dilluns, 11 de febrer del 2019

¿QUÉ HA CAMBIADO?


Nos recuerda Joaquín Estefanía en este artículo que la estrategia de la crispación no es nueva, también nos explica algo substancial, el objetivo de las campañas exacerbadas no es conseguir que los votantes de izquierda pasen a votar a la derecha, sino conseguir que se abstengan. Después habla de Steve Bannon para resaltar las similitudes entre su estrategia de campaña con Donald Trump y lo que está haciendo la derecha española en estos momentos



Joaquín Estefanía podría haberse remontado más en el tiempo, las estrategias electorales a las que hace referencia se teorizaron y se pusieron en práctica hace décadas por el Partido Republicano estadounidense y en España ha pasado ya un cuarto de siglo desde que el PP de Aznar hizo lo propio con los últimos gobiernos de Felipe González, ciertamente entonces con la ayuda inestimable de hechos reales como los GAL o los casos de corrupción que afectaban al PSOE



En el Partido Republicano llegaron a la siguiente conclusión, es muy difícil que los votantes demócratas cambien masivamente el voto hacia los candidatos republicanos, pero si se tensa el ambiente político con temas transversales donde lo irracional pese más que lo reflexivo, donde prime más el corazón (lo visceral) que la cabeza (lo cerebral) se puede conseguir que un porcentaje substancial de ese electorado se quede en casa, asqueado, mientras que el votante tradicional republicano no se desmovilizará, bien porque ese tipo de temas son motivadores para ellos, bien porque son votantes más constantes. Asuntos como las políticas económicas y sociales se reducían a las consignas neoliberales en boga de menos impuestos y menos estado y las cuestiones de derechos civiles e individuales pasaban desapercibidas por el ruido de la campaña continua sobre los asuntos de los que interesaba hablar, tuvieran una base real o fueran en muchos casos magnificados, cuando no inventados



Ese tipo de planteamientos fueron importados unos años después por la derecha española. Ayudados por la irrupción de nuevos medios de comunicación tanto en prensa escrita como en radio y televisión, los dirigentes de PP en la oposición empezaron a usar temas diversos más o menos fundamentados para que el votante tradicional socialista se desmovilizara. Lo explicó con su tremenda lucidez Manuel Vázquez Montalbán en Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos, de muy recomendable relectura para ver, entre otras cosas, que el asunto de Catalunya no es nuevo como instrumento de desgaste político en el ámbito español



Como se juega con la desmemoria y el consumismo de la información (consumismo en el sentido de usar y tirar) nos parece que lo que está pasando ahora en España es aberrante, pero si retrocedemos sólo 15 años en nuestra memoria recordaremos cómo un invento del calibre de la teoría de la conspiración sobre el 11-M fue el gran caballo de batalla de la oposición del PP en la primera legislatura de Zapatero, o cómo se usó de forma irresponsable algo tan inocuo, visto en la perspectiva actual, como la reforma del Estatut, o cómo de fariseo era el mensaje contra reformas como la del aborto o la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo que después no se revirtieron, o cómo la lucha antiterrorista es tema de estado que no se puede usar políticamente para desgastar al gobierno sólo cuando este es del PP. Únicamente la crisis y la mala gestión gubernamental que se hizo de ella llevó el debate público a lo que podríamos denominar las cosas de comer



Porque la crisis de 2008 es el gran cambio, en España y en el mundo, que hace distinta la situación actual. Si se analizan los resultados en las elecciones generales en España desde 1993 vemos que hasta 2011, inclusive, se confirma el patrón, las grandes victorias del PP se deben tanto a sus votos como al incremento del abstencionismo en el electorado del PSOE que en su número de votos es una montaña rusa con hundimientos aparatosos en las legislaturas en las que el PP obtiene mayorías absolutas. Después el tablero político salta por los aires



