dimarts, 31 de juliol del 2018

ESPAÑA FRUSTRADA




La vida política española en el s. XIX tiene mucho de sainete, sólo que en los sainetes no acostumbra a  haber tantos muertos. Los cambios de gobierno son continuos y obedecen bien a intrigas, muchas veces palaciegas, bien a pronunciamientos militares, a los que después siguen elecciones y, con frecuencia, cambios de constitución. Es un síntoma de que las cosas no funcionan como deberían, pero la vida política de otros países tampoco fue modélica en este siglo. Sucede que en el caso español, el embrión de nación surgido a principios de siglo (aquí) acaba cuestionado, hasta el punto de que a finales del XIX se dan todos los elementos para que cobren fuerza proyectos nacionales diferenciados.

La vida política española deja de ser un esperpento en el último cuarto de siglo, con el régimen de la Restauración dando, con todos sus defectos, una cierta estabilidad, lo que no impide la frustración de un proyecto nacional que no consigue suficientes complicidades sociales.

Para explicar lo sucedido hay que hacer referencia a otro hecho, el atraso creciente de España respecto a los países de su entorno. El conjunto de España no vive un proceso de revolución industrial que sí se da en Catalunya alrededor de la industria textil, más tardío es el desarrollo de la minería y la siderurgia. La agricultura experimenta una expansión de la producción debido al incremento de la superficie cultivada, pero no un cambio radical de los sistemas de explotación agrícola. El panorama final es un elevado índice de analfabetismo, un peso excesivo de la población agraria y la inexistencia de un mercado interior razonablemente desarrollado.

No es un problema de infraestructuras, el ferrocarril se extiende a mediados de siglo, en pocos años se crea una red básica que se mantiene hasta la extensión del AVE. Pero el negocio está en la construcción de las líneas, no en su explotación para el transporte de personas y mercancías, algo que como la vinculación entre empresas constructoras y miembros de los gobiernos se mantiene en el s. XXI, pero ese es otro tema.

La burguesía catalana ni adquiere las materias primas en el mercado español ni puede vender en él su creciente producción por el nulo poder adquisitivo de la mayoría de la población, siendo las colonias, Cuba en especial, el mercado interno más importante. Tampoco se ve representada en los sucesivos gobiernos, de un signo u otro están más influidos por las grandes fortunas vinculadas al sector agrario y a las actividades económicas relacionadas con la actividad política que se desarrolla en Madrid.

El proyecto nacional español cojea y en el territorio con una economía más dinámica en aquel momento sus clases dominantes empiezan a hacer suya a idea de una realidad nacional diferenciada. Algo que está sucediendo también en Galicia o el País Vasco, con diferente enraizamiento en cada caso, va a tener en Catalunya una diferencia clave, la elevada implicación de los sectores burgueses.

De la burguesía asentada, temerosa del descontento que se extiende entre la clase obrera, surge el impulso al nacionalismo catalán, en buena lógica será en su origen un modelo esencialista y profundamente conservador, a pesar de la figura de Valentí Almirall. Ese será asunto de la próxima entrada

dijous, 26 de juliol del 2018

EL NACIONALISMO SE HACE CONSERVADOR




El largo proceso de unificación alemana es para el nacionalismo esencialista lo que la revolución francesa para la nación de ciudadanos: el paradigma que sirve de referencia para lo que viene después

Entre el Zollverein (unión aduanera que entra en vigor en 1834) y la unificación definitiva de Alemania (1871) suceden muchas cosas en Europa, dos de ellas fundamentales para entender por qué se impone una visión de la nación alemana para la que los derechos de ciudadanía no son lo esencial.

Primero, la revolución industrial cruza definitivamente el Canal de la Mancha, un británico diría que el continente deja de estar aislado, y se extiende la nueva forma de producir, tanto en la agricultura como en las manufacturas. El capitalismo se extiende y pide a gritos un estado-nación, con leyes homogéneas, supresión de aduanas internas y, sobre todo, con garantías para el derecho de propiedad. En Alemania, la burguesía y los junkers (grandes latifundistas de origen nobiliar) van a ser coprotagonistas de ese proceso, se produce una alianza entre la nueva y la antigua clases dirigentes, algo que tampoco es excepcional, en lugar de una pugna de unos por desplazar a los otros.

