El pasado 16 de abril, en el marco de los actos para conmemorar la proclamación de la II República, preparé una intervención. El compañero Juanma Tapia, uno de los asistentes (pocos, hay que decirlo) me conminó a poner las cosas por escrito, algo que suele hacer porque con buen criterio, como casi siempre en lo que él hace, insiste en que las reflexiones que hacemos si no quedan por escrito se pierden. Yo añado que si no se escriben las cosas, incluso aunque se grabe lo que se dice y creamos que perdidas entre los millones de horas que pululan por la distintas redes sociales están a disposición de cualquiera, esas cosas se pierden: escritas quizá no lleguen a muchísima gente, pero sí a las personas que tienen interés.
Así pues,
procedo a hacerle caso a Juanma y pongo algo nuevo en el bloc, después de mucho
tiempo y aclarando dos cosas. La primera es que lo que sigue es una recreación
de la intervención a partir del guion que preparé y tirando de memoria, no es
una transcripción literal de lo dicho en aquella charla coloquio. La segunda es
que tanto el guion como la intervención fueron en catalán y lo que sigue estará
en castellano, aspiro a que alguna persona de fuera de Catalunya pueda tener
interés por la temática y así se facilitan las cosas.
Dicho lo
anterior, lo que sigue es la antedicha recreación.
LA II
REPÚBLICA EN EL CONTEXTO EUROPEO
Eratóstenes
era un matemático y astrónomo que falleció en Alejandría en el 194 antes de
Cristo, para entonces ya había llegado a la conclusión de que la Tierra es esférica
y hecho un cálculo de la circunferencia terrestre que daba un valor muy cercano
a lo que hoy sabemos que es cierto. Puede decirse que para llegar a eso no tuvo
más medios que su capacidad de pensar. Pero eso no se lo expliques a un
terraplanista porque lo de pensar de forma crítica no está en sus planes, sólo
el creer en aquello en lo que quiere creer. Traigo esto a colación porque nos
pasa algo parecido con las ideas que difunden un puñado de pseudohistoriadores
en relación a la II República, empeñados en no hacer caso a la historiografía
seria y rigurosa para poder alimentar la verborrea de la ínclita Esperanza
Aguirre que dice sin inmutarse que la guerra empezó en 1934. Es sólo un ejemplo.
Yo voy a
hablar hoy poco de la República, no vale la pena esforzarse en desmontarse esos
disparates. Lo que voy a hacer es intentar utilizar otro enfoque para
acercarnos a aquel momento histórico, utilizando un perspectivas temporal y
espacial distintas de las habituales.
Por lo que
respecta al enfoque temporal llevo ya tiempo preguntándome porque asumimos con
tanta tranquilidad que en la temporalización de la historia de España se pase
del Sexenio Revolucionario a la Restauración y después a la República y la
Guerra Civil como si fuera un tándem inseparable. La España de 1876 se parece
como un huevo a una castaña a la de los años 20 durante la dictadura de Primo
de Rivera y eso va en un mismo periodo. Y colocar en un mismo paquete a la
República y la Guerra nos coloca como mínimo psicológicamente predispuestos a
ver una cosa como consecuencia de la otra. Si lo pensamos bien sería más lógico
hablar de Guerra Civil y Franquismo, a fin de cuentas, durante la guerra el
gobierno republicano no pudo desarrollar su programa político y social,
bastante tenía con ver cómo resistía lo que le estaba viniendo encima, en
cambio, fue durante los años de la guerra que el régimen de Franco se dotó de
una estructura institucional que fue la base sobre la que se sostuvo a lo largo
de toda su existencia.
