diumenge, 12 de maig del 2019

FRANQUISMO Y CUESTIÓN TERRITORIAL

Entre los múltiples frentes que se le abrieron al franquismo desde los años 60 uno de los más destacados fue el incremento de apoyo a las reivindicaciones nacionales en distintos territorios, especialmente en Catalunya y Euskadi

En primer lugar hay que despejar una nube de desinformación histórica que tiende a instalarse: ningún territorio se opuso unánimemente a la sublevación militar fascista, las clases propietarias de forma mayoritaria prestaron apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, fueron reticentes e incluso abiertamente contrarias a la II República y apoyaron a Franco y el resto de sublevados, financiando los preparativos del golpe y la guerra que siguió a su fracaso inicial. Eso incluye a latifundistas agrarios, a industriales y a banqueros de toda España. Si en el caso de Catalunya se utiliza como justificación el miedo a la revolución que intentó impulsar la CNT-FAI, en el caso de Euskadi no hubo nada de eso y la práctica totalidad del capital se puso del lado franquista.

Lo que sucede desde los años finales de la década de los 50 (sobre todo en Catalunya, donde una parte significativa de la burguesía se manifiestó antifranquista) es parte de las fisuras que se abren en los apoyos al régimen, cuando a lo largo de los 60 se vaya estrechando la colaboración con el antifranquismo de base social se pone de manifiesto la gravedad del divorcio entre el régimen y uno de los sectores que le dio apoyo en sus orígenes

Catalunya y Euskadi experimentaron procesos totalmente diferentes.

En ambos casos se mantuvo la norma general de práctica desaparición de la actividad en el interior los partidos del período republicano, algo de lo que sólo se libraron por medio de múltiples reorganizaciones los comunistas del PCE y del PSUC. Pero mientras el PNV (Partido Nacionalista Vasco) fue capaz de mantener  el contacto social y reaparecer como partido hegemónico del nacionalismo vasco, tanto ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) como UDC (Unió Democrática de Catalunya) se vieron relegados a un papel secundario en el posfranquismo inmediato

En Catalunya se avanzó en la cohesión del antifranquismo en organismos unitarios con una casi unanimidad en torno a un proyecto catalanista, mientras que Euskadi se pareció más en eso al resto de España con la agravante de una separación marcada, otra cosa es lo que tuviera de real y lo que tuviera de forzada, entre vasquismo y españolismo

La gran diferencia fue el surgimiento en Euskadi de ETA, con un planteamiento sobre el uso de la violencia que nunca consiguió implantación en Catalunya a pesar de algunos intentos

Lo que sigue es autoplagio de entradas anteriores casi en su totalidad para evitar remitir a ellos con enlaces

En Catalunya, hasta la segunda mitad de los años 50 las dificultades generalizadas a las que se enfrentó la oposición antifranquista se reflejaron también en la defensa de la identidad propia de Catalunya. La oposición en el exilio tenía cada vez menos opciones con el reconocimiento paulatino del régimen, hasta hacer irrelevante a la Generalitat en el exilio, de la misma forma que le sucedió al gobierno republicano o al vasco, y en el interior hubo escasos movimientos que nunca lograron consolidarse.

Las debilidades que se manifestaron en el proyecto franquista y su necesidad de moderar su imagen negativa en el exterior animaron a todos los sectores opositores, entre ellos el catalanismo. La burguesía nacionalista encabezó dos episodios casi consecutivos de enfrentamiento con el poder político, primero el caso Galinsoga (entre 1959 y principios de 1960) impulsando una acción que consiguió la destitución de este director de La Vanguardia por parte del gobierno (era el que nombraba a los directores de toda la prensa) a raíz de unas declaraciones despectivas hacia los catalanes. Animado por este éxito el mismo grupo, con el clarificador nombre de Cristians i Catalans, protagonizó Els Fets del Palau unos meses después, en mayo de 1960, en este caso cantando el Cant de la senyera en un homenaje a Joan Maragall, autor de la letra, en el Palau de la Música, algo que había sido expresamente excluido por las autoridades del programa del acto. Esto sirvió de excusa para la detención y condena a prisión de Jordi Pujol, ya en el punto de mira por el tema Galinsoga