Segundo, la última oleada revolucionaria en Europa, en 1848, ha introducido una novedad. Junto a las aspiraciones liberales y el deseo de la burguesía de acceder a dirigir la sociedad han aparecido reivindicaciones de justicia social y un nuevo sujeto político, el trabajador asalariado. El desarrollo del capitalismo conlleva la aparición de una nueva clase social, la burguesía ya asentada ve sus aspiraciones como una amenaza y renuncia a grandes transformaciones, no sea que de derechos cívicos se pase a hablar de derechos sociales.

Debe añadirse un factor interno alemán, Prusia y Austria pugnan por encabezar la unificación de los otros 37 estados, un argumento empleado por los que finalmente se imponen, los prusianos, es que Austria no es plenamente alemana, el Imperio Austriaco incluye a húngaros, rumanos de lengua latina, eslavos diversos en los Balcanes…

De esta forma cobra fuerza la idea de una nación alemana unida por la lengua (la religión no sirve por la existencia de una minoría católica importante) y con un destino común anterior y por encima de la voluntad de las personas, es el Volksgeist (espíritu del pueblo). La alianza entre junkers, el mismo Bismarck es uno, y burguesía supone reducir al mínimo las aspiraciones liberales, la Alemania unificada tendrá un parlamento bicameral y la cámara baja se elegirá por sufragio universal masculino, pero casi no tendrá poderes, ni legislativos ni de control del gobierno.

En Europa, de la mano de un nuevo gran estado-nación, irrumpe un nacionalismo esencialista que influirá en todas partes. En España eso se va a reflejar tanto en los nacionalismos periféricos que están a punto de eclosionar como en la misma idea de nación española, todo propiciado por el fracaso en la construcción del estado liberal.

dilluns, 23 de juliol del 2018

EL NACIONALISMO IDENTITARIO




Este es uno de los terrenos más resbaladizos al hablar del nacionalismo. Aunque el estado-nación aparece vinculado al concepto de ciudadanía (aquí), las afinidades entre los integrantes de la comunidad son parte de los elementos que le dan cohesión. Así, la enseñanza en Francia es utilizada, entre otras cosas, como instrumento de unificación idiomática para cohesionar a la sociedad o para difundir la idea de patriotismo

Pero a lo largo del s. XIX surge en Europa una visión de la nación en la que las señas de identidad comunes no son sólo elementos de identificación, sino que desplazan a los derechos y deberes ciudadanos como fundamento de la nación. Aparecen los nacionalismos esencialistas, la identidad compartida, sea real o se construya ex profeso en el imaginario colectivo, se erige en fundamento de la nación. Esta existe con independencia y más allá de la voluntad de las personas que habitan el territorio, en ocasiones incluso en contra del deseo de una parte de la población. Al interés nacional debe supeditarse el personal y la identificación con la nación es más emocional que racional.

Los elementos sobre los que se establece la identidad compartida son diversos, en cada caso los que mejor definen el vínculo entre los miembros de la nación concebida desde este punto de vista: la lengua, la religión, la raza, la historia común que siempre se remonta a un pasado lo más remoto posible… Las señas de identidad sirven para reivindicar la unidad de diversos territorios o para defender la diferenciación en relación a otros

Desde mediados del s. XIX, la proporción en que se combinan los elementos esencialistas y los derechos de ciudadanía, primero, y sociales, ya en el s. XX, van a caracterizar los movimientos nacionalistas. El predominio de los postulados identitarios es generalmente propio de los conservadores, la prevalencia de los derechos cívicos y sociales acostumbra a ir vinculado a los progresistas. En el seno de los nacionalismos son frecuentes las pugnas para establecer la preeminencia de una u otra visión.

