dilluns, 22 d’octubre del 2018

CATALANISMO Y NACIONALISMO EN LA ERA PUJOL



La llegada al poder del nacionalismo catalán conservador no significa el cambio de hegemonía automático, pero desde el control de las instituciones permite que la visión esencialista de Catalunya se imponga a la que representa el catalanismo popular. A ello contribuye la debilidad que van a mostrar las fuerzas que podrían representar esta última opción y, no debe pasar desapercibida, la corriente mundial que empuja al neoliberalismo político y económico en detrimento de las políticas socialdemócratas y el pensamiento económico keynesiano.

El modelo de inmersión lingüística en la educación catalana es posiblemente el último triunfo del catalanismo no esencialista. Frente a la propuesta defendida por Jordi Pujol de una doble red de escuelas, unas en catalán y otras en castellano, la movilización en los centros de enseñanza de zonas con alto porcentaje de población castellanohablante impone la fórmula de la inmersión. El objetivo principal no es tanto extender el uso social del catalán en aquellas zonas como contribuir a la igualdad de oportunidades de la descendencia de la población que había emigrado de sus tierras de origen a Catalunya

Los gobiernos de CiU acaban impulsando la doble red por la vía de la prima a los conciertos educativos con la enseñanza privada en lugar de invertir decididamente en la pública, como sucede también con la sanidad, los dos grandes servicios públicos sobre los que la Generalitat tiene competencias desde un principio. Es inverosímil que unos gobiernos con otra visión de país hubieran impulsado el modelo que pervive en la Catalunya de hoy

Esta es una de las características diferenciales del nacionalismo identitario  cuando se le compara con el inclusivo, la identidad no se construye sobre la base de derechos de la ciudadanía, sino sobre las señas de identidad culturales, entendiendo el término cultural en un sentido amplio (aquí). La bandera, el himno, la lengua, como elemento clave en el caso catalán, una determinada visión de la historia, las tradiciones, incluidas las religiosas, por supuesto, y el folklore son los grandes elementos de identificación, los derechos y deberes sociales y de ciudadanía no forman parte troncal de la nación y están, a diferencia de lo otro, expuestos a los avatares del debate social y político

Otra característica del nacionalismo identitario al que no escapa el caso catalán es la apropiación simbólica de la nación. La misma distinción entre nacionalismo y catalanismo parte de la premisa de que alguien establece un baremo de auténtica pertenencia. Si en la cultura la pertenencia se mide a partir de uso del catalán como lengua de expresión, en el caso de la política catalana el grado se impureza se va a establecer a partir de la “contaminación” de españolismo, con los partidos abiertamente españolistas en un extremo y los de estricta presencia catalana en el otro, desde esa visión lo que diferencia tanto al PSC como al PSUC de CiU o ERC en 1980 no es si Catalunya es una nación, sino que PSUC y PSC tienen relaciones, aunque no sean de dependencia, con partidos españoles

El nacionalismo conservador de CiU llega al poder gracias, entre otras cosas, al apoyo de la patronal catalana y a las maniobras del gobierno español desde las elecciones del 15 de junio de 1977 (aquí), pero para conseguir la hegemonía social que aún hoy mantiene cuenta, además de con el poder institucional y con el apoyo de una sociedad catalana siempre mucho más conservadora de lo que se confiesa, con la profunda crisis de las formaciones que defienden, o se supone que debieran defender, otro modelo de país

Al año siguiente de las elecciones que llevan a Jordi Pujol a la Generalitat el PSUC salta por los aires en su V Congreso (enero de 1981) que acaba llevando a la escisión de los comunistas. La frustración ante los magros réditos obtenidos por la fuerza más organizada del antifranquismo en la democracia recuperada explica buena parte de la crisis, táctica y estrategia se cuestionan y los comunistas se van a convertir en un actor político secundario en los siguientes años, como PSUC y PCC por separado y como Iniciativa per Catalunya más adelante, con o sin listas diferenciadas en la elecciones generales y al Parlament de Catalunya. ICV va a ser una pieza clave en los dos tripartitos, aunque como socio menor en ambos, pero eso será ya en el siguiente milenio

