dilluns, 1 d’abril del 2019

LA TRANSICION, UN VIAJE AL PASADO

Es frecuente en la actualidad el recuerdo a la Transición en forma de loanza o en términos o despectivos, rara vez el tratamiento es el de un proceso histórico, sino el de un argumento para defender unas posiciones políticas del presente. Se producen así dos paradojas:

  1. Se da por hecho en las dos visiones que se dan que la Transición fue algo diseñado por un pequeño grupo de personas que nos condujo a la constitución de 1978. Para los unos fue un ejemplo magnífico de saber hacer gobernado con mano maestra por Juan Carlos I y para los otros una componenda que permitió que todo siguiera prácticamente igual, siendo la monarquía española actual la continuación del franquismo
  2. Los que se autoarrogan el rol de defensores de la constitución de 1978 o no se la han leído o ignoran deliberadamente su contenido, la blanden contra todo el que discrepe de su opinión y hacen gala de un desconocimiento profundo de su contenido y del espíritu que la impregna. Los críticos con la constitución se ven en la necesidad de desempolvarla para recordar contenidos concretos de la misma en materia de pensiones, derechos a un empelo digno, a la vivienda etc...
Algo no cuadra cuando estas dos paradojas son reiteradas. Con esta entrada voy a iniciar una serie en las que intentaré explicar la Transición como proceso histórico, con un resultado que es consecuencia del equilibrio de fuerzas que se produce entre intereses y propuestas enfrentadas en el pasado. Quiero remarcar lo del pasado porque aunque se trate de hechos históricamente muy próximos el tratamiento ya no puede ser periodístico, significa eso que hay que hacer un esfuerzo para comprender unas mentalidades y unas situaciones que son distintas de las actuales

Lo más fácil sería recurrir al clásico del cambio que han introducido las nuevas tecnologías, pero los cambios espectaculares que se han producido en este terreno son menos relevantes que otros que pasan más desapercibidos. Si situamos los antecedentes inmediatos de la Transición en los inicios de la década de los 70 y la damos por concluida (cosa muy discutible) con la aprobación de la Constitución en 1978 vemos que se pasa de la tele en blanco y negro en gran parte de los domicilios al color en un porcentaje creciente y que el vídeo no había penetrado aún en la vida cotidiana de la gente, por supuesto que ni hablar de la informática. Pero soy de los que piensa que había cosas que han cambiado mucho más profundamente y pasan desapercibidas al aventurarnos en los hechos de aquellos años, sobre todo porque acostumbramos a pensar en nuestra propia historia como si se desarrollara en una burbuja y no tuviera relación con lo que sucedía en el resto del mundo

En los años 70 estábamos todavía en lo que el historiador inglés Eric J. Hobsbawm denominó el siglo XX corto, el que va de 1914 a 1991. El inicio de la I Guerra Mundial fue el fin del marco histórico que había dominado la historia europea (y por extensión la mundial) desde las revoluciones industrial y francesa y la consolidación de los estados burgueses modernos en la segunda mitad del s. XIX, la desintegración de la URSS abrió las puertas al mundo actual, el que imprime unas dinámicas y unas mentalidades que debemos aparcar cuando analizamos hechos anteriores. En la década de los 70 del s. XX se entra en la dinámica de cambios que nos lleva al mundo actual, pero aún resisten características que es imprescindible tener en cuenta para analizar la Transición. Dos grandes cuestiones deben tenerse presentes

La primera es que estaba plenamente vigente la Guerra Fría, España estaba en el bloque occidental a pesar de no pertenecer ni a la Comunidad Económica Europea ni a la OTAN y los Estados Unidos ejercían un papel determinante. Si algún proceso se desmadraba en cualquiera de los dos bloques era muy difícil que el experimento pudiera sobrevivir sin el consentimiento de la potencia tutelar, fuera en Chile o en Checoslovaquia. La muerte de Franco era seguro que ocasionaría cambios, pero nada estaba escrito sobre cuáles serían, el precedente de la revolución de los claveles en Portugal en 1974, un año antes, era un serio toque de atención, a USA y sus aliados les costó años reconducir la situación en Portugal y con ese frente abierto lo que menos se quería era otro quebradero de cabeza en España

La segunda es que la doctrina económica dominante no era aún el neoliberalismo. La intervención anticíclica de los estados en la economía, la escuela keynesiana, dominaba aún el mundo académico. Es cierto que la llamada crisis del petróleo, con el encarecimiento súbito de una materia prima esencial, puso en cuestión la eficacia de las recetas económicas al uso por el fenómeno de la estanflación (estancamiento e inflación de forma simultánea) ya que lo que solucionaba el problema del estancamiento (gasto público) empeoraba el de la inflación, pero la nueva doctrina económica preconizada por Milton Friedman y la escuela de Chicago no se había impuesto, justo empezó a probarse en la práctica tras el golpe de estado de Pinochet en Chile (1973) y empezó a ganar la hegemonía con las elecciones de Margaret Thatcher (1979) y Ronald Reagan (1981)

Sin ponerse mentalmente en ese contexto histórico, al que hay que añadir los elementos propios de una situación española que poco tiene que ver con la actual, es imposible comprender qué paso y por qué pasó. De la misma manera que es imposible entender la evolución posterior de la historia, hasta llegar al presente, sin tener en cuenta los cambios de contexto que se han producido. Un ejemplo para que se entienda, la constitución tiene artículos que hablan de la planificación de la economía o de la propiedad privada al servicio del interés general, eso sería impensable si los postulados keynesianos no fueran la ortodoxia económica generalmente aceptada durante la Transición, el famosos artículo 135 (el que desde 2011 establece que primero hay que pagar la deuda y después lo demás si se puede) no tiene mayor rango en la constitución que el que habla del derecho a la vivienda y que se incumple desde su aprobación. Significa eso que muchos de los males que unos atribuyen a la Transición tienen más que ver con lo que ha sucedido después en España y en el mundo. Y significa también que no hay una interpretación buena de las Constitución como parecen creer los autoproclamados constitucionalistas

La Transición fue un proceso histórico, su resultado un nuevo régimen que como todos es susceptible de ser cambiado a través de evoluciones o por rupturas. Seguirán a esta nuevas entradas en el bloc para intentar explicarla, para que tenga sentido hay que tener en cuenta la necesidad de acercarnos con la idea de que aquel era otro tiempo y, en consecuencia, otro mundo, si eso es algo que requiere de un esfuerzo por parte de los que vivimos el periodo mucho mayor será el de las personas que no lo vivieron y no tienen recuerdos de cómo era la vida cotidiana en aquellos tiempos

La recompensa de conocer la historia es entender mejor lo que nos pasa hoy, si el pasado es tan reciente como los 40 o 50 años que nos separan del periodo a analizar en este caso la influencia sobre nuestras vidas es innegable, saber qué pasó puede ayudarnos, y mucho, a acertar con las claves del presente

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