El movimiento popular en Catalunya es determinante
para que se produzca la Transición, no es extraño que sea así al tratarse de un
territorio fuertemente industrializado y con algunos de los núcleos de
población más importantes de España. Fue además el lugar donde más avanzó la
unidad antifranquista con un organismo unitario, la Assemblea de Catalunya,
bastante anterior (1971) a la muerte de Franco y con objetivos muy bien
definidos. Mientras que la Junta Democrática, inspirada en ella y creada en
1974, y la Plataforma de Convergencia Democrática, de 1975, sólo se unen en la
llamada Platajunta, y con recelos, en octubre de 1976, con la Ley de Reforma
política de Suárez ya en proceso de aprobación (aquí)
Por otra parte, en Catalunya se plantea como uno de
los puntos fundamentales el de la cuestión nacional, donde se mantiene la pugna
soterrada entre concepciones distintas de qué carácter debe tener el
catalanismo. En la Transición se entra con la hegemonía del catalanismo
progresista y de ella se sale con el catalanismo identitario gobernando por
décadas la Generalitat de Catalunya. Ese trasvase de hegemonías no fue fruto de
la casualidad
Aunque se remonta a antes del inicio de la
Transición es importante tener presente qué fue y cómo surge la Assemblea de
Catalunya que va a tener un papel determinante en la primera fase de la
Transición en Catalunya.
En la segunda mitad de los 60 empieza a romperse en
cordón sanitario que todas las formaciones antifranquistas aplican a los
comunistas del PSUC, la formación con mayor actividad y capacidad organizativa
del antifranquismo catalán. El PSUC es admitido en foros unitarios y del PSUC,
muy en concreto de Antoni Gutiérrez Díaz, el Guti, nace la idea de la Assemblea
de Catalunya que se pone en marcha a finales de 1971 con el objetivo de agrupar
tanto a formaciones políticas como a otro tipo de entidades y a intelectuales independientes.
Al impulso inicial se apuntan, además del PSUC, el MSC de Joan Raventós que
acabará siendo clave en la creación del PSC y la formaciones nacionalistas
radicales (FNC y PSAN), la presencia inicial de círculos próximos a Jordi Pujol
(aún no había creado partido) y de Unió Democràtica es menor
La novedad que introduce la Assemblea es su aspiración
de incorporar a todo el tejido social y extenderse por todo el territorio de
Catalunya, sobrepasar el marco de los acuerdos entre partidos y convertirse en
un instrumento del catalanismo popular. La incorporación de sindicatos, colegios
profesionales, movimiento vecinal, grupos cristianos de base y otros colectivos
le da una capacidad de influencia mucho mayor que la que habían tenido las
anteriores experiencias unitarias entre partidos.
El segundo gran éxito de la Assemblea fue acordar un
programa común claro, cuyos tres primeros puntos se concretaron en el conocido
lema de Llibertat, amnistía i Estatut d’Autonomia. El cuarto punto a menudo se
olvida, la coordinación con las fuerzas democráticas del resto del estado
Un tercer éxito de la Assemblea fue la
descentralización, no quedar reducida a Barcelona ciudad si no extenderse por
el territorio
La represión franquista no puede evitar su
funcionamiento, incluso la mayor operación contra ella, la caiguda dels 113 en
1973, sirve para darle un aura que le beneficia y para generar un movimiento de
solidaridad que acaba favoreciéndola
En los primeros meses de la Transición, muerto ya
Franco, en Catalunya la oleada de huelgas (aquí) se ve acompañada por las
grandes manifestaciones del 1 y el 8 de febrero de 1976 en Barcelona, duramente
reprimidas, y por la celebración del 11 de septiembre de 1976, con la primera
manifestación autorizada en todo el estado el 10 de septiembre en Terrassa y la
más conocida de Sant Boi el mismo día 11. En todos estos casos es la Assemblea
de Catalunya la convocante con la triple reivindicación de su lema encabezando
las movilizaciones
Ya a finales de 1976 empieza a observarse una cierta
división entre el catalanismo popular que impulsa la Assemblea y el catalanismo
conservador, Convergència Democràtica y Unió Democràtica se desmarcan de la
línea rupturista. La Assemblea impulsa la campaña Volem l’Estatut en 1977
Las elecciones generales del 15 de junio de 1977
suponen el punto de inflexión definitivo. En Catalunya, la victoria es para el
PSC seguido en número de votos por el PSUC (no en escaños por la ley electoral)
y el cuarto lugar en votos (segundo en escaños) es para la coalición encabezada
por Jordi Pujol. En el Senado la candidatura de la Entesa dels Catalans