El caso del PSC tiene algo de profecía autocumplida, pierde peso político y su autonomía de funcionamiento con respecto al PSOE de Felipe González , con un peso creciente de la Federación de Andalucía del PSOE, disminuye gradualmente, lo que alimenta el discurso de su catalanidad bajo tutela. Uno de los primeros síntomas es la desaparición del grupo parlamentario propio, todo apunta a que como coletazo del intento de golpe del 23-F. La aprobación de la LOAPA, también en el paquete de los posibles acuerdos con los golpistas (aquí) es munición para el nacionalismo conservador catalán. El salto del ayuntamiento de Barcelona a la política catalana de Pasqual Maragall supone una recuperación considerable del discurso propio, la debilidad del PSOE en España en aquel momento ayuda, y el PSC encabeza los dos tripartitos de los que ya se hablará

ERC se resiente del abrazo del oso y pierde influencia electoral y social a partir de 1980, es sintomático de sus posiciones programáticas de la época, claramente situadas en clave esencialista y conservadora en todos los aspectos, el relevo de Heribert Barrera por Joan Hortalà, el actual presidente de la Bolsa de Barcelona, en 1984 renuncia al escaño en el Parlament, por ERC, para ser Conseller en el ejecutivo de Jordi Pujol, en 1987 deja este último cargo para ser secretario general de ERC y cabeza de lista al año siguiente. Los resultados de 1988 vuelven a ser decepcionantes y el relevo vuelve a efectuarse en clave nacionalista identitaria, Àngel Colom y Pilar Rahola pasan a ser las cabezas visibles de ERC entre 1989 y 1996, ambos acaban en la órbita convergente. En 1996 sí que se produce un giro estratégico, ERC recupera un discurso catalanista no identitario, relegado desde Companys, y hace compatible el discurso social con una postura abiertamente independentista, con Carod-Rovira y el nuevo equipo dirigente se gesta la incorporación a los gobiernos tripartitos y ser una alternativa con un modelo de país diferenciado al del CiU.

Con este panorama Jordi Pujol puede convertir las acusaciones de la fiscalía por el caso Banca Catalana en un triunfo político y desarrollar durante más de dos décadas políticas que favorecen a las clases acomodadas catalanas, tanto en Catalunya como en el ámbito español, por influencia sobre los gobiernos de turno y en especial en los años 90. Al mismo tiempo puede presentarse como pal de paller de la defensa de los intereses de Catalunya, entendida como un ente con personalidad y cultura propia que deben defenderse y no como un colectivo humano unido por lazos de cohesión cívica y social. La abstención diferencial que se produce en todos los procesos electorales al Parlament le permiten tener pocos sobresaltos hasta que debe confrontarse electoralmente a Pasqual Maragall en 1999, pierde aquellas elecciones en votos aunque el sistema electoral y el apoyo del PP le permiten un último mandato, acabando de forma muy parecida a como empezó, con menos votos que la izquierda catalana y con el apoyo del partido conservador español del momento, en 1980 UCD y en 1999 el PP

En el largo período pujolista se asienta la hegemonía del nacionalismo identitario y conservador en Catalunya, poder y redes clientelares, control de medios de comunicación públicos y no pocos privados, apoyo mutuo de Govern, CiU y poderes económicos, avance comparativamente muy inferior al de otras CC.AA. de la oferta pública de servicios básicos del estado del bienestar son fenómenos que van parejos