Pero el nacionalismo esencialista e identitario no irrumpe por casualidad, hay razones que explican su aparición, será el tema de la próxima entrada

divendres, 20 de juliol del 2018

LA INDEPENDENCIA DE LAS INDIAS




Hoy nos parece de lo más normal que se produjera el proceso de independencia de las colonias, un vestigio del pasado. Sin embargo, el s. XIX fue el de la expansión de los imperios coloniales de las potencias europeas por tierras de África y Asia, al tiempo que en América se imponía una fórmula pseudocolonial siguiendo la doctrina Monroe: América (toda) para los americanos (del norte)

Si se produjo la independencia de la mayor parte de los dominios españoles en América en las primeras décadas del siglo (y la del resto a finales del mismo) no fue porque esa fuera la tendencia global de la época, sino por la incapacidad para mantenerlos. Es el primer conflicto por procesos nacionalistas al que se enfrenta la recién estrenada, y luego tan maltratada, nación española. De hecho, las revueltas son anteriores al surgimiento de España como estado-nación

La Guerra de la Independencia favoreció el avance del independentismo y las expediciones militares posteriores a la guerra no pudieron evitar que durante el reinado de Fernando VII se independizarán casi todos los territorios americanos.

Pero ese proceso explicado en tres líneas tiene elementos a destacar

En primer lugar, hay un paralelismo evidente con la independencia de los EE.UU. que influyó de forma clara en el desarrollo de los planteamientos republicanos independentistas. Los protagonistas, la burguesía criolla, son descendientes de los colonizadores y no plantean cuestiones de identidad, quieren formar naciones independientes de hombres libres, hablan la misma lengua que en la metrópoli y no tienen un pasado histórico al que aferrarse, el indigenismo no forma parte de su proyecto

En segundo lugar, provocado por la cuestión americana se produce un primer debate en las Cortes de Cádiz sobre el modelo de estado centralizado o descentralizado, después será un tema recurrente en las filas de los sectores liberales españoles. Los liberales entonces más puristas defienden posturas jacobinas (centralismo progresista que iguale en derechos y obligaciones a toda la población de todos los territorios) al tiempo que los representantes americanos plantean dotar de poder político a las divisiones administrativas que se acuerdan, unas estructuras intermedias entre lo que fueron después las provincias y regiones, pensando en la problemática de su lugar de procedencia

La Constitución de Cádiz, muy progresista para la época, se decanta por el centralismo del modelo revolucionario francés, con la particularidad de que reconoce la ciudadanía española, contra la opinión de los representantes americanos, a quienes tienen origen en los territorios españoles de los dos hemisferios “por ambas líneas”, con lo que se excluye a gran parte de la población americana con origen directo o indirecto en África. Así, la representación en Cortes de la mayoría, residente entonces en las colonias americanas, es inferior a la que se le reconoce a los territorios peninsulares, menos poblados en su conjunto

En resumen, no se mostró mucha cintura a la hora de satisfacer las pretensiones americanas cuando la capacidad para mantener la unidad territorial del imperio por la fuerza era escasa. Muy posiblemente la independencia hubiera sido inevitable, aunque quizá en otras condiciones, pero lo que interesa resaltar es que el mismo error se produce en el último cuarto del s. XIX cuando peligran los últimos restos del imperio colonial, a Cuba no se le dan alternativas que no sean el uso de la fuerza y cuando se intenta ofrecer algo distinto ya es demasiado tarde.

Hay quienes siguen sin entenderlo 200 años después, confiando en una capacidad de coerción que en el pasado no se ha mostrado muy eficaz. Sólo que desde entonces los nacionalismos han experimentado cambios, el más trascendental es la aparición de los nacionalismos en clave identitaria, tema que obliga a volver al contexto general europeo antes de retomar el caso español

dimarts, 17 de juliol del 2018

LOS INICIOS DE LA NACIÓN ESPAÑOLA




Aclaradas cuestiones generales sobre cuándo (aquí) y dónde (aquí) surgen las naciones ya se puede entrar en materia sobre el caso español.

España experimenta uno de los procesos de transformación de un estado de Antiguo Régimen que ya existía en nación, aunque con unos límites geográficos que pronto serían mucho más restringidos, como se verá más adelante

En el primer amago constitucional español (la carta otorgada de José Bonaparte de julio de 1808, conocida como Constitución de Bayona o Estatuto de Bayona) se introducen elementos liberales moderados y derechos importantes, pero es durante la Guerra de la Independencia cuando se plantea la existencia de la Nación (así, con mayúscula inicial) como alternativa a la monarquía absolutista y en paralelo a la abolición del sistema feudal. De hecho, España fue el tercer país del mundo, después de EE.UU. y Francia, en dotarse de una constitución y en presentarse ante el mundo como una nación en el sentido contemporáneo del término. Todo muy bonito, lástima que después se fuera al traste.

La idea de nación que se plasma en la constitución de 1812 sigue la estela del modelo de la Francia revolucionaria, la Nación la constituyen los ciudadanos, con sus derechos y sus deberes. No hay debate sobre identidades, el nacionalismo romántico e identidario, de raíz conservadora, todavía no se ha manifestado en ningún lugar

En los debates de las Cortes ya hay posicionamientos distintos, no existen partidos políticos, pero sí bloques de diputados que se van agrupando por la afinidad de sus ideas, desde los absolutistas hasta los liberales que conciben al rey sometido al poder de las Cortes, con los moderados defendiendo un poder compartido el entre rey y las Cortes. Es decir, el abanico va desde el rechazo a la idea de nación a la defensa de que en ella reside la soberanía y está formada por ciudadanos, sólo hombres, con derechos y deberes.

No hay presencia significada de republicanos ni surge debate alguno sobre posibles naciones distintas de la española en los territorios europeos de España. Cien años después de 1714 ningún representante catalán, vasco o gallego planteó el debate sobre la existencia de más naciones que la española

Sí se produce un primer debate entre el liberalismo jacobinista, sector progresista defensor de posturas centralistas, y propuestas que apuntan hacia el federalismo sin mencionarlo de forma explícita.

Ese debate se plantea sin pensar para nada en los nacionalismo que hoy conocemos, sino con la cuestión de las colonias americanas sobre la mesa. Y es que los conflictos territoriales son en España anteriores incluso a su propia existencia como nación. Pero el caso de las colonias americanas da para una nueva entrada y así será tratado.

dissabte, 14 de juliol del 2018

¿CÓMO NACEN LAS NACIONES?




Como queda claro en una entrada anterior (aquí), las distintas naciones surgen, en términos históricos, en los siglos XIX, XX y lo que va de XXI, nunca antes. El cómo nace cada nación, con o sin estado, es la siguiente incógnita a despejar.

De entrada, aunque ya anticipo que aclarará poco, deben pasar dos cosas. En primer lugar, para que surja una nación alguien, sea persona o grupo de personas, debe pensar que una determinada comunidad humana constituye una nación, después esa idea ha de cobrar fuerza y cristalizar.

Lo primero es clave y es fácil que se produzca, no existe ninguna nación hasta que se piensa en ella como tal y siempre aparece alguien que puede pensarlo, eso o cualquier otra cosa, aún hoy hay quien defiende que la Tierra es plana. Lo de las condiciones para que esa idea cobre fuerza y cristalice ya es más complicado y determinar cuáles son va a topar con las singularidades de cada caso. Un ejemplo para aclararlo, a mi modo de ver Andalucía está en el filo de ser o no ser una nación, ya ha sido pensada como tal y la idea parece que toma cuerpo en algún momento, como en el referéndum del 28 de febrero de 1980, pero no acaba de instalarse plenamente.

Por lo que respecta a Europa, en el resto del mundo las cosas no han ido exactamente igual, podemos distinguir tres tipos de origen de las diferentes naciones.

Primero, la conversión en naciones de los estados preexistentes al tiempo que pasan de las estructuras de Antiguo Régimen a estados liberales más o menos perfectamente liberales si se quiere ser preciso. Portugal, España, Francia, Reino Unido, Holanda…

Segundo, la unificación de distintos territorios que se constituyen en nación,  casos alemán e italiano.

Tercero, la secesión de naciones de uno o más estados ya existentes. Caso de los Imperios Austríaco y Turco, Yugoslavia muy recientemente o Polonia desgajándose en parte de Rusia, en parte del Imperio Austríaco y en parte de Prusia

Los conflictos políticos, en ocasiones convertidos en armados, derivan de la complejidad de establecer unanimidades, o cuando menos consensos, en cuanto a los territorios que pertenecen a cada nación. Una variante es la disputa de un territorio por más de una nación (por ejemplo, el caso de Alsacia y Lorena, revindicados como parte de sus respectivas naciones por Francia y Alemania). Una segunda variante es el no reconocimiento de una nación que nace en el interior de otra ya existente que se niega a reconocerla como tal, caso de Irlanda con respecto al Reino Unido.

