He dudado antes de ponerme a escribir sobre fútbol
por el qué dirán, un asunto en el que es difícil encontrar un punto intermedio
entre la nadería y el genial argumento del moderno opio del pueblo es para
pensárselo, pero al final he osado hacerlo.
Y lo hago antes de que acabe el mundial, con el
riesgo de que lo que acaezca de aquí al domingo desmienta lo que diga. No
obstante allá van tres reflexiones sobre un tema no deportivo, uno
pseudodeportivo y el puramente deportivo
El mundial ha trascurrido con aparente normalidad,
la organización no ha recibido críticas demoledoras y no ha habido incidentes
destacables. Todo eso era de suponer porque ya sucedió con los Juegos Olímpicos
de Invierno celebrados en Sochi. Rusia es un estado con capacidad para
organizar eventos y que los temas no deportivos no fueran noticia era la gran
obsesión de Putin.
Pero lo que se nos ha venido transmitiendo en las
semanas y meses anteriores han sido temores, sobre todo a lo que podría pasar
con los ultras rusos. Anem a pams, que
se dice en Catalunya. Primero hay que contar con que siempre que hay mundiales
u olimpiadas suelen destacarse con anterioridad los problemas que pueden
sobrevenir y que luego, generalmente, no se dan, se trate de retrasos en las
obras, la gran contaminación en la zona donde se competirá, el calor extremo
que hará, etcétera. En el caso de Rusia yo apunto dos ideas suplementarias de
por qué se ha alimentado determinado estado de ánimo y al final no ha pasado
nada, al menos de momento y esperemos que de verdad sea hasta el final.
De una parte está el empeño en convertir en malo de
cualquier película a Putin y su gobierno, lo que constituye una buena manera de
ocultar otras responsabilidades, en según qué medios parecería que una
conspiración informática rusa provocó la victoria de Trump más que los errores
de los demócratas, o que el independentismo catalán se ha alimentado más de ese
poder ruso en las redes que de las torpezas y los agravios de las instituciones
españolas. De otra está el funcionamiento de una democracia pluscuamimperfecta,
capaz de controlar algunos asuntos como sólo lo saben hacer los estados
autoritarios: escondiendo la basura bajo la alfombra. Porque los radicales
rusos existen y están organizados, no han desaparecido por ensalmo y podrían haber
dado muchos dolores de cabeza que no han dado, ¿por miedo a las represalias o a
cambio de facilidades para seguir a lo suyo cuando el mundial pase, así en
Rusia como en otros países?
Paso al tema en parte deportivo y en parte no. Al
final resulta que el VAR no ha acabado con el espectáculo futbolístico, este va
camino de acabar por otras vías, pero no quiero adelantarme. Me he tirado unas
cuantas horas detrás de la barra de un bar en los últimos años y el fútbol, no podía
ser de otra manera, es uno de los tremas inevitables de conversación, siempre
he defendido que no tenía sentido que en un negocio espectáculo, convertido en
espectacular negocio con algo de deportivo, no se hubieran introducido hace mucho
sistemas como los del rugby o el baloncesto para reducir drásticamente el
posible error humano a la hora de aplicar el reglamento. Por esa razón no
entendía ni entiendo algunos argumentos, sobre todo anteriores al inicio del
mundial, que venían a hablar del final del fútbol a manos de la tecnología o
poco menos, ya cuando el argumento de algún árbitro radiofónico es que los
jugadores también se equivocan y nadie cuestiona por ello el resultado es para
quedarse pasmado, como si una cosa fuera equivalente a la otra, ¿alguien se
imagina que la respuesta a la queja de que el reloj de un campeonato de rápidas
de ajedrez va mal y uno de los jugadores tiene diez veces menos tiempo que el
otro fuera que los jugadores también se equivocan? Al final la principal
polémica que pudo originar el VAR en este mundial fue por no usarlo en el penalti
pitado a Mascherano, por suerte Argentina no quedo eliminada por ese error sino
por su incapacidad futbolística. Creo que el VAR se acabará usando más y que no
habrá en el futuro tanta discrecionalidad del árbitro para consultarlo o no en
determinadas jugadas, creo que nos acostumbraremos y nos parecerá tan normal
como ver a los porteros jugar con los pies sin que nos den las taquicardias que
producía ver a Busquets padre con el pantalón del chándal y ejerciendo de líbero.
Para una cosa que hace bien la FIFA no la desanimemos, al menos mientras no
aparezca algún escándalo sobre la elección de un sistema u otro.
Finalmente el tema puramente deportivo. Se va a
cerrar un mundial sin que una selección haya maravillado con su fútbol y sin
que ningún jugador haya encandilado, ni de los ya consagrados ni de sorpresiva
aparición. Dicho de otra manera, no se ha visto un fútbol vistoso. Lo digo
desde la confesión de no haber visto todos, ni siquiera la mayoría, de
partidos, es lo que tiene el trabajo asalariado, que la empresa se empeña en
que le cumplas y no queda tiempo para más.
Sí he visto los suficientes como para constatar que
parece enterrado el ciclo en el que el control del balón y el juego combinativo
se imponían, El triplete español entre 2008 y 2012 y el juego de la Alemania campeona
en Brasil en 2014 parecían hacer justicia poética a aquella selección holandesa
que mereció ganar el mundial de 1974. Eso ha cambiado, el elevado porcentaje de goles a balón
parado y el que buena parte de los de jugada hayan sido en contraataques ratifican
la impresión que quedaba viendo los partidos.
Se confirma en este mundial un cambio de tendencia
que ya se impuso en la Eurocopa de 2016, la que acabó ganando Portugal consiguiendo
un único triunfo en el tiempo reglamentario, los famosos noventa minutos, en toda la competición, lo que deja
claro que el campeón no fue un equipo que arrasará a base de buen fútbol a sus
rivales. En este mundial Croacia se ha plantado en la final con dos victorias
en la tanda de penaltis y una en la prórroga, ante equipos que no son ninguna potencia
como es el caso de Rusia y Dinamarca.
Es cierto que el fútbol rácano se impuso de la mano
de Grecia en la Eurocopa de 2004 y eso no tuvo continuidad, pero esta vez soy
más pesimista, Francia tiene más enjundia futbolística y juega bien a su tacaña
manera, gane o no la final todo apunta a que la primacía del fútbol de control
defensivo y contrataque ha venido para quedarse. Sobre todo porque nadie
defiende la necesidad de perseverar en el otro estilo, es más, se descalifica
hablar tan siquiera de estilo, al menos en España que se lo debe casi todo a él,
futbolísticamente hablando
Me callo las consideraciones por las que el desarrollo
de las últimas ediciones de la Champions, a mi entender, refuerzan esta
sensación, mi condición de antimadridista confeso y militante iba a devaluar el
valor de lo antedicho. Estamos ante un nuevo periodo de supremacía del futbol
atlético, en el que manden más la potencia de jugadores como Lukaku, la
estatura de delanteros como Giroud o el esfuerzo incansable de Kanté que la
velocidad del balón en las combinaciones, el saber posicionarse en el campo o
tener una habilidad genial con el balón. Perderá el fútbol, ya está perdiendo
el fútbol
Una última observación, si al menos ficharan de
comentarista a Jorge Valdano ganaríamos en filosofía televisiva lo que en el campo se
pierde en plasticidad, pero tampoco caerá esa breva