Los gobiernos tripartitos intentan cambiar el escenario, pero no consiguen romper la hegemonía del discurso nacional conservador, por sus propias limitaciones, por las dificultades que conlleva un cambio de mentalidades colectivas de esa magnitud y porque la pavorosa crisis de 2008 se vino encima, pero todo eso será objeto de otra entrada

dimarts, 9 d’octubre del 2018

EL CATALANISMO EN LA TRANSICIÓN




El movimiento popular en Catalunya es determinante para que se produzca la Transición, no es extraño que sea así al tratarse de un territorio fuertemente industrializado y con algunos de los núcleos de población más importantes de España. Fue además el lugar donde más avanzó la unidad antifranquista con un organismo unitario, la Assemblea de Catalunya, bastante anterior (1971) a la muerte de Franco y con objetivos muy bien definidos. Mientras que la Junta Democrática, inspirada en ella y creada en 1974, y la Plataforma de Convergencia Democrática, de 1975, sólo se unen en la llamada Platajunta, y con recelos, en octubre de 1976, con la Ley de Reforma política de Suárez ya en proceso de aprobación (aquí)

Por otra parte, en Catalunya se plantea como uno de los puntos fundamentales el de la cuestión nacional, donde se mantiene la pugna soterrada entre concepciones distintas de qué carácter debe tener el catalanismo. En la Transición se entra con la hegemonía del catalanismo progresista y de ella se sale con el catalanismo identitario gobernando por décadas la Generalitat de Catalunya. Ese trasvase de hegemonías no fue fruto de la casualidad

Aunque se remonta a antes del inicio de la Transición es importante tener presente qué fue y cómo surge la Assemblea de Catalunya que va a tener un papel determinante en la primera fase de la Transición en Catalunya.

En la segunda mitad de los 60 empieza a romperse en cordón sanitario que todas las formaciones antifranquistas aplican a los comunistas del PSUC, la formación con mayor actividad y capacidad organizativa del antifranquismo catalán. El PSUC es admitido en foros unitarios y del PSUC, muy en concreto de Antoni Gutiérrez Díaz, el Guti, nace la idea de la Assemblea de Catalunya que se pone en marcha a finales de 1971 con el objetivo de agrupar tanto a formaciones políticas como a otro tipo de entidades y a intelectuales independientes. Al impulso inicial se apuntan, además del PSUC, el MSC de Joan Raventós que acabará siendo clave en la creación del PSC y la formaciones nacionalistas radicales (FNC y PSAN), la presencia inicial de círculos próximos a Jordi Pujol (aún no había creado partido) y de Unió Democràtica es menor

La novedad que introduce la Assemblea es su aspiración de incorporar a todo el tejido social y extenderse por todo el territorio de Catalunya, sobrepasar el marco de los acuerdos entre partidos y convertirse en un instrumento del catalanismo popular. La incorporación de sindicatos, colegios profesionales, movimiento vecinal, grupos cristianos de base y otros colectivos le da una capacidad de influencia mucho mayor que la que habían tenido las anteriores experiencias unitarias entre partidos.

El segundo gran éxito de la Assemblea fue acordar un programa común claro, cuyos tres primeros puntos se concretaron en el conocido lema de Llibertat, amnistía i Estatut d’Autonomia. El cuarto punto a menudo se olvida, la coordinación con las fuerzas democráticas del resto del estado

Un tercer éxito de la Assemblea fue la descentralización, no quedar reducida a Barcelona ciudad si no extenderse por el territorio

La represión franquista no puede evitar su funcionamiento, incluso la mayor operación contra ella, la caiguda dels 113 en 1973, sirve para darle un aura que le beneficia y para generar un movimiento de solidaridad que acaba favoreciéndola

En los primeros meses de la Transición, muerto ya Franco, en Catalunya la oleada de huelgas (aquí) se ve acompañada por las grandes manifestaciones del 1 y el 8 de febrero de 1976 en Barcelona, duramente reprimidas, y por la celebración del 11 de septiembre de 1976, con la primera manifestación autorizada en todo el estado el 10 de septiembre en Terrassa y la más conocida de Sant Boi el mismo día 11. En todos estos casos es la Assemblea de Catalunya la convocante con la triple reivindicación de su lema encabezando las movilizaciones

