dimarts, 26 de febrer del 2019

LA EXTREMA DERECHA NO NECESITA SER FASCISTA (DE MOMENTO)


La historia nunca se repite, la utilidad de su conocimiento no reside saber qué hechos del pasado van a repetirse, lo que sí permite la historia es tener instrumentos para entender la realidad presente a partir de los conocimientos de los procesos ocurridos en el pasado

El fascismo en sus distintas expresiones es un producto de un contexto histórico determinado que hoy no se da, la actual extrema derecha que crece por todo el mundo tiene conexiones con los postulados defendidos por la extrema derecha de los años 30 del siglo pasado, pero se diferencia del fascismo por aspectos fundamentales, desde mi punto de vista dos son las grandes diferencias y las dos tienen que ver con las diferencias del contexto histórico en que vivimos y el que había en la Europa de entreguerras.

Primera diferencia, el papel de la violencia, la actual extrema derecha no ha organizado estructuras paramilitares propias como hicieron los partidos fascistas, no hay camisas azules en VOX, ni camisas negras en la Lega, ni camisas pardas, ustachis, etcétera

Segunda diferencia, la política económica que defienden no se aparta en lo substancial de la ortodoxia económica dominante, todo lo más que cuestionan y sólo parcialmente es el librecambio mundial en defensa de un supuesto patriotismo económico, pero sus recetas económicas son neoliberalismo puro: menos impuestos, menos trabas a la iniciativa privada, alabanzas del afán de enriquecimiento personal que ha de llevar la prosperidad a todo el mundo y toda la retahíla de los Chicago Boys. Nada más alejado del fascismo clásico, en el que el papel del estado en la economía era clave y todo debía regularse, incluyendo las relaciones laborales, hasta el más mínimo detalle

¿Cuál es la diferencia entre el contexto histórico actual y el de entreguerras? Uno básico, no hay alternativa al modelo económico, la revolución rusa era en los años 20 y 30 una referencia válida para gran parte de la sociedad, cuando el funcionamiento económico clásico de la economía liberal llevó al crac del 29 y a la gran crisis de los años 30 hubo que buscar respuestas para contrarrestar la amenaza de una revolución que se llevara el sistema por delante. En EEUU empezaron a aplicarse las medidas keynesianas y en Europa cobraron fuerza las propuestas que propugnaban la intervención del estado defendidas por las formaciones fascistas. No hay en la actualidad una alternativa al capitalismo, tras la crisis de 2008 se ha aplicado el más de lo mismo como receta. Algo similar sucede en el ámbito del orden público, ninguna amenaza revolucionaria creíble necesita ser contestada con medios que vayan más allá de la capacidad de coerción que ya tienen los estados

La extrema derecha se ha refundado porque su versión fascista no era útil, no le daba los apoyos necesarios en forma de seguimiento popular, reconocimiento de buena parte de los medios de comunicación y aceptación de los poderes económicos. Los nostálgicos del pasado sin más no han prosperado, la Lega no es hija del MSI, Falange, Democracia Nacional y todos los herederos directos de la extrema derecha franquista no han sido capaces de crecer como VOX, que viene de otros pagos, incluso en el caso francés tuvo que haber una ruptura entre el patriarca Le Pen y su hija Marine para romper techos de apoyo

¿Significa lo anterior que no deba preocupar el crecimiento de la extrema derecha, su acceso al poder en USA, Brasil, Hungría, Polonia o Italia o su influencia en el debate político en todas partes? Ni mucho menos, el control de los aparatos de poder se está usando para debilitar la capacidad de respuesta social, con el objetivo final de su destrucción absoluta, la Ley Mordaza del PP es una broma pesada frente a lo que se está gestando desde hace años en Polonia y Hungría o lo que está poniendo rápidamente en marcha Bolsonaro en Brasil. Que la extrema derecha no tenga necesidad de presentarse como fascismo en estado puro no significa que renuncie a destruir la contestación, a desviar la atención hacia chivos expiatorios como la inmigración o los conflictos territoriales, a prohibir la expresión de todo aquello que se les oponga. El liberalismo económico a ultranza se complementa cada vez más con la disminución del liberalismo político clásico, el de los derechos individuales de ciudadanía

