Ha tenido unos cuantos retuits una entrevista de 1977 que le hizo Montserrat Roig a Cipriano García, enlace de la página web de RTVE que colgué en vísperas del pasado domingo electoral. Una entrevista que yo desconocía y sobre la que me puso en alerta Monstse Ros, portavoz de CCOO de Catalunya (la CONC) en el acto de homenaje al Cipri que celebramos en Terrassa el 25 de abril. Aunque buena parte de las personas que han visto el tuit saben quién fue Cipriano García hay otros que no, sobre quién fue y sobre qué fue el Cipri, es decir, sobre lo que significó su figura, va este escrito
Hay que empezar diciendo que el desconocimiento de algunas figuras históricas no es casualidad. Una consulta en la página web de la Enciclopedia Catalana resulta ilustrativa. Cipriano García tiene una pequeña entrada y ya se pasa a las entradas casi periodísticas de los secretarios generales habidos desde la legalización del sindicato a hoy (José Luis López Bulla, Joan Coscubiela, Joan Carles Gallego y Javier Pacheco) si no me equivoco ningún otro dirigente de CCOO de Catalunya (la CONC, insisto en remarcarlo y después se verá por qué) merece una entrada en la enciclopedia, en total bastante menos de una página de la edición en papel, incluyendo el espacio dedicado a la entrada Comissions Obreres. Hablamos del principal movimiento sindical en la Catalunya de la segunda mitad del s. XX y de la principal organización en la lucha antifranquista, por encima incluso del PSUC con el que se le suele hermanar. El contraste con las reseñas que se hacen de figuras de la CNT es notorio, muy merecidas y más amplias entradas (tampoco excesivas) tienen figuras claves del anarcosindicalismo catalán como Joan Peiró, Ángel Pestaña, Salvador Seguí, Francisco Ascaso, García Oliver, Durruti o Federica Montseny, así como también otros dirigentes de segundo nivel
Quizá estemos hablando de un período que ya es historia pero que aún no se ha ganado la pátina que da el tiempo transcurrido, quizá falten historiadores que hayan desvelado el papel de figuras como Ángel Rozas o el propio Cipriano García, pero creo que hay mucho de ocultamiento de la historia más reciente en favor de una mirada sesgada sobre la misma. Aquellas persona que en Catalunya y en el resto de España le echaron un pulso titánico a la dictadura franquista han sido arrinconadas, sustituidas por protagonistas únicos de la historia que nos quieren contar, así en España, donde la Transición política se nos ofrece como una magnifica y versallesca jugada de salón, como en Catalunya, donde toda la resistencia antifranquista parece haber sido protagonizada por estudiosos de la lengua, dirigentes blaugranas y alguna figura aislada del nacionalismo catalán
Cipriano García nació en 1927, obrero de origen manchego llegó a Terrassa en 1951, entró en el PSUC en 1954, sufrió 6 años y medio de cárcel por diferentes condenas, fue uno de los fundadores de CCOO y elegido diputado en 1977 y 1979, falleció en Castelldefels en 1995. Pocos datos más aparecen en su biografía de la Wikipedia (aquí) que es un poco más amplia que la de la enciclopedia catalana. Poco a nada se dice en ninguna parte de la importancia de su actividad política y sindical y, sin embargo, es importante hablar de qué fue el Cipri, qué es lo que significó su figura como símbolo de lo que fue aquel formidable movimiento de CC.OO. en dos conquistas claves de las sociedades española y catalana
A partir de un determinado momento, las caídas de los grupos dirigentes no pudo detener la capacidad organizativa del movimiento de CC.OO. José Luis López Bulla ha comentado en más de una ocasión cómo se libraron él y Cipriano García de la caída que llevó a la prisión a casi toda la dirección de CC.OO. de España, en el conocido como proceso 1001. La dirección clandestina se reunía en Pozuelo de Alarcón y fue detenida en junio de 1972, un retraso y el olfato de Cipriano García que vio movimientos que no le gustaron libraron a los representantes de Catalunya. El proceso 1001 significó que los dirigentes de Madrid, Andalucía, Asturias y otros territorios iban a estar en prisión hasta después de la muerte de Franco, salieron en libertad en diciembre de 1975 por un indulto real como acto magnánimo con motivo de su coronación. Cipriano García asumió durante esos tres años claves las funciones de coordinador de CC.OO. en toda España mientras que López Bulla centraba su actuación en Catalunya. CC.OO. mantuvo la actividad y siguió fortaleciéndose, con el grueso de su dirección en prisión fue capaz de ganar las elecciones sindicales de la primavera de 1975 al mismo sindicato vertical que las organizaba, tarea no fácil desde la clandestinidad. Es evidente que la organización de CC.OO. había superado una barrera que le permitía