dijous, 12 de juliol del 2018

EL MUNDIAL CASI HA ACABADO




He dudado antes de ponerme a escribir sobre fútbol por el qué dirán, un asunto en el que es difícil encontrar un punto intermedio entre la nadería y el genial argumento del moderno opio del pueblo es para pensárselo, pero al final he osado hacerlo.

Y lo hago antes de que acabe el mundial, con el riesgo de que lo que acaezca de aquí al domingo desmienta lo que diga. No obstante allá van tres reflexiones sobre un tema no deportivo, uno pseudodeportivo y el puramente deportivo

El mundial ha trascurrido con aparente normalidad, la organización no ha recibido críticas demoledoras y no ha habido incidentes destacables. Todo eso era de suponer porque ya sucedió con los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Sochi. Rusia es un estado con capacidad para organizar eventos y que los temas no deportivos no fueran noticia era la gran obsesión de Putin.

Pero lo que se nos ha venido transmitiendo en las semanas y meses anteriores han sido temores, sobre todo a lo que podría pasar con los ultras rusos. Anem a pams, que se dice en Catalunya. Primero hay que contar con que siempre que hay mundiales u olimpiadas suelen destacarse con anterioridad los problemas que pueden sobrevenir y que luego, generalmente, no se dan, se trate de retrasos en las obras, la gran contaminación en la zona donde se competirá, el calor extremo que hará, etcétera. En el caso de Rusia yo apunto dos ideas suplementarias de por qué se ha alimentado determinado estado de ánimo y al final no ha pasado nada, al menos de momento y esperemos que de verdad sea hasta el final.

De una parte está el empeño en convertir en malo de cualquier película a Putin y su gobierno, lo que constituye una buena manera de ocultar otras responsabilidades, en según qué medios parecería que una conspiración informática rusa provocó la victoria de Trump más que los errores de los demócratas, o que el independentismo catalán se ha alimentado más de ese poder ruso en las redes que de las torpezas y los agravios de las instituciones españolas. De otra está el funcionamiento de una democracia pluscuamimperfecta, capaz de controlar algunos asuntos como sólo lo saben hacer los estados autoritarios: escondiendo la basura bajo la alfombra. Porque los radicales rusos existen y están organizados, no han desaparecido por ensalmo y podrían haber dado muchos dolores de cabeza que no han dado, ¿por miedo a las represalias o a cambio de facilidades para seguir a lo suyo cuando el mundial pase, así en Rusia como en otros países?

Paso al tema en parte deportivo y en parte no. Al final resulta que el VAR no ha acabado con el espectáculo futbolístico, este va camino de acabar por otras vías, pero no quiero adelantarme. Me he tirado unas cuantas horas detrás de la barra de un bar en los últimos años y el fútbol, no podía ser de otra manera, es uno de los tremas inevitables de conversación, siempre he defendido que no tenía sentido que en un negocio espectáculo, convertido en espectacular negocio con algo de deportivo, no se hubieran introducido hace mucho sistemas como los del rugby o el baloncesto para reducir drásticamente el posible error humano a la hora de aplicar el reglamento. Por esa razón no entendía ni entiendo algunos argumentos, sobre todo anteriores al inicio del mundial, que venían a hablar del final del fútbol a manos de la tecnología o poco menos, ya cuando el argumento de algún árbitro radiofónico es que los jugadores también se equivocan y nadie cuestiona por ello el resultado es para quedarse pasmado, como si una cosa fuera equivalente a la otra, ¿alguien se imagina que la respuesta a la queja de que el reloj de un campeonato de rápidas de ajedrez va mal y uno de los jugadores tiene diez veces menos tiempo que el otro fuera que los jugadores también se equivocan? Al final la principal polémica que pudo originar el VAR en este mundial fue por no usarlo en el penalti pitado a Mascherano, por suerte Argentina no quedo eliminada por ese error sino por su incapacidad futbolística. Creo que el VAR se acabará usando más y que no habrá en el futuro tanta discrecionalidad del árbitro para consultarlo o no en determinadas jugadas, creo que nos acostumbraremos y nos parecerá tan normal como ver a los porteros jugar con los pies sin que nos den las taquicardias que producía ver a Busquets padre con el pantalón del chándal y ejerciendo de líbero. Para una cosa que hace bien la FIFA no la desanimemos, al menos mientras no aparezca algún escándalo sobre la elección de un sistema u otro.

Finalmente el tema puramente deportivo. Se va a cerrar un mundial sin que una selección haya maravillado con su fútbol y sin que ningún jugador haya encandilado, ni de los ya consagrados ni de sorpresiva aparición. Dicho de otra manera, no se ha visto un fútbol vistoso. Lo digo desde la confesión de no haber visto todos, ni siquiera la mayoría, de partidos, es lo que tiene el trabajo asalariado, que la empresa se empeña en que le cumplas y no queda tiempo para más.

Sí he visto los suficientes como para constatar que parece enterrado el ciclo en el que el control del balón y el juego combinativo se imponían, El triplete español entre 2008 y 2012 y el juego de la Alemania campeona en Brasil en 2014 parecían hacer justicia poética a aquella selección holandesa que mereció ganar el mundial de 1974. Eso ha cambiado, el elevado porcentaje de goles a balón parado y el que buena parte de los de jugada hayan sido en contraataques ratifican la impresión que quedaba viendo los partidos.

Se confirma en este mundial un cambio de tendencia que ya se impuso en la Eurocopa de 2016, la que acabó ganando Portugal consiguiendo un único triunfo en el tiempo reglamentario, los famosos noventa minutos, en toda la competición, lo que deja claro que el campeón no fue un equipo que arrasará a base de buen fútbol a sus rivales. En este mundial Croacia se ha plantado en la final con dos victorias en la tanda de penaltis y una en la prórroga, ante equipos que no son ninguna potencia como es el caso de Rusia y Dinamarca.

Es cierto que el fútbol rácano se impuso de la mano de Grecia en la Eurocopa de 2004 y eso no tuvo continuidad, pero esta vez soy más pesimista, Francia tiene más enjundia futbolística y juega bien a su tacaña manera, gane o no la final todo apunta a que la primacía del fútbol de control defensivo y contrataque ha venido para quedarse. Sobre todo porque nadie defiende la necesidad de perseverar en el otro estilo, es más, se descalifica hablar tan siquiera de estilo, al menos en España que se lo debe casi todo a él, futbolísticamente hablando

Me callo las consideraciones por las que el desarrollo de las últimas ediciones de la Champions, a mi entender, refuerzan esta sensación, mi condición de antimadridista confeso y militante iba a devaluar el valor de lo antedicho. Estamos ante un nuevo periodo de supremacía del futbol atlético, en el que manden más la potencia de jugadores como Lukaku, la estatura de delanteros como Giroud o el esfuerzo incansable de Kanté que la velocidad del balón en las combinaciones, el saber posicionarse en el campo o tener una habilidad genial con el balón. Perderá el fútbol, ya está perdiendo el fútbol

Una última observación, si al menos ficharan de comentarista a Jorge Valdano ganaríamos en filosofía televisiva lo que en el campo se pierde en plasticidad, pero tampoco caerá esa breva

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