dimarts, 8 de setembre del 2020

PRESUPUESTOS Y CONTEXTO GLOBAL

El 14 de abril (bonita fecha) escribí una entrada en este blog (aquí) en la que vaticinaba una estrategia de bloqueo a cualquier tipo de acuerdo global (por aquella fecha se había puesto de moda hablar de nuevos Pactos de la Moncloa) y proponía acuerdos parciales con patronales y sindicatos, con comunidades autónomas y con otras instancias para ir superando ese bloqueo por la fuerza de los hechos.

Pasados casi cinco meses se han confirmado lo previsible y la remisión al Congreso del debate ha servido de bien poco. Al tiempo el gobierno ha sabido sortear esa trampa con acuerdos parciales, los del mundo laboral los más destacados en el ámbito interno, y algo que no contemplé en ese escenario, el acuerdo en el seno de la Unión Europea que supone un giro en la práctica, por fin, respecto a las doctrinas neoliberales.

El nuevo hito debe ser el acuerdo presupuestario, sobre cómo debería trabajarse y con qué objetivos hablaré al final, antes vale la pena situar el contexto, el político español que todos tenemos en mente y el que a menudo nos pasa desapercibido, las dinámicas globales en las que estamos inmersos.

El capitalismo vive una de las varias crisis profundas que ha sufrido en los más de dos siglos que es el sistema dominante de relaciones económicas y sociales, una de aquellas que ha llevado a cambios substanciales en el funcionamiento de dichas relaciones en el pasado.

Nada indica que sea la última y definitiva, puede parecer una obviedad pero hay quien formula planteamientos que sólo tienen sentido para forzar la sustitución del capitalismo a corto plazo. Aparte de la capacidad para adaptarse a las nuevas situaciones que ya ha demostrado históricamente el sistema, el gran problema para que eso suceda es que no está nada claro qué tendría que substituirlo. Hay ideas y propuestas cada vez más elaboradas con respecto a cuestiones como la sostenibilidad ecológica y la justicia social, pero ni hay un modelo alternativo articulado ni hay, lo más importante quizá, una conciencia social lo suficientemente extendida con respecto a la necesidad de superar las bases sobre las que se asienta el actual modelo. Lo que sí está sucediendo, y no es poco, es que se discute sobre lo esencial, la preeminencia del derecho de propiedad o del interés colectivo, pero sólo con respecto a determinadas materias como la vivienda, los servicios públicos esenciales o la existencia de fortunas que superan toda lógica racional que pretenda justificarlas como consecuencia del esfuerzo personal. En cambio, el debate es casi inexistente sobre la propiedad colectiva del conocimiento acumulado que permite desarrollar las empresas más boyantes, sobre el disfrute comunal de la robotización que está llegando o sobre la codecisión de las formas de organización del trabajo que eviten la sobreexplotación de gran parte de la humanidad por una exigua minoría de la misma. Queda, en definitiva, mucho por hacer en la formulación de un modelo alternativo coherente, seguramente será una propuesta que se vaya construyendo de forma paulatina para dar respuesta a los retos que se presenten antes de que pueda hablarse de una alternativa global articulada.

Dicho eso, la versión neoliberal del capitalismo entró en una profunda crisis en 2008 que, como otras veces, vino precedida de síntomas que no se valoraron lo suficiente, o que se obviaron deliberadamente: los tigres asiáticos, las punto com, el crecimiento del endeudamiento privado... La pandemia ha venido a reactivar la crisis de la ortodoxia económica dominante desde hace cuatro décadas, una crisis que no se había superado porque las recetas aplicadas, el más de lo mismo expresado en el llamado austericidio, tiene a las sociedades de gran parte del planeta en ebullición. Los llamados populismos, regímenes iliberales, repliegues identatarios, etc... no se entienden sin eso y son una manifestación de esa crisis no superada. A mayor abundamiento, todo apunta a que el virus del COVID-19 tiene que ver con otro aspecto de la crisis sistémica en la que ya estábamos inmersos antes de su llegada, la insostenibilidad medio ambiental del modelo actual que destruye espacios que impiden, o impedían, a muchos patógenos entrar en contacto con el ser humano.

