Para entender la Catalunya de la Transición es imprescindible
entender dicho proceso histórico en su conjunto, lo que no resulta fácil porque
lo que ya puede considerarse un episodio de la historia se sigue viendo como un
elemento de debate político y social presente, si aún sucede con la Guerra
Civil con más motivo en este caso. El problema es que nos encontramos con
versiones maniqueas que aclaran poco lo que ocurre en aquellos momentos
Dos versiones aparentemente contrapuestas, pero en
el fondo coincidentes suelen explicitarse en torno a lo ocurrido en el periodo
que va de la muerte de Franco a un momento discutido que supone el fin de este
proceso: aprobación de la constitución, golpe del 23-F, victoria del PSOE en
1982 se sitúan como momentos del fin de la Transición por diferentes motivos
La versión que podría considerarse oficialista es
una hagiografía de Juan Carlos I, según ella todo lo que pasa tras la muerte de
Franco es lo que el rey tiene previsto y va llevando el rumbo de la nave, en
circunstancias muy adversas, hasta una democracia plena que permite que España
viva una etapa de prosperidad sin igual. Los hechos que jalonan la navegación
de la nave son obstáculos que ese moderno Ulises evita, al tiempo que introduce
cambios paulatinos que conducen al fin buscado desde el principio, apoyándose en
un grupo reducido de personas de su confianza que le ayudan a conseguirlo
La versión opuesta viene a defender que el
resultante de la Transición es un sistema heredero directamente del franquismo,
en él los herederos del régimen dictatorial mantienen el control de los
resortes de poder con lo que las imperfecciones democráticas son de tal
magnitud que España no es una auténtica democracia. Para que tal cosa suceda es
condición necesaria la abdicación de las fuerzas antifranquistas en relación a
los objetivos que con anterioridad habían planteado
Al final, ambas versiones coinciden en lo
fundamental: la Transición fue lo que los sucesores de Franco, de forma muy
especial el rey, quisieron que fuera. Discrepan en que para unos el resultado
es algo maravilloso y para otros un aberrante híbrido de democracia con
supervivencias dictatoriales. Ninguna de las dos visiones aguanta un análisis
histórico mínimamente riguroso. La Transición es el resultado de la
confrontación de dos impotencias, la de la oposición antifranquista para
imponer una ruptura y hacer borrón y cuenta nueva y la de los franquistas para
mantener el sistema con un lavado de cara lo más leve posible.
Juan Carlos I encarga su primer gobierno a Carlos
Arias Navarro que ya es presidente del gobierno desde el asesinato de Carrero
Blanco en diciembre de 1973. Ni la composición del ejecutivo ni las políticas que
pretende el gobierno desarrollar suponen avances substanciales hacia la
democracia. El rey no se atreve o no quiere forzar cambios acelerados
Lo que sucede en el primer semestre de 1976 desborda
los cálculos de los jerarcas del régimen. Una oleada de huelgas se extiende por
todo el país, con una inflación que se acerca al 20% y que ya había rondado el
15% en 1975 la negociación de los convenios apremia, la ilegalidad de la huelga
y de los sindicatos obreros hace que las reivindicaciones políticas sean
inseparables de las que afectan estrictamente a las condiciones laborales
La situación es explosiva, se recuerda habitualmente
la muere en marzo de 1976 de los 5 trabajadores de Vitoria y de los más de 100
heridos de bala en aquella brutal intervención policial, pero sería un error
pensar que fue un caso aislado de lucha. Dos semanas antes la huelga general de
Sabadell consiguió la dimisión del alcalde franquista y el inusual acuerdo de
liberar a los detenidos durante el conflicto, que venía de atrás pero se había
agudizado por otra muerte violenta por disparo de bala. El rosario de
conflictos laborales afectaba a todos los sectores de actividad y era más
intenso, lógicamente, en las zonas más industrializadas
Confluyen también reivindicaciones vecinales, en la
enseñanza, etcétera. España es un hervidero y la tensión política y social
viene acompañada de víctimas, incluidas las mortales, entre los manifestantes y
activistas antifranquistas, sea a manos de la policía o de la extrema derecha,
víctimas con frecuencia olvidadas en el relato de los hechos
La presión ciudadana, el temor también de las
embajadas occidentales a que todo acabe en una situación peligrosa para sus
intereses (estamos en plena Guerra Fría y con Portugal, por ejemplo, en una
situación complicada para los intereses de los USA) y, en definitiva, lo
insostenible de la situación fuerzan el cambio de gobierno en julio de 1976. El
primer gobierno de la monarquía ha durado poco más de medio año
Adolfo Suárez viene de la Secretaría General del
Movimiento, partido único del franquismo, pero va a ser un pragmático que en
cada circunstancia va a buscar las salidas, en ocasiones sorprendentes, que más
le convienen para mantener el gobierno. Empieza a haber gestos y medidas que apuntan
a un cambio más profundo, sin duda en connivencia con el rey, aunque buena
parte de las decisiones que se adoptarán en los meses sucesivos no estaban
previstas en julio de 1976.
