Como queda claro en una entrada anterior (aquí), las
distintas naciones surgen, en términos históricos, en los siglos XIX, XX y lo
que va de XXI, nunca antes. El cómo nace cada nación, con o sin estado, es la
siguiente incógnita a despejar.
De entrada, aunque ya anticipo que aclarará poco,
deben pasar dos cosas. En primer lugar, para que surja una nación alguien, sea
persona o grupo de personas, debe pensar que una determinada comunidad humana
constituye una nación, después esa idea ha de cobrar fuerza y cristalizar.
Lo primero es clave y es fácil que se produzca, no
existe ninguna nación hasta que se piensa en ella como tal y siempre aparece
alguien que puede pensarlo, eso o cualquier otra cosa, aún hoy hay quien defiende
que la Tierra es plana. Lo de las condiciones para que esa idea cobre fuerza y
cristalice ya es más complicado y determinar cuáles son va a topar con las
singularidades de cada caso. Un ejemplo para aclararlo, a mi modo de ver Andalucía
está en el filo de ser o no ser una nación, ya ha sido pensada como tal y la
idea parece que toma cuerpo en algún momento, como en el referéndum del 28 de
febrero de 1980, pero no acaba de instalarse plenamente.
Por lo que respecta a Europa, en el resto del mundo
las cosas no han ido exactamente igual, podemos distinguir tres tipos de origen
de las diferentes naciones.
Primero, la conversión en naciones de los estados
preexistentes al tiempo que pasan de las estructuras de Antiguo Régimen a
estados liberales más o menos perfectamente liberales si se quiere ser preciso.
Portugal, España, Francia, Reino Unido, Holanda…
Segundo, la unificación de distintos territorios que
se constituyen en nación, casos alemán e
italiano.
Tercero, la secesión de naciones de uno o más
estados ya existentes. Caso de los Imperios Austríaco y Turco, Yugoslavia muy recientemente
o Polonia desgajándose en parte de Rusia, en parte del Imperio Austríaco y en
parte de Prusia
Los conflictos políticos, en ocasiones convertidos
en armados, derivan de la complejidad de establecer unanimidades, o cuando
menos consensos, en cuanto a los territorios que pertenecen a cada nación. Una
variante es la disputa de un territorio por más de una nación (por ejemplo, el
caso de Alsacia y Lorena, revindicados como parte de sus respectivas naciones
por Francia y Alemania). Una segunda variante es el no reconocimiento de una
nación que nace en el interior de otra ya existente que se niega a reconocerla
como tal, caso de Irlanda con respecto al Reino Unido.
En esa segunda variante de conflicto aparecen las
naciones sin estado, a las que habitualmente se les niega el reconocimiento de
su existencia como nación aspiren o no a convertirse en estado-nación pleno, podemos
pensar en Córcega, en la Bretaña francesa o en la Padania
Cada caso es distinto, aquí se pretendía plasmar la
diversidad de casuísticas y lo general que es, al mismo tiempo, la problemática
de las naciones y los nacionalismos. Por ello, salvo la referencia a Andalucía,
ha quedado aparcado el tema de la cuestión nacional en España, que es a donde
se quiere llegar. Será en una próxima entrada
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