La actual situación deriva de la crisis profunda que se inició en 2008 y para la que se perfilan dos posibles recetas, la del neoliberalismo nacionalista y un neokeynesianismo que se refleja en las expresión gasten y gasten de la actual máxima representante del FMI, Kristalina Georgieva. Ni el FMI ni Angela Merkel se han convertido en adalides de las políticas redistributivas, menos aún en peligrosos infiltrados deseosos de minar las bases del sistema capitalista, este necesita nuevas recetas, o viejas recetas adaptadas a los nuevos tiempos, porque el proteccionismo trumpista no le sirve a todo el mundo. No hay otra explicación al giro que suponen los acuerdos de la Unión Europea para hacer frente a los efectos de la pandemia. No sabemos cual será la ortodoxia económica que prevalecerá y que muy probablemente supondrá un nuevo ciclo largo de doctrina económica dominante, sí sabemos que hay una pugna entre dos modelos muy distintos y que, desde una perspectiva progresista, se debe aprovechar la ventana de oportunidad que se abre para impulsar políticas redistributibas, ayudando al mismo tiempo a que se consolide como hegemónica una concepción de las políticas económicas que entierre la idea esencial del neoliberalismo, la de que es bueno para todo el mundo que los poderosos hagan lo que les plazca sin regulaciones que les molesten, sean laborales, medioambientales, fiscales o de cualquier otro tipo y sin defensa desde lo público de los derechos básicos de la ciudadanía: comer cada día, tener acceso a la educación, ser atendidos en situaciones de enfermedad o de incapacidad para valerse por sí mismo, disponer de una vivienda, etcétera.

Antes de aterrizar en el tema de los presupuestos una última reflexión, sin un contexto que lo permita es inviable un giro como el que ahora es posible en las líneas maestras de las políticas que se aplican. La aprobación del Ingreso Mínimo Vital, pese a las dificultades y los errores de implementación, no hubiera sido posible en 2010, cuando la presión era para que se aplicaran reducciones de gasto y la amenaza dejar caer al país que no acatara ese mandato. Que se entienda bien, no es baladí orientar las políticas a aplicar en un sentido o en otro sea cual sea la corriente dominante, pero esta impone límites que sólo se pueden rebasar si se cuenta con apoyos sociales suficientemente potentes. Los tuvieron Margaret Thatcher o Ronald Reagan para empezar a desarrollar el programa neoliberal y arrinconar las prácticas keynesianas que prevalecieron desde el fin de la II Guerra Mundial, no los tuvo el programa del primer gobierno de Mitterand que en la misma época forzaba las premisas keynesianas con propuestas sociales, laborales y fiscales  muy avanzadas, incorporando en plena guerra fría a cuatro ministros comunistas en el gobierno francés. Más reciente es la experiencia del gobierno de Syriza en su intento por desafiar frontalmente a la Troika. No es posible saber qué ortodoxia económica sustituirá al neoliberalismo, ni siquiera si habrá unos postulados hegemónicos en materia de política económica o convivirán diferentes modelos, lo que sí sabemos es que tanto la Unión Europea como el FMI  han pasado, al menos de momento, de recetar políticas de contención del gasto, recortes para que se entienda, a prescribir políticas expansivas, de incremento del gasto público que sintomáticamente se denomina cada vez con más frecuencia inversión pública y no gasto público como hasta ahora. No es un tema menor, en la pugna siempre ideológica sobre el tipo de políticas económicas a seguir se abre paso un tipo de propuestas favorable a los postulados clásicos de la izquierda, una grieta en el muro neoliberal que no sabemos si va a asentarse, pero que marca el debate presupuestario y delimita unas reglas favorables que deben aprovecharse.

Dedicar, para hablar de presupuestos, tanta extensión al contexto global es necesario porque con frecuencia pasa desapercibido para centrarse en el debate de las particularidades de la situación concreta española. Por poner un ejemplo de la historia reciente que está muy en boga, acostumbramos a valorar el periodo de la Transición minusvalorando la influencia de la geopolítica (guerra fría) y la profunda crisis de los postulados económicos de los que se ha hablado más arriba. Entre otras consecuencias, eso da lugar a que se achaquen muchos males de los que nos aquejan a lo que sucedió en aquellos años, cuando para muchas cuestiones la explicación está en los 40 años de predominio de políticas neoliberales y no en el entramado institucional que surgió del complejo proceso que fue la Transición. Hay algo en común entre la década larga que empezó con la crisis de 2008 y la vivida entre mediados de los 70 y mediados de los 80 del pasado siglo, los manuales de economía política no sirven para dar respuesta a los problemas existentes, como pasó entonces aunque por razones casi opuestas. Desde una perspectiva progresista que evite la tentación del cuanto peor, mejor se trata de hacer dos cosas, la primera aprovechar las posibilidades que se presentan, la segunda ayudar a que imponga globalmente un tipo de medidas económicas más afín a sus postulados que a los que defiende la extrema derecha en el mundo. Hay una confrontación no resuelta, España no es Alemania, pero es un miembro importante d el Unión Europea que debe contribuir a que se asiente el cambio de rumbo iniciado en este momento.