consigue el pleno de los 12 elegidos a los que como máximo puede aspirar. El
voto no catalanista lo acapara la UCD de Suárez que no llega al 17%, muy por
detrás queda la AP de Fraga con el 3’5%
Con estos resultados se constituye de inmediato, el
25 de junio, la Assemblea de Parlamentaris con los diputados y senadores
elegidos en Catalunya. Reclaman, en la línea de la reivindicación de la
Assemblea de Catalunya que ya está en proceso de disolución, la restitución de
la Generalitat republicana. Pero el dato que explica lo que ocurre en los meses
posteriores es la clara mayoría de socialistas y comunistas, cualquier fórmula
de organismo provisional que elabore el nuevo Estatut, que ya se ve como
inevitable en Madrid, parece presentar el problema de una dirección encabezada
por Joan Raventós y con importante presencia comunista, tema de suma
trascendencia en la España posfranquista y en el bloque occidental de la Guerra
Fría
Suárez da uno de sus golpes de efecto, el gobierno
mantiene contactos desde hace meses con Josep Tarradellas y este a su vez se
ofrece haciendo gala de su anticomunismo como gran argumento. Ante el panorama
que dibujan los resultados electorales en Catalunya Suárez opta por la
restitución de la Generalitat republicana como mal menor, una jugada con riesgo
que resulta una jugada maestra, como en otras ocasiones sucedió con las
decisiones sobre la marcha que adopta Adolfo Suárez.
De esta forma se gana tiempo, los dos años de
gobierno sin competencias efectivas, dedicados a la elaboración del Estatut de
Sau y con un Govern en el que se diluye el protagonismo del catalanismo popular
dan pie a una reorientación de la situación. Cualquier fórmula encabezada por
Joan Raventós (el PSC no tenía nada que ver con el actual) y decantada hacia
ese catalanismo popular hubiera capitalizado el proceso y difícilmente hubiera
sido apartado de la presidencia de la Generalitat que resultara.
El 20 de marzo de 1980, tras la aprobación del nuevo
Estatut con muchas más competencias que el de 1932 y cerrando un ciclo
electoral agotador (entre diciembre de 1978 y octubre de 1979 se celebran el
referéndum de la constitución, elecciones generales en marzo, elecciones
municipales en abril y referéndum del Estatut) se celebran la elecciones al
Parlament. El catalanismo conservador utiliza todos los medios posibles, hasta
el punto de que la patronal catalana Fomento de Trabajo, no especialmente
atraída por el catalanismo como indica que aún mantuviera su nombre en
castellano, dedica entre 300 y 400 millones de la época, un dineral, para hacer
su propia campaña en un doble sentido, intentar reducir al máximo el voto a social-comunista (PSC y PSUC) e influir en los
acuerdos postelectorales para favorecer un gobierno “no marxista”. Una ley electoral
que prima el voto de los territorios menos poblados, la Catalunya rural y una
abstención diferencial, desigualmente repartida y que alcanza casi el 40% en
estas elecciones (un fenómeno que va a ser una constante en las elecciones al
Parlament hasta 2015) dan la victoria a Jordi Pujol con 43 escaños, pero la suma
de PSC y PSUC suma 58, el 41% de los votos frente al 28% de CiU. Si Jordi Pujol
accede a la presidencia de la Generalitat en la sesión del 24 de abril es
porque cuenta con los votos de la UCD de Adolfo Suárez (18 escaños) y de la ERC
de Heribert Barrera (14 escaños)
ERC puede decantar el resultado dando pie a un gobierno
representante del catalanismo popular y progresista, en 1980 nadie pone
seriamente en duda el compromiso catalanista del PSC ni del PSUC, pero optó por
votar con el catalanismo conservador y con la representación de la derecha
españolista en Catalunya, en ello influye el anticomunismo de Heribert Barrera,
su alergia a los partidos con relaciones con otros de ámbito estatal (por lo
visto su aprensión no afecta a la UCD) y su propio planteamiento nacionalista
identitario, pero también la ayuda económica que ERC recibe en las elecciones desde
Fomento del Trabajo para alejarse del “frente marxista”
En la confrontación por la hegemonía en el mundo del
catalanismo lo sucedido entre el 15 de junio de 1977 y el 24 de abril de 1980
resulta determinante, desde el control de la Generalitat se trabaja en adelante
para el trasvase de la que tuvo el catalanismo popular hacia el nacionalismo
esencialista y conservador, los intentos posteriores de romper la hegemonía del
pujolismo y su legado no han fructificado hasta el presente, pero de eso ya se
tratará en una próxima entrada
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