Por lo que
respecta al enfoque territorial, el éxito de los estados nación ha impulsado la
existencia de historias nacionales, incluso en la naciones sin estado, que
acostumbran a verse como entes autónomos, originales y sólo hablan de otras
naciones para explicar conflictos y pugnas frente a ellas. La realidad es que
el homo sapiens es protagonista de una historia mundial desde que salió de
África y se extendió por todo el planeta como si fuera una especie invasora, la
historia de los pueblos de la península ibérica no se entiende sin las
interacciones con fenicios, griegos y romanos, sin las llamadas invasiones
bárbaras no se podría hablar de esos godos que para el nacionalismo español son
el origen de la nación, etcétera. Hablaré de Europa y un poco de resto del
mundo casi más que de España.
Acabaré hablando
delos valores republicanos, una manera de intentar hacer aquello que decía el
hispanista Pierre Vilar, cuando nos esforzamos en intentar comprender por qué
pasaron las cosas y cómo pasaron en el pasado estamos en mejores condiciones
para entender el presente
Voy a
abordar el tema de la II República desde el contexto de lo que pasó en Europa
en el periodo de entreguerras, entre 1918 y 1939. Comienzo con un listado de
hechos extraídos del atlas histórico:
En octubre
de 1922 Mussolini llega al poder en Italia, aún no es un estado enteramente
fascista, pero lo será desde finales de 1925
En junio de
1923 se produce un golpe de estado en Bulgaria y accede al poder Tsankov
En octubre
de 1923 Kamal Ataturk se hace con el poder en Turquía
En enero de
1925, Ahmed Zogu es nombrado presidente de Albania, será una dictadura hasta
que Albania sea ocupada por Italia en abril de 1939
En mayo de
1926 un golpe de estado lleva al poder a Pilsudsky en Polonia, la dictadura se
mantiene cuando él fallece en 1935
En mayo de
1926 se produce un golpe de estado en Portugal, el proceso culmina en 1932 con
la consagración de Estado Nuovo de Salazar
En diciembre
de 1926, se instaura el gobierno dictatorial de Esmetona en Lituania.
En enero de
1929 se produce el golpe del rey Alejandro en Yugoslavia
En febrero
de 1930 un golpe personal de Caroll II de Rumania inicia un periodo autoritario
que culmina con una dictadura plena a partir de 1938
En enero de
1933 accede al poder Hitler, apenas necesita dos meses para desmantelar la
República de Weimar.
En marzo de
1933, golpe de estado de Dolfuss en Austria, aunque es asesinado por los nazi
austríacos en 1934, para los que no era suficientemente dictador, se supone. Su
sustituto mantiene el régimen dictatorial hasta que se produce la Anschluss,
anexión de Alemania, en 1938
En marzo de
1934 Konstatin Pats impone la dictadura en Estonia
En mayo de
1934 es Letonia la que se convierte en
una dictadura con Ulmanis al frente
En agosto de
1936, un mes después de iniciada la guerra en España, Metaxas se convierte en
dictador de corte fascista en Grecia, aunque se mantiene leal en su alianza con
Gran Bretaña
Todos estas
dictaduras se mantuvieron, como mínimo, hasta la II Guerra Mundial y debiera
ser suficiente como para cuestionarse aquello de que fue la república la que
con sus actuaciones provocó un golpe que acabó en guerra, ¿en todos estos
países también fue causante la II República?
Se diría que
era una moda que hubiera dictaduras, pero de la misma manera que ahora hay que
analizar por qué pasan las cosas para que cada vez haya más regímenes de esos
que se llaman iliberales (en realidad que están vaciando de contenido la democracia)
o que crezca como está creciendo en todo el mundo la extrema derecha: no sirve hablar
de modas.
Dos hechos
históricos ayudan a explicar esta retahíla de golpes y dictaduras durante esos
20 años.
