diumenge, 29 de març del 2020

LAS SOLUCIONES MÁGICAS

Hace ahora un siglo que un movimiento con trasfondo puritanista consiguió que se aprobara la Ley Seca, su principal argumento, aparte de las cuestiones morales, fue que se trataba de evitar un mal, el consumo de alcohol que destrozaba personas y familias. Parecía sencillo, había una solución mágica para acabar con algo en lo que casi todo el mundo estaba de acuerdo que era negativo: la prohibición. No se tuvieron en cuenta los escenarios que se abrían y en sólo 13 años, la enmienda constitucional fue derogada en 1933, las mafias habían proliferado en los Estados Unidos y allí se quedaron, cambiando simplemente de negocios.

La toma de decisiones fáciles con respecto a los problemas, reales o imaginarios, no suele tener en cuenta los efectos perversos, si de Europa desaparecieran de repente todos las personas originarias de otros continentes el caos sería total, pero eso no impide que crezcan en todo el continente las fuerzas políticas que reducen su mensaje a cerrar las fronteras para evitar los males. La fascinación que producen las recetas mágicas es mayor cuanta más inseguridades da a la población el sistema en el que vive, un sistema que lo es todo, el mundo de la política y sus relaciones con los poderes económicos e ideológicos dominantes, la situación económica coyuntural y estructural, la distribución de la riqueza y de los sacrificios, etcétera

En una situación de crisis de gran calado que estalló en 2008 y de la que no se ha salido aún nos ha sobrevenido una pandemia de una extensión que no recordábamos, planetaria desde el punto de vista territorial y potencialmente universal porque la probabilidad de contagio de cada individuo es real y se está viendo día a día. Terreno abonado para los remedios simplistas, para los que el oportunismo es una oportunidad de medrar extraordinaria

No hace falta ser un lince para saber que una enfermedad contagiosa se frena de una manera muy sencilla, evitando los contactos entre las personas, algunos ya proclamaron la virtud de la abstinencia para hacer frente al SIDA. El confinamiento total como solución mágica para la pandemia se ha convertido ahora en caballo de batalla de dos supuestos adversarios políticos, la derecha nacionalista española y la derecha nacionalista catalana. Pero conviene repasar algunas cosas

1. Esa fe en las virtudes del confinamiento total sobrevinieron de forma abrupta y cuando el virus estaba ya extendido. Si el gobierno español o el Ayuntamiento de Barcelona hubieran pedido suspender el Mobile World Congress pongamos que a principios de febrero (no hace ni dos meses aunque parezca una eternidad) es de imaginar la reacción frente a "un gobierno de populistas que llevan el país a la ruina", por imaginar una de las expresiones que podrían haber utilizado al unísono Pablo Casado y Quim Torra, las expresiones de Abascal me cuesta imaginarlas. Especialistas en mantener los mantras que les puedan favorecer electoralmente, en Catalunya estamos en puertas de unas elecciones si no cambia el panorama cuando esto pase, el nacionalismo conservador catalán va repitiendo lo del confinamiento reiteradamente, arrastrando otra vez a los que desde el terreno de ese mismo nacionalismo quieren salir de sus encerronas y con una idea que subyace siempre a sus planteamientos, los problemas nos vienen de Madrid, esta vez hasta el virus, y estaríamos mejor aislados de esa España atrasada. Pero va repitiendo ese mantra desde el día 13 de marzo, cuando ya se sabía que se iba a decretar el estado de alarma, el día 11 todavía se negaba desde la Generalitat que se tuvieran que cerrar ni tan siquiera los colegios. parece como si en Catalunya nadie se percatara de lo que se venía encima (como en todas partes, no es un mal exclusivo del Govern de la Generalitat) hasta que el día 12, casi por sorpresa, nos enteramos de que había un foco descontrolada en Igualada y se decretaba el confinamiento de la Conca de l'Òdena

2. Como en el caso de la Ley Seca, una medida como la del confinamiento y la paralización de la actividad económica tiene repercusiones que van mucho más allá de las estrictamente sanitarias, el perjuicio económico de lo que se está haciendo en España o Italia es elevado y va a tener repercusiones que no me atrevo ni a barruntar, pero que serán graves sin duda. Prueba de que a la hora de tomar decisiones los responsables de hacerlo tienen que calibrar entre ventajas y posibles perjuicios es la actitud que estamos viendo en otros puntos del planeta, Boris Johnson eligió expertos que le dijeran lo que a él le convenía, mejor no tomar medidas y la población se inmunizará y, ya de paso, el Reino unido saldrá con una mejor posición que el resto de países que sí contraigan su actividad económica, algo que está también tras las actitudes de Trump o Bolsonaro frente a la pandemia. Esa visión no es sólo de personajes excéntricos, un "modélico" estado como los Países Bajos nos viene a sugerir que dejemos morir a nuestros ancianos, que por lo visto tenemos muchos, para no perjudicar a la actividad económica y que la Unión Europea casi no tenga que adoptar medidas de ningún tipo. El simplismo de que hay que elegir entre luchar por la vida de las personas o por no perjudicar a la economía es tramposo, lo saben los dirigentes que lo alientan desde la comodidad de no ser responsables de la toma de decisiones y debiera saberlo todo el mundo. quizá lo sepamos y prefiramos quedarnos con la opción que más se acomoda a nuestra visión del mundo y de las cosas, como acostumbra a suceder

3. Cuando se llega a una decisión drástica siempre cabe la posibilidad de pedir más, el otro día alguien (con alias, que siempre es más fácil decir cosas) me decía en twitter que mi trabajo recogiendo muebles viejos en el servicio de limpieza viaria de Barcelona no era prioritaria, vale con recoger la basura, pero los muebles... le contesté que para evitar que nadie sacara muebles viejos haría falta un estado policial tipo gran hermano peor que la propia pandemia y que si se sacaban no era una opción dejar que se fueran acumulando en las calles por razones de salubridad obvias. Este ejemplo pone de manifiesto que es muy difícil determinar qué es lo imprescindible, estoy seguro de que cuando hoy se concreten los sectores a los que se les va a aplicar esa consideración habrá críticas tildándolos de excesivos o de escasos. Pero falta añadir que eso tampoco sale gratis, lo que se nos va a plantear va a afectar a una mínima parte de la actividad económica, porque la inmensa mayoría o ya está parada o va a seguir funcionando por considerarse esencial, el gobierno creo que no es un misterio que ha optado por una medida que no incrementa el gasto (viendo la solidaridad de la UE no es de extrañar) y suponen incrementar el parón económico en un 10% durante las próximas dos semanas, una y media decretada que empalma con la Semana Santa, pues esta medida está siendo contestada por las distintas patronales del país, aunque el descanso que se da ahora deba recuperarse posteriormente, lo que demuestra la dificultad de adoptar medidas de este tipo en sistemas no autoritarios

Concluyo, hace dos o tres meses el conjunto de las sociedades occidentales banalizamos el problema que se nos venía encima, unos pocos expertos avisaban de que el peligro no era la letalidad, sino la avalancha de casos médicos que podría hacer colapsar los sistemas sanitarios, pero para la mayoría eso caía en saco roto, seguíamos disfrutando de nuestros deportes favoritos en recintos abarrotados, salíamos de fiestas y nos abrazábamos, organizábamos actos políticos, económicos o culturales y nos enorgullecíamos de abarrotar los lugares en los que se realizaban, seguíamos yendo apretujados pero satisfechos de poder ir a nuestros empleos. Hicimos vida normal hasta verle las orejas al lobo, momento de empezar a gesticular y reprochar la imprevisión (siempre aplicada al otro y no a uno mismo). El final de esta secuencia es la propuesta de soluciones milagrosas, la acusación gruesa (casi de asesinos despiadados) a los que no la comparten y agitar el árbol para que caiga la fruta madura. Espero que la mayoría de la población sea lo suficientemente inteligente como para valorar los errores (que los ha habido con total seguridad) y separarlos de la maraña de engaños colectivos cuando mañana veamos que la cosa no es muy diferente de lo que pasó esta semana que termina, pero espero sobre todo que las soluciones milagrosas, las recetas mágicas y simples, no gobiernen nuestras vidas ni este tema ni en ningún otro, por mucho que en tiempos de incertidumbre sean siempre una tentación