Ya a finales de 1976 empieza a observarse una cierta división entre el catalanismo popular que impulsa la Assemblea y el catalanismo conservador, Convergència Democràtica y Unió Democràtica se desmarcan de la línea rupturista. La Assemblea impulsa la campaña Volem l’Estatut en 1977

Las elecciones generales del 15 de junio de 1977 suponen el punto de inflexión definitivo. En Catalunya, la victoria es para el PSC seguido en número de votos por el PSUC (no en escaños por la ley electoral) y el cuarto lugar en votos (segundo en escaños) es para la coalición encabezada por Jordi Pujol. En el Senado la candidatura de la Entesa dels Catalans consigue el pleno de los 12 elegidos a los que como máximo puede aspirar. El voto no catalanista lo acapara la UCD de Suárez que no llega al 17%, muy por detrás queda la AP de Fraga con el 3’5%

Con estos resultados se constituye de inmediato, el 25 de junio, la Assemblea de Parlamentaris con los diputados y senadores elegidos en Catalunya. Reclaman, en la línea de la reivindicación de la Assemblea de Catalunya que ya está en proceso de disolución, la restitución de la Generalitat republicana. Pero el dato que explica lo que ocurre en los meses posteriores es la clara mayoría de socialistas y comunistas, cualquier fórmula de organismo provisional que elabore el nuevo Estatut, que ya se ve como inevitable en Madrid, parece presentar el problema de una dirección encabezada por Joan Raventós y con importante presencia comunista, tema de suma trascendencia en la España posfranquista y en el bloque occidental de la Guerra Fría

Suárez da uno de sus golpes de efecto, el gobierno mantiene contactos desde hace meses con Josep Tarradellas y este a su vez se ofrece haciendo gala de su anticomunismo como gran argumento. Ante el panorama que dibujan los resultados electorales en Catalunya Suárez opta por la restitución de la Generalitat republicana como mal menor, una jugada con riesgo que resulta una jugada maestra, como en otras ocasiones sucedió con las decisiones sobre la marcha que adopta Adolfo Suárez.

De esta forma se gana tiempo, los dos años de gobierno sin competencias efectivas, dedicados a la elaboración del Estatut de Sau y con un Govern en el que se diluye el protagonismo del catalanismo popular dan pie a una reorientación de la situación. Cualquier fórmula encabezada por Joan Raventós (el PSC no tenía nada que ver con el actual) y decantada hacia ese catalanismo popular hubiera capitalizado el proceso y difícilmente hubiera sido apartado de la presidencia de la Generalitat que resultara.

El 20 de marzo de 1980, tras la aprobación del nuevo Estatut con muchas más competencias que el de 1932 y cerrando un ciclo electoral agotador (entre diciembre de 1978 y octubre de 1979 se celebran el referéndum de la constitución, elecciones generales en marzo, elecciones municipales en abril y referéndum del Estatut) se celebran la elecciones al Parlament. El catalanismo conservador utiliza todos los medios posibles, hasta el punto de que la patronal catalana Fomento de Trabajo, no especialmente atraída por el catalanismo como indica que aún mantuviera su nombre en castellano, dedica entre 300 y 400 millones de la época, un dineral, para hacer su propia campaña en un doble sentido, intentar reducir al máximo el voto a  social-comunista (PSC y PSUC) e influir en los acuerdos postelectorales para favorecer un gobierno “no marxista”. Una ley electoral que prima el voto de los territorios menos poblados, la Catalunya rural y una abstención diferencial, desigualmente repartida y que alcanza casi el 40% en estas elecciones (un fenómeno que va a ser una constante en las elecciones al Parlament hasta 2015) dan la victoria a Jordi Pujol con 43 escaños, pero la suma de PSC y PSUC suma 58, el 41% de los votos frente al 28% de CiU. Si Jordi Pujol accede a la presidencia de la Generalitat en la sesión del 24 de abril es porque cuenta con los votos de la UCD de Adolfo Suárez (18 escaños) y de la ERC de Heribert Barrera (14 escaños)

