No fue un proceso fácil, la represión sobre los sindicatos republicanos y las personas que los integraban fue dura desde el primer momento. Incluso en las zonas donde la sublevación se impuso de entrada y no hubo resistencia a la misma, el movimiento obrero era la gran bestia negra de los rebeldes porque estaba en todas partes, a diferencia de los nacionalismos periféricos, y era la encarnación de lo que ellos consideraban los males de la patria
La represión fue dura y sostenida sobre la UGT, el sindicato en el que se encuadraban los socialistas y los comunistas, y sobre la CNT, responsable de la experiencia revolucionaria en Catalunya y sindicato histórico con especial arraigo en dicho territorio, el más industrializado de España
La UGT padeció sucesivas caídas de dirigentes, de especial gravedad fue la de 1953, en la que murió como consecuencia de las torturas Tomás Centeno, secretario general en el interior del sindicato, además de ser detenidos un elevado número de miembros de la organización. Como consecuencia de la persecución acabó pasándole lo mismo que a la mayoría de organizaciones políticas, limitó drásticamente su actividad interior y se centro en la exterior para denunciar a la dictadura e intentar evitar, entre otras cosas, el reconocimiento del sindicato vertical por los organismos internacionales.
La UGT no supo interpretar los cambios que se estaban produciendo en la España franquista, se negó a participar en los procesos de elecciones sindicales organizados por el sindicato vertical oficial e iniciativas como la de intentar impulsar la Alianza Sindical Obrera en 1962 con la CNT tuvieron nulo recorrido. La UGT no tuvo presencia significativa en el movimiento obrero que se desarrolló desde que la aprobación de la Ley de Convenios Colectivos en 1958 abrió la posibilidad de intentar algún tipo de actividad sindical
Más sangrante fue el caso de la CNT, al final de la guerra parte de sus cuadros que no partieron al exilio o sufrieron la dureza de la represión o fueron captados por las autoridades para que ayudaran a la creación del sindicato vertical, no es de extrañar que más de uno aceptara porque la negativa suponía seguir sometido al proceso represivo, como le sucedió al histórico dirigente Joan Peiró, que se negó a colaborar y acabó fusilado. La existencia de infiltrados propició frecuentes desarticulaciones y la organización llegó a la década de los 60 sin tener una estructura interior mínimamente organizada y con conflictos internos graves en el exterior. En este contexto surge el llamado cincopuntismo, la dirigentes madrileños aceptan negociar con el régimen franquista la participación en el sindicato vertical, el acuerdo fue en la práctica el de la dirección nacional de la CNT desde el interior entre otras cosas por la detención de los que se oponían, encabezados por los dirigentes catalanes. A diferencia de lo que hizo CC.OO. los cincopuntistas de la CNT, encabezados por Francisco Royano y Lorenzo Íñigo aceptaron las propuestas de los dirigentes del régimen, entre otras cosas que quienes trabajaran en el interior de la OSE (Organización Sindical Española, sindicato vertical) no pertenecieran a la dirección clandestina de la CNT en el interior, que quedó vacante hasta después de la muerte de Franco
En definitiva, hablar del movilizaciones obreras en el último periodo del franquismo y hasta la muerte del dictador es hablar de CC.OO, un movimiento que surge con los cambios que se producen en España y que creció a pesar de la represión que padeció. Qué condiciones se dieron y cómo evolucionó el movimiento de CC.OO. es lo que va a ocupar esta entrada
El movimiento obrero supo adaptarse a las condiciones que se dieron como consecuencia del giro que el franquismo dio en materia de política económica y, por tanto, laboral. El fracaso del proyecto autárquico dio pie a una apertura de la economía al exterior, después del Plan de Estabilización de 1959 se inició un periodo de crecimiento, conocido como los años del desarrollismo, que llegó hasta la crisis de mediados de los 70 (ver aquí) En materia laboral esos cambios tuvieron su reflejo la Ley de Convenios Colectivos de 1958 que pretendía sustituir el reglamentismo de las Ordenanzas Laborales promulgadas desde el poder político por procesos de negociación que favorecieran incrementos de productividad (mejoras de competitividad en un mercado más abierto) a cambio de incrementos salariales. Era una negociación colectiva condicionada por la ausencia de derechos básicos para ejercerla, en especial los de libre sindicación y de huelga, pero abrió puertas al uso de la legalidad vigente para sobrepasarla en los momentos de fuerte crecimiento económico que vinieron
La negociación colectiva de los convenios no creció con rapidez, las empresas eran reticentes y las autoridades y las direcciones provinciales del sindicato vertical tuvieron que sugerir de forma reiterada a las mismas la necesidad de hacer uso del nuevo marco legal. Por su parte, en los primeros años de vigor de la norma la desorganización de la parte trabajadora era tan grande que costó forzar procesos de negociación que cuando se daban, además, podían acabar en normas de obligado cumplimiento dictadas desde la OSE para desactivar conflictos sociales. Pero el nuevo marco legal introdujo posibilidades de acción que empezaron a ser aprovechadas, como después se verá
