diumenge, 19 d’abril del 2026

LA II REPÚBLICA EN EL CONTEXTO EUROPEO

El pasado 16 de abril, en el marco de los actos para conmemorar la proclamación de la II República, preparé una intervención. El compañero Juanma Tapia, uno de los asistentes (pocos, hay que decirlo) me conminó a poner las cosas por escrito, algo que suele hacer porque con buen criterio, como casi siempre en lo que él hace, insiste en que las reflexiones que hacemos si no quedan por  escrito se pierden. Yo añado que si no se escriben las cosas, incluso aunque se grabe lo que se dice y creamos que perdidas entre los millones de horas que pululan por la distintas redes sociales están a disposición de cualquiera, esas cosas se pierden: escritas quizá no lleguen a muchísima gente, pero sí a las personas que tienen interés.

Así pues, procedo a hacerle caso a Juanma y pongo algo nuevo en el bloc, después de mucho tiempo y aclarando dos cosas. La primera es que lo que sigue es una recreación de la intervención a partir del guion que preparé y tirando de memoria, no es una transcripción literal de lo dicho en aquella charla coloquio. La segunda es que tanto el guion como la intervención fueron en catalán y lo que sigue estará en castellano, aspiro a que alguna persona de fuera de Catalunya pueda tener interés por la temática y así se facilitan las cosas.

Dicho lo anterior, lo que sigue es la antedicha recreación.

LA II REPÚBLICA EN EL CONTEXTO EUROPEO

Eratóstenes era un matemático y astrónomo que falleció en Alejandría en el 194 antes de Cristo, para entonces ya había llegado a la conclusión de que la Tierra es esférica y hecho un cálculo de la circunferencia terrestre que daba un valor muy cercano a lo que hoy sabemos que es cierto. Puede decirse que para llegar a eso no tuvo más medios que su capacidad de pensar. Pero eso no se lo expliques a un terraplanista porque lo de pensar de forma crítica no está en sus planes, sólo el creer en aquello en lo que quiere creer. Traigo esto a colación porque nos pasa algo parecido con las ideas que difunden un puñado de pseudohistoriadores en relación a la II República, empeñados en no hacer caso a la historiografía seria y rigurosa para poder alimentar la verborrea de la ínclita Esperanza Aguirre que dice sin inmutarse que la guerra empezó en 1934. Es sólo un ejemplo.

Yo voy a hablar hoy poco de la República, no vale la pena esforzarse en desmontarse esos disparates. Lo que voy a hacer es intentar utilizar otro enfoque para acercarnos a aquel momento histórico, utilizando un perspectivas temporal y espacial distintas de las habituales.

Por lo que respecta al enfoque temporal llevo ya tiempo preguntándome porque asumimos con tanta tranquilidad que en la temporalización de la historia de España se pase del Sexenio Revolucionario a la Restauración y después a la República y la Guerra Civil como si fuera un tándem inseparable. La España de 1876 se parece como un huevo a una castaña a la de los años 20 durante la dictadura de Primo de Rivera y eso va en un mismo periodo. Y colocar en un mismo paquete a la República y la Guerra nos coloca como mínimo psicológicamente predispuestos a ver una cosa como consecuencia de la otra. Si lo pensamos bien sería más lógico hablar de Guerra Civil y Franquismo, a fin de cuentas, durante la guerra el gobierno republicano no pudo desarrollar su programa político y social, bastante tenía con ver cómo resistía lo que le estaba viniendo encima, en cambio, fue durante los años de la guerra que el régimen de Franco se dotó de una estructura institucional que fue la base sobre la que se sostuvo a lo largo de toda su existencia.

Por lo que respecta al enfoque territorial, el éxito de los estados nación ha impulsado la existencia de historias nacionales, incluso en la naciones sin estado, que acostumbran a verse como entes autónomos, originales y sólo hablan de otras naciones para explicar conflictos y pugnas frente a ellas. La realidad es que el homo sapiens es protagonista de una historia mundial desde que salió de África y se extendió por todo el planeta como si fuera una especie invasora, la historia de los pueblos de la península ibérica no se entiende sin las interacciones con fenicios, griegos y romanos, sin las llamadas invasiones bárbaras no se podría hablar de esos godos que para el nacionalismo español son el origen de la nación, etcétera. Hablaré de Europa y un poco de resto del mundo casi más que de España.

