dilluns, 2 de juliol del 2018

¿CUÁL ES LA NACIÓN MÁS ANTIGUA?




Si me hicieran esa pregunta contestaría que los EE.UU. y a continuación tendría que explicar el porqué de mi respuesta a mi interlocutor, que seguramente pensaría que le estoy tomando el pelo.

Pero mi respuesta sería en serio y de forma implícita explicaría cómo concibo el significado de conceptos muy en boga, como nación o nacionalismo. Es decir, que responder a esa pregunta implica entender el mundo actual de una forma u otra. Ahí va el razonamiento que precede a mi respuesta.

Los EE.UU. son el primer caso explícito en el que la idea de estado se establece sobre la base de los derechos y deberes de los ciudadanos, aunque eso no significa que toda la población tenga la condición de ciudadanía, pero ese es otro tema. Se puede hablar de antecedentes, seguramente los Países Bajos o Inglaterra a partir de la revolución de 1642, pero con la Guerra de  Independencia que es al mismo tiempo un proceso revolucionario deja de haber súbditos y se rompe con cualquier modelo de estado de los que entonces existían en Europa.

Ese proceso podía haber quedado en una anécdota excéntrica de las muchas que ha habido a lo largo de la historia, pero la Revolución Francesa hace que todo cambie para siempre en Europa y después en el mundo. Los ciudadanos franceses (no había ciudadanas desde el punto de vista de los derechos ni siquiera con la revolución) se enfrentaron y vencieron a los enemigos de la nación, muchos de los cuales eran franceses que por razones políticas emigraron para organizar la ofensiva contra el poder revolucionario.

¿Cuál era la gran novedad frente a otras revueltas anteriores? Que se produjo un cambio de clases dominantes y de las relaciones de poder que ya nunca volvió del todo atrás, ni siquiera con la restauración Borbónica posterior a Napoleón. Los ciudadanos, como en los EE.UU. sujetos con derechos y deberes, configuraban la nación. Y el sustantivo nación añadía una acepción que lo llevaría a ser determinante en términos históricos, la idea del estado nación que nunca antes había existido: una comunidad que comparte un territorio determinado sobre la base de unas leyes que garantizan derechos y deberes a los individuos que lo forman

No hubo ninguna nación antes en Europa, los estados preexistentes eran dominios más o menos extensos de las antiguas clases dominantes, pero estas no conocían la idea de nación que hoy tenemos y, en consecuencia, no tomaban ninguna decisión pensando en algo que ignoraban: el interés de la nación. No se tenía en cuenta ni la unidad geográfica ni la cultural ni la voluntad de la población de un territorio a la hora de asimilarlo o de repartirlo entre diferentes estados y nadie, al menos nadie relevante, se escandalizaba por ello

¿Por qué entonces esa pugna por remontar la historia de cada nación lo más lejos posible?, ¿por qué el nacionalismo español habla de una nación con 500 años de historia pensando en los Reyes Católicos o llega a hablar incluso de los Reyes Godos?, ¿por qué Catalunya celebra su milenario como nación situando su origen en Guifré el Pilós?, ¿por qué todos los nacionalismos europeos se empeñan en remontar el origen de sus respectivas naciones a la noche de los tiempos?

La respuesta a estas preguntas hay que buscarla en el s. XIX, una visión conservadora desarrolla una idea de nación enfrentada a la inicial que se propaga a partir de la Revolución Francesa, en esa nueva visión es la identidad el elemento que aglutina a la comunidad, no los derechos y deberes. Es el origen del nacionalismo romántico, esencialista y habitualmente muy conservador.

Esa diferenciación entre dos concepciones de la idea de nación sirve para entender muchas cosas, pero no se puede perder de vistas que las sociedades son complejas y que las combinaciones de las dos concepciones se han dado y se dan, lo importante es determinar cuál predomina en cada caso y en cada momento para entender lo que sucede

Así pues, la pregunta inicial no tenía nada de inocente, para responderla hay que optar por una idea de nación u otra. Por mi parte tengo claro que mi proyecto de nación se basa en derechos y deberes, cívicos y sociales. Y eso sin contar con otro debate no menos trascendente: qué papel tienen las naciones, las ciudades y las estructuras supranacionales en el actual mundo globalizado.

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