Conocí a Javier en el congreso de Benidorm. En realidad lo conocí después, allí sólo lo vi por primera vez, en el congreso de la federación estatal de hostelería de CC.OO. en el que resultó elegido secretario general contra todo (o casi todo) pronóstico. Aquel fue un congreso surrealista con no pocos elementos de esperpento, digno de una película berlangiana de aquellas corales, del tipo Todos a la cárcel. Si no yerro en los cálculos fue en octubre del 87, el sindicato era un hervidero de corrientes (más que de costumbre) a causa de las múltiples rupturas de un PCE en crisis continua desde principios de la década.
Me entretengo en los pormenores porque aquello, además de trascendente en la vida de Javier, dice mucho sobre él. Simplificando, Juan Jesús, el secretario general saliente, era carrillista, Ginés era el responsable de organización y el candidato, en teoría favorito, a la secretaría general por los próximos al PCPE de Ignacio Gallego, había un grupo de delegados y delegadas con planteamientos más radicales (con bastante peso en la delegación catalana, por ejemplo) y lo que ahora se denominaría mayoría sindical, afín a la dirección de la confederación sindical por entonces dirigida aún por Marcelino Camacho. Treinta y cinco años después suena a lo del Frente Judaico de Liberación de La vida de Brian, pero por entonces no era cosa de broma para nosotros. La mayoría de los que votamos a Javier en aquel congreso no lo conocíamos, era el candidato que había propuesto Ricardo Caro, de Baleares, y nunca me comentó ninguno de los dos qué movió a Javier a aceptar semejante papel: por entonces era responsable de la Unión Insular de Ibiza y nada de lo que se podía intuir resultaba atractivo.
Al final resultó elegido secretario general porque los que estaban de acuerdo en oponerse a la línea sindical mantenida por la dirección confederal (si somos sinceros, ese tema pesaba más en tirios y en troyanos que el debate sobre lo que se había hecho o se proponía para la federación de hostelería) no se pusieron de acuerdo en un candidato común. Incluso llegó haber una oferta, rechazada, de los "oficialistas" de aceptar un secretario general de la otra "familia" con opciones si el propuesto en concreto era Ruda en lugar de Ginés. El más votado fue Javier, con el precio de estar en minoría en la comisión ejecutiva que se eligió al mismo tiempo y con el augurio de un mandato imposible, al menos el que nos hizo su rival en la votación in situ, en la mesa donde yo estaba comiendo antes de iniciar el regreso a Catalunya.
Las cosas resultaron de otra manera, Javier fue secretario general en tres mandatos y cuando la federación se fusionó con la de comercio, a punto de cambiar de milenio, fue el máximo responsable de la organización resultante con el nombre de FECOHT-CC.OO. De hecho, en pocos meses uno de los supuestos opositores que se suponía le iba a hacer la vida imposible estableció con él una amistad que fue más allá del acuerdo o desacuerdo con las posturas sindicales. En ocasiones recordaba Javier cómo compartió bolsas de pipas con Luis Arévalo esperando un tren o un autobús para regresar a Madrid, ese tipo de vivencias y los whiskies tomados al salir de la federación les unieron más de lo que podían separarles las diferencias en gustos musicales, los distintos grados de interés por la lectura o que uno fuera del Madrid y el otro colchonero.
Javier sustituyó vivir al borde del mar en Ibiza por un piso en Móstoles con una situación interna muy complicada y con una finanzas federativas más que precarias, tanto como para que durante algún tiempo ni siquiera estuviera dado de alta en la seguridad social a pesar de estar a dedicación total en el sindicato, cosas que pasaban en aquellos tiempos y que le acabaron perjudicando cuando necesitaba jubilarse.