divendres, 27 de març del 2020

EL PODER DE LA CIENCIA Y SUS LIMITACIONES

Con frecuencia, oímos decir que hay que dejar tal o cual tema, por supuesto la pandemia que padecemos, en manos de los expertos y científicos que son los que saben, yo voy a permitirme discrepar. Los que venimos de eso que con cierto desprecio se llaman letras estamos acostumbrados a movernos con la ausencia de certezas absolutas. Yo cursé historia y aunque nunca me he llamado a mí mismo historiador porque nunca me he dedicado a la investigación tengo claras dos cosas: que siempre aparecen nuevos datos que modifican el conocimiento que tenemos del pasado y que hay hechos que son la base sobre la que se construye el conocimiento cada vez más sólido. También es cierto que hay versiones de la historia que se construyen al margen de los hechos y que después seleccionan aquellos datos parciales que ayudan a la hipótesis planteada ignorando todo lo que la niega.

La actual crisis sanitaria provocada por el COVID-19 pone de manifiesto que las ciencias sin adjetivar, las que no llevan la coletilla de sociales detrás, se enfrentan a esos mismos problemas, eso no es nuevo, pero cuesta asumirlo. La microbiología, como todas las ciencias aplicadas al funcionamiento del mundo en qué vivimos, no tienen certezas absolutas, sólo datos que nos permiten orientarnos y tener idea de cuál es el origen de las cosas, pasa con la sismología o con el cambio climático, un tema de máxima actualidad aunque ahora esté en segundo plano.

No están la ciencias exentas de cuestionamientos sin base real que hacen más o menos fortuna, el terraplanismo o el creacionismo son una buena muestra, como las visiones románticas de la historia que modelan el relato del pasado al servicio de la causa del presente, cosa que hacen todos los nacionalismos sin descanso (así, el rescate del mito de la Reconquista o la catalanidad de los grandes personajes de la historia)

En la pandemia del COVID-19 eso se expresa en la negación de su gravedad, no hablo de previsiones erróneas (lo haré después) sino de negaciones de la evidencia. Es lo que hicieron los expertos británicos que asesoraban a Boris Johnson y le explicaban la teoría del contagio controlado que inmunizaría a la población británica, propuesta que se mantuvo a pesar de que la evidencia de lo que sucedía en otros lugares indicaba claramente lo contrario. O en una entrada de blog que me llegó recientemente donde se teorizaba sobre la falsedad de la situación de pandemia el mismo día que Bérgamo no daba abasto para deshacerse de los cadáveres.

Nadie debe llevarse a engaño, Boris Johnson hacía caso de sus expertos profetas (parece que ahora ya no) porque le interesaba, muy probablemente porque soñaba con un Reino Unido que sacara partido de la paralización económica que se iba a extender en el resto del mundo y que elevaría la talla de su figura a la de gran estadista. De la misma manera, hay quienes se apuntan al negacionismo de la gravedad de la situación para que les encaje en su relato de que es un montaje de unas cuantas compañías para enriquecerse vendiendo mascarillas, vacunas o lo que sea, en definitiva que es una maldad del sistema. Al final, siempre hay una visión del mundo detrás de este tipo de opciones que piensa en cómo hacer que los hechos sirvan de refuerzo a su planteamiento, no en lo que los hechos muestran

