dimarts, 9 d’octubre del 2018

EL CATALANISMO EN LA TRANSICIÓN




El movimiento popular en Catalunya es determinante para que se produzca la Transición, no es extraño que sea así al tratarse de un territorio fuertemente industrializado y con algunos de los núcleos de población más importantes de España. Fue además el lugar donde más avanzó la unidad antifranquista con un organismo unitario, la Assemblea de Catalunya, bastante anterior (1971) a la muerte de Franco y con objetivos muy bien definidos. Mientras que la Junta Democrática, inspirada en ella y creada en 1974, y la Plataforma de Convergencia Democrática, de 1975, sólo se unen en la llamada Platajunta, y con recelos, en octubre de 1976, con la Ley de Reforma política de Suárez ya en proceso de aprobación (aquí)

Por otra parte, en Catalunya se plantea como uno de los puntos fundamentales el de la cuestión nacional, donde se mantiene la pugna soterrada entre concepciones distintas de qué carácter debe tener el catalanismo. En la Transición se entra con la hegemonía del catalanismo progresista y de ella se sale con el catalanismo identitario gobernando por décadas la Generalitat de Catalunya. Ese trasvase de hegemonías no fue fruto de la casualidad

Aunque se remonta a antes del inicio de la Transición es importante tener presente qué fue y cómo surge la Assemblea de Catalunya que va a tener un papel determinante en la primera fase de la Transición en Catalunya.

En la segunda mitad de los 60 empieza a romperse en cordón sanitario que todas las formaciones antifranquistas aplican a los comunistas del PSUC, la formación con mayor actividad y capacidad organizativa del antifranquismo catalán. El PSUC es admitido en foros unitarios y del PSUC, muy en concreto de Antoni Gutiérrez Díaz, el Guti, nace la idea de la Assemblea de Catalunya que se pone en marcha a finales de 1971 con el objetivo de agrupar tanto a formaciones políticas como a otro tipo de entidades y a intelectuales independientes. Al impulso inicial se apuntan, además del PSUC, el MSC de Joan Raventós que acabará siendo clave en la creación del PSC y la formaciones nacionalistas radicales (FNC y PSAN), la presencia inicial de círculos próximos a Jordi Pujol (aún no había creado partido) y de Unió Democràtica es menor

La novedad que introduce la Assemblea es su aspiración de incorporar a todo el tejido social y extenderse por todo el territorio de Catalunya, sobrepasar el marco de los acuerdos entre partidos y convertirse en un instrumento del catalanismo popular. La incorporación de sindicatos, colegios profesionales, movimiento vecinal, grupos cristianos de base y otros colectivos le da una capacidad de influencia mucho mayor que la que habían tenido las anteriores experiencias unitarias entre partidos.

El segundo gran éxito de la Assemblea fue acordar un programa común claro, cuyos tres primeros puntos se concretaron en el conocido lema de Llibertat, amnistía i Estatut d’Autonomia. El cuarto punto a menudo se olvida, la coordinación con las fuerzas democráticas del resto del estado

Un tercer éxito de la Assemblea fue la descentralización, no quedar reducida a Barcelona ciudad si no extenderse por el territorio

La represión franquista no puede evitar su funcionamiento, incluso la mayor operación contra ella, la caiguda dels 113 en 1973, sirve para darle un aura que le beneficia y para generar un movimiento de solidaridad que acaba favoreciéndola

En los primeros meses de la Transición, muerto ya Franco, en Catalunya la oleada de huelgas (aquí) se ve acompañada por las grandes manifestaciones del 1 y el 8 de febrero de 1976 en Barcelona, duramente reprimidas, y por la celebración del 11 de septiembre de 1976, con la primera manifestación autorizada en todo el estado el 10 de septiembre en Terrassa y la más conocida de Sant Boi el mismo día 11. En todos estos casos es la Assemblea de Catalunya la convocante con la triple reivindicación de su lema encabezando las movilizaciones

Ya a finales de 1976 empieza a observarse una cierta división entre el catalanismo popular que impulsa la Assemblea y el catalanismo conservador, Convergència Democràtica y Unió Democràtica se desmarcan de la línea rupturista. La Assemblea impulsa la campaña Volem l’Estatut en 1977

Las elecciones generales del 15 de junio de 1977 suponen el punto de inflexión definitivo. En Catalunya, la victoria es para el PSC seguido en número de votos por el PSUC (no en escaños por la ley electoral) y el cuarto lugar en votos (segundo en escaños) es para la coalición encabezada por Jordi Pujol. En el Senado la candidatura de la Entesa dels Catalans consigue el pleno de los 12 elegidos a los que como máximo puede aspirar. El voto no catalanista lo acapara la UCD de Suárez que no llega al 17%, muy por detrás queda la AP de Fraga con el 3’5%

