divendres, 20 de juliol del 2018

LA INDEPENDENCIA DE LAS INDIAS




Hoy nos parece de lo más normal que se produjera el proceso de independencia de las colonias, un vestigio del pasado. Sin embargo, el s. XIX fue el de la expansión de los imperios coloniales de las potencias europeas por tierras de África y Asia, al tiempo que en América se imponía una fórmula pseudocolonial siguiendo la doctrina Monroe: América (toda) para los americanos (del norte)

Si se produjo la independencia de la mayor parte de los dominios españoles en América en las primeras décadas del siglo (y la del resto a finales del mismo) no fue porque esa fuera la tendencia global de la época, sino por la incapacidad para mantenerlos. Es el primer conflicto por procesos nacionalistas al que se enfrenta la recién estrenada, y luego tan maltratada, nación española. De hecho, las revueltas son anteriores al surgimiento de España como estado-nación

La Guerra de la Independencia favoreció el avance del independentismo y las expediciones militares posteriores a la guerra no pudieron evitar que durante el reinado de Fernando VII se independizarán casi todos los territorios americanos.

Pero ese proceso explicado en tres líneas tiene elementos a destacar

En primer lugar, hay un paralelismo evidente con la independencia de los EE.UU. que influyó de forma clara en el desarrollo de los planteamientos republicanos independentistas. Los protagonistas, la burguesía criolla, son descendientes de los colonizadores y no plantean cuestiones de identidad, quieren formar naciones independientes de hombres libres, hablan la misma lengua que en la metrópoli y no tienen un pasado histórico al que aferrarse, el indigenismo no forma parte de su proyecto

En segundo lugar, provocado por la cuestión americana se produce un primer debate en las Cortes de Cádiz sobre el modelo de estado centralizado o descentralizado, después será un tema recurrente en las filas de los sectores liberales españoles. Los liberales entonces más puristas defienden posturas jacobinas (centralismo progresista que iguale en derechos y obligaciones a toda la población de todos los territorios) al tiempo que los representantes americanos plantean dotar de poder político a las divisiones administrativas que se acuerdan, unas estructuras intermedias entre lo que fueron después las provincias y regiones, pensando en la problemática de su lugar de procedencia

La Constitución de Cádiz, muy progresista para la época, se decanta por el centralismo del modelo revolucionario francés, con la particularidad de que reconoce la ciudadanía española, contra la opinión de los representantes americanos, a quienes tienen origen en los territorios españoles de los dos hemisferios “por ambas líneas”, con lo que se excluye a gran parte de la población americana con origen directo o indirecto en África. Así, la representación en Cortes de la mayoría, residente entonces en las colonias americanas, es inferior a la que se le reconoce a los territorios peninsulares, menos poblados en su conjunto

En resumen, no se mostró mucha cintura a la hora de satisfacer las pretensiones americanas cuando la capacidad para mantener la unidad territorial del imperio por la fuerza era escasa. Muy posiblemente la independencia hubiera sido inevitable, aunque quizá en otras condiciones, pero lo que interesa resaltar es que el mismo error se produce en el último cuarto del s. XIX cuando peligran los últimos restos del imperio colonial, a Cuba no se le dan alternativas que no sean el uso de la fuerza y cuando se intenta ofrecer algo distinto ya es demasiado tarde.

Hay quienes siguen sin entenderlo 200 años después, confiando en una capacidad de coerción que en el pasado no se ha mostrado muy eficaz. Sólo que desde entonces los nacionalismos han experimentado cambios, el más trascendental es la aparición de los nacionalismos en clave identitaria, tema que obliga a volver al contexto general europeo antes de retomar el caso español

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