Otro factor a tener en cuenta es el de las pugnas internas entre diferentes sectores del régimen, estas provocaron cambios de equilibrios de poder entre tendencias que se tradujeron en periodos de mayor permisividad a los que sucedieron momentos de intensificación de la represión cuando se veían riesgos de perder el control de la situación. Los sectores más inmovilistas iban perdiendo poder, pero mantenían mucho, Girón y otros miembros de los que después se calificó como el búnker del franquismo estuvieron siempre presionando para limitar lo que ellos consideraban excesos de aperturismo. También dentro de los sectores renovadores del franquismo había pugnas internas, los llamados aperturistas buscaban aquilibrar el poder que era evidente que iban copando los tecnócratas ligados al Opus, si Manuel Fraga se presentó como punta de lanza de ese sector desde el Ministerio de Información y Turismo, en el terreno de las relaciones laborales fue José Solís, Ministro Secretario General del Movimiento y máxima autoridad dentro de la OSE, el que intentó fomentar una imagen irreal de modernización, postura que tuvo su influencia en el devenir de lo ocurrido a mitad de la década de los 60 y sobre lo que se hablará a continuación.
CC.OO. no fue un sindicato hasta 1977, surgió como un movimiento al que se incorporaron sectores procedentes de distintos ámbitos. No hubo un momento fundacional, sino antecedentes que fueron configurando las características de un sujeto social nuevo que se adaptó a las condiciones de la realidad económica y laboral de España. Hubo antecedentes desde los años 50 en los movimientos cristianos de base que crearon las Hermandades Obreras de Acción Católica (HOAC) y las Juventudes Obreras Católicas (JOC) y hasta un sindicato nuevo como USO que se integró en numerosas ocasiones en el funcionamiento de las CC.OO. Por tradición se acepta que las comisiones temporales que se crearon para negociar en procesos concretos, a veces formadas por los mismos jurados de empresa (antecedentes de los actuales Delegados de Personal y miembros de Comités de Empresa) y a veces no, fueron abriendo camino desde los últimos años de la década de los 50. Se sitúa también como antecedente la elaboración por parte del PCE de la propuesta política de reconciliación nacional en 1956 que supuso un cambio de estrategia trascendente para la militancia en el interior
Lo cierto es que la mayoría de historiadores sitúa las huelgas mineras de Asturias en 1962, que se extendieron a Vizcaya y otras provincias como el punto de inflexión. Se considera generalmente que fue la última huelga defensiva, pero por su amplitud y duración, por las formas organizativas y por los elementos de solidaridad que generó (intelectuales, estudiantes, apoyo internacional) es también el pistoletazo de salida para las nuevas formas de actuación. La represión fue dura, pero que José Solís interviniera, buscara soluciones políticas y trasladara las concesiones al BOE significó un cambio de paradigma con consecuencias definitivas
las elecciones sindicales de 1963 son las primeras del denominado entrismo, la participación del antifranquismo en estos procesos electorales para tener presencia y aprovechar los resquicios legales para combatir a la dictadura. El incipiente movimiento de CC.OO. y las organizaciones cristianas (HOAC, USO) tienen resultados muy modestos, pero abren paso a una nueva estrategia frente a los llamamientos a no participar que mantienen UGT, CNT y ELA-STV
Como se dijo al hablar de la evolución económica en los 60 la percepción de mejora del beneficio empresarial era clara al tiempo que se dispararon los precios hasta alcanzar en algunos años incrementos de más del 15 %, las reivindicaciones obreras de mejoras salariales se abrían paso ante esta doble constatación y los convenios colectivos, con todas las carencias de una negociación con ausencia de derechos fundamentales, eran un instrumento. La estrategia sindical de usar los mecanismos legales suponía, sin perjuicio de mantener actividades clandestinas, actuar abiertamente como representación del colectivo, un riesgo importante pero inevitable para pasar de la propaganda de agitación a la organización de un movimiento sindical mínimamente articulado
La dinámica de acción-represión fue continua entre 1963 y la muerte de Franco y afectó de forma muy substancial a CC.OO. desde la constitución de sus primeros núcleos organizados, lo que coincide en el tiempo con la constitución del Tribunal de Orden Público en diciembre de 1963. Las sentencias del Tribunal Supremo procedentes de causas por asociación ilícita abiertas por el TOP fueron hasta 1976 un total de 165, de ellas afectaron al sindicalismo 47 a CCOO, 2 a ELA-STV y 1 a UGT (al PCE 61, a ETA 26, etcétera)
En 1964 empezaron a formarse núcleos organizados en diferentes puntos (el metal de Madrid, el de Sevilla, la Comisión Obrera Central de Barcelona) con activistas claves del futuro como Marcelino Camacho, Julián Ariza, Eduardo Saborido, Ángel Rozas, Josep Coscubiela, Tomás Chicharro...
