dilluns, 20 d’agost del 2018

EL NACIONALISMO ESPAÑOL IDENTITARIO




Durante la mayor parte del s. XIX los sectores españoles más conservadores rehuyen de la idea de nación, el carlismo no se identifica con un concepto que considera, con razón, propio de la sociedad liberal que rechaza. En su tradicionalismo defiende los fueros, es decir, las particularidades opuestas al programa uniformador clásico del liberalismo. Con ello aspira, también, a garantizarse el apoyo en los territorios en los que tiene más implantación.

En el último cuarto de siglo se producen las primeras expresiones teóricas de un nacionalismo español identitario. Es el momento de la Restauración Borbónica, de la culminación de facto de la transición del Antiguo Régimen al estado liberal y de la llegada de las influencias del modelo alemán (aquí). Las ideas de Menéndez Pelayo en torno a una nación en la que el catolicismo encarna el espíritu del pueblo (el Volkgeist alemán) son la expresión del naciente españolismo identitario.

Con motivo del conflicto cubano (aquí) y del debate sobre la concesión de capacidad de autogobierno a la isla, la oposición se expresa tanto en medios afines al republicanismo de matriz jacobina (centralismo igualitario) como en los medios conservadores que ya expresan el esencialismo identitario. La idea de nación española deja de ser un monopolio de las visiones liberales más o menos moderadas. Debates similares se producen con la aprobación de la Mancomunitat de Catalunya de 1914, primer mecanismo de autogobierno catalán.

En paralelo se produce un cambio en el estamento militar que será trascendente en el futuro. Los militares tienen un papel clave en la política del s. XIX, pero los conocidos como espadones no actúan de forma corporativa ni ven en el ejército un estamento que encarna los valores de la nación, pero eso cambia. Aparece primero una defensa corporativa, la reacciones frente a la crítica al ejército por parte de los militares se producen antes de la crisis del 98 y crecen después con el amparo de Alfonso XIII, así se produce el asalto a la redacción de la revista Cu-Cut en Barcelona (1905) por un chiste que no gusta a los militares y que se salda con reproches al chiste y el premio a los asaltantes en forma de ley de jurisdicciones. Los militares intervienen cada vez más en aquello que entienden que les afecta y las Juntas de defensa de 1917 son una expresión, como también el intervencionismo en temas que afectan personalmente a los militares porque inciden directa o indirectamente en su nivel de vida: las campañas, los sistemas de promoción o los presupuestos en lo que afectan a la defensa. El último paso es erigirse en defensores de la nación española con la intervención directa.

En todo este proceso de surgimiento de un nacionalismo español identitario la crisis del 98 vuelve a ser determinante, por lo ya dicho y porque el pesimismo en torno a la situación del país da paso a reflexiones muy diversas, con frecuencia confusas, que apuntan a visiones esencialistas de España, a menudo identificada como una creación de Castilla. La obra y trayectoria vital de figuras como Joaquín Costa, Miguel de Unamuno o Ramiro de Maeztu es muestra de esa confusión, vital e intelectual.

El borboneo del monarca y el rechazo posterior a la república, el miedo al conflicto social protagonizado por los obreros fabriles y el campesinado y la influencia del fascismo europeo son los ingredientes de un cóctel nada agradable del que más adelante se trata.

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