dilluns, 24 de desembre del 2018

AEROPUERTO TARRADELLAS




La decisión del gobierno español de dar el nombre de Josep Tarradellas al Aeropuerto de Barcelona-El Prat ha levantado las protestas del nacionalismo catalán conservador. Nadie osa criticar abiertamente la figura de Tarradellas porque sería destruir parte de la simbología que ha consagrado el relato oficial reiterado por ese mismo nacionalismo catalán conservador; Catalunya es tan especial que la Generalitat republicana restaurada es la única institución respuesta de todo el edificio institucional de la II República. La versión se ajusta a aquello de que si ens llevem ben d’hora ben d’hora som imparables e ignora una parte substancial de lo ocurrido durante la Transición en relación a la llamada cuestión catalana

La operación Tarradellas fue en esencia una maniobra de Suárez para evitar que un territorio decisivo como Catalunya cayera bajo el control de una más que posible coalición de socialistas y comunistas, en un contexto de guerra fría, con el patio político español que estaba como estaba y con un PSC que por entonces (1977) tenía poco que ver con el PSOE de Felipe González que vino cinco años después. Tarradellas fue el títere, él se prestó y era plenamente consciente, ya con anterioridad se había ofrecido como una garantía frente a un posible riesgo marxista que las elecciones del 15 de junio de 1977 daban como casi inevitable en Catalunya, la casi olvidada consigna del no volem titelles, fora Tarradellas tenía su razón de ser. Aunque detestaba a Jordi Pujol, como detestaba a casi toda la oposición antifranquista del interior, fue determinante en la maniobra para ganar tiempo y acabar en 1980 con la elección de aquel con el inestimable apoyo de la ERC de Heribert Barrera, que actúo por convicciones propias y porque Foment del Treball, la patronal catalana, hizo cuanto estuvo en su mano, también en lo económico, para que así fuera (explico este proceso poco recordado de la historia reciente de Catalunya en esta otra entrada)

Poner en solfa al personaje no es, por tanto, una opción razonable para el nacionalismo catalán conservador, así que las críticas a la decisión del gobierno de Pedro Sánchez se han centrado en la cuestión de la cesión de competencias en lugar de realizar gestos simbólicos (lo que no deja de ser curioso cuando lo verbalizan los maestros del simbolismo) y en la unilateralidad de una decisión no negociada y por lo tanto no pactada (que se quejen de la unilateralidad según quienes también tiene su aquel)

Creo que lo que mejor expresa el verdadero malestar del nacionalismo catalán conservador es lo dice Toni Soler en su artículo en el Ara (aquí). Les han tocado la simbología con todo lo que eso representa para quienes se creen dueños de la Catalunya simbólica. Despotricar de Tarradellas no es razonable, pero lo que ara toca, que diría Pujol, es arrinconar todo aquello que pueda lavarle la cara a la pérfida España y a la Transición: hay que demonizar al régimen del 78. Y para eso no vale la figura de Tarradellas, como sucede con Companys debe ser recordado cuando toque y para lo que toque y dejarlo en un discreto olvido para lo que no conviene. El verdadero problema para el nacionalismo catalán conservador es que no quiere que el Aeropuerto Josep Tarradellas sea un recordatotio constante de que la Transición política no le fue tan mal a Catalunya como entidad nacional, un recordatorio de que el franquismo difícilmente puede considerarse vivo cuando se recupera, primero, la Generalitat republicana y, acto seguido, se la dota de muchísimas más competencias de las que tenía durante la II República, De la misma manera que el primer nacionalismo decidió que el 11 de setembre fuera el referente simbólico de la nación (y no Sant Jordi o el corpus de sang, por poner dos ejemplos) la actual generación del nacionalismo catalán conservador busca rehuir de cualquier símbolo que deje ver la posibilidad de un resquicio a la apertura de España a las reivindicaciones catalanas, vende más la crispación y es más útil para el actual proyecto nacional identitario

No me cae bien el personaje elegido para darle nombre al aeropuerto, habría preferido, por ejemplo, el de Lluís Companys o que se hubiera seguido llamando Aeropuerto de Barcelona-El Prat, pero por una vez y sin que sirva de precedente coincido con el tuit de Joaquín Coll, factótum de Sociedad Civil Catalana, les han marcado un gol por toda la escuadra en un terreno en el que están acostumbrados a no tener rival, el del simbolismo. Pero estemos tranquilos, en ese juego seguro que remontan el partido

PS: He utilizado la expresión nacionalismo catalán conservador de forma reiterada y deliberadamente, para que quede claro a qué me refiero reiteraré lo que ya he manifestado en otras ocasiones, incluyo en el ámbito del nacionalismo catalán conservador a todas las organizaciones políticas y sociales que establecen el vínculo nacional a partir de los elementos culturales e identitarios, subordinando la función de los derechos cívicos y sociales en la construcción de los vínculos de identificación con la nación. Para decirlo sin rodeos, tanto ERC como la CUP (y en otro ámbito la ANC y Òmnium) llevan años aparcando las prioridades sociales en aras de la defensa de una identidad nacional de raíces profundamente conservadoras, algo que no es ninguna novedad en el mundo convergente y en el de sus diversos herederos

dilluns, 10 de desembre del 2018

DEL ESTATUT AL PROCÉS




Desde la aprobación del Estatut (2006) a la fecha que se podría señalar como inicio del procés, el 11 de setembre de 2012, el vuelco que se produce en la situación de Catalunya, España y el mundo es brutal y negativo para la mayoría de la población, sin tener eso en cuenta no puede entenderse lo que sucede después

En esos seis años hay dos procesos electorales al Parlament de Catalunya y se queda a las puertas de otro. Dos procesos se entrecruzan e interactúan, el debate sobre la cuestión nacional en distintos frentes y, sobre todo, la crisis que se desencadena en 2008 y que lleva de una sociedad razonablemente satisfecha consigo misma a otra descontenta y atemorizada con todo y ante todo. Para el desarrollo futuro de los acontecimientos el año decisivo no va a ser el del estallido de la crisis, sino 2010, en el que todo se pone patas arriba y empiezan a acelerarse los procesos sociales que se vienen incubando desde antes

Por lo que respecta a la cuestión nacional la situación entre 2006 y 2010 es de agitación creciente, a lo que ayuda que se hagan sentir los primeros efectos de la crisis. El tripartito de Montilla sustituye al de Maragall, la pérdida en votos y escaños de PSC y ERC se ve compensada en parte por el crecimiento de ICV, de lejos la formación con un comportamiento más responsable en el periodo anterior. CiU es esta vez la fuerza más votada y de nuevo la que tiene más escaños, sube 2, los que pierde ERC, pero el catalanismo progresista sigue sumando más, la inestabilidad de ERC se va a agudizar en estos cuatro años y acaba por llevar a un cambio de orientación de la formación. La gran novedad es la presencia de un partido no estatal abiertamente anticatalanista como C’s

El nuevo tripartito vuelve a estar sometido a una presión mediática evidente incluso desde antes de su constitución como Govern, la campaña contra Joan Saura, máximo dirigente de ICV y Conseller d’Interior merece un repaso específico que no cabe aquí. Pero si algo acaba por ser determinante es la crisis que dispara el desempleo y reduce drásticamente los ingresos fiscales. El segundo tripartito ya nace lastrado por no haber podido disputar la hegemonía a la visión conservadora del catalanismo en el periodo anterior (aquí) y desde 2008 se une un contexto económico desfavorable y la incidencia en Catalunya de la situación política española, el resultado es una mitad de la legislatura de elevada complejidad para abordar en condiciones cambios estructurales en áreas claves como la sanidad y la educación

Por lo que respecta a la política española es de destacar que desde la inesperada derrota del PP en 2004 este partido inicia una campaña de desestabilización permanente, con apoyo en los medios de comunicación afines, en la que todo vale: la delirante teoría de la conspiración en torno a los atentados del 11-M, el uso político partidista del terrorismo etarra y de las asociaciones de víctimas y una campaña catalanófoba con sobreactuaciones continuas a partir del debate sobre el nuevo Estatut. A eso se une el bloqueo en la renovación de los organismos en los que se necesita mayoría parlamentaria cualificada, como en el caso del Tribunal Constitucional que debe pronunciarse sobre el recurso del propio PP contra el Estatut, para seguir controlando políticamente, entre otras cosas, el poder judicial. Un ambiente no precisamente constructivo al que se añade en 2008 la crisis económica y su pésima gestión por el gobierno de Zapatero para acabar en mayo de 2010 con la imposición de medidas antipopulares. Resultado final, agitación anticatalanista y desgaste de ambos gobiernos, central y catalán.

