Conviene aclarar en primer lugar que la irrupción de
una fuerza política de ultraderecha en el panorama político español no se
explica, como desde algunos ámbitos se pretende argumentar, por la existencia
del conflicto catalán. Los nacionalismos excluyentes están creciendo en el
mundo desde hace décadas y han encontrado el caldo de cultivo adecuado en la
crisis global desatada a partir de 2008. Si todo fuera causado por la
existencia de un conflicto territorial como el catalán (también en gran medida
impulsado por la susodicha crisis financiera de 2008) no se entendería el auge
de la extrema derecha en EEUU, Brasil, Francia, Polonia, Hungría, Alemania,
Holanda… países donde no se detecta ninguna amenaza a la integridad territorial
del estado nación constituido. Es más, uno de los referentes de la oleada
ultraconservadora proviene de la Lega Norte, convertida ahora simplemente en la
Lega, una fuerza política que originariamente defendía la secesión de una parte
de Italia, la Padania, lo que no le impide tener apoyos que han sido crecientes
en el resto del país, es como si dentro de unos años un sucesor de Puigdemont
en su partido abandonara el independentismo y consiguiera ser una opción
política muy votada en toda España
Dicho eso tampoco puede negarse la evidencia, el
conflicto catalán ha sido el tema estrella de los últimos dos años en la
política española y ha amplificado las posibilidades de la ultraderecha desde
las últimas elecciones que se celebraron en España fuera de Catalunya. Con los
temas comunes al resto de movimientos de ultraderecha (xenofobia, racismo,
machismo, homofobia…) el crecimiento de un partido como VOX no hubiera sido tan
espectacular, aunque muy probablemente también se hubiera producido
Otro rasgo común a todos los movimientos vinculados al
nacionalismo conservador y esencialista es la defensa de unas propuestas
económicas ultraliberales de fronteras para adentro, combinada con una posición
con frecuencia contraria al librecambio con el exterior. Es decir, que mientras
se habla a los votantes de la bandera se defiende en los programas la cartera
de los más pudientes. Los planteamientos nacionalistas no son necesariamente
conservadores en materia social y económica, pero el nacionalismo que se
expresa en los tiempos que corren sí
En el caso de España, Catalunya incluida, las medidas
adoptadas para hacer frente a la crisis fueron desde 2010 las impuestas por el
dogma neoliberal que domina el pensamiento económico desde finales de los años
70, las llamadas políticas de austeridad (el austericidio para los que no
comparten ese dogma económico neoliberal) se empezaron a aplicar en España, por
imposición, desde la primavera de 2010 y en Catalunya, por convicción, desde la
llegada al poder de Artur Mas. La desigual carga de los efectos de la crisis en
detrimento de la mayoría de la población se vio contestada en las calles por
los diferentes movimientos y plataformas de defensa de los servicios públicos y
cristalizó en el surgimiento del 15-M, un malestar creciente hacía que el
conflicto social, la distribución de la riqueza, las políticas económicas y
todo aquello que cuestionaba las políticas que se estaban aplicando se
convirtieran en el eje del debate no ya político, sino social.
Eso se trunca primero en Catalunya con la apertura
oficial del procés, un movimiento en parte ciudadano de base y en parte
impulsado desde el poder por los dirigentes de la Generalitat. Desde 2012 el
debate social ha quedado supeditado a la cuestión identitaria, desde las
posiciones del nacionalismo catalán o la de sus contrarios. El fenómeno ya le
venía bien a los gobiernos del PP, acostumbrado a hacer de la catalanofobia
parte substancial de sus planteamientos políticos desde antes incluso de que
surgieran los “Pujol enano habla en castellano” a principios de los años 90
Los debates sobre las identidades nacionales han
sustituido a los debates sobre el conflicto social de manera creciente, en
lugar de discutir sobre la distribución de la riqueza entre clases nos
dedicamos a discutir sobre la distribución de la riqueza entre territorios y
cada vez con más apasionamiento. Pero el nacionalismo conservador es, además de
nacionalista, conservador, como su nombre indica, de tal modo que la defensa emocionada
de las banderas va acompañada de la defensa a ultranza de las carteras de los
que más tienen. Hay un cierto trilerismo al que también se apunta la izquierda
por falta de propuesta territorial en clave no identitaria, tanto para España
como para Catalunya: mientras vamos siguiendo la bolita de la nación en los
cubiletes no están desplumando
El resultado es que si analizamos la composición de
los parlamentos catalán y andaluz agrupando votos a favor de propuestas
económicas de uno u otro tipo (obviando las discrepancias en torno al tema de
las querencias nacionales de cada cual en los dos últimos procesos, los más
influidos por el fervor patriótico de tirios y troyanos) el resultado es
abiertamente favorable a los postulados neoliberales.