En esa segunda variante de conflicto aparecen las naciones sin estado, a las que habitualmente se les niega el reconocimiento de su existencia como nación aspiren o no a convertirse en estado-nación pleno, podemos pensar en Córcega, en la Bretaña francesa o en la Padania

Cada caso es distinto, aquí se pretendía plasmar la diversidad de casuísticas y lo general que es, al mismo tiempo, la problemática de las naciones y los nacionalismos. Por ello, salvo la referencia a Andalucía, ha quedado aparcado el tema de la cuestión nacional en España, que es a donde se quiere llegar. Será en una próxima entrada

dijous, 12 de juliol del 2018

EL MUNDIAL CASI HA ACABADO




He dudado antes de ponerme a escribir sobre fútbol por el qué dirán, un asunto en el que es difícil encontrar un punto intermedio entre la nadería y el genial argumento del moderno opio del pueblo es para pensárselo, pero al final he osado hacerlo.

Y lo hago antes de que acabe el mundial, con el riesgo de que lo que acaezca de aquí al domingo desmienta lo que diga. No obstante allá van tres reflexiones sobre un tema no deportivo, uno pseudodeportivo y el puramente deportivo

El mundial ha trascurrido con aparente normalidad, la organización no ha recibido críticas demoledoras y no ha habido incidentes destacables. Todo eso era de suponer porque ya sucedió con los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Sochi. Rusia es un estado con capacidad para organizar eventos y que los temas no deportivos no fueran noticia era la gran obsesión de Putin.

Pero lo que se nos ha venido transmitiendo en las semanas y meses anteriores han sido temores, sobre todo a lo que podría pasar con los ultras rusos. Anem a pams, que se dice en Catalunya. Primero hay que contar con que siempre que hay mundiales u olimpiadas suelen destacarse con anterioridad los problemas que pueden sobrevenir y que luego, generalmente, no se dan, se trate de retrasos en las obras, la gran contaminación en la zona donde se competirá, el calor extremo que hará, etcétera. En el caso de Rusia yo apunto dos ideas suplementarias de por qué se ha alimentado determinado estado de ánimo y al final no ha pasado nada, al menos de momento y esperemos que de verdad sea hasta el final.

De una parte está el empeño en convertir en malo de cualquier película a Putin y su gobierno, lo que constituye una buena manera de ocultar otras responsabilidades, en según qué medios parecería que una conspiración informática rusa provocó la victoria de Trump más que los errores de los demócratas, o que el independentismo catalán se ha alimentado más de ese poder ruso en las redes que de las torpezas y los agravios de las instituciones españolas. De otra está el funcionamiento de una democracia pluscuamimperfecta, capaz de controlar algunos asuntos como sólo lo saben hacer los estados autoritarios: escondiendo la basura bajo la alfombra. Porque los radicales rusos existen y están organizados, no han desaparecido por ensalmo y podrían haber dado muchos dolores de cabeza que no han dado, ¿por miedo a las represalias o a cambio de facilidades para seguir a lo suyo cuando el mundial pase, así en Rusia como en otros países?

