Si me hicieran esa pregunta contestaría que los
EE.UU. y a continuación tendría que explicar el porqué de mi respuesta a mi
interlocutor, que seguramente pensaría que le estoy tomando el pelo.
Pero mi respuesta sería en serio y de forma
implícita explicaría cómo concibo el significado de conceptos muy en boga, como
nación o nacionalismo. Es decir, que responder a esa pregunta implica entender
el mundo actual de una forma u otra. Ahí va el razonamiento que precede a mi
respuesta.
Los EE.UU. son el primer caso explícito en el que la
idea de estado se establece sobre la base de los derechos y deberes de los
ciudadanos, aunque eso no significa que toda la población tenga la condición de
ciudadanía, pero ese es otro tema. Se puede hablar de antecedentes, seguramente
los Países Bajos o Inglaterra a partir de la revolución de 1642, pero con la
Guerra de Independencia que es al mismo
tiempo un proceso revolucionario deja de haber súbditos y se rompe con
cualquier modelo de estado de los que entonces existían en Europa.
Ese proceso podía haber quedado en una anécdota
excéntrica de las muchas que ha habido a lo largo de la historia, pero la
Revolución Francesa hace que todo cambie para siempre en Europa y después en el
mundo. Los ciudadanos franceses (no había ciudadanas desde el punto de vista de
los derechos ni siquiera con la revolución) se enfrentaron y vencieron a los
enemigos de la nación, muchos de los cuales eran franceses que por razones
políticas emigraron para organizar la ofensiva contra el poder revolucionario.
¿Cuál era la gran novedad frente a otras revueltas
anteriores? Que se produjo un cambio de clases dominantes y de las relaciones
de poder que ya nunca volvió del todo atrás, ni siquiera con la restauración Borbónica
posterior a Napoleón. Los ciudadanos, como en los EE.UU. sujetos con derechos y
deberes, configuraban la nación. Y el sustantivo nación añadía una acepción que
lo llevaría a ser determinante en términos históricos, la idea del estado
nación que nunca antes había existido: una comunidad que comparte un territorio
determinado sobre la base de unas leyes que garantizan derechos y deberes a los
individuos que lo forman
No hubo ninguna nación antes en Europa, los estados
preexistentes eran dominios más o menos extensos de las antiguas clases
dominantes, pero estas no conocían la idea de nación que hoy tenemos y, en
consecuencia, no tomaban ninguna decisión pensando en algo que ignoraban: el
interés de la nación. No se tenía en cuenta ni la unidad geográfica ni la cultural
ni la voluntad de la población de un territorio a la hora de asimilarlo o de
repartirlo entre diferentes estados y nadie, al menos nadie relevante, se
escandalizaba por ello
¿Por qué entonces esa pugna por remontar la historia
de cada nación lo más lejos posible?, ¿por qué el nacionalismo español habla de
una nación con 500 años de historia pensando en los Reyes Católicos o llega a
hablar incluso de los Reyes Godos?, ¿por qué Catalunya celebra su milenario
como nación situando su origen en Guifré el Pilós?, ¿por qué todos los
nacionalismos europeos se empeñan en remontar el origen de sus respectivas
naciones a la noche de los tiempos?
La respuesta a estas preguntas hay que buscarla en
el s. XIX, una visión conservadora desarrolla una idea de nación enfrentada a
la inicial que se propaga a partir de la Revolución Francesa, en esa nueva
visión es la identidad el elemento que aglutina a la comunidad, no los derechos
y deberes. Es el origen del nacionalismo romántico, esencialista y habitualmente
muy conservador.
Esa diferenciación entre dos concepciones de la idea
de nación sirve para entender muchas cosas, pero no se puede perder de vistas
que las sociedades son complejas y que las combinaciones de las dos concepciones
se han dado y se dan, lo importante es determinar cuál predomina en cada caso y
en cada momento para entender lo que sucede
Así pues, la pregunta inicial no tenía nada de
inocente, para responderla hay que optar por una idea de nación u otra. Por mi
parte tengo claro que mi proyecto de nación se basa en derechos y deberes,
cívicos y sociales. Y eso sin contar con otro debate no menos trascendente: qué
papel tienen las naciones, las ciudades y las estructuras supranacionales en el
actual mundo globalizado.
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