ERC puede decantar el resultado dando pie a un gobierno representante del catalanismo popular y progresista, en 1980 nadie pone seriamente en duda el compromiso catalanista del PSC ni del PSUC, pero optó por votar con el catalanismo conservador y con la representación de la derecha españolista en Catalunya, en ello influye el anticomunismo de Heribert Barrera, su alergia a los partidos con relaciones con otros de ámbito estatal (por lo visto su aprensión no afecta a la UCD) y su propio planteamiento nacionalista identitario, pero también la ayuda económica que ERC recibe en las elecciones desde Fomento del Trabajo para alejarse del “frente marxista”

En la confrontación por la hegemonía en el mundo del catalanismo lo sucedido entre el 15 de junio de 1977 y el 24 de abril de 1980 resulta determinante, desde el control de la Generalitat se trabaja en adelante para el trasvase de la que tuvo el catalanismo popular hacia el nacionalismo esencialista y conservador, los intentos posteriores de romper la hegemonía del pujolismo y su legado no han fructificado hasta el presente, pero de eso ya se tratará en una próxima entrada

diumenge, 7 d’octubre del 2018

EL CONCURS I LA TEMPORADA CASTELLERA





Tot i la romàntica resistència de la irreductible aldea vallesana el concurs és el gran esdeveniment casteller del anys parells. M’estalvio entrar en el debat concurs sí, concurs no i donaré per fet que, ara per ara, és el que hi ha

Avui s’ha celebrat el concurs de les colles punteres, com acostuma a passar ha estat just en línies generals amb el que al llarg de la temporada, encara no conclosa, hem vist a les places. És veritat que sempre hi ha coses en la classificació que no deixen de sorprendre, però com que no afecten al pòdium passen desapercebudes per gairebé tothom que no se senti afectat per la injustícia divina de no ser al lloc merescut, però això forma part de l’esport i el concurs consisteix en convertir en esport l’activitat lúdica de les festes populars. Tampoc és aquest l’objecte de la meva reflexió, però aprofito la ben entesa per deixar-ho caure

En el que em vull centrar és en la repercussió del concurs en la temporada castellera per acabar demanant que això sigui tingut en compte, ja que no podem evitar el que per a mi és el mal major, com a mínim que no afecti a la temporada castellera per empobrir-la. Ja avanço que això és el que crec que ha passat enguany

Els anys de concurs les grans colles, que es vulgui o no són les que marquen la temporada castellera, dissenyen la seves de particulars per arribar en les millors condicions al concurs. Fins aquí res a dir, cadascú és lliure de fer el que cregui més convenient

El problema el tenim en el criteri d’això tan paranormal de posar punts als castells. Un criteri que canvia en cada edició i pel qual es confecciona una taula de puntuacions que afecta de forma important a tota la temporada castellera, Enguany ha estat especialment sagnant, no se sap ben bé amb quins criteris els castells nets tenien una prima exagerada sobre els monstres de 10 pisos. Per una vegada he de donar la raó al Joan Beumala (i creieu-me que no ho puc fer més a contracor) en què els castells nets són més castells d’especialistes i els de 10 són més castells de gran colla amb capacitat per moure una gran quantitat de gent el dia de concurs i en el assajos al llarg de la temporada. Valorar la dificultat d’uns i altres sembla un absurd, per què és més valuós el 4 de 9 sense folre que el 4 de 10 amb folre i manilles? Jo no trobo cap explicació ni a aquesta ni a d’altres preguntes similars

Si això afectés només al concurs torno a dir el d’abans, cadascú  s’espavili i el que no estigui d’acord que no hi vagi. Però la qüestió és la que ja he referit, la preparació de cara al concurs marca de forma profunda tota la temporada, al menys fins arribar al primer diumenge d’octubre, i el que afecta al concurs acaba afectant a la temporada en el seu conjunt . La Colla Vella ha guanyat el concurs, merescudament pel que ha fet avui i també pel que ha fet al llarg de la temporada, ha estat amb diferència la colla que ha mostrat més potencial en tot moment, però no ha aconseguit dominar com altres anys els dos castells de 10, ni el tres ni el quatre. Crec que està clar que no ha estat per manca de potencial ni per incapacitat, sinó perquè s’ha centrat en els castells més valuosos en la classificació del concurs que eren el 2 de 8 i el 4 de 9, tots dos sense folre.

