Este es uno de los terrenos más resbaladizos al
hablar del nacionalismo. Aunque el estado-nación aparece vinculado al concepto
de ciudadanía (aquí), las afinidades entre los integrantes de la comunidad son
parte de los elementos que le dan cohesión. Así, la enseñanza en Francia es
utilizada, entre otras cosas, como instrumento de unificación idiomática para
cohesionar a la sociedad o para difundir la idea de patriotismo
Pero a lo largo del s. XIX surge en Europa una
visión de la nación en la que las señas de identidad comunes no son sólo elementos
de identificación, sino que desplazan a los derechos y deberes ciudadanos como
fundamento de la nación. Aparecen los nacionalismos esencialistas, la identidad
compartida, sea real o se construya ex profeso en el imaginario colectivo, se
erige en fundamento de la nación. Esta existe con independencia y más allá de
la voluntad de las personas que habitan el territorio, en ocasiones incluso en
contra del deseo de una parte de la población. Al interés nacional debe
supeditarse el personal y la identificación con la nación es más emocional que
racional.
Los elementos sobre los que se establece la
identidad compartida son diversos, en cada caso los que mejor definen el
vínculo entre los miembros de la nación concebida desde este punto de vista: la
lengua, la religión, la raza, la historia común que siempre se remonta a un
pasado lo más remoto posible… Las señas de identidad sirven para reivindicar la
unidad de diversos territorios o para defender la diferenciación en relación a
otros
Desde mediados del s. XIX, la proporción en que se
combinan los elementos esencialistas y los derechos de ciudadanía, primero, y
sociales, ya en el s. XX, van a caracterizar los movimientos nacionalistas. El predominio
de los postulados identitarios es generalmente propio de los conservadores, la
prevalencia de los derechos cívicos y sociales acostumbra a ir vinculado a los
progresistas. En el seno de los nacionalismos son frecuentes las pugnas para establecer
la preeminencia de una u otra visión.
Pero el nacionalismo esencialista e identitario no
irrumpe por casualidad, hay razones que explican su aparición, será el tema de
la próxima entrada
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