Que las disputas políticas afectaran a la vida interna del sindicato no significaba que este no se moviera sobre todo por dinámicas propias, dos años más tarde la situación estaba mucho más calmada. En diciembre del 89, poco antes de navidad, Javier estuvo en Catalunya, teníamos por la noche una asamblea en Lloret de Mar (donde CC.OO. empezábamos a levantar cabeza tras lograr la readmisión de los candidatos despedidos en las elecciones del hotel Selva Mar) y de allí se iba al día siguiente a iniciar una huelga de hambre en el parador de Baiona, en Pontevedra, junto a los miembros del comité de empresa. Aquí las fechas son exactas porque he tenido que tirar de hemeroteca, estuvieron 20 días sin comer y cuando le pregunté a Javier el porqué de una forma de protesta tan inusual en las prácticas del sindicato vino a decirme, sobre poco más o menos, que no había otra alternativa. El día de Reyes de 1990 subí al local de Lleida, allí estaban Bravo, secretario general de la unión, Vázquez, de organización y Aurea Pardo, delegada del parador de Viella con algún otro compañero del parador, estuvimos hablando con la gente de Baiona, ya habían pasado todas las navidades en huelga de hambre y les quedaban aún cuatro días antes de desconvocarla tras alcanzar un acuerdo. Más adelante cuadraron algunas cosas que por entonces no me comentó Javier y es que, al margen del conflicto concreto en ese parador por unas sanciones, estaba en riesgo que parte de los delegados de CC.OO. del conjunto de la red en España se pasaran a la CGT.
Sirvan estos dos momentos ya lejanos para recordar a Javier. Durante años mantuvimos una relación habitual por motivo de nuestras responsabilidades, en reuniones del consejo confederal o en congresos de la federación, estatales o del ámbito de Catalunya, para elaborar la plataforma del convenio marco estatal de hostelería, para propuestas de política turística, para hacerle ver a la confederación que no debía oponerse a la idea de los viajes del IMSERSO que podían favorecer la desestacionalización y mejorar el empleo en el sector, en viajes suyos para asambleas y reuniones en Catalunya, desplazamientos a Barcelona que durante un tiempo fueron, por desgracia, más habituales porque su hermana estaba siendo tratada en el hospital de San Pablo de un cáncer raro y sólo podían atenderla allí, aunque finalmente no lo pudo superar. No fueron pocas las ocasiones en las que él, Arévalo o Avelino durmieron con el hierro del sofá cama del comedor de mi piso clavado en su espalda hasta que la situación económica de la federación empezó a no ser tan precaria, En definitiva, algo que debió de sucederle a muchos compañeros y compañeras de otros territorios de España durante los muchos años que estuvo al frente de la federación de hostelería, primero, y de la FECOHT, después. Como los míos habrá recuerdos de multitud de compañeros y compañeras del sindicato de muchas comunidades autónomas porque fue viajero infatigable como correspondía a sus funciones en el sindicato. Que cada cual rememore las que quiera para sí mismo o para compartirlas.
En 2004 yo dejé mis responsabilidades en la federación de Catalunya y desde entonces mis relaciones con Javier se limitaron a algunas llamadas telefónicas que no llegaban a ser ni de higos a brevas, la última el pasado verano cuando Toni García me comentó que estaba bastante fastidiado de salud, algo que me confirmó su dificultad para hablar cuando lo llamé. Murió el 9 de noviembre, estar de vacaciones me permitió ir al velatorio al día siguiente. Al llegar al tanatorio de san Isidro descubrí, buscando la sala donde estaba, que su nombre completo era Francisco Javier, nunca acabamos de conocer todo sobre nadie, aunque para mi lo fundamental sobre Javier lo sé desde hace mucho tiempo,
Lo primero que escribí en este bloc fue en memoria de Manuel García Murillo, ahora hacía meses que no escribía una entrada nueva, me ha costado hacer esta porque a la tristeza de hablar del fallecimiento de un buen compañero y una buena persona se une una sensación de amargura, Javier González Martino merecía el recuerdo de mucha más gente de la que pasó por el tanatorio y del sindicato. Quizá todas las organizaciones humanas tengan un punto de cainitas, pero eso no me consuela porque la fraternidad debería de ser un principio básico en las que tienen como razón de ser la defensa de la clase trabajadora.
Hasta siempre, Javier
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