En cuanto al catalanismo político es el periodo en el que se incuba el movimiento de base que impulsa el procés con posterioridad. Hay malestar creciente por la campaña anticatalana que crece en el resto de España, a veces alimentada por declaraciones de políticos catalanes sobre otras comunidades, a lo que se suma el vergonzoso procedimiento que sigue el recurso de inconstitucionalidad del Estatut, con retrasos continuos, artículos impugnados que están con el mismo redactado pero sin impugnar en otros estatutos, revocación más que discutible de un juez y sustituciones que no se producen entre los miembros del constitucional con mandatos vencidos. Cuando sobreviene la crisis de 2008 el malestar crece en todos los terrenos, también en relación a la cuestión nacional, el 13 de septiembre de 2009 se produce el primer referéndum local sobre la independencia en Arenys de Munt, referéndums que se extienden en varias tandas hasta culminar en el que se realiza en Barcelona el 10 de abril de 2011

En paralelo al crecimiento de la movilización independentista evoluciona la crisis interna del único partido independentista con presencia parlamentaria, también el único que apoya sin matices el proceso de referéndums locales que se va extendiendo a cada vez más municipios aunque con datos de participación desiguales. ERC viene del conflicto interno abierto durante el primer tripartito, vuelve a optar por una alianza de gobierno de izquierdas, sea por convencimiento o por eludir fundir su imagen con la de CiU, pero en su interior crece el malestar por no focalizar más las posiciones del partido en la cuestión nacional, entendida en términos identitarios. En junio de 2008 Joan Puigcercós sustituye a Carod-Rovira en la presidencia formando tándem con Joan Ridao en la secretaría general, pero la división es profunda, hay cuatro candidaturas a cada cargo y los elegidos no alcanzan el 40 % de los votos. En 2009 se escinde la fracción de un Joan Carretero (exconseller y segundo candidato más votado a la presidencia en el congreso anterior) poco dado a las alegrías izquierdistas y exponente claro del nacionalismo identitario. Uriel Beltrán, otro de los candidatos a la presidencia del partido en 2008, abandona el partido en julio de 2010, a pocos meses de las elecciones al Parlament a las que se presenta en la candidatura encabezada por el expresidente del F.C. Barcelona Joan Laporta

2010 es un año decisivo para entender las claves del procés que acabará irrumpiendo con toda su fuerza en 2012, no tanto por lo que confirma como por lo que desmiente. En mayo Zapatero claudica ante las presiones de la UE y el FMI, anuncia bajadas de pensiones, de sueldos de los funcionarios, una reforma laboral para abaratar y facilitar el despido, toda una serie de medidas que se resumen en una reforma exprés de la constitución para dar prioridad al pago de la deuda pública (que va a crecer exponencialmente con el rescate del sector bancario) sobre la cobertura de cualquier servicio público o prestación social, poner al capital financiero internacional y sus intereses por encima de las personas y hasta del interés del resto de la economía del país marca el nuevo periodo del austericidio que tiene continuidad y se agudiza en Catalunya, primero, con el gobierno de Artur Mas y en toda España, poco después, con el gobierno del PP. El malestar está servido y a ello se une en julio la sentencia del constitucional sobre el Estatut, cuatro años después la resolución, más allá de si modifica drástica o superficialmente tal o cual precepto, provoca el sinsentido de que Catalunya queda con un Estatut no refrendado por su ciudadanía. La manifestación del 10 de julio de rechazo a la sentencia es multitudinaria y destila, además de indignación, nostalgia pujolista en gran parte de los asistentes, al menos en los que más se hacen notar al paso de la cabecera

Con las oleadas de referéndums locales casi finalizadas, se han hecho cuatro oleadas y sólo falta el de la ciudad de Barcelona, y en este ambiente de descontento e indignación con múltiples orígenes se celebran las elecciones de noviembre de 2010. El independentismo se presenta dividido y baja notablemente, los 4 escaños de Solidaritat per la Independéncia no compensan los 11 que pierde ERC. Prevalece la dinámica de castigo a los gobiernos existentes, generalizada en Europa, y en un anticipo de las elecciones generales de 2011 sube el PP 3 escaños. CiU es la gran vencedora, sube 12 escaños y pese a no conseguir mayoría absoluta puede gobernar: en ningún momento explicita ni tiene en cuenta ningún “full de ruta” hacia la independencia, como prueba que sea el PP su socio de legislatura. Más evidencias de que aún no se ha tensionado la sociedad catalana en torno al tema de la independencia son una abstención que se mantiene por encima del 40% y el no crecimiento de C’s, el gran beneficiado posteriormente de la polarización