José Solís intentó en enero de 1965 con CC.OO. algo parecido a lo que hizo pocos meses después con los cincopuntistas de la CNT, pero la respuesta de Camacho, Ariza y los demás miembros del metal de Madrid de CC.OO. fue clara, sólo defenderían un sindicalismo plenamente democrático y no colaborarían con la OSE, a diferencia de los que hizo aquel sector de la CNT. El máximo responsable de la OSE quería demostrar que era posible canalizar las reclamaciones obreras a través del sindicato vertical y así se llegó a las elecciones sindicales de 1966, en las que las candidaturas impulsadas por CC.OO. integraron a personas de procedencias muy diversas: comunistas, miembros de USO, activistas cristianos de base, miembros del FLP (el FOC en Catalunya) Los resultados ya no fueron tan discretos como en 1963, CC.OO. obtuvo la victoria en la mayoría de grandes empresas y en un buen número de Secciones Sociales Provinciales
El aperturismo no dio más de sí, detenciones y despidos marcaron los años siguientes, entre 1967 y 1968 diversas sentencias del Tribunal Supremo acabaron declarando ilegales a las Comisiones Obreras con el argumento de estar entroncadas con el Partido Comunista. Como muestra baste el caso de Marcelino Camacho, detenido ya en 1966 y en libertad provisional fue nuevamente encarcelado el 1 de marzo de 1967, desde entonces y hasta su indulto en diciembre de 1975 sólo disfrutó de 75 días de libertad
La represión no impidió que se siguieran organizando núcleos por todo el territorio, en 1967 se crea la Comissió Obrera Nacional de Catalunya, con las comarcas del Baix Llobregat y el Vallès Occidental como principales focos de refuerzo a las CC.OO. de Barcelona. Otro tanto sucedió con las Inter-ramas de Madrid y Sevilla, en Málaga, Galicia, Valencia... Este periodo de incremento de la represión franquista coincidió con un acierta moderación de la inflación a finales de la década. El estado de excepción en 1969, el proceso de Burgos en 1970, el aplazamiento de la elecciones sindicales hasta 1971 dan idea los esfuerzos que hizo el régimen para controlar una situación que por momentos parecía que podía írsele de las manos, lo que no impidió avances en la coordinación del movimiento de las Comisiones Obreras en todo el estado
Los resultados de la elecciones sindicales de 1971 fueron peores en medio de esa ofensiva generalizada de la represión, no obstante permitieron recomponer en parte una presencia mermada por las represalias policiales (incluyendo muertes como la de tres obreros de la construcción en Granada por disparos en una huelga en julio de 1970) y patronales, conviene no olvidar que estas fueron muy importantes en forma de despidos desde 1966. Por entonces ya estaba larvada la crisis económica que acabaría por estallar en la llamada crisis del petróleo de 1973 (abandono de EEUU del patrón oro en 1971 con la consiguiente inestabilidad monetaria) y que marcó los últimos años de gobierno del dictador
Los precios volvieron a repuntar, con muchísima fuerza en 1974 y 1975 por el encarecimiento del petróleo (llegando a rondar el 20 %) y los intentos de desactivar mediante la represión la protesta obrera iban a fracasar. Hasta las elecciones sindicales de 1975 la conflictividad sigue creciendo sin que ello pudiera ser evitado por la represión policial y patronal, en el conflicto de SEAT de octubre de 1971, además de la muerte a manos de la policía de Antoni Ruíz Villalba, se producen 12000 sanciones y se procesó a 8 trabajadores en el TOP y 13 en tribunales militares. Un mes antes la guardia civil mató a Pedro Patiño en una huelga de la construcción en Madrid. En marzo de 1976 una huelga de los astilleros Bazán por el convenio acaba en huelga general en Vigo tras la muerte de dos trabajadores (Amador Rey y Daniel Niebla) y con 8 condenados en consejo de guerra a penas de tres años y medio, además de otro proceso en el TOP a 23 trabajadores de los que 10 acabaron condenados a penas de entre 7 y 1 años