funcionar a pesar de la represión franquista, algo que era posible gracias a que había otros dirigentes como el Cipri o los que estaban en prisión. Ese potencial fue determinante para conquistar las libertades perdidas 40 años atrás, ni la primera gran crisis económica mundial desde el crac del 29 que empezaba a repercutir en España, ni el intento de imponer por decreto topes salariales en un intento estéril de contener los incrementos de precios, ni la represión que dejó un importante saldo de víctimas pudieron detener la ofensiva del movimiento obrero, con CC.OO. como gran protagonista, que resultó determinante para que el intento de mantener el franquismo sin Franco, el primer gobierno de la monarquía presidido por Arias Navarro, durara apenas medio año. Más allá de la biografía de Cipriano García hay que entender que el Cipri representó eso, la tozudez militante y la inteligencia colectiva de unos cuantos que fue capaz de ir ensanchando su influencia y atrayendo a nuevos efectivos para poder hacer frente a la dictadura y hacer avanzar las conquistas democráticas
He insistido antes en que las CC.OO. de Catalunya son la CONC, es decir, La Comissió Obrera Nacional de Catalunya y es el momento de profundizar en ese tema. Buena parte de la militancia de las primeras CC.OO, como el propio Cipriano García, fueron trabajadores catalanes nacidos fuera de Catalunya, en las empresas convivían con compañeros y compañeras nativos de Catalunya y de otros puntos de España, siendo estos últimos un porcentaje muy elevado en las localidades y comarcas más industrializadas, donde el movimiento obrero tenía más opciones de desarrollarse como así fue. A diferencia de lo que sucede hoy, tras la penetración de gran número de empresas multinacionales, en aquellos años lo normal era que el patrón fuese un miembro de la burguesía catalana, con la excepción de un puñado de grandes empresas. Significa lo anterior que el riesgo de asociar catalanidad con condiciones de trabajo y salarios manifiestamente mejorables era un riesgo para una parte importante de la clase obrera. Hay que añadir a lo anterior una cierta tradición del movimiento obrero clásico, compartida por la mayoría de las corrientes de izquierdas, que venía a considerar la cuestión nacional como un planteamiento pequeño burgués, en la terminología de la época. Actuaban como contrapeso otras cuestiones, como la búsqueda de la unidad de todo lo que se expresaba como rechazo al franquismo, así, en 1960 Cipriano García y otros compañeros del PSUC de Terrassa son detenidos y condenados en Consejo de Guerra a penas de entre dos y ocho años de prisión por realizar una campaña pidiendo la libertad de Jordi Pujol. La militancia de CC.OO. proveniente del PSUC asumía un discurso nacional que no compartían otros miembros del sindicato, destacando entre ellos el FOC, el Front Obrer Català, equivalente catalán del conocido como "felipe" en el resto de España (FLP, Frente de Liberación Popular)
No recuerdo en que acto conmemorativo de la CONC que se celebró en el salón de actos del sindicato, posiblemente en uno de los aniversarios de su creación, Pasqual Maragall que perteneció por aquellos tiempos al FOC, explicó su versión de aquel debate: como los sindicalistas de CC.OO. pertenecientes al PSUC veían peligrar el control de la Comisión Obrera del Metal de Barcelona, la más importante y con fuerte presencia de sindicalistas afines al FOC, el partido de los comunistas catalanes decidió impulsar la creación de la CONC para poder mantener el control sobre la organización. Las maragalladas eran en ocasiones genialidades y en otras ocurrencias, en este caso no se sostiene su teoría por ningún sitio, sin duda las pugnas por el control de la organización existieron, como sucede en cualquier entidad de composición plural, pero para saltarse el escollo de una sectorial de rama de Barcelona bastaba con defender la creación de las CC.OO. de Catalunya, no hacía falta para nada añadir en medio el término nacional. La decisión adoptada en 1966, dos años después de la asamblea fundacional de CC.OO. en Catalunya, de constituir la Comissió Obrera Nacional de Catalunya tuvo unas consecuencias decisivas en el devenir de la historia catalana de los años posteriores y es cierto que salió adelante con la oposición de una parte de la organización (además de los miembros vinculados al FOC había otros grupos que rechazaban la propuesta) que consideraba que la defensa de los intereses nacionales de Catalunya era subordinar los objetivos de CC.OO. y por ende de la clase trabajadora a los intereses de la burguesía. Resulta cuando menos curioso que el nieto del poeta Joan Maragall y posterior Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya fuera defensor de ignorar la defensa de las libertades nacionales catalanas mientras que el obrero manchego y castellanohablante defendía que la asunción de las reivindicaciones nacionales catalanes era necesaria para evitar una ruptura del movimiento obrero por razones de origen