Con todo lo anterior presente se puede abordar con más perspectiva el tema del debate presupuestario, el de con qué contenidos y el de con quién sacarlos adelante. Se formula como obviedad algo que no lo es tanto, que lo más trascendente son los contenidos del presupuesto que acabe prosperando, como si no importara nada de dónde vienen los apoyos y por qué, cuando la configuración del Congreso de los Diputados es la que es. Conviene, pues ordenar las ideas.

1.- Son necesarios nuevos presupuestos, no porque los de Montoro no sirvan en la nueva situación (algo que se viene diciendo año tras año cuando lo que ha pasado siempre, este año en especial, ha puesto en evidencia esa afirmación, la ejecución presupuestaria no tendrá nada que ver con la ejecución presupuestaria del año en que se aprobaron estos presupuestos en tiempos de Rajoy) sino porque los presupuestos tienen que ser la puerta de entrada para los recursos de la Unión Europea y porque, desde una perspectiva de izquierdas y progresista, interesa aprovechar el contexto analizado con anterioridad.

2.- Los presupuestos serán expansivos, lo serían incluso con un gobierno del PP aunque fuera sólo por el uso de los fondos europeos, pero es que incrementar el gasto es lo que están haciendo hasta los gobiernos más conservadores en todo el mundo contrariando los postulados neoliberales, otra vez es cosa del contexto global. Unos presupuestos expansivos son condición necesaria, pero no suficiente, para desarrollar un programa progresista, eso dependerá de a qué se destinen las partidas y de dónde se obtengan los recursos.

3.- Todo el mundo es consciente, aunque no se diga, de que se tienen que subir los impuestos y de que dicha subida afectará al conjunto de la ciudadanía si no se quiere ver aún más disparado el déficit, algo que sin ser tan alarmante como nos lo pintan con los intereses que se pagan actualmente no puede ser un pozo sin fondo. Los impuestos subirán para todos, sea a través de impuestos directos o indirectos, con nuevas cargas o con incrementos de las existentes. Existen varios elementos a tener en cuenta, como incentivar o desincentivar conductas de consumo, pero el que más debe preocupar en este debate es cómo se reparte esa subida entre los diferentes niveles de renta. Con un incremento lineal o directamente regresivo las rentas bajas serían las grandes perdedoras, con un incremento proporcional el efecto se atenuaría aunque continuarían saliendo perjudicadas las rentas más bajas en relación a las superiores. Un incremento con resultado global cuanto más progresivo más beneficiaría a las clases más modestas a costa de que pagaran más las personas con mayores rentas. Llevamos décadas de políticas fiscales que han perjudicado sistemáticamente a los sectores más humildes, básicamente con los incrementos de los impuestos indirectos, y que han beneficiado también sistemáticamente a las rentas más altas, a través de las reducciones de impuestos directos, sobre el patrimonio o las grandes herencias y a través de regulaciones que favorecen la elusión fiscal que es, dicho en leguaje inteligible, como la evasión fiscal, pero hecha legalmente. Más allá de las declaraciones y las filtraciones de unos u otros para marcar territorio ese va a ser el gran debate.

4.- Se articulen unas mayorías parlamentarias u otras, la izquierda más consecuente se tendrá que tragar sapos en materia de ingresos fiscales, a cambio puede conseguir algo tan importante como un cambio en la tendencia de las últimas décadas, consiguiendo unos efectos progresivos globales, tanto a través de tipos impositivos como a través de mayor control del fraude, un fraude que es un tema trascendente y que beneficia a las rentas cuanto más por encima están de la media. Una parte del PSOE, con peso importante en el ejecutivo, y el PNV van a ir muy posiblemente en contra de propuestas que avancen en la progresividad fiscal, estos porque siempre han sido conservadores, aquellos porque no acaban de salir de la lógica neoliberal que han hecho suya. Si ERC se dedicara, habrá que verlo para creerlo, a intentar conseguir mejoras para la ciudadanía de Catalunya en vez de a mirar de reojo los movimientos del nacionalismo catalán conservador, sería un interlocutor lógico, pero con límites a la hora de asumir subidas de impuestos porque parte importante de su apoyo está en personas con niveles de renta medio-altos que con un incremento progresivo  de la fiscalidad acabarían sintiéndose afectados por la subida de impuestos. De hecho, si no acaba formando parte de los que acuerden los presupuestos cabe esperar que uno de sus hilos argumentales sea que habría que subir más a las grandes fortunas para no cargar a las clases medias y bajas. Finalmente, si C's negocia su voluntad va a ser, en esta materia, muy parecida a la ya expuesta del PNV y parte del PSOE