Paso al tema en parte deportivo y en parte no. Al final resulta que el VAR no ha acabado con el espectáculo futbolístico, este va camino de acabar por otras vías, pero no quiero adelantarme. Me he tirado unas cuantas horas detrás de la barra de un bar en los últimos años y el fútbol, no podía ser de otra manera, es uno de los tremas inevitables de conversación, siempre he defendido que no tenía sentido que en un negocio espectáculo, convertido en espectacular negocio con algo de deportivo, no se hubieran introducido hace mucho sistemas como los del rugby o el baloncesto para reducir drásticamente el posible error humano a la hora de aplicar el reglamento. Por esa razón no entendía ni entiendo algunos argumentos, sobre todo anteriores al inicio del mundial, que venían a hablar del final del fútbol a manos de la tecnología o poco menos, ya cuando el argumento de algún árbitro radiofónico es que los jugadores también se equivocan y nadie cuestiona por ello el resultado es para quedarse pasmado, como si una cosa fuera equivalente a la otra, ¿alguien se imagina que la respuesta a la queja de que el reloj de un campeonato de rápidas de ajedrez va mal y uno de los jugadores tiene diez veces menos tiempo que el otro fuera que los jugadores también se equivocan? Al final la principal polémica que pudo originar el VAR en este mundial fue por no usarlo en el penalti pitado a Mascherano, por suerte Argentina no quedo eliminada por ese error sino por su incapacidad futbolística. Creo que el VAR se acabará usando más y que no habrá en el futuro tanta discrecionalidad del árbitro para consultarlo o no en determinadas jugadas, creo que nos acostumbraremos y nos parecerá tan normal como ver a los porteros jugar con los pies sin que nos den las taquicardias que producía ver a Busquets padre con el pantalón del chándal y ejerciendo de líbero. Para una cosa que hace bien la FIFA no la desanimemos, al menos mientras no aparezca algún escándalo sobre la elección de un sistema u otro.

Finalmente el tema puramente deportivo. Se va a cerrar un mundial sin que una selección haya maravillado con su fútbol y sin que ningún jugador haya encandilado, ni de los ya consagrados ni de sorpresiva aparición. Dicho de otra manera, no se ha visto un fútbol vistoso. Lo digo desde la confesión de no haber visto todos, ni siquiera la mayoría, de partidos, es lo que tiene el trabajo asalariado, que la empresa se empeña en que le cumplas y no queda tiempo para más.

Sí he visto los suficientes como para constatar que parece enterrado el ciclo en el que el control del balón y el juego combinativo se imponían, El triplete español entre 2008 y 2012 y el juego de la Alemania campeona en Brasil en 2014 parecían hacer justicia poética a aquella selección holandesa que mereció ganar el mundial de 1974. Eso ha cambiado, el elevado porcentaje de goles a balón parado y el que buena parte de los de jugada hayan sido en contraataques ratifican la impresión que quedaba viendo los partidos.

Se confirma en este mundial un cambio de tendencia que ya se impuso en la Eurocopa de 2016, la que acabó ganando Portugal consiguiendo un único triunfo en el tiempo reglamentario, los famosos noventa minutos, en toda la competición, lo que deja claro que el campeón no fue un equipo que arrasará a base de buen fútbol a sus rivales. En este mundial Croacia se ha plantado en la final con dos victorias en la tanda de penaltis y una en la prórroga, ante equipos que no son ninguna potencia como es el caso de Rusia y Dinamarca.

Es cierto que el fútbol rácano se impuso de la mano de Grecia en la Eurocopa de 2004 y eso no tuvo continuidad, pero esta vez soy más pesimista, Francia tiene más enjundia futbolística y juega bien a su tacaña manera, gane o no la final todo apunta a que la primacía del fútbol de control defensivo y contrataque ha venido para quedarse. Sobre todo porque nadie defiende la necesidad de perseverar en el otro estilo, es más, se descalifica hablar tan siquiera de estilo, al menos en España que se lo debe casi todo a él, futbolísticamente hablando

Me callo las consideraciones por las que el desarrollo de las últimas ediciones de la Champions, a mi entender, refuerzan esta sensación, mi condición de antimadridista confeso y militante iba a devaluar el valor de lo antedicho. Estamos ante un nuevo periodo de supremacía del futbol atlético, en el que manden más la potencia de jugadores como Lukaku, la estatura de delanteros como Giroud o el esfuerzo incansable de Kanté que la velocidad del balón en las combinaciones, el saber posicionarse en el campo o tener una habilidad genial con el balón. Perderá el fútbol, ya está perdiendo el fútbol

Una última observación, si al menos ficharan de comentarista a Jorge Valdano ganaríamos en filosofía televisiva lo que en el campo se pierde en plasticidad, pero tampoco caerá esa breva

dilluns, 2 de juliol del 2018

¿CUÁL ES LA NACIÓN MÁS ANTIGUA?




