Desde la aprobación del Estatut (2006) a la fecha que se podría señalar como inicio del procés, el 11 de setembre de 2012, el vuelco que se produce en la situación de
Catalunya, España y el mundo es brutal y negativo para la mayoría de la
población, sin tener eso en cuenta no puede entenderse lo que sucede después
En esos seis años hay dos procesos electorales al Parlament de Catalunya y se queda a las
puertas de otro. Dos procesos se entrecruzan e interactúan, el debate sobre la
cuestión nacional en distintos frentes y, sobre todo, la crisis que se
desencadena en 2008 y que lleva de una sociedad razonablemente satisfecha
consigo misma a otra descontenta y atemorizada con todo y ante todo. Para el
desarrollo futuro de los acontecimientos el año decisivo no va a ser el del
estallido de la crisis, sino 2010, en el que todo se pone patas arriba y
empiezan a acelerarse los procesos sociales que se vienen incubando desde antes
Por lo que respecta a la cuestión nacional la
situación entre 2006 y 2010 es de agitación creciente, a lo que ayuda que se
hagan sentir los primeros efectos de la crisis. El tripartito de Montilla sustituye
al de Maragall, la pérdida en votos y escaños de PSC y ERC se ve compensada en
parte por el crecimiento de ICV, de lejos la formación con un comportamiento
más responsable en el periodo anterior. CiU es esta vez la fuerza más votada y
de nuevo la que tiene más escaños, sube 2, los que pierde ERC, pero el
catalanismo progresista sigue sumando más, la inestabilidad de ERC se va a
agudizar en estos cuatro años y acaba por llevar a un cambio de orientación de
la formación. La gran novedad es la presencia de un partido no estatal
abiertamente anticatalanista como C’s
El nuevo tripartito vuelve a estar sometido a una
presión mediática evidente incluso desde antes de su constitución como Govern, la campaña contra Joan Saura,
máximo dirigente de ICV y Conseller d’Interior
merece un repaso específico que no cabe aquí. Pero si algo acaba por ser
determinante es la crisis que dispara el desempleo y reduce drásticamente los
ingresos fiscales. El segundo tripartito ya nace lastrado por no haber podido
disputar la hegemonía a la visión conservadora del catalanismo en el periodo
anterior (aquí) y desde 2008 se une un contexto económico desfavorable y la
incidencia en Catalunya de la situación política española, el resultado es una
mitad de la legislatura de elevada complejidad para abordar en condiciones
cambios estructurales en áreas claves como la sanidad y la educación
Por lo que respecta a la política española es de
destacar que desde la inesperada derrota del PP en 2004 este partido inicia una
campaña de desestabilización permanente, con apoyo en los medios de
comunicación afines, en la que todo vale: la delirante teoría de la
conspiración en torno a los atentados del 11-M, el uso político partidista del
terrorismo etarra y de las asociaciones de víctimas y una campaña catalanófoba
con sobreactuaciones continuas a partir del debate sobre el nuevo Estatut. A eso se une el bloqueo en la
renovación de los organismos en los que se necesita mayoría parlamentaria
cualificada, como en el caso del Tribunal Constitucional que debe pronunciarse
sobre el recurso del propio PP contra el Estatut,
para seguir controlando políticamente, entre otras cosas, el poder judicial. Un
ambiente no precisamente constructivo al que se añade en 2008 la crisis
económica y su pésima gestión por el gobierno de Zapatero para acabar en mayo
de 2010 con la imposición de medidas antipopulares. Resultado final, agitación
anticatalanista y desgaste de ambos gobiernos, central y catalán.
En cuanto al catalanismo político es el periodo en el
que se incuba el movimiento de base que impulsa el procés con posterioridad. Hay malestar creciente por la campaña
anticatalana que crece en el resto de España, a veces alimentada por
declaraciones de políticos catalanes sobre otras comunidades, a lo que se suma
el vergonzoso procedimiento que sigue el recurso de inconstitucionalidad del Estatut, con retrasos continuos,
artículos impugnados que están con el mismo redactado pero sin impugnar en
otros estatutos, revocación más que discutible de un juez y sustituciones que
no se producen entre los miembros del constitucional con mandatos vencidos.
Cuando sobreviene la crisis de 2008 el malestar crece en todos los terrenos,
también en relación a la cuestión nacional, el 13 de septiembre de 2009 se produce el
primer referéndum local sobre la independencia en Arenys de Munt, referéndums
que se extienden en varias tandas hasta culminar en el que se realiza en
Barcelona el 10 de abril de 2011
En paralelo al crecimiento de la movilización
independentista evoluciona la crisis interna del único partido independentista
con presencia parlamentaria, también el único que apoya sin matices el proceso
de referéndums locales que se va extendiendo a cada vez más municipios aunque
con datos de participación desiguales. ERC viene del conflicto interno abierto
durante el primer tripartito, vuelve a optar por una alianza de gobierno de
izquierdas, sea por convencimiento o por eludir fundir su imagen con la de CiU,
pero en su interior crece el malestar por no focalizar más las posiciones del
partido en la cuestión nacional, entendida en términos identitarios. En junio
de 2008 Joan Puigcercós sustituye a Carod-Rovira en la presidencia formando
tándem con Joan Ridao en la secretaría general, pero la división es profunda,
hay cuatro candidaturas a cada cargo y los elegidos no alcanzan el 40 % de los
votos. En 2009 se escinde la fracción de un Joan Carretero (exconseller y segundo candidato más
votado a la presidencia en el congreso anterior) poco dado a las alegrías
izquierdistas y exponente claro del nacionalismo identitario. Uriel Beltrán,
otro de los candidatos a la presidencia del partido en 2008, abandona el
partido en julio de 2010, a pocos meses de las elecciones al Parlament a las que se presenta en la
candidatura encabezada por el expresidente del F.C. Barcelona Joan Laporta
2010 es un año decisivo para entender las claves del
procés que acabará irrumpiendo con toda su fuerza en 2012, no tanto por lo que
confirma como por lo que desmiente. En mayo Zapatero claudica ante las
presiones de la UE y el FMI, anuncia bajadas de pensiones, de sueldos de los
funcionarios, una reforma laboral para abaratar y facilitar el despido, toda
una serie de medidas que se resumen en una reforma exprés de la constitución
para dar prioridad al pago de la deuda pública (que va a crecer
exponencialmente con el rescate del sector bancario) sobre la cobertura de
cualquier servicio público o prestación social, poner al capital financiero
internacional y sus intereses por encima de las personas y hasta del interés
del resto de la economía del país marca el nuevo periodo del austericidio que
tiene continuidad y se agudiza en Catalunya, primero, con el gobierno de Artur
Mas y en toda España, poco después, con el gobierno del PP. El malestar está
servido y a ello se une en julio la sentencia del constitucional sobre el Estatut, cuatro años después la
resolución, más allá de si modifica drástica o superficialmente tal o cual
precepto, provoca el sinsentido de que Catalunya queda con un Estatut no refrendado por su ciudadanía.