En Catalunya es más complicada la comparación porque
en el proceso electoral inmediatamente anterior la candidatura de Junts pel Sí
era un totum revolutum que hace imposible discernir qué políticas económicas y
sociales defendía cada uno, lo que sí resulta claro es que las dos candidaturas
más votadas el 21-D tienen un programa económico en la órbita de las propuestas
neoliberales. En el caso de Junts per Catalunya es la continuidad de las
políticas que han venido aplicando desde 1980 cada vez, casi siempre, que han
gobernado en Catalunya, la comunidad autónoma que más ha destacado por la
gestión privada de los servicios públicos por la vía de los conciertos y con la
apuesta por una fiscalidad menos severa con las clases medias, un eufemismo
para referirse a reducir la presión fiscal a las rentas altas. Básicamente, el
programa económico es el de C’s y el de PP, una traslación de las propuestas
económicas que se ajustan a las doctrinas económicas hegemónicas, es decir,
neoliberales. Entre unos y otro sumaron 74 de 135 escaños, frente a los 61 que
podríamos agrupar en propuestas socialdemócratas, aunque las diferencias entre
las posiciones de estos grupos (ERC, PSC, Comuns y CUP) son mucho mayores que
las que tienen los programas de los otros tres partidos entre sí. Desde los
lejanos tiempos de las mayorías absolutas de Pujol no había un Parlament tan
marcadamente conservador en materia económica y social, otra cosa es que ese
bloque neoliberal esté fragmentado por el modelo de organización territorial y
ni se hablen entre ellos los grupos que los forman
En el caso andaluz, las elecciones del 2-D suponen un
vuelco histórico ya que dan, por primera vez desde que existe el parlamento autonómico,
una mayoría a los partidarios de la ortodoxia neoliberal, si bien es cierto que
la práctica socialista durante su largo dominio de la política andaluza no ha
sido un modelo de disidencia frente a la ortodoxia económica impuesta por los
organismos económicos internacionales. Porque VOX se presenta como el voto de
protesta contra el sistema, como en su día Podemos y, en parte, C’s, pero sus
propuestas económicas no difieren mucho, casi nada, de las que formulan desde
hace años el PP o el propio C’s, bajada de impuestos que benefician en especial
a las rentas altas y privatización de servicios públicos. Incluso contando al
PSOE de Susana Díaz entre los partidarios de políticas económicas de corte
keynesiano y postulados socialdemócratas la victoria de los partidarios de la
escuela de Chicago es clara y es la primera vez que se produce en esa
comunidad: PP, C’s y VOX suman 59 escaños, 4 por encima de la mayoría absoluta
He estado hablando de políticas económicas, podría
haberlo hecho en términos clásicos de izquierda y derecha, las formaciones de
derechas avanzan en un ambiente en el
que las cuestiones de las banderas centran el debate y lo hacen en beneficio de
las carteras más llenas, entre otras cosas porque las formaciones de izquierda
son incapaces de articular una propuesta de modelo nacional que se base en
otras premisas distintas a la del sentimiento de pertenencia identitario,
también porque en esa vorágine son incapaces de llevar al terreno de las
políticas sociales el debate público y también, no lo perdamos de vista, porque
no tienen un modelo claro de propuesta que ofrecer en ese terreno de las
políticas económicas y sociales, la propuesta presupuestaria pactada por PSOE y Unidos Podemos podría serlo pero es
difícil verle mucha trayectoria en el actual contexto político, entre otras
cosas porque depende para su aprobación de los votos de una formación como el
PDECat que no comparte en esencia los postulados sobre los que se sustenta, más
allá de las cuestiones que se derivan del conflicto catalán. No hay un gobierno
a la portuguesa para resumir lo dicho
Casi para terminar, sitúo a VOX en el conglomerado de
las opciones conservadoras y de derechas, consciente de las diferencias que en
otros temas tiene con los nacionalistas catalanes de la órbita de Puigdemont y
la antigua Convergència, no tanto con dos formaciones como el PP y C’s que
parece que están en una disputa para ver quién se extrema más a la derecha.
¿Son lo mismo todos ellos?, no lo creo, pero los movimientos de extrema derecha
actuales tienen diferencias con los fascismos de los años 20 y 30 del siglo
pasado, una de ellas es que no cuestionan, como sí hacían entonces, los
postulados económicos dominantes en lo que respecta a las políticas económicas
internas aunque sí lo hagan, de manera selectiva, en materia de política
económica exterior, pueden oponerse al librecambio de mercancías, sin hacerlo
con la libre circulación de capitales, pero son partidarios de una política
económica basada en las bajadas de impuestos a las grandes fortunas, la
privatización de los servicios públicos y el recorte del gasto social, el
programa económico de VOX está en la línea de lo que defiende la FAES de Aznar,
como lo están los programas económicos de PP, C’s y PDECat
Ahora sí para finalizar, VOX ha obtenido un 11% de los
votos emitidos en Andalucía, aproximadamente 6 de cada 100 posibles votantes.
Es mucho, pero menos de los que tienen formaciones similares en Francia, Italia
o Alemania por citar a países de nuestro entorno. Mucho más preocupante que su
resultado es que puede estar anunciando un crecimiento futuro mayor y, sobre
todo, que sus propuestas sean las que centren el debate político como ha
sucedido en esta campaña andaluza, hacia eso parece que apuntan los movimientos
poselectorales y la deriva del discurso político de PP y C’s, ya anterior y que
ha contado con la inestimable colaboración de un procesismo que no sabemos muy
bien cuando empezó exactamente y mucho menos cómo va a terminar
Entre tanto, haríamos bien en recordar que debajo de
las banderas se están defendiendo carteras