Aislar este tipo de planteamientos es relativamente fácil, otra cosa es que desaparezcan, pero estamos viendo también que los expertos discrepan en cuanto a la efectividad de unas u otras medidas o con respecto a la progresividad de su aplicación. La conclusión es que es imposible tener una seguridad plena sobre cómo va a evolucionar el virus, se suponen escenarios probables, como que con el incremento de temperaturas la propagación debería tender a ralentizarse, pero siempre con la coletilla de que no se puede tener la garantía total, como tampoco sobre alguna posible mutación, etcétera. La condición humana es como es, ser científico no implica no tener afinidades ideológicas (como le pasa también a los jueces, a los que se quiere revestir de un aura de neutralidad imposible, por cierto) y nos encontramos con manifiestos (aquí) contestados por otros expertos (aquí) sin que cada uno de nosotros sepa muy bien quién tiene razón o, más probablemente, adhiriéndonos a uno de los posicionamientos por afinidad con la postura que subyace en cada una y no por la contundencia de los hechos

Hay que tener en cuenta un asunto de no poca importancia, cuando se trata de adoptar medidas que afectan a las personas no es lo mismo decidir una campaña de vacunación cuando ya se tiene la vacuna que decretar un confinamiento. Las repercusiones en la vida de las personas de lo que se está haciendo en España van a ir mucho más allá del periodo de confinamiento y decisiones más drásticas de aislamiento total (tampoco se detallan nunca qué actividades son esenciales y cuáles no) tendrían costes aún mayores, los económicos son los más evidentes, pero hay otros que no se pueden ignorar, como que los mecanismos de control estrictos implican el uso de una capacidad de coerción, de intromisión en lo que hacemos cada uno de nosotros mucho mayores que los controles de movilidad que se están practicando

En más de una ocasión he escuchado a Quim Brugué y Joan Subirats explicar lo de los procesos deliberativos en la toma de decisiones. Parece mucho más eficaz adoptar una decisión rápida, como construir una infraestructura, que abrir procesos de debates con todos los posibles afectados para ver las implicaciones sobre los medios de vida de una parte de la población, las afectaciones al medio ambiente, la expulsión directa o indirecta de población, las necesidades de servicios complementarios que se puedan generar, etcétera. El proceso se ralentiza, pero las probabilidades de que el proyecto genere perjuicios imprevistos disminuye. Sucede que en este caso las decisiones se tienen que adoptar con rapidez, lo que no significa que se ignoren las repercusiones de las mismas pero imposibilita procesos de ese tipo. Y sucede también que hay pocas experiencias previas acreditadas y que lo que funciona en un sitio puede ser inviable en otro, por ejemplo, yo desconozco si el conocimiento de nuestra vida privada por medio del big data es tan invasivo en nuestro caso como en el de Corea, si no lo es las medidas de control adoptadas allí no se pueden ejecutar aquí y, sinceramente, me preocupa un conocimiento tan exhaustivo de cómo respira cada uno de nosotros

Al final, lo que se hace o se deja de hacer no depende tanto del conocimiento científico del virus al que se debe combatir, sino de cosas de las que se ocupan las ciencias sociales, ¿qué disciplina que no sea la politología explica que Pablo Casado pase en una semana de reprochar al gobierno que los que el llama sus socios le den quebraderos de cabeza (refiriéndose entre otras cosas a la petición de Torra del aislamiento total de Catalunya) a que él mismo defienda endurecer las medidas restrictivas sin que el escenario anunciado cuando se adoptó el estado de alarma sea muy distinto del que realmente se está dando?