Las confrontaciones directas de estos sectores con las autoridades desaparecieron hasta que una década después se intensificara desde todos los ámbitos la oposición al franquismo. Dicho esto puede parecer que el nacionalismo catalán impulsado por sectores de la burguesía fue una especie de Guadiana en esta etapa, pero la realidad es que desarrolló un trabajo importante por otras vías. Quizá escarmentados por el poco recorrido de la confrontación directa, quizá porque veían con recelo el crecimiento de la oposición al franquismo en clave social y laboral en la década de los 60, desde estos sectores se desarrolló una importante labor en el frente cultural, con la lengua como eje, aprovechando la relajación de la dictadura en esta materia.

Las primeras iniciativas estuvieron directa o indirectamente relacionadas con la Iglesia, en 1959 inició su nueva etapa la revista Serra d’Or, editada por el Monasterio de Montserrat e impulsada en esta nueva etapa por Max Cahner y Ramón Bastardas. En 1961 aparecía la publicación infantil Cavall Fort, con el apoyo de los obispados de Girona Vic y Solsona y que sobrevive aún

En 1962 Max Cahner y Ramon Bastardas, hay que recordar su vinculación con Serra d’Or, fundaron Edicions 62, editorial que además de editar libros en catalán, originales o traducidos de otros idiomas, puso en marcha el proyecto de la Enciclopedia Catalana a partir de 1965, aunque las dificultades económicas condujeron al rescate de la publicación por parte de Banca Catalana, presidida por Jordi Pujol, momento en que se separó el proyecto de la editorial y se creó la empresa Enciclopedia Catalana S.A. En 1963 nació Ómnium Cultural y empiezó a desarrollar su labor de difusión de la cultura catalana por el conjunto del territorio

Hubo, en definitiva, un importante trabajo en el terreno cultural que en los años 70 se complementa con la participación, a título individual o ya con incipientes partidos, en las plataformas conjuntas de oposición al franquismo, en especial la Assemblea de Catalunya

La distinción, interesada y desde luego discutible, entre nacionalismo y catalanismo político ha permitido que en el imaginario colectivo se haya ido borrando la aportación en este período del nacionalismo progresista. Tras la guerra ERC sufrió la represión, como el resto de partidos y organizaciones, y no tubo actividad interior destacable hasta los últimos años de la dictadura, bajo la dirección de Heribert Barrera. Su gran baluarte fue mantener la presidencia de una Generalitat en el exilio cada vez más intrascendente, primero con Josep Irla y después con Josep Tarradellas.

Pero la izquierda catalana, desde antes de la II República, nunca ha sido una prolongación de los partidos y organizaciones sociales españolas. El partido que mejor lo ejemplificó durante la dictadura fue el PSUC, baste recordar que su órgano de prensa, Treball, siempre se publicó en catalán. Fue el partido con mayor presencia organizada en el interior, el único con cierta organización, y el que más contacto mantuvo con el movimiento obrero y la gran masa de inmigrantes llegados en las décadas de los 50 y 60 a través de su influencia en CC.OO. y el asociacionismo vecinal. Frente a las críticas de caer en el nacionalismo pequeño burgués que venían de diferentes ámbitos de la izquierda española y catalana (el mismo Pascual Maragall en los años 60) el PSUC defiende luchar conjuntamente por las libertades nacionales y los derechos sociales, en 1967 del movimiento de las comisiones obreras surgió la Comissió Obrera Nacional de Catalunya y el término nacional no se incluyó por casualidad, cuando el sindicato se legaliza mantiene sus propios estatutos, diferenciados de los de las CC.OO. de España. Todo ello culminó en la formulación de la propuesta del catalanismo popular que buscaba la confluencia de las reivindicaciones sociales en la puesta en marcha de un proyecto nacional catalán

Tampoco el socialismo catalán actuó como una federación catalana del PSOE, casi desaparecido durante la dictadura. El PSC que nació en la transición es la fusión de diferentes formaciones y Joan Raventós, su Primer Secretario en 1976, provenía del MSC, Moviment Socialista de Catalunya, que a su vez se fracciona en diferentes corrientes, sólo una pequeña parte del PSC venía de la federación catalana del PSOE. Sin tener la actividad que desplegaron los comunistas del PSUC, los socialistas catalanes se alinearon claramente con los defensores de los derechos nacionales y formaron parte de la Assemblea de Catalunya.