La detención de gran parte de la cúpula dirigente de CC.OO. en junio de 1972 que llevó al proceso 1001 no impidió el crecimiento organizativo. Detenidos y condenados Marcelino Camacho (llevaba tres meses en libertad) y Nicolás Sartorius de Madrid, Eduardo Saborido, Fernando Soto y Francisco Acosta de Sevilla, Juan Muñiz Zapico (Juanín) de Asturias, Miguel Ángel Zamora de Zaragoza, Pedro Santisteban de Vizcaya y Luis Fernández Costilla de Valladolid. Evitaron la caída los representantes de Galicia que tuvieron dificultades para asistir a causa de la reciente huelga general de Vigo y los catalanes Cipriano García, José Luis López Bulla y Armando Varo que se retrasaron y evitaron la detención al percatarse de algunos movimientos extraños que les alertaron. Fue Cipriano García el designado en enero de 1973 para ejercer las tareas de coordinación en toda España con el soporte de la CONC
Desde 1973 la crisis afectó al empleo y a la carestía como consecuencia del fenómeno inédito de la estanflación (estancamiento e inflación al mismo tiempo) y el malestar creció, el movimiento obrero llegó a los últimos meses de Franco con tres datos que vaticinaban un pulso inevitable fuera cual fuera el escenario, el decreto de abril que topaba los incrementos salariales de los convenios que se negociaran hasta fin de año como intento de controlar la inflación a costa del poder adquisitivo de los salarios, el vencimiento de muchos convenios en los meses siguientes y el resultado de las elecciones sindicales celebradas entre mayo y septiembre, en las que la victoria de la Candidaturas Unitarias y Democráticas impulsadas por CC.OO. obtuvieron una cara victoria frente a las oficialistas. Ha ganao el equipo colorao fue el titular de la revista Doblón, el choque de trenes era inevitable
NOTA 1. He usado en esta entrada más nombres propios que en otras porque suelen ser los nombres injustamente olvidados en la memoria oficial, baste recordar que en la exposición organizada por la Generalitat con motivo del cierre de la cárcel Modelo de Barcelona hubo un olvido, dudosamente casual, que hizo que ningún dirigente obrero de CCOO o del PSUC apareciera en la misma. Esa desmemoria selectiva no es exclusiva de Catalunya ni de los ambientes oficiales, las colosales enciclopedias de todo tipo dedican pocos y muy minúsculos espacios a personas y movimientos que fueron claves para entender nuestro presente
NOTA 2: Inevitablemente hablamos de un panorama muy poco feminizado, salvo casos como el del textil (donde podría haber hablado de Nati Camacho, por ejemplo) ni los sectores de producción más activos estaban significativamente feminizados ni la realidad social del momento dejaba muchos espacios de protagonismo a las mujeres, lo que no significa que estuvieran ausentes de las luchas. Un repaso a los hechos de cada localidad nos lo dejaría claro, como en la manifestación del Primero de Mayo de este año en Terrassa, en la que se conmemoraba el 50 aniversario de la que en 1969 partió de la Fuente de la Cañas, punto de encuentro en las afueras de la ciudad y en la que participaron no pocas mujeres como la Pura y su hija Cati Moreno, la Francisca (Redondo) y sus hijas Vicenta, Divina y María o Consol Hernández y Celia Hernández, Jurado de Empresa de Fontanals desde 1966, una importante fábrica textil que a finales de los 70 protagonizó una dura lucha contra su cierre.
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