Aquest és un exemple, la Colla Joves ho ha fiat gairebé tot als castells nets i crec recordar, parlo de memòria i potser m’equivoco, que no ha intentat cap castell amb manilles aquesta temporada en cap plaça

El balanç final és que la temporada s’ha empobrit en varietat com a conseqüència de què la taula ha fet dirigir el esforços de les colles cap a un tipus determinats de castells.

Arribats a aquest punt crec que fóra bona una reflexió, al 2020 hi haurà concurs novament si no es produeix un miracle en el món casteller o un desastre aliè al món casteller que ho impedeixi. Confiem en que no passi el segon i donem per fet que no hi haurà miracle, com ajudar a què la temporada castellera no estigui tan predeterminada per la taula de punts del concurs?

La solució que em ve al cap és senzilla i ja s’ha parlat alguna vegada, agrupar el castells per categories igualant aquells que és difícil valorar entre sí, per què el 3 de 9 val més que el 4 de 9, parlo en tots dos casos si van folrats?, és més difícil el 5 de 9, el 4 de nou amb el pilar o el 3 de 9 amb el pilar?

Tinc altres idees, com fer un sistema d’handicaps en funció del que les colles porten més o menys assíduament a les places o directament passar del punts, però com que això no sembla gaire viable vosaltres que podeu, organitzadors del concurs, trobeu una solució que no em posi en la situació d’estar mai més d’acord amb el Joan Beumala, ni que sigui indirectament. Si us plau, feu alguna cosa per l’equilibri psíquic de molta gent castellera

dimarts, 2 d’octubre del 2018

LA TRANSICIÓN




Para entender la Catalunya de la Transición es imprescindible entender dicho proceso histórico en su conjunto, lo que no resulta fácil porque lo que ya puede considerarse un episodio de la historia se sigue viendo como un elemento de debate político y social presente, si aún sucede con la Guerra Civil con más motivo en este caso. El problema es que nos encontramos con versiones maniqueas que aclaran poco lo que ocurre en aquellos momentos

Dos versiones aparentemente contrapuestas, pero en el fondo coincidentes suelen explicitarse en torno a lo ocurrido en el periodo que va de la muerte de Franco a un momento discutido que supone el fin de este proceso: aprobación de la constitución, golpe del 23-F, victoria del PSOE en 1982 se sitúan como momentos del fin de la Transición por diferentes motivos

La versión que podría considerarse oficialista es una hagiografía de Juan Carlos I, según ella todo lo que pasa tras la muerte de Franco es lo que el rey tiene previsto y va llevando el rumbo de la nave, en circunstancias muy adversas, hasta una democracia plena que permite que España viva una etapa de prosperidad sin igual. Los hechos que jalonan la navegación de la nave son obstáculos que ese moderno Ulises evita, al tiempo que introduce cambios paulatinos que conducen al fin buscado desde el principio, apoyándose en un grupo reducido de personas de su confianza que le ayudan a conseguirlo

La versión opuesta viene a defender que el resultante de la Transición es un sistema heredero directamente del franquismo, en él los herederos del régimen dictatorial mantienen el control de los resortes de poder con lo que las imperfecciones democráticas son de tal magnitud que España no es una auténtica democracia. Para que tal cosa suceda es condición necesaria la abdicación de las fuerzas antifranquistas en relación a los objetivos que con anterioridad habían planteado

Al final, ambas versiones coinciden en lo fundamental: la Transición fue lo que los sucesores de Franco, de forma muy especial el rey, quisieron que fuera. Discrepan en que para unos el resultado es algo maravilloso y para otros un aberrante híbrido de democracia con supervivencias dictatoriales. Ninguna de las dos visiones aguanta un análisis histórico mínimamente riguroso. La Transición es el resultado de la confrontación de dos impotencias, la de la oposición antifranquista para imponer una ruptura y hacer borrón y cuenta nueva y la de los franquistas para mantener el sistema con un lavado de cara lo más leve posible.

