Hace ahora un siglo que un movimiento con trasfondo puritanista consiguió que se aprobara la Ley Seca, su principal argumento, aparte de las cuestiones morales, fue que se trataba de evitar un mal, el consumo de alcohol que destrozaba personas y familias. Parecía sencillo, había una solución mágica para acabar con algo en lo que casi todo el mundo estaba de acuerdo que era negativo: la prohibición. No se tuvieron en cuenta los escenarios que se abrían y en sólo 13 años, la enmienda constitucional fue derogada en 1933, las mafias habían proliferado en los Estados Unidos y allí se quedaron, cambiando simplemente de negocios.
La toma de decisiones fáciles con respecto a los problemas, reales o imaginarios, no suele tener en cuenta los efectos perversos, si de Europa desaparecieran de repente todos las personas originarias de otros continentes el caos sería total, pero eso no impide que crezcan en todo el continente las fuerzas políticas que reducen su mensaje a cerrar las fronteras para evitar los males. La fascinación que producen las recetas mágicas es mayor cuanta más inseguridades da a la población el sistema en el que vive, un sistema que lo es todo, el mundo de la política y sus relaciones con los poderes económicos e ideológicos dominantes, la situación económica coyuntural y estructural, la distribución de la riqueza y de los sacrificios, etcétera
En una situación de crisis de gran calado que estalló en 2008 y de la que no se ha salido aún nos ha sobrevenido una pandemia de una extensión que no recordábamos, planetaria desde el punto de vista territorial y potencialmente universal porque la probabilidad de contagio de cada individuo es real y se está viendo día a día. Terreno abonado para los remedios simplistas, para los que el oportunismo es una oportunidad de medrar extraordinaria
No hace falta ser un lince para saber que una enfermedad contagiosa se frena de una manera muy sencilla, evitando los contactos entre las personas, algunos ya proclamaron la virtud de la abstinencia para hacer frente al SIDA. El confinamiento total como solución mágica para la pandemia se ha convertido ahora en caballo de batalla de dos supuestos adversarios políticos, la derecha nacionalista española y la derecha nacionalista catalana. Pero conviene repasar algunas cosas
1. Esa fe en las virtudes del confinamiento total sobrevinieron de forma abrupta y cuando el virus estaba ya extendido. Si el gobierno español o el Ayuntamiento de Barcelona hubieran pedido suspender el Mobile World Congress pongamos que a principios de febrero (no hace ni dos meses aunque parezca una eternidad) es de imaginar la reacción frente a "un gobierno de populistas que llevan el país a la ruina", por imaginar una de las expresiones que podrían haber utilizado al unísono Pablo Casado y Quim Torra, las expresiones de Abascal me cuesta imaginarlas. Especialistas en mantener los mantras que les puedan favorecer electoralmente, en Catalunya estamos en puertas de unas elecciones si no cambia el panorama cuando esto pase, el nacionalismo conservador catalán va repitiendo lo del confinamiento reiteradamente, arrastrando otra vez a los que desde el terreno de ese mismo nacionalismo quieren salir de sus encerronas y con una idea que subyace siempre a sus planteamientos, los problemas nos vienen de Madrid, esta vez hasta el virus, y estaríamos mejor aislados de esa España atrasada. Pero va repitiendo ese mantra desde el día 13 de marzo, cuando ya se sabía que se iba a decretar el estado de alarma, el día 11 todavía se negaba desde la Generalitat que se tuvieran que cerrar ni tan siquiera los colegios. parece como si en Catalunya nadie se percatara de lo que se venía encima (como en todas partes, no es un mal exclusivo del Govern de la Generalitat) hasta que el día 12, casi por sorpresa, nos enteramos de que había un foco descontrolada en Igualada y se decretaba el confinamiento de la Conca de l'Òdena
