divendres, 12 d’abril del 2019

LAS RELACIONES EXTERIORES DEL FRANQUISMO

El primer franquismo soñó con  devolver a España el status de imperio a partir de los dominios en el norte de África (ese fue el precio solicitado a Hitler para entrar en la II Guerra Mundial al lado del eje) y en la agonía del dictador, con Juan Carlos de Borbón de jefe de estado en funciones, acabó cediendo el último reducto de sus dominios africanos, el Sáhara Occidental. Antes había perdido Guinea Ecuatorial, Sidi Ifni y el Protectorado que ejerció durante más medio siglo sobre una parte de Marruecos, el estado constituido allí donde Franco cimentó su poder se aprovechó, en su agonía, de la debilidad española en el escenario internacional.

Esa misma debilidad se reflejó en el entierro de Franco y en la coronación de Juan Carlos I, sólo asistieron tres jefes de estado: Hussein de Jordania; Rainiero de Mónaco y Augusto Pinochet, gran admirador y discípulo de Franco. Los últimos meses de la vida de Franco fueron de contestación en el exterior, las cinco ejecuciones del 27 de septiembre de 1975 (a Franco no le quedaban ni dos meses de vida) generaron protestas que en el caso del convulso Portugal de entonces, por ejemplo, acabaron con el asalto e incendio de la embajada española. Las reacciones fueron generalizadas y motivaron la última y patética aparición pública de Franco el 1 de octubre de 1975

Pero a esa aparente debilidad exterior es necesario contraponer un dato objetivo, la política exterior del régimen fue determinante para su subsistencia, Franco sólo salió de España para entrevistarse con Hitler en Hendaya, pero supo maniobrar con habilidad para evitar que su régimen cayera cuando lo hicieron los otros estados fascistas europeos, aprovechó la Guerra Fría que intuyó muy pronto para ofrecerse a los Estados Unidos y la Gran Bretaña como un bastión seguro contra el avance del comunismo en el mundo que surgiría tras la II Guerra Mundial. España salió poco a poco de su aislamiento (ingreso en la ONU en 1955, visita del presidente americano Eisenhower en 1959) y con el giro de su política económica tras el plan de estabilización (ver aquí) fue normalizando cada vez más sus relaciones exteriores, asentadas sobre dos pilares.

  1. El posicionamiento en la Guerra Fría, consolidado con la cesión de territorios y soberanía nacional a los EE.UU. para que ubicara bases militares estratégicas en suelo español sin limitaciones ni control sobre lo que en ellas se hiciera
  2. El desarrollo de relaciones económicas con los países europeos en cuatro frentes: exportación de materias primas y productos manufacturados de poco valor añadido; importación de productos manufacturados de todo tipo, especialmente los que requerían el uso de tecnología y maquinaria fuera del alcance de las empresas españolas; actividad turística creciente y exportación de mano de obra migrante

La política exterior que le permitió sobrevivir tenía contrapartidas para el franquismo, la realpolitik tenía contrapesos en los países europeos donde la opinión pública ejercía presión sobre los gobiernos, la oposición antifranquista tenía respaldo, al menos verbal, de los partidos democráticos europeos y la imagen del país tenía que ser amable para ser atractivo a un turismo cada vez más importante para la economía española.

En ese contexto cabe entender que los años 60 fueron los años del desarrollismo y también del aperturismo, medidas timoratas que querían dar la imagen de una normalización que no existía y que tienen su expresión más conocida en la Ley de Prensa del ministro Manuel Fraga, se suprimió la censura previa, pero no las multas administrativas y el cierre de medios si lo que se publicaba no era del gusto del régimen. El franquismo no deja sus prácticas represivas, pero cada caso genera protestas, mayores cuanto más barbarie se aprecia en el hecho, destacando las movilizaciones internacionales por la tortura y ejecución de Julián Grimau en 1963, el proceso de Burgos en 1970, la ejecución de Puig Antich en 1974 y los ya mencionados fusilamientos de 5 miembros de ETA y el FRAP en 1975

Las transformaciones que se dan en la sociedad española durante la Transición tienen su motor en las dinámicas internas, pero no pueden despreciarse las influencias del contexto internacional y los cambios que se producen en algunos casos concretos

  1. Portugal no puede ni pudo considerarse una gran potencia, pero se convirtió en un quebradero de cabeza para los países del bloque occidental desde 1974, tras la Revolución de los Claveles del 25 de abril, hasta el encauzamiento paulatino de la situación en el país luso a finales de los 70 y principios de los 80. El riesgo de que la revolución derivara hacia un régimen izquierdista que se alejara de la órbita occidental fue una preocupación real para EE.UU. y sus aliados y el miedo a que se contagiara España con el ejemplo portugués existió. La Revolución de los Claveles se produjo un año y medio antes de la muerte de Franco y cuando ya era evidente el deterioro de la salud del dictador, ya en el verano de 1974  Juan Carlos de Borbón tuvo que asumir temporalmente, por vez primera, la jefatura del estado por sus problemas de salud. La situación inestable en Portugal se prolongó coincidiendo con la inestabilidad política que vivió España durante los años posteriores de la Transición. El fantasma de Portugal influyó en la posición de la diplomacia occidental con respecto a España
  2. La conservadora CDU monopolizó el poder en la República Federal Alemana desde su fundación hasta que los socialdemócratas encabezaron el gobierno con Willy Brandt (tras un breve periodo de gran coalición) en 1969 y con Helmut Schmidt hasta 1982. Su permanencia en el poder abarca todo el periodo desde los últimos años del régimen hasta la llegada al poder de Felipe González, el apoyo a procesos de cambio en España y el soporte de todo tipo al PSOE y la UGT fueron determinantes en la evolución del proceso histórico de la Transición
  3. El Vaticano dio un giro importante con los papados de Juan XXIII (1958-1963) y Pablo VI (1963-1978) marcados por el Concilio Vaticano II. Si la Iglesia Católica había sido uno de los puntales ideológicos y un poder fáctico en el franquismo, en sus últimos años surgen fisuras importantes entre esta y el régimen. En otro momento se hablará de movimientos en clave española que se dieron en esta institución, pero no podemos olvidar que en un sistema absolutista como el que tiene la Iglesia Católica un periodo tan largo de papados renovadores tuvieron una influencia decisiva en los nombramientos de la cúpula eclesial española, monseñor Enrique y Tarancón no fue Cardenal Primado de España por casualidad, ni por casualidad fue abucheado por los fascistas más recalcitrantes el día del entierro de Carrero Blanco

Otras cancillerías fueron importantes en el devenir histórico de España, sin duda EE.UU, la gran potencia occidental, la vecina Francia y la siempre influyente Gran Bretaña, pero su influencia fue más continuista desde el final de la II Guerra Mundial y no experimentó giros como los mencionados en los tres casos anteriores.

Cuando muere Franco las relaciones exteriores españolas eran manifiestamente mejorables, pero al mismo tiempo había obsesión en los países de nuestro entorno con la preservación de la tranquilidad en la retaguardia del bloque occidental, hubo influencias para que cambiasen cosas por presión popular hacia los gobiernos occidentales pero, sobre todo, hubo movimientos para que la ausencia de cambios no llevaran a un estallido incontrolable, uno de los temores, ni los que se introdujeran provocasen un efecto péndulo que desestabilizara en el equilibrio geoestratégico de la zona, el otro gran temor 

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