Juan Carlos I encarga su primer gobierno a Carlos Arias Navarro que ya es presidente del gobierno desde el asesinato de Carrero Blanco en diciembre de 1973. Ni la composición del ejecutivo ni las políticas que pretende el gobierno desarrollar suponen avances substanciales hacia la democracia. El rey no se atreve o no quiere forzar cambios acelerados

Lo que sucede en el primer semestre de 1976 desborda los cálculos de los jerarcas del régimen. Una oleada de huelgas se extiende por todo el país, con una inflación que se acerca al 20% y que ya había rondado el 15% en 1975 la negociación de los convenios apremia, la ilegalidad de la huelga y de los sindicatos obreros hace que las reivindicaciones políticas sean inseparables de las que afectan estrictamente a las condiciones laborales

La situación es explosiva, se recuerda habitualmente la muere en marzo de 1976 de los 5 trabajadores de Vitoria y de los más de 100 heridos de bala en aquella brutal intervención policial, pero sería un error pensar que fue un caso aislado de lucha. Dos semanas antes la huelga general de Sabadell consiguió la dimisión del alcalde franquista y el inusual acuerdo de liberar a los detenidos durante el conflicto, que venía de atrás pero se había agudizado por otra muerte violenta por disparo de bala. El rosario de conflictos laborales afectaba a todos los sectores de actividad y era más intenso, lógicamente, en las zonas más industrializadas

Confluyen también reivindicaciones vecinales, en la enseñanza, etcétera. España es un hervidero y la tensión política y social viene acompañada de víctimas, incluidas las mortales, entre los manifestantes y activistas antifranquistas, sea a manos de la policía o de la extrema derecha, víctimas con frecuencia olvidadas en el relato de los hechos

La presión ciudadana, el temor también de las embajadas occidentales a que todo acabe en una situación peligrosa para sus intereses (estamos en plena Guerra Fría y con Portugal, por ejemplo, en una situación complicada para los intereses de los USA) y, en definitiva, lo insostenible de la situación fuerzan el cambio de gobierno en julio de 1976. El primer gobierno de la monarquía ha durado poco más de medio año

Adolfo Suárez viene de la Secretaría General del Movimiento, partido único del franquismo, pero va a ser un pragmático que en cada circunstancia va a buscar las salidas, en ocasiones sorprendentes, que más le convienen para mantener el gobierno. Empieza a haber gestos y medidas que apuntan a un cambio más profundo, sin duda en connivencia con el rey, aunque buena parte de las decisiones que se adoptarán en los meses sucesivos no estaban previstas en julio de 1976.

El primer gesto es una muy tímida amnistía ya en julio de 1976, pero los cambios más profundos que se pretenden se plasman durante el otoño en la Ley de Reforma Política, pactada con las distintas “sensibilidades” del régimen franquista, excepto los más irreductibles nostálgicos, y con compromisos que después resultan claves (como el sistema electoral que favorece un mayor peso del voto rural de las provincias de menor población) o se incumplen (como no legalizar al partido comunista)

El debate y el referéndum de ratificación del 15 de diciembre de 1976 son un pulso con el sector más inmovilista (con el voto en contra de un no despreciable 20% de las Cortes franquistas) y con el grueso de la oposición democrática (hay excepciones significativas, muy significativas en el caso de Catalunya) La campaña pidiendo la abstención cuenta con el apoyo de PSOE y PCE-PSUC, así como de las organizaciones sindicales clandestinas, y tiene escaso impacto, la participación es  de un 78% y los votos a favor del 94%

Pero no todo el guion está escrito y las circunstancias llevan a la legalización de los comunistas en abril de 1977 tras quedar demostrado después de la matanza de Atocha, en enero, que era inviable la normalidad si debía enfrentarse a su capacidad movilizadora en la clandestinidad, en especial a través de CC.OO.