El uso del término fascista o de su equivalente nazi, así como los distintos derivados de ambos se ha extendido con el riesgo de vaciar esos términos de contenido, se usa contra los independentistas catalanes, contra C’s, contra el PP y hasta contra el PSC. Ahora casi nadie duda en emplearlo para calificar a VOX. Al margen del rigor en el uso del lenguaje, sobre todo de determinado lenguaje, considero un error su utilización política frente a la actual extrema derecha, le hace un favor porque le facilita recibir el voto de la extrema derecha nostálgica y, sobre todo, porque le permite eludir el debate sobre propuestas políticas y económicas, le facilita contestar con aquello de izquierda trasnochada anclada en un pasado que no es la realidad presente. Mucho más útil sería rebatir sus propuestas con otras alternativas en campos básicos como el de la redistribución de la riqueza y la necesaria reforma fiscal que evite el fraude y la elusión fiscal, en la defensa de las libertades individuales y de los colectivos (mujeres, inmigrantes, homosexuales..) en posición de debilidad en la actual sociedad, en el del modelo territorial que recoja el respeto a la diversidad y la necesidad de un proyecto supranacional que haga frente al poder financiero para burlarse de los estados nación tal como están concebidos, en la defensa del medio ambiente y la calidad de vida de las personas frente a las consecuencias del cambio climático y del desastre ecológico que provoca el actual modelo de producir y consumir

Las políticas que nos llevaron a la crisis que padecemos son defendidas por todas las derechas, su incapacidad para satisfacer las necesidades del conjunto de la población se pone periódicamente de manifiesto y en 2008 lo hizo a gran escala. Son políticas económicas que no necesitan de un sistema democrático para su aplicación, como acredita que se aplicaran por primera vez en el Chile de Pinochet. Es más, a medida que se manifiesta la mentira de lo que prometen quienes las implantan se hace necesario limitar los contrapoderes democráticos. Limitar el derecho de protesta es algo que ya ponen en marcha formaciones políticas clásicas, como ya hemos visto con la Ley Mordaza del PP o con la represión del 15-M que practicó el Govern de Artur Mas en 2011, pero eso no hace más que favorecer los discursos de mano dura para todo que propugna la extrema derecha, un buen caldo de cultivo para su crecimiento. No necesitan un estado fascista, necesitan un estado que será más autoritario cuanto más se necesite sin que ello conduzca necesariamente al fascismo

No es una cuestión de purismo, sino de utilidad. Se encuentran cómodos en el intercambio de calificativos y palabras gruesas, sus escrúpulos son nulos. Su estrategia pasa por señalar los síntomas para desviar la atención de las causas, todos los descontentos son susceptibles de ser atribuidos a un chivo expiatorio (inmigrantes, feministas, nacionalistas de otra causa nacional…) mientras la enfermedad se extiende. En realidad, todo se acaba reduciendo a qué se produce, cómo se produce y cómo se reparte, de eso es de lo que no quieren hablar y ahí cabe todo: modelo económico, sostenibilidad ambiental, justicia social, modelo de familia y lo que eso comporta... Intentemos llevar a ese terreno el debate y no a una estéril guerra de etiquetas.

dilluns, 11 de febrer del 2019

¿QUÉ HA CAMBIADO?


Nos recuerda Joaquín Estefanía en este artículo que la estrategia de la crispación no es nueva, también nos explica algo substancial, el objetivo de las campañas exacerbadas no es conseguir que los votantes de izquierda pasen a votar a la derecha, sino conseguir que se abstengan. Después habla de Steve Bannon para resaltar las similitudes entre su estrategia de campaña con Donald Trump y lo que está haciendo la derecha española en estos momentos



Joaquín Estefanía podría haberse remontado más en el tiempo, las estrategias electorales a las que hace referencia se teorizaron y se pusieron en práctica hace décadas por el Partido Republicano estadounidense y en España ha pasado ya un cuarto de siglo desde que el PP de Aznar hizo lo propio con los últimos gobiernos de Felipe González, ciertamente entonces con la ayuda inestimable de hechos reales como los GAL o los casos de corrupción que afectaban al PSOE



En el Partido Republicano llegaron a la siguiente conclusión, es muy difícil que los votantes demócratas cambien masivamente el voto hacia los candidatos republicanos, pero si se tensa el ambiente político con temas transversales donde lo irracional pese más que lo reflexivo, donde prime más el corazón (lo visceral) que la cabeza (lo cerebral) se puede conseguir que un porcentaje substancial de ese electorado se quede en casa, asqueado, mientras que el votante tradicional republicano no se desmovilizará, bien porque ese tipo de temas son motivadores para ellos, bien porque son votantes más constantes. Asuntos como las políticas económicas y sociales se reducían a las consignas neoliberales en boga de menos impuestos y menos estado y las cuestiones de derechos civiles e individuales pasaban desapercibidas por el ruido de la campaña continua sobre los asuntos de los que interesaba hablar, tuvieran una base real o fueran en muchos casos magnificados, cuando no inventados



