dijous, 4 d’abril del 2019

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE FRANCO: LA ECONOMÍA

Aunque la dictadura no murió con el dictador, en los últimos años de su vida ya se evidencia un agotamiento del régimen. Desde finales de los años 50 el franquismo se ve obligado a reorientar sus políticas ante el fracaso manifiesto de las que puso en marcha tras la guerra, en especial en el terreno económico, donde la defensa de las políticas autárquicas (según las cuales el país era capaz de autoabastecerse de cuanto necesitaba) acabó siendo insostenible

Se unió a ello un relevo generacional, empezaba a cobrar protagonismo una parte de la población que no había vivido la guerra o eran niños por entonces, aunque la jerarquía del régimen seguía estando en manos de una generación de la guerra cada vez más envejecida, como el propio dictador

El desgaste del franquismo fue acelerándose en los últimos años y en el último lustro de vida del dictador era un secreto a voces, lo que explica que buena parte del propio aparato del régimen se fuera posicionando para un escenario diferente, la pregunta no era si habría cambios sino qué tipo de cambios se producirían, sin ignorar que los partidarios del régimen controlaban instrumentos de poder clave y lo que no se produjo fue un colapso del mismo

Es interesante ver cómo se manifiestan las dificultades y las fortalezas del régimen en diferentes apartados, empezando por el de la economía. Desde el plan de estabilización de 1959 España consiguió ponerse a la estela de los otros países europeos del entorno, el llamado milagro económico español significó en términos de PIB que la curva de crecimiento de la economía española empezó a ser, desde 1960, muy similar a la de Francia, Alemania, Italia o el Reino Unido, la gran diferencia es que estos países experimentaron crecimientos espectaculares en los 15 años anteriores, una vez finalizada la II Guerra Mundial, y España apenas alcanzaba a finales de los 50 la producción de tiempos de la República. El resultado final es una curva muy parecida pero muy por debajo de la de los países de su entorno

La apertura al comercio exterior, los crecientes ingresos por turismo y las remesas de la población que emigró a otros países europeos permitieron el crecimiento de la actividad económica a costa de unas tasas de incremento de los precios muy superiores a la de los países motores de la economía europea. La inflación tuvo puntas superiores al 10 y el 15% en la década de los 60 y desde principios de los 70 inicia una escalada que la lleva a situarse alrededor del 25% en 1975. Crecimiento económico y de los beneficios, incremento de precios y ausencia de una marco legal que permitiera la negociación colectiva de los convenios con normalidad constituyen una combinación de la que se hablará en otra entrada

El crecimiento económico del llamado desarrollismo no fue homogéneo y tuvo consecuencia sociales y territoriales. La actividad económica creció en una parte del territorio: las zonas con un tejido industrial preexistente (Catalunya y Euskadi), el creciente polo político-industrial de Madrid, algunos focos aislados como Valladolid y Zaragoza y las zonas costeras del Levante que atrajeron gran parte de la actividad turística. La mayor parte del territorio interior no experimentó dicho crecimiento.

Desde el punto de vista poblacional esta asimetría del crecimiento provocó que además de la emigración campo-ciudad, característica de los procesos de industrialización y que en España se produjo con muchísimo retraso con respecto a los países vecinos, se produjera otro fenómeno de emigración a gran escala de los territorios de origen hacia otros dentro de España o al exterior. El fenómeno se venía dando desde los años 50 y se vio incrementado en los 60, la España interior enviaba población de forma masiva a las zonas de tradición industrial y a Madrid. Las condiciones de vida a las que se enfrentaron esas masas de población desplazadas por motivos económicos distaban mucho de ser idóneas, lo que también tuvo consecuencias de las que se hablará en otro momento

A pesar de los desequilibrios del crecimiento España empezó a tener lo que se ha venido en llamar clase media, empezó a haber personas y familias que podían consumir por encima del umbral de pura subsistencia y generar un mercado interior con capacidad creciente de consumo. El crecimiento era innegable, aunque tardío y con desequilibrios considerables, y al mismo tiempo generaba conflictos crecientes que el régimen franquista tenía dificultades para canalizar

Los últimos años de vida del dictador vinieron marcados en el terreno económico por la crisis del petróleo de 1973, la gran crisis que puso fin en el mundo occidental a la llamada edad de oro del capitalismo, en la que se combinó un fuerte crecimiento económico con el desarrollo de un estado del bienestar potente. Fueron la sociedad y los gobiernos posteriores al dictador, que no a la dictadura, los que tuvieron que enfrentar la nueva era, con la particularidad de que en España el estado del bienestar era raquítico, pero ese será otro tema


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