Es inevitable, ante una situación como la que estamos viviendo se extiende la opinión de que se tendría que haber actuado antes y con más contundencia ante la expansión del nuevo virus, ese que han bautizado como COVID-19 sin que la mayoría sepamos muy bien por qué. Es algo que oímos decir a la gente de a pie en las redes sociales o en los pocos momentos en que abandonamos el confinamiento para ir a comprar, pero es algo que también estamos escuchando decir a personas con mayor responsabilidad, políticos o expertos, en relación a la gestión general de la crisis o con respecto a un aspecto concreto
En casi la totalidad de los casos (en todos los que yo conozco, por lo menos) sus hechos o sus palabras del pasado inmediato los dejan en mal lugar, como quedará claro en las próximas líneas, pero el objeto final de este escrito no es desnudar al rey, sino constatar que hubiera sido imposible adoptar según qué medidas con tanta antelación como se plantea salvo que renunciemos a nuestras libertades fundamentales
Hace dos días escuché en la cadena SER a un epidemiólogo catalán criticar duramente que no se hubiera actuado antes y con más rotundidad, ayer leí una entrevista que le hicieron EL PAÍS en el mismo sentido y el sábado pasado decía las mismas cosas en un programa de TV3, recuerda a los economistas que hasta 2008 no nos alertaron de nada y después analizaron sesudamente por qué se nos vino encima la crisis que no vieron venir. Hay dos intervenciones del mismo epidemiólogo, Oriol Mitjà, en el mismo programa de la emisora RAC1. Repasémoslos, el 11 de febrero, es decir, hace poco menos de un mes, es entrevistado por Jordi Basté cuando el tema estrella en relación al coronavirus era si se suspendía o no el Mobile Congres, hacía referencia el presentador a unos tuits en los que el epidemiólogo abogaba por la suspensión, pero en unos diez minutos de entrevista en directo, este mismo se rectificaba, quitaba hierro a la gravedad de la enfermedad, decía que nuestro sistema estaba preparado para una amenaza de ese tipo, etcétera, es decir, que la presión generalizada para que no se suspendiera el Mobile le pudo en vivo y en directo (aquí está la entrevista, para los que sientan curiosidad, a partir del minuto 4:45). Pero me parece aún más flagrante lo que decía hace tan poco tiempo como una semana en la misma emisora y el mismo programa el 11 de marzo, a tres días de que se decretara el estado de alarma y un día antes de decretarse el confinamiento de Igualada, proponía medidas más drásticas, pero no un confinamiento absoluto (aquí). Cuando alguien va diciendo cosas diferentes de forma casi simultánea siempre puede recuperar la que le interese, pero también puede haber quien recupere la que diga lo contrario o matice lo que quiere presentar como una manifestación rotunda. Al final, lo que me interesa destacar es que cuesta mucho no ya adoptar, sino incluso plantear medidas que van a contracorriente de lo que la población está dispuesta a asumir en cada momento, quienes en plena euforia económica del cambio de milenio decíamos que la política económica y fiscal que se practicaba no nos convencía sabemos algo de lo que es predicar en el desierto
Hace un mes, del 8 al 16 de marzo, yo estaba en la diminuta aldea gallega de la que es originaria la rama materna de mi familia, allá por donde nace el Miño. escuchaba como en los medios de comunicación estatales, tanto radio como televisión, se hablaba de Barcelona y del coronavirus, todas las administraciones y "fuerzas vivas" de Catalunya se veían venir lo peor... la suspensión del Mobile y los terribles efectos que eso tendría sobre el empleo, la unanimidad era plena en que era un contratiempo importante que se basaba en temores poco fundamentados. En esa misma semana dos gobiernos autonómicos, el vasco y el gallego, decidieron convocar elecciones para el 5 de abril, al parecer les preocupaba mucho más evitar que sus procesos electorales coincidieran con el de Catalunya que la pandemia que se iba extendiendo por el mundo, ya por entonces no era sólo un tema chino, en Italia era objeto de mucha preocupación. La opinión pública seguía siendo escéptica sobre el alcance de la supuesta amenaza.