Ese tipo de planteamientos fueron importados unos años después por la derecha española. Ayudados por la irrupción de nuevos medios de comunicación tanto en prensa escrita como en radio y televisión, los dirigentes de PP en la oposición empezaron a usar temas diversos más o menos fundamentados para que el votante tradicional socialista se desmovilizara. Lo explicó con su tremenda lucidez Manuel Vázquez Montalbán en Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos, de muy recomendable relectura para ver, entre otras cosas, que el asunto de Catalunya no es nuevo como instrumento de desgaste político en el ámbito español



Como se juega con la desmemoria y el consumismo de la información (consumismo en el sentido de usar y tirar) nos parece que lo que está pasando ahora en España es aberrante, pero si retrocedemos sólo 15 años en nuestra memoria recordaremos cómo un invento del calibre de la teoría de la conspiración sobre el 11-M fue el gran caballo de batalla de la oposición del PP en la primera legislatura de Zapatero, o cómo se usó de forma irresponsable algo tan inocuo, visto en la perspectiva actual, como la reforma del Estatut, o cómo de fariseo era el mensaje contra reformas como la del aborto o la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo que después no se revirtieron, o cómo la lucha antiterrorista es tema de estado que no se puede usar políticamente para desgastar al gobierno sólo cuando este es del PP. Únicamente la crisis y la mala gestión gubernamental que se hizo de ella llevó el debate público a lo que podríamos denominar las cosas de comer



Porque la crisis de 2008 es el gran cambio, en España y en el mundo, que hace distinta la situación actual. Si se analizan los resultados en las elecciones generales en España desde 1993 vemos que hasta 2011, inclusive, se confirma el patrón, las grandes victorias del PP se deben tanto a sus votos como al incremento del abstencionismo en el electorado del PSOE que en su número de votos es una montaña rusa con hundimientos aparatosos en las legislaturas en las que el PP obtiene mayorías absolutas. Después el tablero político salta por los aires



Lo preocupante del presente es la crisis de las democracias, lo que se ha denominado de distintas maneras en función de la posición ideológica de cada cual (democracias burguesas, democracias liberales, democracias capitalistas, democracias occidentales) está resultando un instrumento inútil para hacer frente a lo que la crisis de 2008 ha puesto de manifiesto, el modelo capitalista neoliberal ha fracasado, al menos en el sentido de que lo que prometía se está incumpliendo sistemáticamente, otra cosa es si lo que prometían los teóricos del neoliberalismo fuera lo que pretendían en realidad. Se nos ha venido diciendo desde finales de los años 70 que lo que había que hacer era desregular y privatizar, bajar impuestos y dejar hacer al capital, que eso serviría para generar riqueza suficiente como para que todo el que quisiera (y no fuera un aspirante a parásito social vividor de subvenciones) pudiera vivir bien, cada vez mejor, porque además las nuevas tecnologías nos lo iban a permitir



La crisis de 2008 no es un pequeño accidente en el camino, por mucho que sigan aplicándose las mismas políticas económicas cualquiera con un mínimo de información constata que las desigualdades son crecientes y que las expectativas de futuro personal acostumbran a ser peores de lo que eran para las generaciones anteriores, al menos entre los antaño supuestamente privilegiados habitantes de las democracias occidentales. Los estados nación surgidos de la doble revolución de la que habló Hobsbawm en Las revoluciones burguesas (liberal e industrial) ya no pueden dar respuesta a los problemas de la población de cada uno de ellos, son incapaces de controlar las consecuencias para su ciudadanía de las decisiones del capital transnacional, en especial el financiero. La democracia pierde contenido y los sistemas autoritarios queda claro que no son incompatibles con el neoliberalismo económico



El crecimiento de la nueva extrema derecha, que no se siente heredera de los fascismos al menos en sus proclamas, tiene que ver con esa situación de desconcierto, se ofrecen aparentes seguridades centrando el objetivo no en la causas de la enfermedad, sino en los síntomas, no en los fallos sistémicos sino en lo que se visualiza de esos fallos, así las personas que trabajan en precario dentro o fuera de la norma legal, muchas veces pero no siempre inmigrantes, son responsables de todos los males, la inseguridad se asocia a los pobres pero no a la pobreza, quien vive en otro territorio se aprovecha de los esfuerzos que hacemos en el nuestro, etcétera. No es una extrema derecha que planteé otra política económica, sólo se proclama antisistema en el repliegue a verdades supuestamente incontestables que varían de un lugar a otro y tienen como nexo común un profundo conservadurismo social



Por tanto, la gran diferencia es que la confrontación crispada como estrategia electoral no tiene como consecuencia la alternancia en el gobierno, sino que se enmarca en el avance de posiciones políticas que progresan en la destrucción de la democracia, porque la inutilidad de las propuestas para dar respuesta a las necesidades de las personas, incluso cuando los datos macroeconómicos son positivos, da pie a modelos cada vez más autoritarios, con una división de poderes paulatinamente menos definida, el castigo a la disidencia y a la protesta, la limitación de libertades y la inaplicación de los derechos humanos reconocidos internacionalmente en nombre de la seguridad, etcétera. Ha sucedido en España y está sucediendo en Hungría, Italia, EEUU, amenaza claramente en Francia desde hace tiempo Es un peligro global, plena libertad para la economía privada sin control social y menores libertades, menor calidad democrática, para defender cualquier alternativa



