La historia nunca se repite, la utilidad de su
conocimiento no reside saber qué hechos del pasado van a repetirse, lo que sí
permite la historia es tener instrumentos para entender la realidad presente a
partir de los conocimientos de los procesos ocurridos en el pasado
El fascismo en sus distintas expresiones es un
producto de un contexto histórico determinado que hoy no se da, la actual
extrema derecha que crece por todo el mundo tiene conexiones con los postulados
defendidos por la extrema derecha de los años 30 del siglo pasado, pero se
diferencia del fascismo por aspectos fundamentales, desde mi punto de vista dos
son las grandes diferencias y las dos tienen que ver con las diferencias del
contexto histórico en que vivimos y el que había en la Europa de entreguerras.
Primera diferencia, el papel de la violencia, la
actual extrema derecha no ha organizado estructuras paramilitares propias como
hicieron los partidos fascistas, no hay camisas azules en VOX, ni camisas negras
en la Lega, ni camisas pardas, ustachis, etcétera
Segunda diferencia, la política económica que
defienden no se aparta en lo substancial de la ortodoxia económica dominante,
todo lo más que cuestionan y sólo parcialmente es el librecambio mundial en defensa de un supuesto
patriotismo económico, pero sus recetas económicas son neoliberalismo puro:
menos impuestos, menos trabas a la iniciativa privada, alabanzas del afán de
enriquecimiento personal que ha de llevar la prosperidad a todo el mundo y toda
la retahíla de los Chicago Boys. Nada más alejado del fascismo clásico, en el
que el papel del estado en la economía era clave y todo debía regularse,
incluyendo las relaciones laborales, hasta el más mínimo detalle
¿Cuál es la diferencia entre el contexto histórico
actual y el de entreguerras? Uno básico, no hay alternativa al modelo
económico, la revolución rusa era en los años 20 y 30 una referencia válida
para gran parte de la sociedad, cuando el funcionamiento económico clásico de
la economía liberal llevó al crac del 29 y a la gran crisis de los años 30 hubo
que buscar respuestas para contrarrestar la amenaza de una revolución que se
llevara el sistema por delante. En EEUU empezaron a aplicarse las medidas
keynesianas y en Europa cobraron fuerza las propuestas que propugnaban la
intervención del estado defendidas por las formaciones fascistas. No hay en la
actualidad una alternativa al capitalismo, tras la crisis de 2008 se ha
aplicado el más de lo mismo como receta. Algo similar sucede en el ámbito del
orden público, ninguna amenaza revolucionaria creíble necesita ser contestada
con medios que vayan más allá de la capacidad de coerción que ya tienen los
estados
La extrema derecha se ha refundado porque su versión
fascista no era útil, no le daba los apoyos necesarios en forma de seguimiento
popular, reconocimiento de buena parte de los medios de comunicación y
aceptación de los poderes económicos. Los nostálgicos del pasado sin más no han
prosperado, la Lega no es hija del MSI, Falange, Democracia Nacional y todos
los herederos directos de la extrema derecha franquista no han sido capaces de
crecer como VOX, que viene de otros pagos, incluso en el caso francés tuvo que
haber una ruptura entre el patriarca Le Pen y su hija Marine para romper techos
de apoyo
¿Significa lo anterior que no deba preocupar el
crecimiento de la extrema derecha, su acceso al poder en USA, Brasil, Hungría,
Polonia o Italia o su influencia en el debate político en todas partes? Ni
mucho menos, el control de los aparatos de poder se está usando para debilitar
la capacidad de respuesta social, con el objetivo final de su destrucción
absoluta, la Ley Mordaza del PP es una broma pesada frente a lo que se está
gestando desde hace años en Polonia y Hungría o lo que está poniendo
rápidamente en marcha Bolsonaro en Brasil. Que la extrema derecha no tenga
necesidad de presentarse como fascismo en estado puro no significa que renuncie
a destruir la contestación, a desviar la atención hacia chivos expiatorios como
la inmigración o los conflictos territoriales, a prohibir la expresión de todo
aquello que se les oponga. El liberalismo económico a ultranza se complementa
cada vez más con la disminución del liberalismo político clásico, el de los
derechos individuales de ciudadanía
El uso del término fascista o de su equivalente nazi,
así como los distintos derivados de ambos se ha extendido con el riesgo de
vaciar esos términos de contenido, se usa contra los independentistas
catalanes, contra C’s, contra el PP y hasta contra el PSC. Ahora casi nadie
duda en emplearlo para calificar a VOX. Al margen del rigor en el uso del
lenguaje, sobre todo de determinado lenguaje, considero un error su utilización
política frente a la actual extrema derecha, le hace un favor porque le
facilita recibir el voto de la extrema derecha nostálgica y, sobre todo, porque
le permite eludir el debate sobre propuestas políticas y económicas, le
facilita contestar con aquello de izquierda trasnochada anclada en un pasado
que no es la realidad presente. Mucho más útil sería rebatir sus propuestas con
otras alternativas en campos básicos como el de la redistribución de la riqueza
y la necesaria reforma fiscal que evite el fraude y la elusión fiscal, en la
defensa de las libertades individuales y de los colectivos (mujeres,
inmigrantes, homosexuales..) en posición de debilidad en la actual sociedad, en
el del modelo territorial que recoja el respeto a la diversidad y la necesidad
de un proyecto supranacional que haga frente al poder financiero para burlarse
de los estados nación tal como están concebidos, en la defensa del medio
ambiente y la calidad de vida de las personas frente a las consecuencias del
cambio climático y del desastre ecológico que provoca el actual modelo de
producir y consumir
Las políticas que nos llevaron a la crisis que
padecemos son defendidas por todas las derechas, su incapacidad para satisfacer
las necesidades del conjunto de la población se pone periódicamente de
manifiesto y en 2008 lo hizo a gran escala. Son políticas económicas que no
necesitan de un sistema democrático para su aplicación, como acredita que se
aplicaran por primera vez en el Chile de Pinochet. Es más, a medida que se
manifiesta la mentira de lo que prometen quienes las implantan se hace
necesario limitar los contrapoderes democráticos. Limitar el derecho de
protesta es algo que ya ponen en marcha formaciones políticas clásicas, como ya
hemos visto con la Ley Mordaza del PP o con la represión del 15-M que practicó
el Govern de Artur Mas en 2011, pero eso no hace más que favorecer los discursos
de mano dura para todo que propugna la extrema derecha, un buen caldo de
cultivo para su crecimiento. No necesitan un estado fascista, necesitan un
estado que será más autoritario cuanto más se necesite sin que ello conduzca
necesariamente al fascismo
No es una cuestión de purismo, sino de utilidad. Se
encuentran cómodos en el intercambio de calificativos y palabras gruesas, sus
escrúpulos son nulos. Su estrategia pasa por señalar los síntomas para desviar
la atención de las causas, todos los descontentos son susceptibles de ser
atribuidos a un chivo expiatorio (inmigrantes, feministas, nacionalistas de
otra causa nacional…) mientras la enfermedad se extiende. En realidad, todo se
acaba reduciendo a qué se produce, cómo se produce y cómo se reparte, de eso es
de lo que no quieren hablar y ahí cabe todo: modelo económico, sostenibilidad
ambiental, justicia social, modelo de familia y lo que eso comporta...
Intentemos llevar a ese terreno el debate y no a una estéril guerra de
etiquetas.
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