Por una
parte la Revolución Rusa que marcó la historia mundial durante todo el llamado
por Hobsbawm siglo XX corto. La Revolución de Octubre todo el mundo sabe que
fue en noviembre, el régimen zarista estaba tan adaptado a los tiempos que aún
manejaba un calendario que no tenía en cuenta los años bisiestos y levaba
acumulado un retraso de 10 u 11 días respecto al que usaba el resto del mundo,
así que la revolución llamada de octubre en realidad se produjo a primeros de
noviembre de 1917, a finales de la I Guerra Mundial, y aspiraba en un principio
a extenderse a otros países. Hubo intentos, el miedo a una revolución social en
Alemania ayudó mucho a que se precipitara el final de la guerra mundial pocos
meses después. Hubo huelgas insurreccionales en diferentes lugares e incluso una
efímera república soviética en Hungría con Bela Kun (por cierto, cuando fue derrotada
se instauró el gobierno de Horthy, otra dictadura que no ha salido en la
relación anterior porque no tuvo su origen en un golpe y que aguantó hasta la
II Guerra Mundial). El miedo al bolchevismo impulsó, por ejemplo las squadras
di combatimento, el partido fascista italiano, para hacer frente a las huelgas
insurreccionales en Italia. Con el visto bueno del rey y el apoyo del gran
capital ese miedo a la revuelta obrera y popular llevó al poder a Mussolini.
El miedo a
la revolución, real o fingido, sirvió de excusa para la instauración de los
regímenes autoritarios. Es cierto que esa etapa de creer en la extensión de la
revolución duró poco y que a partir de 1924, tras la muerte de Lenin, lo que se
impuso fue a doctrina del socialismo en un solo país, la URSS, pero no por ello
los comunistas dejaron de intentar el acceso al poder en otros lugares y estaba
claro hasta las políticas de apoyo a los frentes populares de 1935 que con el
objetivo de instaurar la dictadura del proletariado. El miedo a la revolución,
real o fingido, sirvió de excusa para la instauración de los regímenes
autoritarios.
El otro gran
hecho histórico del periodo de entreguerras que impulsa la llegada de regímenes
totalitarios fue la crisis de 1929, el crack de la bolsa de Nueva York provocó
una crisis mundial y las consecuencias se vieron agravadas por las respuestas
iniciales de reducir el gasto público, otro guiño al presente, seguro que nos
suenan las políticas austericidas que agravaron la crisis económica en torno a
2010 y en los años siguientes. Al final, las salidas fueron incrementar el
gasto público para animar la economía, lo hizo Roosevelt construyendo puentes y
carreteras y lo hizo Hitler con el gasto militar, lo que pasa es que cuando se
invierte en armas al final tienes que justificar el gasto usándolas, algo que
hoy estamos viendo en vivo y en directo.
Pero el
incremento del paro y del descontento social volvieron a impulsar el miedo a la
revuelta social y para contrarrestar el riesgo una de las soluciones adoptadas
fue llevar el nacionalismo identitario nacido en el siglo XIX hasta el
paroxismo, un nacionalismo extremadamente excluyente, racista e intolerante,
pero apoyado en unos medios modernísimos, lo que son las redes sociales hoy lo
fueron entonces la propaganda masiva, el uso de los desfiles, de la radio o de
los documentales de Leni Riefenstahl. La llegada al poder del nazismo en
Alemania es la quintaesencia de la reacción ultraderechista a la crisis
económica que asoló el mundo en aquellos momentos
¿Qué reflejo
tuvo en España todo esto que voy diciendo que pasaba en el entorno europeo?
Nos machacan
con lo de que España se mantuvo al margen de las dos guerras mundiales, pero
eso no significó permanecer al margen del contexto general, ya en 1917 hubo una
huelga general convocada por la UGT y la CNT, porque mientras los empresarios
se forraban vendiendo a una Europa en guerra, a las clases trabajadores lo
único que les llegaba era el incremento de precios que esa guerra provocaba. Al
finalizar la guerra España se vio frente a un conflicto social importante en
Catalunya y a una guerra colonial mal llevada en el norte de África.