¿Significa eso que la ciencia no tenga una función esencial en esta crisis? Ni mucho menos, está siendo fundamental porque sin el trabajo de científicos conocedores de la materia las decisiones se tendrían que tomar a ciegas o por intuición, está siendo fundamental porque está salvando vidas con los conocimientos acumulados que ya se tenían acumulados previamente, está siendo fundamental porque sigue avanzando en la búsqueda de fármacos y vacunas... ¿Los que no tenemos conocimiento en esas materias debemos abstenernos de opinar? si fuera posible abstenerse, que lo dudo, haríamos mal en hacerlo, la ciudadanía tiene su rol y si las decisiones están inspiradas por criterios científicos pero son al final opciones de gestión de la cosa pública, políticas en el sentido noble de la palabra, tenemos la obligación de filtrar la información y desinformación que nos llega, actuar corresponsablemente y no dejar de reflexionar sobre muchas interrogantes que se abren, si hemos tenido las prioridades equivocadas durante muchos años, si el gobierno de los asuntos que son planetarios puede territorializarse o cómo debe hacerlo, si el modelo de residencias para la gente mayor que tenemos en cada sitio es el adecuado... Son tantas las cosas que se han puesto en cuestión, desde las próximas y concretas a las más globales y en apariencia teóricas, que no será sólo el necesario saber científico el que pueda dar respuesta.

De los riesgos de una pandemia existían avisos previos de los que ahora nos enteramos la inmensa mayoría, de fenómenos como el cambio climático todo el mundo está avisado. Es tiempo de reivindicar el trabajo de la ciencia, libre de los lastres de las falacias que algunos alimentan, en colaboración con las ciencias sociales (entre las que incluyo a la economía política) y la hasta hace muy poco vapuleada filosofía para tener herramientas que nos permitan construir un mundo mejor, porque será imposible que sea perfecto, pero no que sea más justo y eficiente

dimecres, 18 de març del 2020

EMERGENCIA Y DEMOCRACIA

Es inevitable, ante una situación como la que estamos viviendo se extiende la opinión de que se tendría que haber actuado antes y con más contundencia ante la expansión del nuevo virus, ese que han bautizado como COVID-19 sin que la mayoría sepamos muy bien por qué. Es algo que oímos decir a la gente de a pie en las redes sociales o en los pocos momentos en que abandonamos el confinamiento para ir a comprar, pero es algo que también estamos escuchando decir a personas con mayor responsabilidad, políticos o expertos, en relación a la gestión general de la crisis o con respecto a un aspecto concreto

En casi la totalidad de los casos (en todos los que yo conozco, por lo menos) sus hechos o sus palabras del pasado inmediato los dejan en mal lugar, como quedará claro en las próximas líneas, pero el objeto final de este escrito no es desnudar al rey, sino constatar que hubiera sido imposible adoptar según qué medidas con tanta antelación como se plantea salvo que renunciemos a nuestras libertades fundamentales

Hace dos días escuché en la cadena SER a un epidemiólogo catalán criticar duramente que no se hubiera actuado antes y con más rotundidad, ayer leí una entrevista que le hicieron EL PAÍS en el mismo sentido y el sábado pasado decía las mismas cosas en un programa de TV3, recuerda a los economistas que hasta 2008 no nos alertaron de nada y después analizaron sesudamente por qué se nos vino encima la crisis que no vieron venir. Hay dos intervenciones del mismo epidemiólogo, Oriol Mitjà, en el mismo programa de la emisora RAC1. Repasémoslos, el 11 de febrero, es decir, hace poco menos de un mes, es entrevistado por Jordi Basté cuando el tema estrella en relación al coronavirus era si se suspendía o no el Mobile Congres, hacía referencia el presentador a unos tuits en los que el epidemiólogo abogaba por la suspensión, pero en unos diez minutos de entrevista en directo, este mismo se rectificaba, quitaba hierro a la gravedad de la enfermedad, decía que nuestro sistema estaba preparado para una amenaza de ese tipo, etcétera, es decir, que la presión generalizada para que no se suspendiera el Mobile le pudo en vivo y en directo (aquí está la entrevista, para los que sientan curiosidad, a partir del minuto 4:45). Pero me parece aún más flagrante lo que decía hace tan poco tiempo como una semana en la misma emisora y el mismo programa el 11 de marzo, a tres días de que se decretara el estado de alarma y un día antes de decretarse el confinamiento de Igualada, proponía medidas más drásticas, pero no un confinamiento absoluto (aquí). Cuando alguien va diciendo cosas diferentes de forma casi simultánea siempre puede recuperar la que le interese, pero también puede haber quien recupere la que diga lo contrario o matice lo que quiere presentar como una manifestación rotunda. Al final, lo que me interesa destacar es que cuesta mucho no ya adoptar, sino incluso plantear medidas que van a contracorriente de lo que la población está dispuesta a asumir en cada momento, quienes en plena euforia económica del cambio de milenio decíamos que la política económica y fiscal que se practicaba no nos convencía sabemos algo de lo que es predicar en el desierto

