diumenge, 5 de juliol del 2020

MARISA LÓPEZ Y LA NECESARIA MEMORIA COLECTIVA

El 30 de junio falleció Marisa López, era una de esas personas que no se mencionará en los libros de historia por su nombre y apellidos, una más de las que han contribuido al funcionamiento de un sujeto colectivo que sí deberá ser tenido en cuenta para entender el periodo en el que vivió, un número no tan grande de personas que haríamos mal en subsumir en una memoria colectiva sin detenernos a valorar su rol específico. Hablo del movimiento obrero, más concretamente de CC.OO., de relaciones laborales y del desarrollo de un modelo económico determinado, de una parte del pasado que casi empieza a ser historia pero es aún casi presente.

El sindicalismo, ya legal y actuando en una sociedad con un funcionamiento democrático homologable al de los países de nuestro entorno, se enfrentó a una serie de mutaciones importantes que en la inmediatez del momento no se apreciaban con tanta nitidez como ahora en perspectiva, Desde los principios de la década de los 80 hasta la gran crisis de 2008 señoreó en el mundo la hegemonía de los planteamiento neoliberales con una contestación a sus postulados siempre a la defensiva. Bajo esa hegemonía se produjeron cambios profundos en el tejido productivo y en las relaciones laborales, en el caso de España y Catalunya se vivió el desmantelamiento de buena parte de la industria tradicional, nos convertimos en pista de aterrizaje (después de despegue) de todas las multinacionales habidas y por haber, cambió el paradigma de producción fordista, se generalizó la externalización de los procesos productivos y de los riesgos empresariales hacia el conjunto de la sociedad, se terciarizó profundamente la economía y los grandes capitales fueron dominando porcentajes cada vez mayores del tejido económico y de los resortes de poder.

Actuar sobe la marcha para hacer frente a los retos nunca es sencillo y no lo fue en esos años, con aciertos y errores el sindicalismo en general y CC.OO. en particular se enfrentó a unas transformaciones que dificultaban las formas de organización clásicas. Soy de los que piensa que no supimos ver, hasta que estuvo muy avanzado el deterioro, lo que suponían los distintos procesos de precarización que se iban poniendo en práctica (con externalizaciones, con contratación temporal, con trabajo a tiempo parcial no deseado, con subcontratas encadenadas...) Parte de la explicación de esa tardanza en hacer sonar las alarmas provino de que las practicas más sangrantes no afectaron de entrada y de lleno al grueso de trabajadores y trabajadoras que ya estaban organizados. Siguiendo la lógica de siempre esas prácticas se cebaron en las empresas y sectores más desorganizados, los no tradicionales.

Marisa trabajaba en el comercio textil tradicional. El comercio (como la hostelería o los servicios auxiliares a las empresas y administraciones como la limpieza, la vigilancia o el mantenimiento) fue un sector en el que los cambios se produjeron, se siguen produciendo, sin descanso. Los sectores con menos músculo sindical fueron los más expuestos a las nuevas exigencias, no es de extrañar que también fueran los más caóticos en clave interna.

Ella vivió todo eso en lo que entonces era la Federació de Comerç de CCOO de Catalunya desde antes de ser su Secretaria General, yo algo parecido en la Federació d´Hostaleria. De los dos colosos tradicionales del comercio uno desaparecía, Galerías Preciados, y el otro, El Corte Inglés, se abonaba a las practicas antisindicales y potenciaba un sindicalismo amarillo que iba a tener futuro en el sector. Carrefour había entrado ya en los 70, pero el crecimiento del formato de las grandes superficies iba a darse a partir de los 80, con esa misma empresa, con ALCAMPO y con CONTINENTE, una llegada en la que los obstáculos a la presencia sindical eran de todo tipo y por sistema. Las cadenas de supermercados de matriz catalana empezaron a coger dimensiones importantes sin abandonar el paternalismo habitual de los negocios originarios y adoptando pronto las mismas prácticas antisindicales como modus operandi complementario de ese tipo de relaciones laborales. También llegaban las franquicias, y las cadenas de supermercados de multinacionales o de empresas españolas de matriz no catalana. Todos y cada uno de los pasos han ido siempre y desde entonces en la misma dirección, una mayor concentración de poder en menos manos, por la extensión de algunas marcas, por las absorciones y fusiones en el sector o por la llegada de nuevos gigantes que no tenían su origen en la distribución sino en la producción (caso de INDITEX) o en las nuevas tecnologías aplicadas (como AMAZON). Siempre las relaciones laborales se alejaron del modelo clásico al que se había adaptado el sindicalismo desde la implantación de las grandes factorías fordistas como paradigma del modelo productivo.