Por una
parte, la CNT en el Congreso de Sants acordó organizarse a partir de sindicatos
únicos de empresa para hacer frente al poder empresarial, es decir, que donde
antes hubo un sindicato de tejedores, otro hilanderas, otro para cada oficio
del mantenimiento, etcétera, ahora se creaba un sindicato de todo el mundo que
trabajaba en la misma empresa, hiciera lo que hiciera en ella. La CNT ganó
poder y después de la huelga de La Canadenca, en 1919, se consiguió la ley de
jornada de 8 horas (48 semanales porque era por 6 días) para todo el país. No
era poco.
También hubo
una parte del cenetismo que optó por la vía del pistolerismo, en lo que fue el
embrión de la FAI, un pistolerismo que fue respondido con el pistolerismo blanco
de los llamados sindicatos libres amparados por la patronal. El clima de tensión
social llevó al empresariado catalán a apoyar la salida dictatorial que
significaba Primo de Rivera, por delante del catalanismo estuvo siempre el
deseo de paz social.
Junto a la
tensión social, muy centrada en Catalunya en aquel momento, la marcha de la
guerra en África no podía ser peor, como dejó claro el precisamente llamado
desastre de El Annual de 1921. Todo ello llevó a impulsar una salida
dictatorial en la que se implicó claramente Alfonso XIII. La dictadura de Primo
de Rivera hizo amagos de imitar al fascismo italiano, incluso creó su propio
partido único, la Unión Patriótica, pero no consiguió que fuera un partido de
masas como el partido fascista italiano. Al final se enemistó con tantos
sectores que acabó cayendo, algo nada frecuente, como se ha visto, en las
dictaduras que se imponían en Europa en aquellos años. Su caída dejó muy tocado
el reinado de Alfonso XIII aunque este intentara desmarcarse, después del
intento de la llamada dictablanda del general Dámaso Berenguer las elecciones
municipales del 12 de abril de 1931 dejaron claro que no tenía apoyo popular.
Es cierto
que aunque la II República se proclama en plena crisis económica mundial esa no
afecta de forma tan pronunciada a España como a otros países, no era un país
industrializado excepto en el núcleo de Catalunya y de forma más concentrada en
Euskadi y su agricultura en aquella época, a diferencia de lo que sucede ahora,
no estaba volcada en la exportación, como si sucedía ya en lo que se llamaron
repúblicas bananeras. También es cierto que había factores endógenos, como en
cualquier país, no todo pasaba por la influencia de contexto general: el rey se
fue, pero no abdicó, siempre quedó la puerta abierta para los monárquicos; el
mismo día 14 de abril de 1931 ya se produjo una reunión conspiratoria antirrepublicana
en una propiedad del conde de Guadalhorce, con la asistencia de personajes como
José Calvo Sotelo o José Antonio Primo de Rivera; no pasó ni un año y medio y
ya en agosto de 1932 se produjo la sanjurjada, la primera intentona seria de
pronunciamiento militar contra la república. Por otra parte hubo desde el
principio conflictos sociales que se convirtieron en temas de orden público con
consecuencias graves, fueron los casos de Castilblanco y Arnedo en 1932 o, más
grave, lo ocurrido en Casas Viejas en enero de 1933, donde una de las llamadas
insurreccionales de una parte del anarquismo desembocó en una masacre, primero
hacia las fuerzas de seguridad y después en sentido inverso como consecuencia
de la represión.
Pero sin el
contexto internacional no se entienden algunos de los momentos claves del
periodo republicano. La revolución de 1934 tuvo como espoleta la entrada de
ministros de la CEDA, abiertamente contraria a la república, en el gobierno de
Lerroux. Lo sucedido en Alemania un año y medio antes, con la entrada de Hitler
en el gobierno y la liquidación de la República de Weimar en el plazo de dos
meses fue determinante para que se produjera ese episodio.
Sin el
contexto internacional no se entienden tampoco hechos claves de la guerra como
el apoyo desde el principio de las potencias fascistas a los sublevados, la política
de no intervención de las potencias democráticas, movida por el miedo a la
revolución social y por la ceguera de querer apaciguar a los gobiernos
fascistas de Italia y sobre todo Alemania y que constituyó un apoyo a los
rebeldes al dejar impotente al gobierno legítimo o las intervención de las
brigadas internacionales en apoyo a la república. Todo el mundo era consciente
de que aquí estaba en juego mucho más que un problema interno ente españoles.