CiU gana con la reclamación del pacto fiscal como gran propuesta de mejora del autogobierno y con un mensaje de que son la opción seria que va a dar por fin estabilidad y tranquilidad a Catalunya para superar la crisis. El movimiento de base del procesismo está en marcha y creciendo, pero para que aflore falta el segundo componente, el apoyo institucional que recibe más adelante

ERC culmina su crisis interna con un giro hacia el nacionalismo de base cultural y deja en segundo plano el programa social, opta por disputarle a la Convergència de Mas la prevalencia en el nacionalismo sin cuestionar sus fundamentos con la elección, en septiembre de 2011, de Oriol Junqueras como Presidente y Marta Rovira como Secretaria General

Mientras tanto, el Govern dels millors, tal como lo califica Artur Mas, desarrolla un programa de recortes y privatizaciones que genera protestas crecientes, el movimiento del 15-M que surge en Madrid prende en Catalunya, se produce el cerco del Parlament y crecen las plataformas sectoriales y territoriales en defensa de servicios y equipamientos amenazados por las políticas de un Govern que al mismo tiempo que suprime el impuesto de sucesiones alega falta de recursos para justificar sus medidas. Pese a ello se mantiene convencido de la bondad de su programa y no se plantea ningún cambio de estrategia. Todavía en diciembre de 2011 defiende Artur Mas estos planteamientos en la larga entrevista que realiza TV3: mantener las políticas seguidas y descartar cualquier aventura independentista. En ese momento se acaban de celebrar elecciones generales en España, con una clara victoria del PP que está en la tarea de formar gobierno y sigue siendo el socio de CiU en el Parlament

En los nueve primeros meses de 2012 todo se acelera, el pistoletazo de salida del procés se produce cuando la Generalitat como institución y sus medios de comunicación se implican decididamente en el movimiento de base que lleva de los referéndums locales y las protestas por la sentencia del Estatut a la creación de la ANC (Assemblea Nacional de Catalunya) y a los preparativos de un 11 de setembre mezcla de reivindicación popular espontánea y acto institucional organizado. Las razones que llevan a Convergència a una apuesta tan decidida hay que buscarlas en la voluntad de controlar el mundo nacionalista. Las encuestas son cada vez más negativas y la referencia es que todos los gobiernos europeos que han llevado a cabo programas como los que está aplicando la Generalitat han caído en las siguientes elecciones. No quieren perder el tren al que se ha subido ERC y la cuestión nacional es siempre un recurso para tapar sus vergüenzas, sean las derivadas de las políticas económicas y sociales que aplican, sean las de unos casos de corrupción que cada vez amenazan más con aflorar. A las motivaciones se une la mayoría absoluta del PP que no le permite influir decisivamente en la política española y sí favorecer el tradicional discurso victimista.

Todos ingredientes están preparados, llega el tiempo del procés

dimecres, 5 de desembre del 2018

LA BANDERA Y LA CARTERA




Conviene aclarar en primer lugar que la irrupción de una fuerza política de ultraderecha en el panorama político español no se explica, como desde algunos ámbitos se pretende argumentar, por la existencia del conflicto catalán. Los nacionalismos excluyentes están creciendo en el mundo desde hace décadas y han encontrado el caldo de cultivo adecuado en la crisis global desatada a partir de 2008. Si todo fuera causado por la existencia de un conflicto territorial como el catalán (también en gran medida impulsado por la susodicha crisis financiera de 2008) no se entendería el auge de la extrema derecha en EEUU, Brasil, Francia, Polonia, Hungría, Alemania, Holanda… países donde no se detecta ninguna amenaza a la integridad territorial del estado nación constituido. Es más, uno de los referentes de la oleada ultraconservadora proviene de la Lega Norte, convertida ahora simplemente en la Lega, una fuerza política que originariamente defendía la secesión de una parte de Italia, la Padania, lo que no le impide tener apoyos que han sido crecientes en el resto del país, es como si dentro de unos años un sucesor de Puigdemont en su partido abandonara el independentismo y consiguiera ser una opción política muy votada en toda España