Acabamos fusionando las federaciones de comercio y de hostelería, creo que con resultados positivos a pesar de todos los pesares. La futura Federació de Comerç, Hostaleria i Turisme (FECOHT-CCOO) nos llevó al periodo de mayor relación personal a Marisa y a mí, no en vano éramos los máximos responsables de las dos organizaciones llamadas a fusionarse. El conjunto del sindicato pareció entender la necesidad de fortalecer a los sectores menos tradicionales, pero con un peso creciente en la actividad económica, y aportó recursos para que de la fusión no llevara a lo que Marisa decía muchas veces que podría pasar, que juntando enanos en vez de hacer un gigante montáramos un circo.

Durante dos años nos vimos casi a diario, nos recorrimos varias veces toda Catalunya, íbamos en mi coche y ella me decía continuamente, aquello de allí es nuestro y aquello también. Lo que me estaba diciendo no era que tuviéramos presencia organizada en todo lo que me indicaba, sino lo amplio que era el sector del comercio, mucho más allá de los escaparates de los núcleos urbanos, y la vastedad del trabajo que quedaba por delante, En mi caso no hacía falta ir señalando lo mucho que pertenecía a la hostelería, igualmente pendiente de ser organizado. Como es de imaginar en un proceso de fusión entre organizaciones con equipos y formas de trabajar con su propia idiosincracia no hubo romance idílico ni  hubo parto indoloro. Es ley de vida, como es ley de vida que pasado el tiempo todos relativizamos lo que parecía en un momento determinado como inasumible o irrenunciable.

La fusión se produjo finalmente en 1998, Marisa optó por dedicarse al trabajo en la unió territorial del Barcelonés y yo acabé dejando la dirección de la nueva federación en 2004. Como siempre sucede la vida siguió, Manuel García Murillo me sucedió a mí, vino la gran crisis de 2008 que lo puso todo patas arriba y todo lo vivido anteriormente parece abonado a convertirse en nada o en batallitas del abuelo Cebolleta. A mi modo de ver sería, además de injusto, un error.

La muerte demasiado prematura de Marisa, ahora, y de Murillo, hace ya dos años, nos interpela porque buena parte de su legado vital ha quedado vinculado a su actividad de muchos años en el terreno sindical, aunque sólo fuera por justicia deberíamos recordar qué vivieron y en qué condiciones lo vivieron. Pero más allá del homenaje personal, recordar significa entender qué sucedió, la memoria del sindicato, por extensión la del movimiento obrero organizado, no puede limitarse a la tradición de los sectores industriales o a la construcción. Con aciertos y errores estuvimos en muchos otros frentes con realidades muy diversas. Hubo formas de precariedad que crecieron sin que nos percatáramos de la trascendencia de los cambios que se producían en algunos sectores, hacíamos frente al crecimiento de sindicatos corporativos en otros como el sanitario, nos organizábamos con no pocas dificultades pero con éxitos importantes en la enseñanza, etcétera.

Los años de la hegemonía neoliberal no fueron los de la épica del antifranquismo o los de la construcción del sindicato en la primera legalidad, pero empieza a ser ya un periodo histórico y nos interesa hacer nuestra propia valoración de lo que sucedió en aquellos años porque otros ya llevan tiempo haciendo la suya y propagándola insistentemente, yo diría que insidiosamente. CC.OO. fue un protagonista clave de esos años y CC.OO. era la suma de la actividad de muchas personas en frentes muy diversos. Mantener la memoria de Marisa, entre otros y otras, es construir nuestra propia memoria colectiva, si no lo hacemos otros la construirán, por su propio interés y para justificar un presente, el de ahora o el de dentro de unos años, muy distinto del que nosotros pretendemos.

Jordi Gutiérrez, el compañero de Marisa, me pidió que interviniera en el acto de despedida de Marisa, termino esta entrada con el texto de esa intervención

Mi relación con Marisa se limitaba en los últimos tiempos a algunos comentarios, retuits y me gusta, ella ejercía su galleguismo, yo mis habilidades culinarias, ambos nuestro compromiso de siempre, el que nos llevó a conocernos hace ya bastantes años.

 

Físicamente nos veíamos, quien lo iba a decir, en los entierros: el de Vicenta, el de su hermano Salva, el de Murillo o el de Gemma, salvo quizá el caso de Vicenta todos injustamente tempranos, como el de la propia Marisa que hoy nos junta aquí. Temprano madrugó la madrugada, en versos de Miguel Hernández.

