Lo crisis del 98 no es sólo la pérdida de las
últimas colonias de ultramar, coinciden otros factores que hacen del final del
s. XIX un momento convulso.
Tenemos una crisis colonial, España pierde las
últimas colonias tras una Guerra de Cuba, 1895-1898, que no supo o no pudo
evitar con un ofrecimiento tardío de descentralización. La falta de capacidad
para medir las propias fuerzas surge como a principios de la centuria (aquí)
Tenemos una crisis agrícola en un país eminentemente
agrícola. El precio del grano cae por la llegada masiva a Europa del proveniente
de Argentina y EE.UU., mucho más barato. A ello debe unirse la crisis en los
viñedos por la plaga de la filoxera.
Tenemos un incremento del conflicto social, con el
terrorismo anarquista en un momento álgido, en un momento en que el sistema
político de la Restauración empieza a dar muestras de agotamiento, aunque su
agonía será larga.
Desde la perspectiva actual se tiende a quitar
trascendencia a aquella problemática, pero en ese momento se vive con profundo
desasosiego y es normal que así sea. España deja de ser nada ni parecido a una
potencia en Europa y Catalunya se ve doblemente afectada por la filoxera y por la
pérdida del mercado cubano para sus manufacturas. Las crisis profundas siempre
conllevan cambios substanciales en las sociedades en múltiples aspectos y el 98
trae consigo algo más que una magnífica generación de escritores. La repercusión
sobre los nacionalismos español y catalán va a ser profunda y de entre todos
los factores es la Guerra de Cuba el que más influye.
Para el nacionalismo catalán la independencia cubana
es un acicate, un ejemplo a seguir. Es tanto lo que aporta como modelo que la
bandera independentista, la estelada, es una copia adaptada de la bandera
cubana. Las circunstancias son muy distintas, pero sin duda el proceso cubano
insufla ánimos en los grupos nacionalismos más activos en Catalunya.
Por otra parte, la pérdida de Cuba es un revés para
la economía catalana a corto plazo. El descontento con la gestión de los distintos
gobiernos centrales y con la aparición de una opinión, dominante en Madrid,
contraria a todo tipo de descentralización, crece sobre la sensación de
agravios acumulados ya existente (aquí) y (aquí). Es obvio el fracaso de las
políticas seguidas desde la primera guerra de independencia cubana, la Guerra
Larga (1868-1878) visto el resultado final el 98. A ello debe añadirse que los
tardíos intentos de establecer una autonomía para Cuba, para evitar la
secesión, tienen réplicas airadas en muchos foros capitalinos, con argumentos
de desprecio, cuando no despectivos, hacia la diferenciación, perfectamente
extrapolables a cualquier otro territorio.
Los buenos resultados de la conservadora Lliga Regionalista
en las elecciones de 1901 y, sobre todo, el éxito de las candidaturas de Solidaritat
Catalana (de la que la Lliga Regionalista es el alma mater) que en 1907
consiguen 41 de 44 puestos tienen mucha conexión con el 98. La crisis de fin de
siglo contribuye de forma notable a que el nacionalismo catalán coja vuelo de
forma definitiva bajo la hegemonía de la Lliga de Domenech i Muntaner, Prat de la
Riba o un joven Francesc Cambó
También el nacionalismo español experimenta cambios
profundos a partir de este momento, como que se explica en breve
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