Frente a eso también crece en el mundo la visión contraria, la que plantea, sin tener un modelo de referencia claro, la necesidad de hacer frente a esta oleada ultraconservadora y a las aberraciones de las políticas económicas neoliberales, en defensa de una mejor distribución de la riqueza, el mantenimiento de los equilibrios ecológicos del planeta y el respeto a los derechos individuales y colectivos. Es mucho más difícil sin tener una referencia a seguir, pero será mucho más productivo que tenerlas equivocadas y, sea como sea, resulta imprescindible

divendres, 1 de febrer del 2019

MIEDO



Cuando murió mi padre yo era fumador. Todo el mundo asoció su cáncer de pulmón al tabaquismo, había fumado desde que tenía uso de razón, conocíamos sus historias de cuando fumar era un lujo y no porque el tabaco fuera caro, sino porque en aquella España y en aquellos tiempos hasta comer era un lujo, de cómo aprovechaban las beatas (las colillas que recogían del suelo si otro no se las había apropiado antes) o de cómo secaban pieles de patatas o cualquier otra cosa para conseguir un sucedáneo del tabaco. Por entonces dejó de fumar mi hermano, seguramente por miedo. Yo no tuve miedo, seguí fumando unos años más



No tener miedo no significa no preocuparte de tanto en tanto por si, como pensar que te puedes matar con el coche o, en mi caso, me dan miedo las alturas, con que puedo despeñarme en cualquier sitio elevado. Pocos fumadores, si hay alguno, no habrán pensado alguna vez en lo que puede pasarles, menos con las campañas, pero al menos en mi caso era un temor pasajero que no se asentó nunca, todo y ser un fumador de riesgo elevado por el consumo, rondando los tres paquetes diarios



Dejé de fumar una docena de años después sin tener realmente miedo en el sentido al que me referiré más adelante. Una enfermedad sin relación directa con el hábito me tuvo cinco días sin fumar entre urgencias y cuidados intensivos, cuando pasé a planta decidí probar, no había habido una voluntad previa de dejar el tabaco, no hubo una prohibición médica porque la úlcera sangrante que a punto estuvo de llevárseme por delante no tenía un vínculo directo con el tabaco. Han pasado diecinueve años, no recuerdo que el miedo tuviera que ver con mi decisión



Pero el otro día sí que sentí miedo, como otras veces me ha pasado. No el miedo súbito de la película de terror, sino el miedo de una perspectiva futura, sólo una posibilidad, que genera desasosiego interior, que indispone físicamente incluso, un malestar que perdura y retorna de tanto en tanto, similar a un recuerdo ya viejo que aún me provoca una sensación parecida, con mi hija muy pequeña intentando asomarse, mientras yo recogía la ropa en el terrado, a un estrecho respiradero de una parte de los cuartos de baño del bloque. También tiene que ver con ella, la que de niña me reconvenía porque yo fumaba y la que al llegar a la adolescencia, como suele pasar, se olvidó de sus reproches y empezó a fumar



Han pasado años, fuma (o fumaba, me gustaría pensar) y mucho. Hace poco más de un mes dijo que lo dejaba, la sensación de alivio y orgullo se sucedía con la desconfianza en mi caso, sabedor de lo difícil de mantener el empeño. Pasaron días, no había sido un propósito de año nuevo, había empezado antes y las semanas iban pasando, me ha rodeado en este tiempo algo parecido a una atmósfera de felicidad, que durará poco y se irá diluyendo pero dejará, si se confirma la razón que está en su origen, ese poso interior que sedimentan las alegrías y las tristezas profundas.



El otro día todo se frustró, intuí algo, bajé con la excusa de ir a por agua o no sé qué y la encontré con un cigarro. Me dijo que era el primero y que lo apagaba y no volvería. Ni me convence ni me convenció, tiene ya su edad y yo la mía, ella para hacer lo que quiera y yo para desconfiar. El miedo vuelve a estar al acecho, a anidar dentro, ese miedo que no sientes por nadie más, ni siquiera por ti mismo



Escribo esto y lo publico porque seguro que hay miedos como el mío, por los motivos que sean, latentes en otra gente. Pero, sobre todo, lo escribo porque sé que ella lo leerá, porque sé que le gustará en el fondo lo que cuento y porque espero que me haga cao, aunque lo dude