Tampoco se
entiende sin el contexto internacional el grado de violencia que se desató en
la guerra y que fue mucho más allá de lo acaecido en los pronunciamientos y
guerras internas del s. XIX, incluyendo las carlistas.
Entro ya en
la parte final, siempre soy contrario a idealizar el pasado, a principios de
los ochenta no vivíamos en un mundo maravilloso que se abría ante nosotros por
mucho que hoy se empreñen en querer hacérnoslo creer, menos aún en los años 60
y 70 en plena dictadura. De la misma manera, la república tuvo sus grises y sus
claroscuros. Hay quien puede pensar que por quedarse corta en la aplicación
rápida de la reforma agraria no se ganó el apoyo incondicional que eso le
hubiera dado, hay quien, por el contrario, piensa que abordó demasiadas
reformas de calado y se buscó muchos enemigos. No creo que eso sea la gran
cuestión a debatir desde los intereses del presente.
Lo que es
innegable es que la II República encarnó los valores republicanos que tenían un
hilo conductor desde la razón ilustrada, pasando por la revolución francesa que
hizo aflorar los derechos de los ciudadanos frente al papel de súbditos de la
población, las Cortes de Cádiz y la constitución de 1812, las corrientes
democráticas que a lo largo del XIX plantearon ampliar la base ciudadana sobre
la que se sustentaba el estado y los elementos de justicia social desde la
segunda mitad del siglo con el surgir del movimiento obrero. Por algo en los
momentos actuales la oposición a Trump adopta como lema el “no kings”, no es
que haya un miedo real a que los Estados Unidos se conviertan formalmente en
una monarquía, pero sí a que se sustituyan los valores democráticos de la
república por una conversión de los ciudadanos en súbditos, lo que ha
representado la monarquía como modelo histórico. La II República impulsó una
reforma para modernizar el ejército que ciertamente la necesitaba, instituyó un
estado laico, en la que fue quizá la más lograda de sus iniciativas pretendió expandir
la educación a toda la población en un país con un índice muy elevado de
analfabetismo, reformó la legislación laboral para dar más instrumentos a las
clases trabajadoras, incluyendo una reforma agraria que pudo avanzar muy poco
por la rebelión militar, avanzó en modernizar el estado, con la
descentralización que implicaban los estatutos de autonomía, con leyes como la
del divorcio, con el sufragio femenino.
Se ganó con
todo ello enemigos poderosos, parte importante del ejército, la Iglesia que
veía perder su gran influencia y también recursos y, por supuesto, las clases
propietarias. También en esta oposición a los valores republicanos hay un hilo
conductor que conecta con los defensores del absolutismo a principios de la
centuria anterior, los que después defendieron un estado liberal acotado a los pudientes. Los que más tarde
asumieron una adaptación del nacionalismo identitario que creció en Europa en
la segunda mitad del XIX con la formulación de Menéndez Pelayo del espíritu del
pueblo encarnado en la religión católica (la lengua no servía porque había demasiadas).
Ese nacionalismo ultramontano, con la Iglesia alineada con los económicamente
poderosos que convirtió a los defensores de los valores democráticos en la anti-España
Y todo esto
se dio en una sociedad contagiada por un ambiente general en Europa (y por
extensión en el resto del mundo) favorable a las vías violentas en la búsqueda
de salidas. Yo soy más partidario del término Guerra de España al de Guerra
Civil, porque tuvo elementos de una guerra civil, pero fue también un conflicto
en la pendiente que llevó a la II Guerra Mundial, no un fenómeno aislado en un
país en una situación excepcional. En torno a las fechas en que se produjo la
guerra en España hubo:
En 1935 la
guerra de Abisinia, la actual Etiopia, provocada por la intervención armada de
la Italia fascista.