 

El nexo de todas esas relaciones compartidas tiene unas siglas, las de CC.OO. No concibo hablar de Marisa sin hablar del sindicato, en él nos conocimos, en él y para él nos relacionamos. Como un enorme coral millares de personas formamos una única estructura que cumple una función básica en su hábitat. Pero a diferencia de los corales, los componentes de esa estructura merecen el reconocimiento individual.

 

La vida de Marisa abarcaba muchas más cosas que el sindicato, no puede ser de otra manera, pero una parte importante de lo que ella fue y de lo que seguirá siendo a partir de ahora tiene que ver con lo que hizo en el sindicato. La memoria no es sólo necesaria para entender qué somos, la memoria es justicia para mujeres como Marisa, para personas que han dejado buena parte de su huella vital en la defensa de los intereses de los más débiles

 

Por pura cuestión de edad Marisa no pertenece a la generación fundadora de CC.OO, ni tan siquiera a la de los y las (pocas) dirigentes de la primera legalidad. A Marisa le tocó bregar con obstáculos distintos algo más tarde. Mientras en los sectores industriales y en los servicios públicos se desarrollaba el sindicalismo clásico que a casi todo el mundo le viene a la cabeza como arquetipo, ella veía como la precariedad se instalaba en las empresas que conocía mucho antes de que nadie hablara de precariedad.

 

Y no eran sólo las pequeñas tiendas de toda la vida, a las prácticas antisindicales de los colosos de siempre del sector, con El Corte Inglés a la cabeza impulsando su propio sindicato, más afín a los intereses de la dirección que a los de la plantilla de la empresa, se sumaban prácticas casi idénticas de los nuevos gigantes que irrumpían y crecían a un ritmo que entonces nos parecía demencial: los Carrefour, Continente, Alcampo... Mientras, crecían con los tics paternalistas las cadenas de supermercados, CAPRABO, CONDIS, BON PREU… Faltaba todavía para el desembarco de las grandes empresas de la distribución en el mundo de los supermercados o para el aterrizaje de MERCADONA, como faltaba aún para que las grandes marcas se fueran haciendo cada vez con un mayor porcentaje del comercio textil, más aún para que el comercio sin tiendas físicas se fuera quedando con un mordisco cada vez mayor del pastel. Llegaban eso sí, las franquicias, las empresas con cientos de tiendas de minúsculo tamaño como DIA y las grandes superficies especializadas. Y las fusiones y absorciones, la compra de cadenas enteras, el aterrizaje de nuevas multinacionales, etcétera.

 

Perdonad la mención a la diversidad de cosas que se movían en el mundo del comercio, pero es que todo eso tenía una cosa en común. Cualquiera de los múltiples formatos que aparecían y desaparecían, al igual que sucede hoy, era un laboratorio de pruebas de mayor desregulación, de más arbitrariedad empresarial… de situaciones para las que no había instrumentos legales adecuados ni capacidad organizada de los trabajadores y de las trabajadoras, añadamos y no perdamos el dato de la elevada feminización del sector. Cuando casi nadie era consciente del alcance de esos cambios unas cuantas Marisas ya se las tenían que ver con esa realidad, con pocos medios y todas las dificultades.

 

Que fueran menos de las necesarias no justifica su olvido, al contrario, el recuerdo de lo que fue Marisa López entre algunas otras personas gana en dimensión valorando con qué medios se enfrentaron a qué retos. Va siendo hora de ir recopilando esa memoria porque lo necesita el sindicato para que la colectiva no sea tan parcial como lo es y, como he dicho antes, por justicia

 

En lo personal cada uno de nosotros y nosotras habrá tenido su propia relación con Marisa, la mía se concentró mucho en un momento complicado, el de la fusión de las antiguas federaciones de comercio y hostelería, con la complejidad que ese tipo de situaciones acarrean. Nos recorrimos juntos toda Catalunya, hablamos de la familia, de las personas que había en cada una de las federaciones, de su Galicia natal que es también la de una parte de mi ascendencia, de nuestra tierra común que es Catalunya, fueron muchas horas de coche, muchos menús de 900 pesetas (de esto hace ya unos cuantos años) y muchas reuniones solos o en compañía. Marisa era pasión, pedía la fidelidad que ella estaba dispuesta a ofrecer, como es casi inevitable en las organizaciones pequeñas ejercía de madre protectora, en el mejor sentido de la palabra, de su gente. Para cada cual quedará el recuerdo personal, será la huella íntima de su paso por la vida. Faltará seguir construyendo el relato colectivo, repleto de personas como ella, que preserve el recuerdo de la huella común que da sentido completo a la existencia de las personas como Marisa, la que hace realidad, en un sentido complementario al que le dio Miquel Martí i Pol, el último verso del poema: la nostra estirp, ben cert, és de titans