Escribo esta entrada a partir de un artículo de Joan Coscubiela publicado hoy en eldiario.es (aquí) que me suscita algunas dudas, incluso el autor las manifiesta en su escrito. No es por tanto una respuesta lo que sigue a continuación, más bien una contextualización de sus planteamientos que surgen de unos deseos que presumo ampliamente coincidentes.
Lo primero que tiene claro todo el mundo (otra cosa es que alguien se haga el tonto) es que nos vamos a enfrentar a una crisis económica de gran calado cuando pase la crisis sanitaria. Aparte de las predicciones de los economistas sobre curvas en forma de V, de W o de L que demuestran que es imposible tener la seguridad absoluta sobre lo que vendrá, hay algunos cosas que sí tenemos claras. Habrá sectores fundamentales de la economía española a los que les costará más remontar, en concreto a todo lo orientado a la actividad turística; las microempresas y con ellas buena parte de las personas autónomas, lo tendrán mucho peor que las empresas con bases más sólidas; no quedará destruida la capacidad productiva (conviene señalarlo cuando se habla continuamente de que esto es una guerra) por lo que no habrá que invertir en reconstruir infraestructuras y la producción de bienes se podrá retomar con rapidez si hay demanda, que esa es otra cuestión; crecerá, está creciendo ya, la deuda pública, aunque no es lo mismo que crezca para inyectar poder adquisitivo y que no se hunda todo a que lo haga porque caiga el consumo y se deje de recaudar
Lo segundo que hay que tener claro es que, como pasó con la crisis financiera de 2008, el funcionamiento del sistema económico y social impuesto por décadas de ultraliberalismo ha demostrado su incapacidad para responder a las necesidades elementales de las personas. Es bueno tener memoria (frecuentemente es de pez, como dice Joan Coscubiela) y recordar que personajes como Sarkozy llegaron a hablar de refundar el capitalismo, sin olvidar tampoco que esa refundación fue al final más de los mismo y en mayores dosis, como el paciente no mejoraba le hicieron otra sangría, y una nueva porque iba a peor y así hasta que murió. Quiero decir que en este momento se tienen claro que hay que cambiar muchas de las prioridades, pero que a medida que pase el tiempo se rearmarán con nuevos mantras los partidarios de que se siga en esta espiral que nos lleva a la locura de un planeta sobrexplotado ecológicamente, con los riesgos para la salud y la economía que ello supone, en un mundo con una desigualdad que va en aumento de forma galopante, poniendo en riesgo los consensos sociales necesarios y aumentando en paralelo los mecanismos represivos de todo tipo para mantener el orden social
Es necesario tomar posiciones y aprovechar el momento inmediato, sin dejar pasar tiempo, para consolidar algunas ideas hegemónicas fundamentales para construir una respuesta adecuada a los retos que se nos plantean. Ahora es cuando la gente valora la importancia de lo público. Ahora es cuando la gente entiende que no se pueden infravalorar el trabajo de los cuidados a las personas dependientes, tradicionalmente femenino porque es el traslado a la actividad retribuida de las funciones no retribuidas que históricamente han desempeñado las mujeres y se han minuvalorado. Ahora es cuando la gente está más receptiva al mensaje de que no se puede destruir la biodiversidad del planeta porque aumentan los riesgos para la especie humana. Ahora es el momento de romper la mentira de que el mercado dejado a su libre albedrío resuelve bien todos los problemas de abastecimiento de aquello que es fundamental en cada momento.
Y porque es ahora el momento y no dentro de unos meses es por lo que soy escéptico no sobre la necesidad de unos Pactos de la Moncloa (término sobre el cual Joan Coscubiela ha expresado prevenciones sobre su uso que comparto) sino sobre su viabilidad. Los partidarios de que se salga con las mismas recetas de siempre lo saben también, no van a facilitarlo, hablaran en nombre del interés nacional (español o catalán, dependiendo del caso) para frenar cualquier avance, o se negaran directamente a plantearse tan siquiera la posibilidad de abordar la cuetión (también por el interés nacional, faltaría más)
Creo que la idea de una reedición de algo parecido a los Pactos de la Moncloa empezó como una manera de poner presión al gobierno para disminuir el peso de Unidas Podemos y del ala más izquierdista del PSOE en las medidas que se vayan adoptando. El cálculo era simple y simplista, simple era la idea inicial de que si entran más actores en juego tenderán a llevar la respuestas hacia posiciones más moderadas, simplista era pensar que en una crisis de este calado ese conducir a posiciones más moderadas que pudieran llevar incluso a la ruptura de la coalición de gobierno (sueño húmedo final de no pocas cabezas pensantes de este país) transitaría sin contratiempos
Ha acertado el gobierno al aceptar el reto para tomar la inciativa, pero creo que debería pensar en alternativas al bloqueo que preveo, al intento de ganar tiempo más que previsible. En definitiva, unos acuerdos amplios (patronales y sindicatos, partidos y comunidades autónomas) en este momento estoy convencido de que pondrían en el centro las políticas sociales o temas tan importantes como desarrollar políticas industriales. Al tiempo creo que hay que prever que eso sea inviable o que se pretenda derivar en el tiempo para que las conclusiones que hoy parecen claras dejen de serlo, debidamente modelada la opinión pública, evidentemente. Así las cosas no descartaría pactos parciales menos ambiciosos pero que vayan consolidando políticas sociales. Podrían ser acuerdos con las comunidades autónomas de mejora de financiación con criterios finalistas, es decir, condicionadas a que el gasto vaya a determinados capítulos, acuerdos de políticas industriales con patronales y sindicatos, pactos con los grandes municipios de apoyo a las politicas de dependencia...
El avance en acuerdos, incluso no culminados, puede forzar la existencia de un acuerdo global, el resultado final es lo que no podemos perder de vista porque nos va mucho en ello: las prioridades de las políticas públicas y de los objetivos de la sociedad en su conjunto deben redefinirse porque el modelo vigente es suicida además de injusto
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