para su ciudadanía, con la enseñanza y un reparto algo más justo de la riqueza como principales instrumentos de un proyecto que se abre no tanto al federalismo como al reconocimiento de realidades nacionales diferenciadas en Catalunya, País Vasco y Galicia. La confrontación de este modelo con el del nacionalismo identitario en la Guerra Civil conlleva el triunfo de la visión más existencialista y retrógrada de España

En el nacionalcatolicismo franquista confluyen elementos de los múltiples grupos que le dan apoyo, desde el tradicionalismo carlista al fascismo de la Falange pasando por los monárquicos y, siempre, la Iglesia y las clases propietarias. Teniendo en cuanta los antecedentes (aquí) y los apoyos sociales no pueden extrañar los rasgos definitorios del nacionalismo fascista español: la unión ideal de milicia y fe, la añoranza del pasado imperial que marca el destino de la patria, la impronta del supuesto carácter castellano, sacrificado y austero, que irradia a toda España y un conservadurismo social en su máxima expresión

Se introducen matizaciones que suavizan los mensajes iniciales a medida que el régimen va mutando para sobrevivir (aquí), pero un elemento esencial va a subsistir más allá de la dictadura y de las propias formaciones políticas que podrían considerarse sus herederas naturales: no se admite la diversidad histórica y cultural más que en los aspectos folclóricos, en aquello que engrandece el acervo común en el lenguaje del régimen

Las reticencias con respecto al reconocimiento de las realidades diferenciadas son una constante desde la Transición, la misma configuración del llamado Estado de las Autonomías es ya una expresión, en su origen no hay tanto una voluntad de configurar un estado federal como el quitar hierro al reconocimiento delas llamadas nacionalidades históricas. Algunas muestras de la persistencia de esas reticencias a lo largo del tiempo: 
  

-         El debate sobre el Título VIII de la Constitución es el más polémico, resulta significativa la oposición de la Alianza Popular de Manuel Fraga y otros exministros de Franco.

-         Se plasma en la LOAPA tras el intento de golpe del 23-F, ley que el TC declara inconstitucional en algunos apartados clave de su contenido y que acaba siendo un instrumento inútil para lo que pretendía, meter en cintura a las comunidades autónomas

-         Es epidérmica tras cada atentado de ETA, con el frecuente desprecio hacia  lo vasco y “los vascos” como si todos simpatizaran con la organización terrorista.


-         Se manifiesta en torno a Catalunya mucho antes del actual proceso político catalán, de forma clara desde los primeros acuerdos para completar mayoría parlamentaria en 1993, con el pacto de legislatura entre el PSOE y CiU, coalición calificada en tono despectivo como “los catalanes” para cualquier crítica a sus actuaciones. Esto se convierte casi en una paranoia en el debate sobre el Estatut iniciado en 2004 que genera más pasión fuera de Catalunya que dentro


El nacionalismo español no identitario no está para muchas florituras durante la dictadura y no encuentra su espacio en el periodo democrático, va a remolque del españolismo esencialista o no se atreve a plantear su modelo de nación con claridad, pero ese será tema de otra entrada

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