Dicho eso tampoco puede negarse la evidencia, el conflicto catalán ha sido el tema estrella de los últimos dos años en la política española y ha amplificado las posibilidades de la ultraderecha desde las últimas elecciones que se celebraron en España fuera de Catalunya. Con los temas comunes al resto de movimientos de ultraderecha (xenofobia, racismo, machismo, homofobia…) el crecimiento de un partido como VOX no hubiera sido tan espectacular, aunque muy probablemente también se hubiera producido

Otro rasgo común a todos los movimientos vinculados al nacionalismo conservador y esencialista es la defensa de unas propuestas económicas ultraliberales de fronteras para adentro, combinada con una posición con frecuencia contraria al librecambio con el exterior. Es decir, que mientras se habla a los votantes de la bandera se defiende en los programas la cartera de los más pudientes. Los planteamientos nacionalistas no son necesariamente conservadores en materia social y económica, pero el nacionalismo que se expresa en los tiempos que corren sí

En el caso de España, Catalunya incluida, las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis fueron desde 2010 las impuestas por el dogma neoliberal que domina el pensamiento económico desde finales de los años 70, las llamadas políticas de austeridad (el austericidio para los que no comparten ese dogma económico neoliberal) se empezaron a aplicar en España, por imposición, desde la primavera de 2010 y en Catalunya, por convicción, desde la llegada al poder de Artur Mas. La desigual carga de los efectos de la crisis en detrimento de la mayoría de la población se vio contestada en las calles por los diferentes movimientos y plataformas de defensa de los servicios públicos y cristalizó en el surgimiento del 15-M, un malestar creciente hacía que el conflicto social, la distribución de la riqueza, las políticas económicas y todo aquello que cuestionaba las políticas que se estaban aplicando se convirtieran en el eje del debate no ya político, sino social.

Eso se trunca primero en Catalunya con la apertura oficial del procés, un movimiento en parte ciudadano de base y en parte impulsado desde el poder por los dirigentes de la Generalitat. Desde 2012 el debate social ha quedado supeditado a la cuestión identitaria, desde las posiciones del nacionalismo catalán o la de sus contrarios. El fenómeno ya le venía bien a los gobiernos del PP, acostumbrado a hacer de la catalanofobia parte substancial de sus planteamientos políticos desde antes incluso de que surgieran los “Pujol enano habla en castellano” a principios de los años 90

Los debates sobre las identidades nacionales han sustituido a los debates sobre el conflicto social de manera creciente, en lugar de discutir sobre la distribución de la riqueza entre clases nos dedicamos a discutir sobre la distribución de la riqueza entre territorios y cada vez con más apasionamiento. Pero el nacionalismo conservador es, además de nacionalista, conservador, como su nombre indica, de tal modo que la defensa emocionada de las banderas va acompañada de la defensa a ultranza de las carteras de los que más tienen. Hay un cierto trilerismo al que también se apunta la izquierda por falta de propuesta territorial en clave no identitaria, tanto para España como para Catalunya: mientras vamos siguiendo la bolita de la nación en los cubiletes no están desplumando

El resultado es que si analizamos la composición de los parlamentos catalán y andaluz agrupando votos a favor de propuestas económicas de uno u otro tipo (obviando las discrepancias en torno al tema de las querencias nacionales de cada cual en los dos últimos procesos, los más influidos por el fervor patriótico de tirios y troyanos) el resultado es abiertamente favorable a los postulados neoliberales.

En Catalunya es más complicada la comparación porque en el proceso electoral inmediatamente anterior la candidatura de Junts pel Sí era un totum revolutum que hace imposible discernir qué políticas económicas y sociales defendía cada uno, lo que sí resulta claro es que las dos candidaturas más votadas el 21-D tienen un programa económico en la órbita de las propuestas neoliberales. En el caso de Junts per Catalunya es la continuidad de las políticas que han venido aplicando desde 1980 cada vez, casi siempre, que han gobernado en Catalunya, la comunidad autónoma que más ha destacado por la gestión privada de los servicios públicos por la vía de los conciertos y con la apuesta por una fiscalidad menos severa con las clases medias, un eufemismo para referirse a reducir la presión fiscal a las rentas altas. Básicamente, el programa económico es el de C’s y el de PP, una traslación de las propuestas económicas que se ajustan a las doctrinas económicas hegemónicas, es decir, neoliberales. Entre unos y otro sumaron 74 de 135 escaños, frente a los 61 que podríamos agrupar en propuestas socialdemócratas, aunque las diferencias entre las posiciones de estos grupos (ERC, PSC, Comuns y CUP) son mucho mayores que las que tienen los programas de los otros tres partidos entre sí. Desde los lejanos tiempos de las mayorías absolutas de Pujol no había un Parlament tan marcadamente conservador en materia económica y social, otra cosa es que ese bloque neoliberal esté fragmentado por el modelo de organización territorial y ni se hablen entre ellos los grupos que los forman