La Alemania
nazi inició, o mejor, acrecentó sus desafíos a las democracias europeas con la
militarización de Renania en marzo de 1936, incumpliendo el Tratado de
Versalles que puso fin a la I Guerra Mundial
Japón ya
venía desarrollando un expansionismo imperial en Corea y parte de China (en
concreto Manchuria) pero en 1937 se inicia la guerra total con China, es el
inicio de la Guerra del Pacífico, es decir, que la II Guerra Mundial empezó
antes de la ocupación de Danzig contrariamente a lo que acostumbramos a
aprender. Al inicio de la guerra sino japonesa se produce la matanza de Nanjing,
entonces capital de China, con entre 100 y 300 mil muertos, cifras muy dispares
pero ninguna de ellas desdeñable.
Alemania se
anexiona Austria, el llamado Anschluss, en febrero de 1938.
En octubre
de 1938 se produce la ocupación de las Sudetes, región de Checoslovaquia con
una minoría de habla alemana.
Coincidiendo
casi con el final de la guerra en España se produce, a principios de abril de
1939 la ocupación total de Checoslovaquia (que se divide en los protectorados
de Bohemia y Moravia) por Alemania y la ocupación de Albania por Italia.
A todo este
clima tampoco es ajena la situación en España, así, la consigna de resistir y
alargar la guerra lo máximo posible que pone en práctica el gobierno de Negrín
se ampara en la posibilidad de que un estallido de una conflagración generalizada
pudiera servir para cambiar el rumbo de la guerra.
Voy acabando
con lo que dije al principio de los valores republicanos como ayuda para
entender el mundo actual.
Ahora el
mundo se encuentra otra vez en una confrontación entre lo que serían los
valores republicanos de entonces actualizados y una reacción envuelta en un
ropaje de modernidad.
Los valores
republicanos se han nutrido de nuevos elementos que han aportado los hechos
acaecidos tras la II Guerra Mundial. Los elementos del estado del bienestar, el
feminismo con un peso muy superior de sus reivindicaciones desde la década de
los 60 al que tenían con anterioridad, la descolonización, los derechos de las
minorías étnicas, religiosas o de orientación sexual, el pacifismo que es
evidentemente muy distinto desde las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el
ecologismo y hasta los derechos de los animales. Todo eso que llaman
despectivamente “woke” para desacreditarlo y de lo que deberíamos sentirnos
orgullosos, sin olvidar que toda reivindicación debe enmarcarse en una mejora
general, que no por reconocer derechos a un colectivo o en un ámbito concreto
eso supone que tenga que empeorar la vida de los más, sino todo lo contrario.
Los enemigos
de los valores republicanos son otra vez poderosos y no se circunscriben a
Catalunya o España. A diferencia de hace 100 años no hay una amenaza de
revuelta social creíble, les mueve la codicia o, en términos marxistas, el afán
de maximizar el beneficio, lo que también nos puede llevar a pensar que el supuesto
miedo de entonces a la revolución quizá fuera más excusa que miedo real. Lo
dice claramente alguien como Peter Thiel que plantea que la democracia es
incompatible con el avance de los negocios.
Es la
tradición de la vieja reacción de siempre con vestido de modernidad
tecnológica, algo no muy novedoso si se recuerda el manifiesto futurista de
Marinetti, publicado en 1909 y en el que la fascinación por los coches y la
modernidad acompañaban a las loas a la violencia,
Comprender
el pasado, tener una visión amplia y no reduccionista que se quede en los
conflictos internos nos ayuda a entender el presente y a evitar que entre
locos, intereses económicos y aventuras geoestratégicas hagan saltar el mundo
por los aires. También para ser optimistas, porque lo que sí es cierto entre
tanta mentira como circula por el mundo es que puede haber un mundo mejor para
todo el mundo, aunque quizá no consista en ponerse una camiseta una vez y luego
tirarla a la basura.