Lo preocupante del presente es la crisis de las democracias, lo que se ha denominado de distintas maneras en función de la posición ideológica de cada cual (democracias burguesas, democracias liberales, democracias capitalistas, democracias occidentales) está resultando un instrumento inútil para hacer frente a lo que la crisis de 2008 ha puesto de manifiesto, el modelo capitalista neoliberal ha fracasado, al menos en el sentido de que lo que prometía se está incumpliendo sistemáticamente, otra cosa es si lo que prometían los teóricos del neoliberalismo fuera lo que pretendían en realidad. Se nos ha venido diciendo desde finales de los años 70 que lo que había que hacer era desregular y privatizar, bajar impuestos y dejar hacer al capital, que eso serviría para generar riqueza suficiente como para que todo el que quisiera (y no fuera un aspirante a parásito social vividor de subvenciones) pudiera vivir bien, cada vez mejor, porque además las nuevas tecnologías nos lo iban a permitir



La crisis de 2008 no es un pequeño accidente en el camino, por mucho que sigan aplicándose las mismas políticas económicas cualquiera con un mínimo de información constata que las desigualdades son crecientes y que las expectativas de futuro personal acostumbran a ser peores de lo que eran para las generaciones anteriores, al menos entre los antaño supuestamente privilegiados habitantes de las democracias occidentales. Los estados nación surgidos de la doble revolución de la que habló Hobsbawm en Las revoluciones burguesas (liberal e industrial) ya no pueden dar respuesta a los problemas de la población de cada uno de ellos, son incapaces de controlar las consecuencias para su ciudadanía de las decisiones del capital transnacional, en especial el financiero. La democracia pierde contenido y los sistemas autoritarios queda claro que no son incompatibles con el neoliberalismo económico



El crecimiento de la nueva extrema derecha, que no se siente heredera de los fascismos al menos en sus proclamas, tiene que ver con esa situación de desconcierto, se ofrecen aparentes seguridades centrando el objetivo no en la causas de la enfermedad, sino en los síntomas, no en los fallos sistémicos sino en lo que se visualiza de esos fallos, así las personas que trabajan en precario dentro o fuera de la norma legal, muchas veces pero no siempre inmigrantes, son responsables de todos los males, la inseguridad se asocia a los pobres pero no a la pobreza, quien vive en otro territorio se aprovecha de los esfuerzos que hacemos en el nuestro, etcétera. No es una extrema derecha que planteé otra política económica, sólo se proclama antisistema en el repliegue a verdades supuestamente incontestables que varían de un lugar a otro y tienen como nexo común un profundo conservadurismo social



Por tanto, la gran diferencia es que la confrontación crispada como estrategia electoral no tiene como consecuencia la alternancia en el gobierno, sino que se enmarca en el avance de posiciones políticas que progresan en la destrucción de la democracia, porque la inutilidad de las propuestas para dar respuesta a las necesidades de las personas, incluso cuando los datos macroeconómicos son positivos, da pie a modelos cada vez más autoritarios, con una división de poderes paulatinamente menos definida, el castigo a la disidencia y a la protesta, la limitación de libertades y la inaplicación de los derechos humanos reconocidos internacionalmente en nombre de la seguridad, etcétera. Ha sucedido en España y está sucediendo en Hungría, Italia, EEUU, amenaza claramente en Francia desde hace tiempo Es un peligro global, plena libertad para la economía privada sin control social y menores libertades, menor calidad democrática, para defender cualquier alternativa



Frente a eso también crece en el mundo la visión contraria, la que plantea, sin tener un modelo de referencia claro, la necesidad de hacer frente a esta oleada ultraconservadora y a las aberraciones de las políticas económicas neoliberales, en defensa de una mejor distribución de la riqueza, el mantenimiento de los equilibrios ecológicos del planeta y el respeto a los derechos individuales y colectivos. Es mucho más difícil sin tener una referencia a seguir, pero será mucho más productivo que tenerlas equivocadas y, sea como sea, resulta imprescindible

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