Con estos resultados se constituye de inmediato, el 25 de junio, la Assemblea de Parlamentaris con los diputados y senadores elegidos en Catalunya. Reclaman, en la línea de la reivindicación de la Assemblea de Catalunya que ya está en proceso de disolución, la restitución de la Generalitat republicana. Pero el dato que explica lo que ocurre en los meses posteriores es la clara mayoría de socialistas y comunistas, cualquier fórmula de organismo provisional que elabore el nuevo Estatut, que ya se ve como inevitable en Madrid, parece presentar el problema de una dirección encabezada por Joan Raventós y con importante presencia comunista, tema de suma trascendencia en la España posfranquista y en el bloque occidental de la Guerra Fría

Suárez da uno de sus golpes de efecto, el gobierno mantiene contactos desde hace meses con Josep Tarradellas y este a su vez se ofrece haciendo gala de su anticomunismo como gran argumento. Ante el panorama que dibujan los resultados electorales en Catalunya Suárez opta por la restitución de la Generalitat republicana como mal menor, una jugada con riesgo que resulta una jugada maestra, como en otras ocasiones sucedió con las decisiones sobre la marcha que adopta Adolfo Suárez.

De esta forma se gana tiempo, los dos años de gobierno sin competencias efectivas, dedicados a la elaboración del Estatut de Sau y con un Govern en el que se diluye el protagonismo del catalanismo popular dan pie a una reorientación de la situación. Cualquier fórmula encabezada por Joan Raventós (el PSC no tenía nada que ver con el actual) y decantada hacia ese catalanismo popular hubiera capitalizado el proceso y difícilmente hubiera sido apartado de la presidencia de la Generalitat que resultara.

El 20 de marzo de 1980, tras la aprobación del nuevo Estatut con muchas más competencias que el de 1932 y cerrando un ciclo electoral agotador (entre diciembre de 1978 y octubre de 1979 se celebran el referéndum de la constitución, elecciones generales en marzo, elecciones municipales en abril y referéndum del Estatut) se celebran la elecciones al Parlament. El catalanismo conservador utiliza todos los medios posibles, hasta el punto de que la patronal catalana Fomento de Trabajo, no especialmente atraída por el catalanismo como indica que aún mantuviera su nombre en castellano, dedica entre 300 y 400 millones de la época, un dineral, para hacer su propia campaña en un doble sentido, intentar reducir al máximo el voto a  social-comunista (PSC y PSUC) e influir en los acuerdos postelectorales para favorecer un gobierno “no marxista”. Una ley electoral que prima el voto de los territorios menos poblados, la Catalunya rural y una abstención diferencial, desigualmente repartida y que alcanza casi el 40% en estas elecciones (un fenómeno que va a ser una constante en las elecciones al Parlament hasta 2015) dan la victoria a Jordi Pujol con 43 escaños, pero la suma de PSC y PSUC suma 58, el 41% de los votos frente al 28% de CiU. Si Jordi Pujol accede a la presidencia de la Generalitat en la sesión del 24 de abril es porque cuenta con los votos de la UCD de Adolfo Suárez (18 escaños) y de la ERC de Heribert Barrera (14 escaños)

ERC puede decantar el resultado dando pie a un gobierno representante del catalanismo popular y progresista, en 1980 nadie pone seriamente en duda el compromiso catalanista del PSC ni del PSUC, pero optó por votar con el catalanismo conservador y con la representación de la derecha españolista en Catalunya, en ello influye el anticomunismo de Heribert Barrera, su alergia a los partidos con relaciones con otros de ámbito estatal (por lo visto su aprensión no afecta a la UCD) y su propio planteamiento nacionalista identitario, pero también la ayuda económica que ERC recibe en las elecciones desde Fomento del Trabajo para alejarse del “frente marxista”

En la confrontación por la hegemonía en el mundo del catalanismo lo sucedido entre el 15 de junio de 1977 y el 24 de abril de 1980 resulta determinante, desde el control de la Generalitat se trabaja en adelante para el trasvase de la que tuvo el catalanismo popular hacia el nacionalismo esencialista y conservador, los intentos posteriores de romper la hegemonía del pujolismo y su legado no han fructificado hasta el presente, pero de eso ya se tratará en una próxima entrada

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