Acabaré hablando delos valores republicanos, una manera de intentar hacer aquello que decía el hispanista Pierre Vilar, cuando nos esforzamos en intentar comprender por qué pasaron las cosas y cómo pasaron en el pasado estamos en mejores condiciones para entender el presente

Voy a abordar el tema de la II República desde el contexto de lo que pasó en Europa en el periodo de entreguerras, entre 1918 y 1939. Comienzo con un listado de hechos extraídos del atlas histórico:

En octubre de 1922 Mussolini llega al poder en Italia, aún no es un estado enteramente fascista, pero lo será desde finales de 1925

En junio de 1923 se produce un golpe de estado en Bulgaria y accede al poder Tsankov

En octubre de 1923 Kamal Ataturk se hace con el poder en Turquía

En enero de 1925, Ahmed Zogu es nombrado presidente de Albania, será una dictadura hasta que Albania sea ocupada por Italia en abril de 1939

En mayo de 1926 un golpe de estado lleva al poder a Pilsudsky en Polonia, la dictadura se mantiene  cuando él fallece en 1935

En mayo de 1926 se produce un golpe de estado en Portugal, el proceso culmina en 1932 con la consagración de Estado Nuovo de Salazar

En diciembre de 1926, se instaura el gobierno dictatorial de Esmetona en Lituania.

En enero de 1929 se produce el golpe del rey Alejandro en Yugoslavia

En febrero de 1930 un golpe personal de Caroll II de Rumania inicia un periodo autoritario que culmina con una dictadura plena a partir de 1938

En enero de 1933 accede al poder Hitler, apenas necesita dos meses para desmantelar la República de Weimar.

En marzo de 1933, golpe de estado de Dolfuss en Austria, aunque es asesinado por los nazi austríacos en 1934, para los que no era suficientemente dictador, se supone. Su sustituto mantiene el régimen dictatorial hasta que se produce la Anschluss, anexión de Alemania, en 1938

En marzo de 1934 Konstatin Pats impone la dictadura en Estonia

En mayo de 1934 es Letonia la que se convierte en  una dictadura con Ulmanis al frente

En agosto de 1936, un mes después de iniciada la guerra en España, Metaxas se convierte en dictador de corte fascista en Grecia, aunque se mantiene leal en su alianza con Gran Bretaña

Todos estas dictaduras se mantuvieron, como mínimo, hasta la II Guerra Mundial y debiera ser suficiente como para cuestionarse aquello de que fue la república la que con sus actuaciones provocó un golpe que acabó en guerra, ¿en todos estos países también fue causante la II República?

Se diría que era una moda que hubiera dictaduras, pero de la misma manera que ahora hay que analizar por qué pasan las cosas para que cada vez haya más regímenes de esos que se llaman iliberales (en realidad que están vaciando de contenido la democracia) o que crezca como está creciendo en todo el mundo la extrema derecha: no sirve hablar de modas.

Dos hechos históricos ayudan a explicar esta retahíla de golpes y dictaduras durante esos 20 años.

Por una parte la Revolución Rusa que marcó la historia mundial durante todo el llamado por Hobsbawm siglo XX corto. La Revolución de Octubre todo el mundo sabe que fue en noviembre, el régimen zarista estaba tan adaptado a los tiempos que aún manejaba un calendario que no tenía en cuenta los años bisiestos y levaba acumulado un retraso de 10 u 11 días respecto al que usaba el resto del mundo, así que la revolución llamada de octubre en realidad se produjo a primeros de noviembre de 1917, a finales de la I Guerra Mundial, y aspiraba en un principio a extenderse a otros países. Hubo intentos, el miedo a una revolución social en Alemania ayudó mucho a que se precipitara el final de la guerra mundial pocos meses después. Hubo huelgas insurreccionales en diferentes lugares e incluso una efímera república soviética en Hungría con Bela Kun (por cierto, cuando fue derrotada se instauró el gobierno de Horthy, otra dictadura que no ha salido en la relación anterior porque no tuvo su origen en un golpe y que aguantó hasta la II Guerra Mundial). El miedo al bolchevismo impulsó, por ejemplo las squadras di combatimento, el partido fascista italiano, para hacer frente a las huelgas insurreccionales en Italia. Con el visto bueno del rey y el apoyo del gran capital ese miedo a la revuelta obrera y popular llevó al poder a Mussolini.

El miedo a la revolución, real o fingido, sirvió de excusa para la instauración de los regímenes autoritarios. Es cierto que esa etapa de creer en la extensión de la revolución duró poco y que a partir de 1924, tras la muerte de Lenin, lo que se impuso fue a doctrina del socialismo en un solo país, la URSS, pero no por ello los comunistas dejaron de intentar el acceso al poder en otros lugares y estaba claro hasta las políticas de apoyo a los frentes populares de 1935 que con el objetivo de instaurar la dictadura del proletariado. El miedo a la revolución, real o fingido, sirvió de excusa para la instauración de los regímenes autoritarios.

El otro gran hecho histórico del periodo de entreguerras que impulsa la llegada de regímenes totalitarios fue la crisis de 1929, el crack de la bolsa de Nueva York provocó una crisis mundial y las consecuencias se vieron agravadas por las respuestas iniciales de reducir el gasto público, otro guiño al presente, seguro que nos suenan las políticas austericidas que agravaron la crisis económica en torno a 2010 y en los años siguientes. Al final, las salidas fueron incrementar el gasto público para animar la economía, lo hizo Roosevelt construyendo puentes y carreteras y lo hizo Hitler con el gasto militar, lo que pasa es que cuando se invierte en armas al final tienes que justificar el gasto usándolas, algo que hoy estamos viendo en vivo y en directo.

Pero el incremento del paro y del descontento social volvieron a impulsar el miedo a la revuelta social y para contrarrestar el riesgo una de las soluciones adoptadas fue llevar el nacionalismo identitario nacido en el siglo XIX hasta el paroxismo, un nacionalismo extremadamente excluyente, racista e intolerante, pero apoyado en unos medios modernísimos, lo que son las redes sociales hoy lo fueron entonces la propaganda masiva, el uso de los desfiles, de la radio o de los documentales de Leni Riefenstahl. La llegada al poder del nazismo en Alemania es la quintaesencia de la reacción ultraderechista a la crisis económica que asoló el mundo en aquellos momentos

¿Qué reflejo tuvo en España todo esto que voy diciendo que pasaba en el entorno europeo?

Nos machacan con lo de que España se mantuvo al margen de las dos guerras mundiales, pero eso no significó permanecer al margen del contexto general, ya en 1917 hubo una huelga general convocada por la UGT y la CNT, porque mientras los empresarios se forraban vendiendo a una Europa en guerra, a las clases trabajadores lo único que les llegaba era el incremento de precios que esa guerra provocaba. Al finalizar la guerra España se vio frente a un conflicto social importante en Catalunya y a una guerra colonial mal llevada en el norte de África.

Por una parte, la CNT en el Congreso de Sants acordó organizarse a partir de sindicatos únicos de empresa para hacer frente al poder empresarial, es decir, que donde antes hubo un sindicato de tejedores, otro hilanderas, otro para cada oficio del mantenimiento, etcétera, ahora se creaba un sindicato de todo el mundo que trabajaba en la misma empresa, hiciera lo que hiciera en ella. La CNT ganó poder y después de la huelga de La Canadenca, en 1919, se consiguió la ley de jornada de 8 horas (48 semanales porque era por 6 días) para todo el país. No era poco.

También hubo una parte del cenetismo que optó por la vía del pistolerismo, en lo que fue el embrión de la FAI, un pistolerismo que fue respondido con el pistolerismo blanco de los llamados sindicatos libres amparados por la patronal. El clima de tensión social llevó al empresariado catalán a apoyar la salida dictatorial que significaba Primo de Rivera, por delante del catalanismo estuvo siempre el deseo de paz social.

Junto a la tensión social, muy centrada en Catalunya en aquel momento, la marcha de la guerra en África no podía ser peor, como dejó claro el precisamente llamado desastre de El Annual de 1921. Todo ello llevó a impulsar una salida dictatorial en la que se implicó claramente Alfonso XIII. La dictadura de Primo de Rivera hizo amagos de imitar al fascismo italiano, incluso creó su propio partido único, la Unión Patriótica, pero no consiguió que fuera un partido de masas como el partido fascista italiano. Al final se enemistó con tantos sectores que acabó cayendo, algo nada frecuente, como se ha visto, en las dictaduras que se imponían en Europa en aquellos años. Su caída dejó muy tocado el reinado de Alfonso XIII aunque este intentara desmarcarse, después del intento de la llamada dictablanda del general Dámaso Berenguer las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 dejaron claro que no tenía apoyo popular.

Es cierto que aunque la II República se proclama en plena crisis económica mundial esa no afecta de forma tan pronunciada a España como a otros países, no era un país industrializado excepto en el núcleo de Catalunya y de forma más concentrada en Euskadi y su agricultura en aquella época, a diferencia de lo que sucede ahora, no estaba volcada en la exportación, como si sucedía ya en lo que se llamaron repúblicas bananeras. También es cierto que había factores endógenos, como en cualquier país, no todo pasaba por la influencia de contexto general: el rey se fue, pero no abdicó, siempre quedó la puerta abierta para los monárquicos; el mismo día 14 de abril de 1931 ya se produjo una reunión conspiratoria antirrepublicana en una propiedad del conde de Guadalhorce, con la asistencia de personajes como José Calvo Sotelo o José Antonio Primo de Rivera; no pasó ni un año y medio y ya en agosto de 1932 se produjo la sanjurjada, la primera intentona seria de pronunciamiento militar contra la república. Por otra parte hubo desde el principio conflictos sociales que se convirtieron en temas de orden público con consecuencias graves, fueron los casos de Castilblanco y Arnedo en 1932 o, más grave, lo ocurrido en Casas Viejas en enero de 1933, donde una de las llamadas insurreccionales de una parte del anarquismo desembocó en una masacre, primero hacia las fuerzas de seguridad y después en sentido inverso como consecuencia de la represión.

Pero sin el contexto internacional no se entienden algunos de los momentos claves del periodo republicano. La revolución de 1934 tuvo como espoleta la entrada de ministros de la CEDA, abiertamente contraria a la república, en el gobierno de Lerroux. Lo sucedido en Alemania un año y medio antes, con la entrada de Hitler en el gobierno y la liquidación de la República de Weimar en el plazo de dos meses fue determinante para que se produjera ese episodio.

Sin el contexto internacional no se entienden tampoco hechos claves de la guerra como el apoyo desde el principio de las potencias fascistas a los sublevados, la política de no intervención de las potencias democráticas, movida por el miedo a la revolución social y por la ceguera de querer apaciguar a los gobiernos fascistas de Italia y sobre todo Alemania y que constituyó un apoyo a los rebeldes al dejar impotente al gobierno legítimo o las intervención de las brigadas internacionales en apoyo a la república. Todo el mundo era consciente de que aquí estaba en juego mucho más que un problema interno ente españoles.

Tampoco se entiende sin el contexto internacional el grado de violencia que se desató en la guerra y que fue mucho más allá de lo acaecido en los pronunciamientos y guerras internas del s. XIX, incluyendo las carlistas.

Entro ya en la parte final, siempre soy contrario a idealizar el pasado, a principios de los ochenta no vivíamos en un mundo maravilloso que se abría ante nosotros por mucho que hoy se empreñen en querer hacérnoslo creer, menos aún en los años 60 y 70 en plena dictadura. De la misma manera, la república tuvo sus grises y sus claroscuros. Hay quien puede pensar que por quedarse corta en la aplicación rápida de la reforma agraria no se ganó el apoyo incondicional que eso le hubiera dado, hay quien, por el contrario, piensa que abordó demasiadas reformas de calado y se buscó muchos enemigos. No creo que eso sea la gran cuestión a debatir desde los intereses del presente.

Lo que es innegable es que la II República encarnó los valores republicanos que tenían un hilo conductor desde la razón ilustrada, pasando por la revolución francesa que hizo aflorar los derechos de los ciudadanos frente al papel de súbditos de la población, las Cortes de Cádiz y la constitución de 1812, las corrientes democráticas que a lo largo del XIX plantearon ampliar la base ciudadana sobre la que se sustentaba el estado y los elementos de justicia social desde la segunda mitad del siglo con el surgir del movimiento obrero. Por algo en los momentos actuales la oposición a Trump adopta como lema el “no kings”, no es que haya un miedo real a que los Estados Unidos se conviertan formalmente en una monarquía, pero sí a que se sustituyan los valores democráticos de la república por una conversión de los ciudadanos en súbditos, lo que ha representado la monarquía como modelo histórico. La II República impulsó una reforma para modernizar el ejército que ciertamente la necesitaba, instituyó un estado laico, en la que fue quizá la más lograda de sus iniciativas pretendió expandir la educación a toda la población en un país con un índice muy elevado de analfabetismo, reformó la legislación laboral para dar más instrumentos a las clases trabajadoras, incluyendo una reforma agraria que pudo avanzar muy poco por la rebelión militar, avanzó en modernizar el estado, con la descentralización que implicaban los estatutos de autonomía, con leyes como la del divorcio, con el sufragio femenino.

Se ganó con todo ello enemigos poderosos, parte importante del ejército, la Iglesia que veía perder su gran influencia y también recursos y, por supuesto, las clases propietarias. También en esta oposición a los valores republicanos hay un hilo conductor que conecta con los defensores del absolutismo a principios de la centuria anterior, los que después defendieron un estado liberal  acotado a los pudientes. Los que más tarde asumieron una adaptación del nacionalismo identitario que creció en Europa en la segunda mitad del XIX con la formulación de Menéndez Pelayo del espíritu del pueblo encarnado en la religión católica (la lengua no servía porque había demasiadas). Ese nacionalismo ultramontano, con la Iglesia alineada con los económicamente poderosos que convirtió a los defensores de los valores democráticos en la anti-España

Y todo esto se dio en una sociedad contagiada por un ambiente general en Europa (y por extensión en el resto del mundo) favorable a las vías violentas en la búsqueda de salidas. Yo soy más partidario del término Guerra de España al de Guerra Civil, porque tuvo elementos de una guerra civil, pero fue también un conflicto en la pendiente que llevó a la II Guerra Mundial, no un fenómeno aislado en un país en una situación excepcional. En torno a las fechas en que se produjo la guerra en España hubo:

En 1935 la guerra de Abisinia, la actual Etiopia, provocada por la intervención armada de la Italia fascista.

La Alemania nazi inició, o mejor, acrecentó sus desafíos a las democracias europeas con la militarización de Renania en marzo de 1936, incumpliendo el Tratado de Versalles que puso fin a la I Guerra Mundial

Japón ya venía desarrollando un expansionismo imperial en Corea y parte de China (en concreto Manchuria) pero en 1937 se inicia la guerra total con China, es el inicio de la Guerra del Pacífico, es decir, que la II Guerra Mundial empezó antes de la ocupación de Danzig contrariamente a lo que acostumbramos a aprender. Al inicio de la guerra sino japonesa se produce la matanza de Nanjing, entonces capital de China, con entre 100 y 300 mil muertos, cifras muy dispares pero ninguna de ellas desdeñable.

Alemania se anexiona Austria, el llamado Anschluss, en febrero de 1938.

En octubre de 1938 se produce la ocupación de las Sudetes, región de Checoslovaquia con una minoría de habla alemana.

Coincidiendo casi con el final de la guerra en España se produce, a principios de abril de 1939 la ocupación total de Checoslovaquia (que se divide en los protectorados de Bohemia y Moravia) por Alemania y la ocupación de Albania por Italia.

A todo este clima tampoco es ajena la situación en España, así, la consigna de resistir y alargar la guerra lo máximo posible que pone en práctica el gobierno de Negrín se ampara en la posibilidad de que un estallido de una conflagración generalizada pudiera servir para cambiar el rumbo de la guerra.

Voy acabando con lo que dije al principio de los valores republicanos como ayuda para entender el mundo actual.

Ahora el mundo se encuentra otra vez en una confrontación entre lo que serían los valores republicanos de entonces actualizados y una reacción envuelta en un ropaje de modernidad.

Los valores republicanos se han nutrido de nuevos elementos que han aportado los hechos acaecidos tras la II Guerra Mundial. Los elementos del estado del bienestar, el feminismo con un peso muy superior de sus reivindicaciones desde la década de los 60 al que tenían con anterioridad, la descolonización, los derechos de las minorías étnicas, religiosas o de orientación sexual, el pacifismo que es evidentemente muy distinto desde las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el ecologismo y hasta los derechos de los animales. Todo eso que llaman despectivamente “woke” para desacreditarlo y de lo que deberíamos sentirnos orgullosos, sin olvidar que toda reivindicación debe enmarcarse en una mejora general, que no por reconocer derechos a un colectivo o en un ámbito concreto eso supone que tenga que empeorar la vida de los más, sino todo lo contrario.

Los enemigos de los valores republicanos son otra vez poderosos y no se circunscriben a Catalunya o España. A diferencia de hace 100 años no hay una amenaza de revuelta social creíble, les mueve la codicia o, en términos marxistas, el afán de maximizar el beneficio, lo que también nos puede llevar a pensar que el supuesto miedo de entonces a la revolución quizá fuera más excusa que miedo real. Lo dice claramente alguien como Peter Thiel que plantea que la democracia es incompatible con el avance de los negocios.

Es la tradición de la vieja reacción de siempre con vestido de modernidad tecnológica, algo no muy novedoso si se recuerda el manifiesto futurista de Marinetti, publicado en 1909 y en el que la fascinación por los coches y la modernidad acompañaban a las loas a la violencia,

Comprender el pasado, tener una visión amplia y no reduccionista que se quede en los conflictos internos nos ayuda a entender el presente y a evitar que entre locos, intereses económicos y aventuras geoestratégicas hagan saltar el mundo por los aires. También para ser optimistas, porque lo que sí es cierto entre tanta mentira como circula por el mundo es que puede haber un mundo mejor para todo el mundo, aunque quizá no consista en ponerse una camiseta una vez y luego tirarla a la basura.

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