Antes de hablar del catalanismo frente a la
dictadura conviene hacer una aproximación a cómo operó la oposición
antifranquista y qué cambios hubo en los 40 años de dictadura.
La primera etapa, inmediata a la guerra, vino
marcada por la dureza de la represión, iniciada ya en 1936 en los territorios
dominados por los sublevados desde el principio, sistemática y planificada para
acabar físicamente con la disidencia. Las dificultades para organizar cualquier
tipo de resistencia son muchas y el maquis, guerrillas generalmente de zonas
rurales y ocasionalmente urbanas, la más conocida. En este período la lucha
contra el nazismo en la II Guerra Mundial es el objetivo de la diáspora
republicana, con la esperanza de que la derrota de los fascismos europeos haría
caer el régimen de Franco. El fracaso del intento de invasión del Valle de Arán
en 1946 pone de manifiesto que eso no va a suceder, el franquismo empieza a
desmarcarse de las potencias del eje cuando intuye que perderán la guerra,
desde 1942 y de forma clara a partir de 1943, y la Guerra Fría es su principal
baza
A pesar de los intentos de reorganizarse en el
interior, los más sostenidos después de cada caída los de los comunistas del
PCE y del PSUC, y de algún meritorio éxito como la huelga de los tranvías de
Barcelona en 1951 la oposición tiene pocas posibilidades, los grupos de maquis
siguen cayendo, aunque alguno aguanta hasta la década de los 60 y España empieza
a ser reconocida por los organismos internacionales. Es a partir de la entrada
en la ONU en 1955 cuando se producen en un lustro dos procesos que van a
facilitar un cierto renacer de la oposición antifranquista
Por una parte el reconocimiento exterior del régimen
(ONU, FMI, visita del presidente Eisenhower en 1959) lo consolida, pero también
le obliga a un cierto lavado de cara y desde entonces se suceden los sucesivos
aperturismos (de la economía, el turismo, ley de prensa, espíritu del 12 de
febrero) sin que ello suponga renunciar a la represión, como prueban las 5
ejecuciones de septiembre de 1975, a menos de dos meses de la muerte del
dictador. Dicho de otra forma, se abren resquicios en un edificio que sigue
descansando en las prácticas represivas
Por otra parte, fracasan los postulados ideológicos
primigenios, el desastre económico de las políticas autárquicas, aquello de que
España puede abastecerse de todo cuanto necesita, apartan a los sectores más
rígidos del control político. Es el momento de la entrada de los tecnócratas
del OPUS que desarrollan el plan de Estabilización de 1959 y los sucesivos
planes de desarrollo de los 60.
La necesidad de suavizar la imagen de la dictadura y
el evidente fracaso del proyecto ideológico defendido hasta entonces coincide
con un cambio generacional, pasados 20 años de la guerra civil los nuevos
protagonistas de la vida del país o eran muy jóvenes o ni siquiera habían
nacido por entonces
Los estudiantes primero, ya en 1956, y el resto de
sectores sociales empiezan a mostrar su malestar con el régimen, lo hacen los
obreros, en especial a partir de los años 60 con el nacimiento de CC.OO, los
nacionalismos periféricos e incluso la Iglesia que tanto ayudó a los sublevados
en 1936. Los partidos políticos tienen dificultades y sólo los comunistas
muestran capacidad organizativa en el interior, pero eso no impide el
surgimiento de plataformas como el FLP, conocido coloquialmente como el Felipe
y que en Catalunya tomaría el nombre de FOC
Los años 70 suponen una continuación del crecimiento
de la oposición y ven surgir plataformas más o menos unitarias, Plataforma
Democrática, Junta Democrática, después la Platajunta, la experiencia más
exitosa fue sin duda la Assemblea de Catalunya. En esta década se llega a
pensar en un posible contagio de la revolución de los claveles de 1974 en
Portugal. No fue el caso, el régimen resiste hasta la muerte de Franco y su
descomposición posterior no evita resistencias que condicionan la recuperación
de la democracia, no hubo ruptura sino transición, pero ese es otro tema. En lo
que atañe a esta serie de entradas sobre los nacionalismos español y catalán lo
que importa es entender la evolución general del régimen y de las estrategias
de sus opositores para ver cómo se refleja en la doble alma del nacionalismo
catalán, incluyendo eso que después se ha denominado catalanismo supuestamente
no nacionalista, algo bastante discutible
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