El primer gesto es una muy tímida amnistía ya en
julio de 1976, pero los cambios más profundos que se pretenden se plasman
durante el otoño en la Ley de Reforma Política, pactada con las distintas “sensibilidades”
del régimen franquista, excepto los más irreductibles nostálgicos, y con
compromisos que después resultan claves (como el sistema electoral que favorece
un mayor peso del voto rural de las provincias de menor población) o se
incumplen (como no legalizar al partido comunista)
El debate y el referéndum de ratificación del 15 de
diciembre de 1976 son un pulso con el sector más inmovilista (con el voto en contra
de un no despreciable 20% de las Cortes franquistas) y con el grueso de la
oposición democrática (hay excepciones significativas, muy significativas en el
caso de Catalunya) La campaña pidiendo la abstención cuenta con el apoyo de
PSOE y PCE-PSUC, así como de las organizaciones sindicales clandestinas, y tiene
escaso impacto, la participación es de
un 78% y los votos a favor del 94%
Pero no todo el guion está escrito y las
circunstancias llevan a la legalización de los comunistas en abril de 1977 tras
quedar demostrado después de la matanza de Atocha, en enero, que era inviable
la normalidad si debía enfrentarse a su capacidad movilizadora en la
clandestinidad, en especial a través de CC.OO.
Tampoco se explicita en ningún momento antes de las
elecciones que las Cortes elegidas el 15 de junio de 1977 se conviertan en
constituyentes, es tras la elecciones que se da el giro a la situación y
empieza a elaborarse la constitución aprobada en 1978
Por su parte, las organizaciones que defienden la
ruptura democrática y que muestran ya la limitación de su capacidad en el referéndum
del 15 de diciembre, constatan la inviabilidad de la propuesta rupturista, el
PCE no alcanza el 10% de los votos en 1977 pese a haber sido la organización más
activa del antifranquismo con diferencia. Las amenazas involucionistas son
permanentes en un ejército con la mayoría de mandos alineados con el franquismo
y con los atentados de ETA aguzando su descontento
La suma de debilidades en una situación compleja
también en lo económico, con una inflación que sigue subiendo y supera el 25%
interanual a mitad de 1977, la posibilidad de canalizar los conflictos por vías
institucionales y un cierto cansancio en las movilizaciones (los primeros
síntomas del desencanto) van delimitando las reglas de juego que se reflejan en
acuerdos como los Pactos de la Moncloa en otoño de 1977 y en la propia
constitución de 1978
Una nueva muestra del equilibrio de debilidades lo
dan las elecciones generales y municipales de 1979, celebradas con apenas un
mes de diferencia y con la constitución ya en vigor. El 1 de marzo las
generales confirman a la UCD de Suárez, el PSOE no capitaliza totalmente la
absorción del PSP de Tierno Galván, el PCE-PSUC crece hasta los casi 2 millones
de votos pero sigue rondando el 10%, desciende mucho la AP de Fraga, presentada
con otro nombre, pero a cambio consigue representación el franquismo más
recalcitrante con el escaño de Blas Piñar por Fuerza Nueva. No hay grandes
cambios, por tanto, en relación a dos años antes, pero el 3 de abril el apoyo
mutuo de socialistas y comunistas hace que se repartan las alcaldías de las
principales ciudades de España, tanto grandes capitales como ciudades
industriales con mucha más población que la mayoría de capitales de provincia
españolas
El ocaso de Suárez, incluyendo la pérdida de apoyo
del monarca, pero sobre todo, marcado por las guerras internas en su propio
partido, la crisis económica que persiste y la violencia de ETA en este periodo
culmina con su dimisión en enero de 1981 y el golpe del 23 de febrero tres
semanas después. Los muchos interrogantes sobre este final abrupto de la
Transición no son objeto de esta entrada
El resultado final no puede ser otro que la
plasmación de los equilibrios existentes. Hay amnistía para los presos
políticos del franquismo, pero se extiende a los delitos franquistas, se avanza
progresivamente en la estabilidad institucional pero a cambio de no tocar casi
nada en poderes claves como el judicial. España se transforma en una democracia
equiparable a la de los países de su entorno, lo que implica carencias importantes,
se equivoca quien crea intachables las democracias occidentales, eso es más
fruto de una idealización que de ninguna realidad, como es una ficción que la
democracia liberal sea capaz de dar respuesta a todos los conflictos y
problemas. En este sentido conviene situar que buena parte de las carencias que
se achacan a la Transición son más consecuencia de los cambios que se producen
en el mundo desde entonces que dinámicas propias, la ortodoxia económica
neoliberal sustituye a la keynesiana desde finales de los 70 y convierte en
papel mojado buena parte de las disposiciones constitucionales, la
globalización sin reglas ni control sobre los movimientos de capitales y la economía
financiera es en la práctica más decisiva que los artículos que hablan del
derecho a la vivienda o al trabajo, por ejemplo
Ese tema, el de la soberanía real de los estados
actuales, es apasionante, pero no el objeto de esta entrada que sólo pretende
realizar una aproximación a lo que fue la Transición española para poder tratar
próximamente cómo cristalizó en Catalunya y con qué consecuencias
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada