dimarts, 25 de setembre del 2018

LA GRAN TRAGEDIA




Hace días que me propuse escribir sobre la mayor tragedia ocurrida en España desde la Guerra Civil, al menos que a mí me conste. Después de varios borradores he optado por obviar la explicación de lo ocurrido y centrarme en cuestiones que dan que pensar o que explican cómo era el lugar donde vine a nacer.

El 25 de septiembre de 1962 las inundaciones del Vallès se llevaron por delante entre 600 y 1000 vidas, esa tremenda imprecisión ya la comentaré más adelante. Los detalles de lo que pasó se pueden consultar porque hay vídeos colgados en youtube y entradas en internet que lo explican con más o menos acierto, pero vale la pena remarcar algunas cosas que las búsquedas en internet no nos aclaran gran cosa

Primero, la enfermiza y peligrosa fascinación por la amnesia colectiva. Acabo de decir que en internet está disponible información sobre lo que pasó, y es que en allí se puede encontrar información sobre casi todo, pero eso no es incompatible con el olvido del pasado, la presencia en internet no implica conocimiento generalizado. En este caso, el mismo mecanismo de búsqueda lo pone en evidencia, si alguien efectúa una de “desastres en España” o “catástrofes en España” encontrará alguno enlaces con las diez mayores catástrofes, pues bien, esta no aparece. Me curo en salud y no digo que es la mayor, sino la mayor que a mí me consta, porque al igual otra tragedia aún mayor también permanece oculta bajo una montaña de datos, lo cierto es que las que aparecen en esos listados, no todas coinciden, causaron menor mortandad. Desconozco la forma de elaborar esas relaciones, la verdad es que me preocupa más la sensación que tengo de que, en el lugar donde todo pasó, la mayoría de la población actual no sabría contestar qué fue la riada del 62. La memoria no es algo inútil y superfluo, intentar comprender el pasado ayuda a entender el mundo en que vivimos, como intentaré mostrar a continuación

Segundo, España se parecía más a una república bananera que a los países europeos que había más allá de los Pirineos. Sólo el hecho de que la cifra de víctimas sea tan imprecisa, el abanico de 600 a 1000 es espeluznante tratándose de vidas humanas, indica qué era y cómo funcionaba la España de hace 50 o 60 años, el descontrol estadístico y urbanístico que implica no saber quién estaba y quién dejó de estar trágicamente no es imaginable en la Europa de entonces, y eso que hablamos de uno de los territorios más industrializados y “modernos” de aquella España, eso si no es consecuencia de algo casi peor, la ocultación deliberada de datos. Podrían unirse otros aspectos (no está del todo claro qué acabó pasando con las ayudas, por ejemplo) pero sólo lo anterior tendría que ser suficiente para desautorizar todos aquellos comentarios de las cosas que hizo Franco para bien de España, un cuarto de siglo después de acabada la guerra era el hazmerreír de Europa para desgracia de sus habitantes

Tercero, los movimientos migratorios ni son algo nuevo ni fueron modélicos entonces. Los datos, poco fiables como hemos visto, indican que Terrassa, la ciudad más afectada junto a Rubí por la riada, casi duplicó su población entre 1950 y 1960 y mantuvo un crecimiento espectacular otra década más, los 59 mil habitantes de 1950 se convirtieron en 139 mil en 1970. Este crecimiento no tuvo nada de ordenado, la oleada migratoria de personas que huían de la miseria de sus lugares de origen le vino bien a la pujante industrial textil, pero rebasó en mucho lo que la ciudad estaba en condiciones de absorber de forma mínimamente digna. No había viviendas ni planes suficientes para edificarlas, barrios enteros fueron de autoconstrucción, en los terrenos que podían comprase más baratos la ciudad creció sin control y parte de las viviendas se construyeron junto al lecho de la riera de Les Arenes, algunas posiblemente en el mismo cauce, entonces no canalizado entre muros de hormigón. Ese es el factor que hizo que la catástrofe alcanzara la magnitud que tuvo. Es cierto que hablamos de migraciones internas, pero pretender impedir que las personas huyan de la miseria es imposible sin paliarla en los lugares de origen, es falso que los desplazamientos fueran ordenados, que hubiera contratos de trabajo ya realizados ni infraestructuras preparadas, es discutible que eso pasara ni con la emigración a otros países europeos, desde luego no fue el caso de las corrientes migratorias interiores a Catalunya, Madrid o el País Vasco. Otra lección del pasado para entender la falsedad de algunas afirmaciones que escuchamos con demasiada frecuencia sobre la inmigración actual y ya de paso un desmentido rotundo a algún planteamiento, por suerte muy minoritario, que habla de colonos trasladados deliberadamente a Catalunya para descatalanizarla

Cuarto, la suciedad de los cauces tuvo un efecto multiplicador de la capacidad letal de la avenida de agua. Materiales de todo tipo taponaron los ojos de los puentes hasta que la presión los hizo reventar provocando en el siguiente tramo un efecto devastador. Es difícil imaginar que hoy se pudiera producir un fenómeno similar, pero no está de más recordar que hay deficiencias denunciadas en la limpieza de los lechos y mejor no tentar a la diosa Fortuna con su fama de voluble, el clima mediterráneo no ha dejado de serlo, si acaso el riesgo de fenómenos meteorológicos excepcionales crece con el cambio climático, y la Agència Catalana de l’Aigua debiera tener la memoria menos selectiva que internet: hay zonas críticas, muchas en Catalunya, en las que es mejor no olvidarse del pasado

Termino por donde empecé, hay que combatir la fascinación por la amnesia colectiva, esa locura de vivir sólo el presente sin recuerdo del pasado ni previsión del futuro. Pienso particularmente que en los institutos de secundaria de mi ciudad debería utilizarse la riada de 1962 para dar pie al conocimiento de multitud de temas que se le pueden vincular, climatología y régimen pluvial, fenómenos meteorológicos, urbanismo, historia… Porque la memoria no es inútil

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