De vuelta en Catalunya, ya una semana después, la gran noticia fue el multitudinario acto de Puigdemont en Perpinyà. Cualquier aprendiz del pseudohistoriador Billbeny tendría materia para relacionar aquel acto de masas con la el salto de casos que vivió Catalunya dos semanas después, seguramente con más base racional que la utilizada para defender el origen catalán de Cervantes o de Leonardo da Vinci. Esa relación ha podido existir o no, pero lo cierto es que hace tres semanas ningún dirigente catalán, por supuesto no el Poc Honorable President Torra, hablaba de confinamiento de la población catalana. Tampoco era un clamor ciudadano que se adoptaran medidas drásticas para frenar el contagio. Por aquel entonces, la mayoría de catalanes veíamos el tema como un asunto que afectaba a Madrid, a Euskadi y a Haro, un pueblo de la Rioja en el que vivían unas decenas de gitanos que se habían contagiado en un entierro, por si faltaba algo se añadía el toque entre racista y clasista que nos tranquilizaba porque eso no iba a pasarnos a la gente más europea de la península
Y vino el 8 de marzo, yo me manifesté con orgullo junto a las mujeres de mi casa, el debate de la semana no fue si era una locura mantener las manifestaciones, sino la presencia del PP por vez primera en las mismas y los desmarques de algunas dirigentes destacadas de dicho partido como la inefable Cayetana Álvarez de Toledo o la doctoranda en esperancismo Isabel Díaz Ayuso. Cierto que casi al día siguiente, cuando ya les veíamos las orejas del lobo, empezaron a oírse voces diciendo que había sido una locura permitir las manifestaciones, pero no recuerdo una sola declaración anterior en ese sentido de ningún dirigente destacado. Y hablando de ese clon de Esperanza Aguirre que es Díaz Ayuso, la semana pasada estuvo unos cuantos días diciendo que ella no sabía cómo se cerraba Madrid, justo hasta el día antes de decir que no era su competencia y mientras muchos madrileños, habitantes del principal foco de infección, salían de la ciudad, entre otros el inconmensurable líder espiritual del refundado PP: José María Aznar y su familia se fueron a una de sus segundas residencias en Marbella cuando se veía venir que la cosa en Madrid se ponía seria
Ya para acabar con este repaso voy a referirme a lo que ha dicho hoy Espinosa de los Monteros, portavoz de VOX en el Congreso, en respuesta a la comparecencia de Pedro Sánchez en la cámara. Espinosa de los Monteros ha sacado pecho de las veces que ellos ya dijeron lo que iba a pasar, sobre todo de sus propuestas de cerrar fronteras y de las críticas a la inacción de la Unión Europea. Hay que decir que cerrar fronteras y criticar a la UE es el pan nuestro de cada día por lo que hace a las propuestas de VOX, sirve para los conflictos en el sector agrario, para luchar contra el desempleo y para cualquier otra cosa. Pero Espinosa de Los Monteros no nos ha explicado por qué ha intervenido él y no lo ha hecho en un tema de esta envergadura el líder máximo del partido Santiago Abascal, quizá para no tener que contar que el 8 de marzo, hace semana y media, la proverbial anticipación a los hechos de su partido no sirvió para posponer el miting de Vistalegre, en el que se repartieron saludos y abrazos varios miles de militantes con sus líderes (alguno ya con sintomatología de la infección) y de la que resultaron contagiados bastantes asistentes, entre ellos el propio Abascal
El resumen, la práctica totalidad de la población empezó alarmarse la pasada semana, cuando se confino Igualada y la Conca de l'Òdena, cuando en Madrid los casos se dispararon, cuando un buen número de personas con presencia pública dieron positivo y cuando pasamos a ver como inevitable tomar medidas drásticas que al día siguiente aún debían ser más draconianas
Todo el espectro político, todas las instituciones gobernadas por dirigentes de todos los colores y la inmensa mayoría de la ciudadanía ha sido escéptica, como mínimo, frente a la irrupción del virus desde que se dio a conocer en el mes de enero. Más allá de la impresentable actitud de Torra, el mismo que asentía a los recortes generalizados del Govern de Artur Mas en 2010 y ahora exige mucho más que un paquete de 200 mil millones de euros, la conclusión a la que quiero llegar tiene que ver con los tiempos a la hora de adoptar medidas y el funcionamiento del sistema democrático.
Ni hace un mes, ni hace tres semanas, ni hace dos, se hubiera aceptado una imposición de medidas que aún no habíamos interiorizado como inevitables. Eso es viable en sistemas autoritarios porque la respuesta de la población a las medidas que se adoptan son imposibles, otra cosa es que si determinadas medidas resultan ser contraproducentes eso pueda tener consecuencias a posteriori también en los sistemas no democráticos, pero en los sistemas democráticos las medidas de esa repercusión en el funcionamiento cotidiano de la vida de las personas requieren de un mínimo consenso.
Eso quizá dé una cierta ventaja a los sistemas no democráticos, yo no creo en eso de que la democracia al final siempre acaba triunfando como paso en la II Guerra Mundial, olvidando que una parte importante de la victoria sobre el nazismo descansó en la eficacia de una dictadura sangrienta como la de Stalin. Ahora bien. imaginemos que Boris Johnson, además de ser un populista irresponsable y demagogo tuviese el poder de un dictador, que la disparatada idea defendida por él y algunos asesores terraplanistas que se ha buscado de dejar avanzar el contagiono no estuviera reculando, puede que tarde, ante la presión de una ciudadanía que ve lo que sucede y pide, ahora sí en el Reino Unido, que se adopten medidas
Los sistemas democráticos no sirven para adoptar las decisiones con mayor inmediatez, lo grave sería que ese hecho nos llevara a aumentar el apoyo, creciente ya en nuestras sociedades, a ceder espacios de libertades y derechos. Quizá nuestra reacción sea más lenta, pero además de poder incidir en los cambios en la respuesta si esta se demuestra equivocada nos queda la cuestión esencial: ¿sacríficacmos los derechos democráticos de forma permanente en aras de la eficacia en momentos puntuales? A mí, desde luego, la propuesta no me convence, lo que necesitamos es justo lo contrario, que aquellos temas que se escapan al control democrático en la actualidad puedan ser influenciados por la voluntad popular
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