En el caso andaluz, las elecciones del 2-D suponen un vuelco histórico ya que dan, por primera vez desde que existe el parlamento autonómico, una mayoría a los partidarios de la ortodoxia neoliberal, si bien es cierto que la práctica socialista durante su largo dominio de la política andaluza no ha sido un modelo de disidencia frente a la ortodoxia económica impuesta por los organismos económicos internacionales. Porque VOX se presenta como el voto de protesta contra el sistema, como en su día Podemos y, en parte, C’s, pero sus propuestas económicas no difieren mucho, casi nada, de las que formulan desde hace años el PP o el propio C’s, bajada de impuestos que benefician en especial a las rentas altas y privatización de servicios públicos. Incluso contando al PSOE de Susana Díaz entre los partidarios de políticas económicas de corte keynesiano y postulados socialdemócratas la victoria de los partidarios de la escuela de Chicago es clara y es la primera vez que se produce en esa comunidad: PP, C’s y VOX suman 59 escaños, 4 por encima de la mayoría absoluta

He estado hablando de políticas económicas, podría haberlo hecho en términos clásicos de izquierda y derecha, las formaciones de derechas avanzan  en un ambiente en el que las cuestiones de las banderas centran el debate y lo hacen en beneficio de las carteras más llenas, entre otras cosas porque las formaciones de izquierda son incapaces de articular una propuesta de modelo nacional que se base en otras premisas distintas a la del sentimiento de pertenencia identitario, también porque en esa vorágine son incapaces de llevar al terreno de las políticas sociales el debate público y también, no lo perdamos de vista, porque no tienen un modelo claro de propuesta que ofrecer en ese terreno de las políticas económicas y sociales, la propuesta presupuestaria pactada por  PSOE y Unidos Podemos podría serlo pero es difícil verle mucha trayectoria en el actual contexto político, entre otras cosas porque depende para su aprobación de los votos de una formación como el PDECat que no comparte en esencia los postulados sobre los que se sustenta, más allá de las cuestiones que se derivan del conflicto catalán. No hay un gobierno a la portuguesa para resumir lo dicho

Casi para terminar, sitúo a VOX en el conglomerado de las opciones conservadoras y de derechas, consciente de las diferencias que en otros temas tiene con los nacionalistas catalanes de la órbita de Puigdemont y la antigua Convergència, no tanto con dos formaciones como el PP y C’s que parece que están en una disputa para ver quién se extrema más a la derecha. ¿Son lo mismo todos ellos?, no lo creo, pero los movimientos de extrema derecha actuales tienen diferencias con los fascismos de los años 20 y 30 del siglo pasado, una de ellas es que no cuestionan, como sí hacían entonces, los postulados económicos dominantes en lo que respecta a las políticas económicas internas aunque sí lo hagan, de manera selectiva, en materia de política económica exterior, pueden oponerse al librecambio de mercancías, sin hacerlo con la libre circulación de capitales, pero son partidarios de una política económica basada en las bajadas de impuestos a las grandes fortunas, la privatización de los servicios públicos y el recorte del gasto social, el programa económico de VOX está en la línea de lo que defiende la FAES de Aznar, como lo están los programas económicos de PP, C’s y PDECat

Ahora sí para finalizar, VOX ha obtenido un 11% de los votos emitidos en Andalucía, aproximadamente 6 de cada 100 posibles votantes. Es mucho, pero menos de los que tienen formaciones similares en Francia, Italia o Alemania por citar a países de nuestro entorno. Mucho más preocupante que su resultado es que puede estar anunciando un crecimiento futuro mayor y, sobre todo, que sus propuestas sean las que centren el debate político como ha sucedido en esta campaña andaluza, hacia eso parece que apuntan los movimientos poselectorales y la deriva del discurso político de PP y C’s, ya anterior y que ha contado con la inestimable colaboración de un procesismo que no sabemos muy bien cuando empezó exactamente y mucho menos cómo va a terminar

Entre tanto, haríamos bien en recordar que debajo de las banderas se están defendiendo carteras