dimecres, 5 de desembre del 2018

LA BANDERA Y LA CARTERA




Conviene aclarar en primer lugar que la irrupción de una fuerza política de ultraderecha en el panorama político español no se explica, como desde algunos ámbitos se pretende argumentar, por la existencia del conflicto catalán. Los nacionalismos excluyentes están creciendo en el mundo desde hace décadas y han encontrado el caldo de cultivo adecuado en la crisis global desatada a partir de 2008. Si todo fuera causado por la existencia de un conflicto territorial como el catalán (también en gran medida impulsado por la susodicha crisis financiera de 2008) no se entendería el auge de la extrema derecha en EEUU, Brasil, Francia, Polonia, Hungría, Alemania, Holanda… países donde no se detecta ninguna amenaza a la integridad territorial del estado nación constituido. Es más, uno de los referentes de la oleada ultraconservadora proviene de la Lega Norte, convertida ahora simplemente en la Lega, una fuerza política que originariamente defendía la secesión de una parte de Italia, la Padania, lo que no le impide tener apoyos que han sido crecientes en el resto del país, es como si dentro de unos años un sucesor de Puigdemont en su partido abandonara el independentismo y consiguiera ser una opción política muy votada en toda España

Dicho eso tampoco puede negarse la evidencia, el conflicto catalán ha sido el tema estrella de los últimos dos años en la política española y ha amplificado las posibilidades de la ultraderecha desde las últimas elecciones que se celebraron en España fuera de Catalunya. Con los temas comunes al resto de movimientos de ultraderecha (xenofobia, racismo, machismo, homofobia…) el crecimiento de un partido como VOX no hubiera sido tan espectacular, aunque muy probablemente también se hubiera producido

Otro rasgo común a todos los movimientos vinculados al nacionalismo conservador y esencialista es la defensa de unas propuestas económicas ultraliberales de fronteras para adentro, combinada con una posición con frecuencia contraria al librecambio con el exterior. Es decir, que mientras se habla a los votantes de la bandera se defiende en los programas la cartera de los más pudientes. Los planteamientos nacionalistas no son necesariamente conservadores en materia social y económica, pero el nacionalismo que se expresa en los tiempos que corren sí

En el caso de España, Catalunya incluida, las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis fueron desde 2010 las impuestas por el dogma neoliberal que domina el pensamiento económico desde finales de los años 70, las llamadas políticas de austeridad (el austericidio para los que no comparten ese dogma económico neoliberal) se empezaron a aplicar en España, por imposición, desde la primavera de 2010 y en Catalunya, por convicción, desde la llegada al poder de Artur Mas. La desigual carga de los efectos de la crisis en detrimento de la mayoría de la población se vio contestada en las calles por los diferentes movimientos y plataformas de defensa de los servicios públicos y cristalizó en el surgimiento del 15-M, un malestar creciente hacía que el conflicto social, la distribución de la riqueza, las políticas económicas y todo aquello que cuestionaba las políticas que se estaban aplicando se convirtieran en el eje del debate no ya político, sino social.

Eso se trunca primero en Catalunya con la apertura oficial del procés, un movimiento en parte ciudadano de base y en parte impulsado desde el poder por los dirigentes de la Generalitat. Desde 2012 el debate social ha quedado supeditado a la cuestión identitaria, desde las posiciones del nacionalismo catalán o la de sus contrarios. El fenómeno ya le venía bien a los gobiernos del PP, acostumbrado a hacer de la catalanofobia parte substancial de sus planteamientos políticos desde antes incluso de que surgieran los “Pujol enano habla en castellano” a principios de los años 90

Los debates sobre las identidades nacionales han sustituido a los debates sobre el conflicto social de manera creciente, en lugar de discutir sobre la distribución de la riqueza entre clases nos dedicamos a discutir sobre la distribución de la riqueza entre territorios y cada vez con más apasionamiento. Pero el nacionalismo conservador es, además de nacionalista, conservador, como su nombre indica, de tal modo que la defensa emocionada de las banderas va acompañada de la defensa a ultranza de las carteras de los que más tienen. Hay un cierto trilerismo al que también se apunta la izquierda por falta de propuesta territorial en clave no identitaria, tanto para España como para Catalunya: mientras vamos siguiendo la bolita de la nación en los cubiletes no están desplumando

El resultado es que si analizamos la composición de los parlamentos catalán y andaluz agrupando votos a favor de propuestas económicas de uno u otro tipo (obviando las discrepancias en torno al tema de las querencias nacionales de cada cual en los dos últimos procesos, los más influidos por el fervor patriótico de tirios y troyanos) el resultado es abiertamente favorable a los postulados neoliberales.