Hace un mes, del 8 al 16 de marzo, yo estaba en la diminuta aldea gallega de la que es originaria la rama materna de mi familia, allá por donde nace el Miño. escuchaba como en los medios de comunicación estatales, tanto radio como televisión, se hablaba de Barcelona y del coronavirus, todas las administraciones y "fuerzas vivas" de Catalunya se veían venir lo peor... la suspensión del Mobile y los terribles efectos que eso tendría sobre el empleo, la unanimidad era plena en que era un contratiempo importante que se basaba en temores poco fundamentados. En esa misma semana dos gobiernos autonómicos, el vasco y el gallego, decidieron convocar elecciones para el 5 de abril, al parecer les preocupaba mucho más evitar que sus procesos electorales coincidieran con el de Catalunya que la pandemia que se iba extendiendo por el mundo, ya por entonces no era sólo un tema chino, en Italia era objeto de mucha preocupación. La opinión pública seguía siendo escéptica sobre el alcance de la supuesta amenaza.

De vuelta en Catalunya, ya una semana después, la gran noticia fue el multitudinario acto de Puigdemont en Perpinyà. Cualquier aprendiz del pseudohistoriador Billbeny tendría materia para relacionar aquel acto de masas con la el salto de casos que vivió Catalunya dos semanas después, seguramente con más base racional que la utilizada para defender el origen catalán de Cervantes o de Leonardo da Vinci. Esa relación ha podido existir o no, pero lo cierto es que hace tres semanas ningún dirigente catalán, por supuesto no el Poc Honorable President Torra, hablaba de confinamiento de la población catalana. Tampoco era un clamor ciudadano que se adoptaran medidas drásticas para frenar el contagio. Por aquel entonces, la mayoría de catalanes veíamos el tema como un asunto que afectaba a Madrid, a Euskadi y a Haro, un pueblo de la Rioja en el que vivían unas decenas de gitanos que se habían contagiado en un entierro, por si faltaba algo se añadía el toque entre racista y clasista que nos tranquilizaba porque eso no iba a pasarnos a la gente más europea de la península

Y vino el 8 de marzo, yo me manifesté con orgullo junto a las mujeres de mi casa, el debate de la semana no fue si era una locura mantener las manifestaciones, sino la presencia del PP por vez primera en las mismas y los desmarques de algunas dirigentes destacadas de dicho partido como la inefable Cayetana Álvarez de Toledo o la doctoranda en esperancismo Isabel Díaz Ayuso. Cierto que casi al día siguiente, cuando ya les veíamos las orejas del lobo, empezaron a oírse voces diciendo que había sido una locura permitir las manifestaciones, pero no recuerdo una sola declaración anterior en ese sentido de ningún dirigente destacado. Y hablando de ese clon de Esperanza Aguirre que es Díaz Ayuso, la semana pasada estuvo unos cuantos días diciendo que ella no sabía cómo se cerraba Madrid, justo hasta el día antes de decir que no era su competencia y mientras muchos madrileños, habitantes del principal foco de infección, salían de la ciudad, entre otros el inconmensurable líder espiritual del refundado PP: José María Aznar y su familia se fueron a una de sus segundas residencias en Marbella cuando se veía venir que la cosa en Madrid se ponía seria