La manifestación del 10 de julio de rechazo a la sentencia es multitudinaria y
destila, además de indignación, nostalgia pujolista en gran parte de los
asistentes, al menos en los que más se hacen notar al paso de la cabecera
Con las oleadas de referéndums locales casi
finalizadas, se han hecho cuatro oleadas y sólo falta el de la ciudad de
Barcelona, y en este ambiente de descontento e indignación con múltiples
orígenes se celebran las elecciones de noviembre de 2010. El independentismo se
presenta dividido y baja notablemente, los 4 escaños de Solidaritat per la
Independéncia no compensan los 11 que pierde ERC. Prevalece la dinámica de
castigo a los gobiernos existentes, generalizada en Europa, y en un anticipo de
las elecciones generales de 2011 sube el PP 3 escaños. CiU es la gran
vencedora, sube 12 escaños y pese a no conseguir mayoría absoluta puede
gobernar: en ningún momento explicita ni tiene en cuenta ningún “full de ruta”
hacia la independencia, como prueba que sea el PP su socio de legislatura. Más
evidencias de que aún no se ha tensionado la sociedad catalana en torno al tema
de la independencia son una abstención que se mantiene por encima del 40% y el
no crecimiento de C’s, el gran beneficiado posteriormente de la polarización
CiU gana con la reclamación del pacto fiscal como gran
propuesta de mejora del autogobierno y con un mensaje de que son la opción
seria que va a dar por fin estabilidad y tranquilidad a Catalunya para superar
la crisis. El movimiento de base del procesismo está en marcha y creciendo,
pero para que aflore falta el segundo componente, el apoyo institucional que
recibe más adelante
ERC culmina su crisis interna con un giro hacia el
nacionalismo de base cultural y deja en segundo plano el programa social, opta
por disputarle a la Convergència de
Mas la prevalencia en el nacionalismo sin cuestionar sus fundamentos con la
elección, en septiembre de 2011, de Oriol Junqueras como Presidente y Marta Rovira
como Secretaria General
Mientras tanto, el Govern
dels millors, tal como lo califica Artur Mas, desarrolla un programa de
recortes y privatizaciones que genera protestas crecientes, el movimiento del
15-M que surge en Madrid prende en Catalunya, se produce el cerco del Parlament y crecen las plataformas
sectoriales y territoriales en defensa de servicios y equipamientos amenazados
por las políticas de un Govern que al
mismo tiempo que suprime el impuesto de sucesiones alega falta de recursos para
justificar sus medidas. Pese a ello se mantiene convencido de la bondad de su
programa y no se plantea ningún cambio de estrategia. Todavía en diciembre de
2011 defiende Artur Mas estos planteamientos en la larga entrevista que realiza
TV3: mantener las políticas seguidas y descartar cualquier aventura
independentista. En ese momento se acaban de celebrar elecciones generales en
España, con una clara victoria del PP que está en la tarea de formar gobierno y
sigue siendo el socio de CiU en el Parlament
En los nueve primeros meses de 2012 todo se acelera,
el pistoletazo de salida del procés
se produce cuando la Generalitat como
institución y sus medios de comunicación se implican decididamente en el
movimiento de base que lleva de los referéndums locales y las protestas por la
sentencia del Estatut a la creación
de la ANC (Assemblea Nacional de
Catalunya) y a los preparativos de un 11
de setembre mezcla de reivindicación popular espontánea y acto
institucional organizado. Las razones que llevan a Convergència a una apuesta tan decidida hay que buscarlas en la
voluntad de controlar el mundo nacionalista. Las encuestas son cada vez más
negativas y la referencia es que todos los gobiernos europeos que han llevado a
cabo programas como los que está aplicando la Generalitat han caído en las
siguientes elecciones. No quieren perder el tren al que se ha subido ERC y la
cuestión nacional es siempre un recurso para tapar sus vergüenzas, sean las
derivadas de las políticas económicas y sociales que aplican, sean las de unos
casos de corrupción que cada vez amenazan más con aflorar. A las motivaciones
se une la mayoría absoluta del PP que no le permite influir decisivamente en la
política española y sí favorecer el tradicional discurso victimista.
Todos ingredientes están preparados, llega el tiempo
del procés
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