2. Como en el caso de la Ley Seca, una medida como la del confinamiento y la paralización de la actividad económica tiene repercusiones que van mucho más allá de las estrictamente sanitarias, el perjuicio económico de lo que se está haciendo en España o Italia es elevado y va a tener repercusiones que no me atrevo ni a barruntar, pero que serán graves sin duda. Prueba de que a la hora de tomar decisiones los responsables de hacerlo tienen que calibrar entre ventajas y posibles perjuicios es la actitud que estamos viendo en otros puntos del planeta, Boris Johnson eligió expertos que le dijeran lo que a él le convenía, mejor no tomar medidas y la población se inmunizará y, ya de paso, el Reino unido saldrá con una mejor posición que el resto de países que sí contraigan su actividad económica, algo que está también tras las actitudes de Trump o Bolsonaro frente a la pandemia. Esa visión no es sólo de personajes excéntricos, un "modélico" estado como los Países Bajos nos viene a sugerir que dejemos morir a nuestros ancianos, que por lo visto tenemos muchos, para no perjudicar a la actividad económica y que la Unión Europea casi no tenga que adoptar medidas de ningún tipo. El simplismo de que hay que elegir entre luchar por la vida de las personas o por no perjudicar a la economía es tramposo, lo saben los dirigentes que lo alientan desde la comodidad de no ser responsables de la toma de decisiones y debiera saberlo todo el mundo. quizá lo sepamos y prefiramos quedarnos con la opción que más se acomoda a nuestra visión del mundo y de las cosas, como acostumbra a suceder
3. Cuando se llega a una decisión drástica siempre cabe la posibilidad de pedir más, el otro día alguien (con alias, que siempre es más fácil decir cosas) me decía en twitter que mi trabajo recogiendo muebles viejos en el servicio de limpieza viaria de Barcelona no era prioritaria, vale con recoger la basura, pero los muebles... le contesté que para evitar que nadie sacara muebles viejos haría falta un estado policial tipo gran hermano peor que la propia pandemia y que si se sacaban no era una opción dejar que se fueran acumulando en las calles por razones de salubridad obvias. Este ejemplo pone de manifiesto que es muy difícil determinar qué es lo imprescindible, estoy seguro de que cuando hoy se concreten los sectores a los que se les va a aplicar esa consideración habrá críticas tildándolos de excesivos o de escasos. Pero falta añadir que eso tampoco sale gratis, lo que se nos va a plantear va a afectar a una mínima parte de la actividad económica, porque la inmensa mayoría o ya está parada o va a seguir funcionando por considerarse esencial, el gobierno creo que no es un misterio que ha optado por una medida que no incrementa el gasto (viendo la solidaridad de la UE no es de extrañar) y suponen incrementar el parón económico en un 10% durante las próximas dos semanas, una y media decretada que empalma con la Semana Santa, pues esta medida está siendo contestada por las distintas patronales del país, aunque el descanso que se da ahora deba recuperarse posteriormente, lo que demuestra la dificultad de adoptar medidas de este tipo en sistemas no autoritarios
Concluyo, hace dos o tres meses el conjunto de las sociedades occidentales banalizamos el problema que se nos venía encima, unos pocos expertos avisaban de que el peligro no era la letalidad, sino la avalancha de casos médicos que podría hacer colapsar los sistemas sanitarios, pero para la mayoría eso caía en saco roto, seguíamos disfrutando de nuestros deportes favoritos en recintos abarrotados, salíamos de fiestas y nos abrazábamos, organizábamos actos políticos, económicos o culturales y nos enorgullecíamos de abarrotar los lugares en los que se realizaban, seguíamos yendo apretujados pero satisfechos de poder ir a nuestros empleos. Hicimos vida normal hasta verle las orejas al lobo, momento de empezar a gesticular y reprochar la imprevisión (siempre aplicada al otro y no a uno mismo). El final de esta secuencia es la propuesta de soluciones milagrosas, la acusación gruesa (casi de asesinos despiadados) a los que no la comparten y agitar el árbol para que caiga la fruta madura. Espero que la mayoría de la población sea lo suficientemente inteligente como para valorar los errores (que los ha habido con total seguridad) y separarlos de la maraña de engaños colectivos cuando mañana veamos que la cosa no es muy diferente de lo que pasó esta semana que termina, pero espero sobre todo que las soluciones milagrosas, las recetas mágicas y simples, no gobiernen nuestras vidas ni este tema ni en ningún otro, por mucho que en tiempos de incertidumbre sean siempre una tentación
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