La trascendencia de la decisión adoptada en 1966 es difícilmente discutible. El movimiento de CC.OO. fue en Catalunya, como en España, el más potente en la lucha antifranquista, pero Catalunya se anticipa en la adopción de mecanismos unitarios de oposición al franquismo, primero con la Taula Rodona a partir de la Caputxinada de 1966, después con la Coordinadora de Forces Polítiques de Catalunya y finalmente con la Assemblea de Catalunya, el ámbito de esta última superaba con creces el de las fuerzas políticas e incluyó a representantes del conjunto de la sociedad catalana, a organizaciones de todo tipo y a personalidades de prestigio sin vinculación con ninguna entidad. Que eso fuera posible, cuando en el resto de España se estaba lejos de poner de acuerdo ni siquiera a los partidos para hacer una única plataforma conjunta de fuerzas políticas, sería difícilmente imaginable si la organización con mayor capacidad organizativa en lo político, el PSUC, y la que llegaba a mayor número de personas, el movimiento sindical de CC.OO, no hubieran participado de las aspiraciones en materia nacional que eran la razón de ser de otros colectivos antifranquistas.
Pero más allá de eso, la asunción de las reivindicaciones nacionales fue fundamental para cohesionar la sociedad catalana. Sin olvidar en ningún momento el conflicto de clase y los distintos intereses que tenía cada cual en la sociedad catalana, la lengua y la cultura no fueron objeto de confrontación. La fortaleza de esta cohesión evitó los brotes de nada parecido al lerrouxismo de la primera mitad del s. XX y arrastró al conjunto de fuerzas políticas y sindicales a asumir los planteamientos nacionales, tanto en el frente sindical como en el político. La ruptura de ese marco de cohesión fue el objetivo del Partido Andalucista (entonces se denominaba aún Partido Socialista Andaluz) al presentarse en la primeras elecciones al Parlament en 1980, donde obtuvo 2 diputados, ese fantasma volvió con la aparición de Ciudadanos en las elecciones al Parlament en 2006, en las que obtuvo 3 diputados, los mismos que en 2010: 30 años después el voto abiertamente anticatalanista se mantenía en unos niveles bajísimos, la cosa cambió con la puesta en marcha del procés, pero esa es otra historia
En lo que respecta a lo que se plantea en este escrito lo que destaca es la función de los dirigentes obreros, catalanes de origen o no, en la construcción de un proyecto nacional popular. La inspiración fue política, en este caso la inteligencia de los Cipris de aquellos años se expresó en la capacidad de trasladar a un movimiento de raíz netamente social el aprendizaje político que ellos tuvieron y que provenía de legado del PSUC: la conquista de derechos sociales y derechos nacionales eran inseparables, en ningún caso la cuestión identitaria podía fracturar la unidad de clase en la defensa de los objetivos de emancipación de la explotación del hombre por el hombre. El lenguaje puede sonar a anticuado, era el que ellos empleaban, no hay mejor forma de explicar lo que defendían que usar sus propias palabras
Lo que fue el Cipri es lo que fueron los hombres y mujeres que plantaron cara al franquismo, con valor y también con una gran inteligencia que se acostumbra a olvidar. El mismo año del fallecimiento de Cipriano, 1995, el archivo histórico de la CONC ya funcionando con el añadido Fundación Cipriano García, editó un pequeño librito, con un reseña biográfica de Javier Tébar, un escrito de Antonio Casas (el Casas de Terrassa para los que lo conocimos) hablando de sus experiencias compartidas con Cipriano, incluida la carcelaria, otro artículo de José Luis López Bulla, quizá el más aventajado de sus discípulos y diversos escritos del propio Cipriano García. Ignoro si ese pequeño librito está disponible en formato digital en la página web del sindicato, si es así convendría y mucho divulgarlo, si no es así creo que es una tarea poco compleja que debería hacerse cuanto antes y darle la publicidad que se merece.
Cipriano García fue uno de los grandes sindicalistas catalanes y españoles del s. XX, aquí se ha intentado destacar la importancia de lo que supuso su lucha, siempre colectiva, pero con una importante carga de sacrificio exclusivamente personal, que su memoria no se olvide es una cuestión de justicia, pero también una necesidad que tenemos para poder entender qué somos y por qué somos, porque lo fue el Cipri sigue estando vigente por mucho que le pese a algunos
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