5.- A qué destinar el incremento del gasto es la otra cara de la moneda. Desde una perspectiva progresista se debe apostar por las políticas sociales, pero también por la inversión productiva en un determinado sentido, orientando a un cambio de modelo productivo, con un programa de reindustrialización que no nos deje en situación de indefensión frente a decisiones de otros, como ha sucedido en suministros claves en el peor momento de la pandemia o como nos viene pasando cada vez que una multinacional decide deslocalizarse y cerrar una planta. Parte del gasto viene condicionado por los objetivos y requisitos de los fondos de la UE, pero otra parte no y no es lo mismo apostar por cambios profundos de nuestro modelo productivo que dedicar el grueso de los recursos a subvencionar a los sectores que son el pilar del que ya tenemos. Cuando todo el mundo pide (reducciones de IVA para la hostelería, incentivos para que se cambie de coche, etc...) hay que tener claro el sentido del gasto, si se quiere que sea eso, simplemente gasto, o si se quiere que sea inversión para ayudar a renovar nuestro tejido productivo. La pugna por servir a unos intereses ya existentes o buscar unos objetivos de futuro no es un tema menor, como tampoco el alcance de las políticas sociales que eviten la caída en el pozo de miles o millones de personas

6.- Pese a las previsibles dificultades que se han ido situando es factible elaborar unos presupuestos que apunten hacia un cambio de estrategias en materia de política económica que no sean coyunturales, que marquen un cambio de rumbo, por eso la importancia de no errar en los objetivos ni en la estrategia de negociación, sabiendo que más allá de las declaraciones para fijar posiciones se deben situar dos objetivos básicos, el incremento de la progresividad fiscal y la inversión en reorientar nuestro modelo productivo. Es posible, todo lo mal que Unidas Podemos (y Catalunya en Comú) lo ha estado haciendo en clave interna  contrasta con la eficacia que está mostrando en la gestión de las áreas de gobierno y en la incidencia en las políticas generales de dicho gobierno. Por su parte, crece la influencia dentro del PSOE de los sectores que piensan que hacer lo mismo que haría la derecha cuando están en el gobierno les conduce a la nada. En la misma línea cabe esperar que incidan parte de los apoyos externos al gobierno en el Congreso

El resumen sería que aunque no será fácil es posible, además de necesario, aprobar un presupuesto que suponga un punto de inflexión con respecto a las políticas económicas que se han venido dictando desde premisas neoliberales, en la línea de lo acordado en la Unión Europea con tensiones que no sólo eran de intereses nacionales, que también, sino de posiciones ideológicas en materia de política económica. Hay una brecha en el dique del neoliberalismo y desde una visión progresista sería un error no aprovechar la ocasión. Apoyar a y apoyarse en formaciones conservadoras no debe ser motivo de anatema, ni en Europa ni en España, con la CDU de Merkel, con Macron o con el PNV lo importante es no perder de vista los objetivos de justicia social y cambio de modelo productivo aprovechando la nueva coyuntura. Es eso o quedarse en la queja estéril, incompatible con desempeñar responsabilidades de gobierno

Queda un tema de no poca importancia, el con quién. No se puede considerar un tema accesorio y es una dificultad importante derivada de la inestabilidad de la mayoría que votó la investidura. No vale saldarlo con decir que lo importante es que haya presupuestos y el contenido de los mismos porque tiene otras implicaciones. Descartado el apoyo del PP y sus satélites, el de VOX y el menos trascendente por el número de escaños de la CUP, el apoyo de la mayoría de la investidura más C's sería incluso positivo (dependiendo de los contenidos, claro está) por lo que podría suponer de asunción de las nuevas premisas por parte de los poderes económicos a los que responde dicho partido, la alternativa al imposible pacto de reconstrucción equivalente a lo que en materia social están siendo los acuerdos entre patronal, sindicatos y gobierno.