Ya para acabar con este repaso voy a referirme a lo que ha dicho hoy Espinosa de los Monteros, portavoz de VOX en el Congreso, en respuesta a la comparecencia de Pedro Sánchez en la cámara. Espinosa de los Monteros ha sacado pecho de las veces que ellos ya dijeron lo que iba a pasar, sobre todo de sus propuestas de cerrar fronteras y de las críticas a la inacción de la Unión Europea. Hay que decir que cerrar fronteras y criticar a la UE es el pan nuestro de cada día por lo que hace a las propuestas de VOX, sirve para los conflictos en el sector agrario, para luchar contra el desempleo y para cualquier otra cosa. Pero Espinosa de Los Monteros no nos ha explicado por qué ha intervenido él y no lo ha hecho en un tema de esta envergadura el líder máximo del partido Santiago Abascal, quizá para no tener que contar que el 8 de marzo, hace semana y media, la proverbial anticipación a los hechos de su partido no sirvió para posponer el miting de Vistalegre, en el que se repartieron saludos y abrazos varios miles de militantes con sus líderes (alguno ya con sintomatología de la infección) y de la que resultaron contagiados bastantes asistentes, entre ellos el propio Abascal

El resumen, la práctica totalidad de la población empezó alarmarse la pasada semana, cuando se confino Igualada y la Conca de l'Òdena, cuando en Madrid los casos se dispararon, cuando un buen número de personas con presencia pública dieron positivo y cuando pasamos a ver como inevitable tomar medidas drásticas que al día siguiente aún debían ser más draconianas

Todo el espectro político, todas las instituciones gobernadas por dirigentes de todos los colores y la inmensa mayoría de la ciudadanía ha sido escéptica, como mínimo, frente a la irrupción del virus desde que se dio a conocer en el mes de enero. Más allá de la impresentable actitud de Torra, el mismo que asentía a los recortes generalizados del Govern de Artur Mas en 2010 y ahora exige mucho más que un paquete de 200 mil millones de euros, la conclusión a la que quiero llegar tiene que ver con los tiempos a la hora de adoptar medidas y el funcionamiento del sistema democrático.

Ni hace un mes, ni hace tres semanas, ni hace dos, se hubiera aceptado una imposición de medidas que aún no habíamos interiorizado como inevitables. Eso es viable en sistemas autoritarios porque la respuesta de la población a las medidas que se adoptan son imposibles, otra cosa es que si determinadas medidas resultan ser contraproducentes eso pueda tener consecuencias a posteriori también en los sistemas no democráticos, pero en los sistemas democráticos las medidas de esa repercusión en el funcionamiento cotidiano de la vida de las personas requieren de un mínimo consenso. 

Eso quizá dé una cierta ventaja a los sistemas no democráticos, yo no creo en eso de que la democracia al final siempre acaba triunfando como paso en la II Guerra Mundial, olvidando que una parte importante de la victoria sobre el nazismo descansó en la eficacia de una dictadura sangrienta como la de Stalin. Ahora bien. imaginemos que Boris Johnson, además de ser un populista irresponsable y demagogo tuviese el poder de un dictador, que la disparatada idea defendida por él y algunos asesores terraplanistas que se ha buscado de dejar avanzar el contagiono no estuviera reculando, puede que tarde, ante la presión de una ciudadanía que ve lo que sucede y pide, ahora sí en el Reino Unido, que se adopten medidas

Los sistemas democráticos no sirven para adoptar las decisiones con mayor inmediatez, lo grave sería que ese hecho nos llevara a aumentar el apoyo, creciente ya en nuestras sociedades, a ceder espacios de libertades y derechos. Quizá nuestra reacción sea más lenta, pero además de poder incidir en los cambios en la respuesta si esta se demuestra equivocada nos queda la cuestión esencial: ¿sacríficacmos los derechos democráticos de forma permanente en aras de la eficacia en momentos puntuales? A mí, desde luego, la propuesta no me convence, lo que necesitamos es justo lo contrario, que aquellos temas que se escapan al control democrático en la actualidad puedan ser influenciados por la voluntad popular