Si me hicieran esa pregunta contestaría que los EE.UU. y a continuación tendría que explicar el porqué de mi respuesta a mi interlocutor, que seguramente pensaría que le estoy tomando el pelo.

Pero mi respuesta sería en serio y de forma implícita explicaría cómo concibo el significado de conceptos muy en boga, como nación o nacionalismo. Es decir, que responder a esa pregunta implica entender el mundo actual de una forma u otra. Ahí va el razonamiento que precede a mi respuesta.

Los EE.UU. son el primer caso explícito en el que la idea de estado se establece sobre la base de los derechos y deberes de los ciudadanos, aunque eso no significa que toda la población tenga la condición de ciudadanía, pero ese es otro tema. Se puede hablar de antecedentes, seguramente los Países Bajos o Inglaterra a partir de la revolución de 1642, pero con la Guerra de  Independencia que es al mismo tiempo un proceso revolucionario deja de haber súbditos y se rompe con cualquier modelo de estado de los que entonces existían en Europa.

Ese proceso podía haber quedado en una anécdota excéntrica de las muchas que ha habido a lo largo de la historia, pero la Revolución Francesa hace que todo cambie para siempre en Europa y después en el mundo. Los ciudadanos franceses (no había ciudadanas desde el punto de vista de los derechos ni siquiera con la revolución) se enfrentaron y vencieron a los enemigos de la nación, muchos de los cuales eran franceses que por razones políticas emigraron para organizar la ofensiva contra el poder revolucionario.

¿Cuál era la gran novedad frente a otras revueltas anteriores? Que se produjo un cambio de clases dominantes y de las relaciones de poder que ya nunca volvió del todo atrás, ni siquiera con la restauración Borbónica posterior a Napoleón. Los ciudadanos, como en los EE.UU. sujetos con derechos y deberes, configuraban la nación. Y el sustantivo nación añadía una acepción que lo llevaría a ser determinante en términos históricos, la idea del estado nación que nunca antes había existido: una comunidad que comparte un territorio determinado sobre la base de unas leyes que garantizan derechos y deberes a los individuos que lo forman

No hubo ninguna nación antes en Europa, los estados preexistentes eran dominios más o menos extensos de las antiguas clases dominantes, pero estas no conocían la idea de nación que hoy tenemos y, en consecuencia, no tomaban ninguna decisión pensando en algo que ignoraban: el interés de la nación. No se tenía en cuenta ni la unidad geográfica ni la cultural ni la voluntad de la población de un territorio a la hora de asimilarlo o de repartirlo entre diferentes estados y nadie, al menos nadie relevante, se escandalizaba por ello

¿Por qué entonces esa pugna por remontar la historia de cada nación lo más lejos posible?, ¿por qué el nacionalismo español habla de una nación con 500 años de historia pensando en los Reyes Católicos o llega a hablar incluso de los Reyes Godos?, ¿por qué Catalunya celebra su milenario como nación situando su origen en Guifré el Pilós?, ¿por qué todos los nacionalismos europeos se empeñan en remontar el origen de sus respectivas naciones a la noche de los tiempos?

La respuesta a estas preguntas hay que buscarla en el s. XIX, una visión conservadora desarrolla una idea de nación enfrentada a la inicial que se propaga a partir de la Revolución Francesa, en esa nueva visión es la identidad el elemento que aglutina a la comunidad, no los derechos y deberes. Es el origen del nacionalismo romántico, esencialista y habitualmente muy conservador.

Esa diferenciación entre dos concepciones de la idea de nación sirve para entender muchas cosas, pero no se puede perder de vistas que las sociedades son complejas y que las combinaciones de las dos concepciones se han dado y se dan, lo importante es determinar cuál predomina en cada caso y en cada momento para entender lo que sucede

Así pues, la pregunta inicial no tenía nada de inocente, para responderla hay que optar por una idea de nación u otra. Por mi parte tengo claro que mi proyecto de nación se basa en derechos y deberes, cívicos y sociales. Y eso sin contar con otro debate no menos trascendente: qué papel tienen las naciones, las ciudades y las estructuras supranacionales en el actual mundo globalizado.