diumenge, 9 d’agost del 2020

REPUBLICAS IMAGINARIAS Y UTILIDAD DEL REPUBLICANISMO

La semana ha estado marcada por el mutis por el foro que se ha visto forzado a hacer Juan Carlos I, ex-Jefe del Estado y aún rey aunque sea emérito, algunos parecen ver una ventana de oportunidad para el advenimiento de la III República Española que yo no veo sinceramente por ningún lado, otros para alcanzar la independencia por la vía de los males del vecino y no de las propias virtudes, bastante escasas, por cierto. Así pues, voy a trasladar algunas reflexiones que quizá puedan añadirse a las que otras voces más autorizadas y con mayor resonancia ya han formulado.

Empiezo por dejar claro que hace tiempo que me importa más el contenido que el nombre de las cosas, doy más valor a que el espíritu republicano prime que a la denominación de la forma de estado. No me gusta el modelo de república existente en Francia y sí el alemán, no me gusta la república catalana que anunciaban las leyes de desconexión aprobadas en septiembre de 2017, no me parece que sean lo mismo la monarquía británica que la sueca o la danesa, no digamos ya la canadiense, por poner un ejemplo de la Commonwealth en los que ser una monarquía es pura formalidad. Dicho eso, no me gustan algunas de las regulaciones (o desregulaciones) y prácticas que afectan a la monarquía española, pero de eso hablaré más adelante.

No veo inminente una caída de la monarquía española, no creo que estemos ante un estado fallido y confío en tener razón porque las alterativas que veo más factibles en caso de hundimiento de lo actual no son precisamente revolucionarias y me asustan bastante. Lo que sí tenemos es un modelo global de relaciones económicas y sociales que hace aguas por todas partes, la crisis de 2008 es sistémica y mundial, la crisis económica provocada por la pandemia en la que vivimos lo que hace es mostrar con mayor claridad las enormes vías de agua, provocadas por la desigualdad que han generado cuatro décadas de políticas neoliberales.

Ese escenario global se expresa en zozobras de muy diverso tipo en todas partes. Es una frivolidad considerar anecdótico que un presidente de los USA juegue con la idea de aplazar las elecciones presidenciales, que países (repúblicas, por cierto) de la Unión Europea como Hungría o Polonia den pasos acelerados hacia convertirse en estados iliberales, como se dice ahora, que un sujeto como Bolsonaro esté llevando a Brasil por la senda que lo está llevando, etcétera. En el caso de España, el escenario de fin de la hegemonía del paradigma ideológico de un periodo nos llevó a la aplicación de las mal llamadas reformas (en realidad fueron recortes de derechos políticos, sociales y de ciudadanía) y a un conflicto territorial de trascendencia indudable como es el catalán. A lo anterior hay que añadir la crudeza con que la pandemia por el COVID-19 ha incidido aquí, con la obligación de analizar en profundidad los porqués para corregir muchas cosas que hay que corregir.

En definitiva, tenemos muchos frentes abiertos y no de poca importancia. Soy de los que creo que la presencia de Unidas Podemos en el gobierno ha sido muy importante para que se hayan hecho las cosas de una forma muy distinta a la de la última gran crisis, Unidas Podemos fue importante en el debate para que no se demorara la aplicación del estado de alarma y se pusiera la salud por delante de los intereses económicos, el Ingreso Mínimo Vital es una realidad en buena medida por la insistencia de Unidas Podemos y nuestra Ministra de Trabajo Yolanda Díaz ha demostrado una competencia innegable. La presencia de Unidas Podemos ha sido útil porque se ha centrado en las prioridades, ha trabajado bien en los acuerdos sociales con patronal y sindicatos que ha sorteado en bloqueo que el PP había diseñado para los acuerdos de reconstrucción. No todo el mérito es de Unidas Podemos, el gobierno en conjunto ha sabido centrarse en lo esencial y España ha tenido su rol en el giro que ha dado la Unión Europea en las recetas para salir de esta crisis.

Sin embargo, queda mucho por hacer para afrontar los retos generados por la pandemia y para desarrollar el pacto de legislatura, aparte de temas no menores como empezar a encauzar el conflicto catalán. La prioridad de las prioridades es ahora que el gobierno de coalición siga gobernando en beneficio de los intereses de la inmensa mayoría.

¿Qué hacer entonces en el tema de monarquía o república? lo primero, rescatar el concepto de correlación de fuerzas y actuar en consecuencia, lo segundo tener claras las prioridades y lo tercero, para nada intrascendente, es ser útil en ese debate también. Si como creo y espero, como he dicho antes, el edificio institucional no se va a desplomar, desde Unidas Podemos y desde Catalunya en Comú debemos ser útiles, haciendo posible un funcionamiento más republicano de la actual monarquía.

Antes de aclarar ese aparente contrasentido quiero decir que el actual rey no es para nada santo de mi devoción, su intervención el 3 de octubre de 2017 y otros gestos me han distanciado de él más que el hecho de llevar o no corona. Me inquieta que le coja afición al borboneo que tan desastrosamente mal practicó su bisabuelo y que desde la derecha extrema y la extrema derecha veo que se alienta. La actual crisis de la institución monárquica tiene que servir para que asuma la necesidad de transparencia y control de sus actuaciones. La omertá en torno a las actuaciones de Juan Carlos I (similar a la que impuso el virrey Pujol en la Catalunya de su época, no lo olvidemos) no puede seguir y la mejor manera de evitarla es dejar de ver a la monarquía como una institución que sólo sale en los medios de comunicación en las visitas oficiales o en sus vacaciones y que no rinde cuantas de qué hace o deja de hacer en las Cortes Generales. Decía que es el momento de que la monarquía tenga un funcionamiento más republicano y me refería a esto precisamente, más allá de que no cometa delitos amparado en su inmunidad (¡sólo faltaría!) el rey de España debe hacer gala de transparencia y modernidad, haciendo lo que deben hacer los jefes de Estado en las democracias, rendir cuentas ante la representación popular. A reformas de ese tipo deben apuntar los esfuerzos de unidas Podemos más allá de proclamar que nuestro objetivo último es la república o la desaparición de toda forma de estado

Podemos hablar de repúblicas imaginarias en las redes sociales como si estuviéramos en la barra de un bar de barrió de hace 40 años, en el caso catalán podemos caer en las redes de la imaginaria república catalana que, por lo que sabemos, podría tener más déficits democráticos que la actual monarquía española, podemos hacer muchas cosas o podemos ser útiles y aprovechar la actual situación para plantear una reforma que conlleve control de la institución y transparencia y nos permita seguir interviniendo en la cosas del día a día de la gente. Como diría Joan Tardà, algú ho havia de dir y por suerte creo que no soy el único republicano que defiende lo mismo que he expuesto aquí.