dilluns, 13 d’agost del 2018

LA CRISIS DEL 98 EN EL NACIONALISMO CATALÁN




Lo crisis del 98 no es sólo la pérdida de las últimas colonias de ultramar, coinciden otros factores que hacen del final del s. XIX un momento convulso.

Tenemos una crisis colonial, España pierde las últimas colonias tras una Guerra de Cuba, 1895-1898, que no supo o no pudo evitar con un ofrecimiento tardío de descentralización. La falta de capacidad para medir las propias fuerzas surge como a principios de la centuria (aquí)

Tenemos una crisis agrícola en un país eminentemente agrícola. El precio del grano cae por la llegada masiva a Europa del proveniente de Argentina y EE.UU., mucho más barato. A ello debe unirse la crisis en los viñedos por la plaga de la filoxera.

Tenemos un incremento del conflicto social, con el terrorismo anarquista en un momento álgido, en un momento en que el sistema político de la Restauración empieza a dar muestras de agotamiento, aunque su agonía será larga.

Desde la perspectiva actual se tiende a quitar trascendencia a aquella problemática, pero en ese momento se vive con profundo desasosiego y es normal que así sea. España deja de ser nada ni parecido a una potencia en Europa y Catalunya se ve doblemente afectada por la filoxera y por la pérdida del mercado cubano para sus manufacturas. Las crisis profundas siempre conllevan cambios substanciales en las sociedades en múltiples aspectos y el 98 trae consigo algo más que una magnífica generación de escritores. La repercusión sobre los nacionalismos español y catalán va a ser profunda y de entre todos los factores es la Guerra de Cuba el que más influye.

Para el nacionalismo catalán la independencia cubana es un acicate, un ejemplo a seguir. Es tanto lo que aporta como modelo que la bandera independentista, la estelada, es una copia adaptada de la bandera cubana. Las circunstancias son muy distintas, pero sin duda el proceso cubano insufla ánimos en los grupos nacionalismos más activos en Catalunya.

Por otra parte, la pérdida de Cuba es un revés para la economía catalana a corto plazo. El descontento con la gestión de los distintos gobiernos centrales y con la aparición de una opinión, dominante en Madrid, contraria a todo tipo de descentralización, crece sobre la sensación de agravios acumulados ya existente (aquí) y (aquí). Es obvio el fracaso de las políticas seguidas desde la primera guerra de independencia cubana, la Guerra Larga (1868-1878) visto el resultado final el 98. A ello debe añadirse que los tardíos intentos de establecer una autonomía para Cuba, para evitar la secesión, tienen réplicas airadas en muchos foros capitalinos, con argumentos de desprecio, cuando no despectivos, hacia la diferenciación, perfectamente extrapolables a cualquier otro territorio.

Los buenos resultados de la conservadora Lliga Regionalista en las elecciones de 1901 y, sobre todo, el éxito de las candidaturas de Solidaritat Catalana (de la que la Lliga Regionalista es el alma mater) que en 1907 consiguen 41 de 44 puestos tienen mucha conexión con el 98. La crisis de fin de siglo contribuye de forma notable a que el nacionalismo catalán coja vuelo de forma definitiva bajo la hegemonía de la Lliga de Domenech i Muntaner, Prat de la Riba o un joven Francesc Cambó

También el nacionalismo español experimenta cambios profundos a partir de este momento, como que se explica en breve

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