En Catalunya es más complicada la comparación porque en el proceso electoral inmediatamente anterior la candidatura de Junts pel Sí era un totum revolutum que hace imposible discernir qué políticas económicas y sociales defendía cada uno, lo que sí resulta claro es que las dos candidaturas más votadas el 21-D tienen un programa económico en la órbita de las propuestas neoliberales. En el caso de Junts per Catalunya es la continuidad de las políticas que han venido aplicando desde 1980 cada vez, casi siempre, que han gobernado en Catalunya, la comunidad autónoma que más ha destacado por la gestión privada de los servicios públicos por la vía de los conciertos y con la apuesta por una fiscalidad menos severa con las clases medias, un eufemismo para referirse a reducir la presión fiscal a las rentas altas. Básicamente, el programa económico es el de C’s y el de PP, una traslación de las propuestas económicas que se ajustan a las doctrinas económicas hegemónicas, es decir, neoliberales. Entre unos y otro sumaron 74 de 135 escaños, frente a los 61 que podríamos agrupar en propuestas socialdemócratas, aunque las diferencias entre las posiciones de estos grupos (ERC, PSC, Comuns y CUP) son mucho mayores que las que tienen los programas de los otros tres partidos entre sí. Desde los lejanos tiempos de las mayorías absolutas de Pujol no había un Parlament tan marcadamente conservador en materia económica y social, otra cosa es que ese bloque neoliberal esté fragmentado por el modelo de organización territorial y ni se hablen entre ellos los grupos que los forman

En el caso andaluz, las elecciones del 2-D suponen un vuelco histórico ya que dan, por primera vez desde que existe el parlamento autonómico, una mayoría a los partidarios de la ortodoxia neoliberal, si bien es cierto que la práctica socialista durante su largo dominio de la política andaluza no ha sido un modelo de disidencia frente a la ortodoxia económica impuesta por los organismos económicos internacionales. Porque VOX se presenta como el voto de protesta contra el sistema, como en su día Podemos y, en parte, C’s, pero sus propuestas económicas no difieren mucho, casi nada, de las que formulan desde hace años el PP o el propio C’s, bajada de impuestos que benefician en especial a las rentas altas y privatización de servicios públicos. Incluso contando al PSOE de Susana Díaz entre los partidarios de políticas económicas de corte keynesiano y postulados socialdemócratas la victoria de los partidarios de la escuela de Chicago es clara y es la primera vez que se produce en esa comunidad: PP, C’s y VOX suman 59 escaños, 4 por encima de la mayoría absoluta

He estado hablando de políticas económicas, podría haberlo hecho en términos clásicos de izquierda y derecha, las formaciones de derechas avanzan  en un ambiente en el que las cuestiones de las banderas centran el debate y lo hacen en beneficio de las carteras más llenas, entre otras cosas porque las formaciones de izquierda son incapaces de articular una propuesta de modelo nacional que se base en otras premisas distintas a la del sentimiento de pertenencia identitario, también porque en esa vorágine son incapaces de llevar al terreno de las políticas sociales el debate público y también, no lo perdamos de vista, porque no tienen un modelo claro de propuesta que ofrecer en ese terreno de las políticas económicas y sociales, la propuesta presupuestaria pactada por  PSOE y Unidos Podemos podría serlo pero es difícil verle mucha trayectoria en el actual contexto político, entre otras cosas porque depende para su aprobación de los votos de una formación como el PDECat que no comparte en esencia los postulados sobre los que se sustenta, más allá de las cuestiones que se derivan del conflicto catalán. No hay un gobierno a la portuguesa para resumir lo dicho

Casi para terminar, sitúo a VOX en el conglomerado de las opciones conservadoras y de derechas, consciente de las diferencias que en otros temas tiene con los nacionalistas catalanes de la órbita de Puigdemont y la antigua Convergència, no tanto con dos formaciones como el PP y C’s que parece que están en una disputa para ver quién se extrema más a la derecha. ¿Son lo mismo todos ellos?, no lo creo, pero los movimientos de extrema derecha actuales tienen diferencias con los fascismos de los años 20 y 30 del siglo pasado, una de ellas es que no cuestionan, como sí hacían entonces, los postulados económicos dominantes en lo que respecta a las políticas económicas internas aunque sí lo hagan, de manera selectiva, en materia de política económica exterior, pueden oponerse al librecambio de mercancías, sin hacerlo con la libre circulación de capitales, pero son partidarios de una política económica basada en las bajadas de impuestos a las grandes fortunas, la privatización de los servicios públicos y el recorte del gasto social, el programa económico de VOX está en la línea de lo que defiende la FAES de Aznar, como lo están los programas económicos de PP, C’s y PDECat

Ahora sí para finalizar, VOX ha obtenido un 11% de los votos emitidos en Andalucía, aproximadamente 6 de cada 100 posibles votantes. Es mucho, pero menos de los que tienen formaciones similares en Francia, Italia o Alemania por citar a países de nuestro entorno. Mucho más preocupante que su resultado es que puede estar anunciando un crecimiento futuro mayor y, sobre todo, que sus propuestas sean las que centren el debate político como ha sucedido en esta campaña andaluza, hacia eso parece que apuntan los movimientos poselectorales y la deriva del discurso político de PP y C’s, ya anterior y que ha contado con la inestimable colaboración de un procesismo que no sabemos muy bien cuando empezó exactamente y mucho menos cómo va a terminar

Entre tanto, haríamos bien en recordar que debajo de las banderas se están defendiendo carteras

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