No es C's más conservador en materia económica que el PNV, el PRC de Revilla o incluso que algunos sectores de ERC, del BNG o del propia PSOE, pero es obvio que no es un debate sólo de presupuestos y será difícil que haya un acuerdo a tantas bandas. La premisa para que fuera posible sería obviar en la negociación presupuestaria el gran debate que subyace en la política española desde hace años, el de la cuestión territorial. C's genera incomodidad en casi todas las formaciones claves de la mayoría de investidura, del sector a la izquierda representado por Unidas Podemos al la derecha nacionalista que representa el PNV, pero donde se sitúa en apariencia la imposibilidad mayor es en ver un voto común con ERC. No parece tarea sencilla conseguir que no influya el debate territorial en la posición de C's (cuya razón de ser fundacional es el nacionalismo español) ni conseguir que ERC rompa complejos y apueste por ser útil a la ciudadanía catalana en este debate en lugar de mantenerse en la política de gestos en pugna con Waterloo.

Como no se trata de elegir lo que se prefiere, sino lo que es viable, sería un error cerrar las puertas de entrada a ningún posible acuerdo, incluso parcial, hay que recordar que con la fragmentación parlamentaria existente el pacto no se limita sólo al apoyo, la simple abstención puede servir. Si bien no es imposible imaginar un medio acuerdo, que incluya abstenciones, de la mayoría de investidura más C's es ciertamente difícil que se dé. A pesar de ello, trabajar en esa línea no es de ilusos como pudiera parecer, implica no cerrar la puerta a ninguna opción, algo importante si la primera prioridad es aprobar estos presupuestos en concreto por todo lo ya expuesto. ERC es voluble e imprevisible porque mira de reojo y acomplejada el escenario catalán y no quiere el sambenito de traidor que ella misma ha jugado a endosar a otros cuando le ha convenido, debe formar parte del acuerdo múltiple que se baraje como primera alternativa a un acuerdo más amplio (sin C's) pero sin perder de vista la opción del plantón por razones ajenas al contenido de los presupuestos. No cerrar la puerta a C's significa negociar en serio con ellos, primero porque es la única forma de aspirar al acuerdo amplio y después porque es de suponer que no están en la inopia y que si se saben utilizados como simple cebo para atraer a otra presa no se van a prestar. Para acabar de complicar o facilitar las cosas, según se mire, cuando ya estaba todo esto redactado aparece la posibilidad de que entre en el juego el PDeCAT tras romper peras con el proyecto de Puigdemont, el PDeCAT viene a ser un equivalente al PNV, pero con la diferencia de ser catalán, con lo que eso significa de mayor recelo de ERC a salir en la misma foto, siempre pensando en la próxima confrontación electoral catalana que nunca acaba de llegar

En resumen, nadie podría creerse que en esta legislatura las cosas iban a ser fáciles, para acabar de complicar el panorama ha aparecido un virus que ha puesto al mundo entero patas arriba. Sin embargo se abren posibilidades que tampoco eran previsibles hace un año, con la UE pendiente del BREXIT y en España abocados a una repetición electoral. Hacer frente a la pandemia y al mismo tiempo aplicar políticas disruptivas con respecto a la caduca doctrina económica que ha imperado por decenios pasa por aprobar unos presupuestos expansivos en el gasto social y la inversión en reorientar el modelo productivo español (el catalán incluido) lo que conlleva un incremento de la recaudación vía impuestos que deberían ser por dos vías, la lucha contra el fraude y la elusión fiscal como instrumento estratégico más de cara al futuro que por sus resultados inmediatos y un incremento de impuestos que acabaría afectando a la inmensa mayoría pero de manera más intensa a las rentas altas y medias-altas, lo que obligará a un trabajo de pedagogía porque la campaña en contra tendrá las formas poco caballerescas previsibles. Si las cuentas van en esa línea sería positivo un acuerdo parlamentario lo más amplio posible, pese a las dificultades que conlleva debe intentarse porque es además la manera de afrontar posibles salidas de pata de banco entre la variopinta mayoría que dio pie a la investidura, más allá de que en el seno del gobierno una parte no irrelevante piense en un posible acuerdo con C's como forma de desnaturalizar el pacto de gobierno de coalición.

Fácil no va a ser, seguro. Veremos qué resulta.