Tampoco se explicita en ningún momento antes de las elecciones que las Cortes elegidas el 15 de junio de 1977 se conviertan en constituyentes, es tras la elecciones que se da el giro a la situación y empieza a elaborarse la constitución aprobada en 1978

Por su parte, las organizaciones que defienden la ruptura democrática y que muestran ya la limitación de su capacidad en el referéndum del 15 de diciembre, constatan la inviabilidad de la propuesta rupturista, el PCE no alcanza el 10% de los votos en 1977 pese a haber sido la organización más activa del antifranquismo con diferencia. Las amenazas involucionistas son permanentes en un ejército con la mayoría de mandos alineados con el franquismo y con los atentados de ETA aguzando su descontento

La suma de debilidades en una situación compleja también en lo económico, con una inflación que sigue subiendo y supera el 25% interanual a mitad de 1977, la posibilidad de canalizar los conflictos por vías institucionales y un cierto cansancio en las movilizaciones (los primeros síntomas del desencanto) van delimitando las reglas de juego que se reflejan en acuerdos como los Pactos de la Moncloa en otoño de 1977 y en la propia constitución de 1978

Una nueva muestra del equilibrio de debilidades lo dan las elecciones generales y municipales de 1979, celebradas con apenas un mes de diferencia y con la constitución ya en vigor. El 1 de marzo las generales confirman a la UCD de Suárez, el PSOE no capitaliza totalmente la absorción del PSP de Tierno Galván, el PCE-PSUC crece hasta los casi 2 millones de votos pero sigue rondando el 10%, desciende mucho la AP de Fraga, presentada con otro nombre, pero a cambio consigue representación el franquismo más recalcitrante con el escaño de Blas Piñar por Fuerza Nueva. No hay grandes cambios, por tanto, en relación a dos años antes, pero el 3 de abril el apoyo mutuo de socialistas y comunistas hace que se repartan las alcaldías de las principales ciudades de España, tanto grandes capitales como ciudades industriales con mucha más población que la mayoría de capitales de provincia españolas

El ocaso de Suárez, incluyendo la pérdida de apoyo del monarca, pero sobre todo, marcado por las guerras internas en su propio partido, la crisis económica que persiste y la violencia de ETA en este periodo culmina con su dimisión en enero de 1981 y el golpe del 23 de febrero tres semanas después. Los muchos interrogantes sobre este final abrupto de la Transición no son objeto de esta entrada

El resultado final no puede ser otro que la plasmación de los equilibrios existentes. Hay amnistía para los presos políticos del franquismo, pero se extiende a los delitos franquistas, se avanza progresivamente en la estabilidad institucional pero a cambio de no tocar casi nada en poderes claves como el judicial. España se transforma en una democracia equiparable a la de los países de su entorno, lo que implica carencias importantes, se equivoca quien crea intachables las democracias occidentales, eso es más fruto de una idealización que de ninguna realidad, como es una ficción que la democracia liberal sea capaz de dar respuesta a todos los conflictos y problemas. En este sentido conviene situar que buena parte de las carencias que se achacan a la Transición son más consecuencia de los cambios que se producen en el mundo desde entonces que dinámicas propias, la ortodoxia económica neoliberal sustituye a la keynesiana desde finales de los 70 y convierte en papel mojado buena parte de las disposiciones constitucionales, la globalización sin reglas ni control sobre los movimientos de capitales y la economía financiera es en la práctica más decisiva que los artículos que hablan del derecho a la vivienda o al trabajo, por ejemplo

Ese tema, el de la soberanía real de los estados actuales, es apasionante, pero no el objeto de esta entrada que sólo pretende realizar una aproximación a lo que fue la Transición española para poder tratar próximamente cómo cristalizó en Catalunya y con qué consecuencias