Llegados al último cuarto del s. XIX se dan las
condiciones para que surja el nacionalismo catalán y, en consecuencia,
Catalunya como nación.
La Renaixença ha rescatado para el uso literario la
lengua catalana desde mediados de siglo, lo que facilita el uso de un elemento
diferenciador claro. Los Jocs Florals han empezado a crear un determinado
relato de la historia con el premio a la poesía patriótica. Ya se has visto las
dificultades que experimenta la consolidación del proyecto nacional español
(aquí)
El factor determinante va a ser la implicación de la
burguesía en el proyecto político. Dos fechas son fundamentales para entender
el carácter de ese primer nacionalismo político catalán.
En 1885 se presenta a Alfonso XII el Memorial de
Greuges, la implicación de las patronales catalanas es fácil de entender porque
uno de los dos grandes hecho motivadores es la reacción frente a un posible acuerdo
comercial con Gran Bretaña que en Catalunya se considera, con motivo, muy
perjudicial para la industria textil, sector dominante de su economía. El otro
tema es más transversal, el mantenimiento del derecho civil catalán, amenazado
por las propuestas uniformadoras que podrían afectar, entre otras cosas, al
sistema de herencia catalán que impide la atomización de la riqueza familiar.
Aunque el papel de Valentí Almirall, con origen en
el republicanismo federalista, es relevante en estos primeros momentos, la
composición del movimiento va a conducir al nacionalismo catalán inicial a
posiciones esencialistas y fuertemente conservadoras. Eso se plasma en el
segundo gran momento fundacional del nacionalismo catalán, las Bases de Manresa
de 1892, una especie de proyecto de constitución catalana que acaba de perfilar
el movimiento político naciente. Baste pensar que en esa fecha se proponen para
Catalunya unas cortes elegidas por cabezas de familia agrupados por oficios y
carreras profesionales, es decir, que en la España que desde 1890 reconoce el
sufragio universal masculino, se plantea para Catalunya un parlamento corporativo.
Si miramos quienes destacan ya en el nacionalismo
incipiente se entiende ese conservadurismo. Desde el religioso Torras i Bages a
miembros de la burguesía que van a ser los primeros representantes del
nacionalismo en el futuro, como Domenech i Muntaner o Prat de la Riba
El proyecto nacional catalán surge, por tanto, con
un marcado carácter esencialista, remarcando los aspectos identitarios, entre
ellos la religión, y huyendo de cualquier premisa que vincule la nación a los
derechos de ciudadanía, no digamos ya a nada que se asemeje a derechos sociales.
No siempre será así, en el futuro aparecerán
visiones nacionales alternativas, pero eso está lejos a finales del XIX. Lo que
se echa encima es la crisis finisecular que va a influir de forma notable en
los dos nacionalismos que ya entonces conviven en España, el español y el catalán,
al vasco y aún más al gallego, al andaluz o al canario les falta por entonces
mucha maduración.
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