La actividad de las formaciones políticas y movimientos sociales en las ciudades con mayor presencia de población de reciente inmigración fue fundamental para que la reivindicaciones nacionales contaran con un apoyo transversal y amplísimo, el perfil inclusivo de la propuesta nacional que defendieron, estrechamente ligada a los derechos políticos aún por recuperar y a la mejora de las condiciones de vida y laborales evitó una ruptura social que era un riesgo cierto

Las dos almas del catalanismo que mal convivían en la ERC de la II República se mantuvieron con otros protagonistas y con estrategias distintas en la oposición al franquismo y confluyeron frente a él en última instancia. Durante la Transición se pondría de manifiesto no sólo el peso del catalanismo en el conjunto de la sociedad, sino también la pugna entre dos modelos de construcción nacional, ahí intervinieron muchas cuestiones de las que se hablará más adelante

Catalunya fue el lugar donde más avanzó la unidad antifranquista con un organismo unitario, la Assemblea de Catalunya, bastante anterior (1971) a la muerte de Franco y con objetivos muy bien definidos. Mientras que la Junta Democrática, inspirada en ella y creada en 1974, y la Plataforma de Convergencia Democrática, de 1975, sólo se unieron en la llamada Platajunta, y con recelos, en octubre de 1976, con la Ley de Reforma política de Suárez ya en proceso de aprobación.

Se habló en otra entrada de la taula Rodona constituida a raíz de la Caputxinada (ver aquí) como primer antecedente de la Assemblea de Catalunya con el paso intermedio de la Coordinadora de Forces Polítiques de Catalunya. En la segunda mitad de los 60 empezó a romperse el cordón sanitario que todas las formaciones antifranquistas aplicaron a los comunistas del PSUC, la formación con mayor actividad y capacidad organizativa del antifranquismo catalán. El PSUC fue admitido en foros unitarios y del PSUC, muy en concreto de Antoni Gutiérrez Díaz, el Guti, nació la idea de la Assemblea de Catalunya que se puso en marcha a finales de 1971 con el objetivo de agrupar tanto a formaciones políticas como a otro tipo de entidades y a intelectuales independientes. Al impulso inicial se apuntaron, además del PSUC, el MSC de Joan Raventós que acabaría siendo clave en la creación del PSC y la formaciones nacionalistas radicales (FNC y PSAN), la presencia inicial de círculos próximos a Jordi Pujol (aún no había creado partido) y de Unió Democràtica fue menor

La novedad que introdujo la Assemblea fue su aspiración de incorporar a todo el tejido social y extenderse por todo el territorio de Catalunya, sobrepasar el marco de los acuerdos entre partidos y convertirse en un instrumento del catalanismo popular. La incorporación de sindicatos, colegios profesionales, movimiento vecinal, grupos cristianos de base y otros colectivos le dio una capacidad de influencia mucho mayor que la que habían tenido las anteriores experiencias unitarias entre partidos.

El segundo gran éxito de la Assemblea fue acordar un programa común claro, cuyos tres primeros puntos se concretaron en el conocido lema de Llibertat, amnistia i Estatut d’Autonomia. El cuarto punto a menudo se olvida, la coordinación con las fuerzas democráticas del resto del estado

Un tercer éxito de la Assemblea fue la descentralización, no quedar reducida a Barcelona ciudad si no extenderse por el territorio

La represión franquista no pudo evitar su funcionamiento, incluso la mayor operación contra ella, la caiguda dels 113 en 1973, sirvió para darle un aura que le benefició y para generar un movimiento de solidaridad que acabó favoreciéndola

En ningún otro territorio del estado se dio una fórmula unitaria tan temprana ni tan inclusiva como la de la Assemblea de Catalunya que tuvo un papel destacado en los dos años posteriores a la muerte del dictador como se verá más adelante. Catalunya acabó siendo uno de los focos decisivos en defensa de la recuperación de las libertades no sólo por ser un territorio fuertemente industrializado y en el que se concentraba un núcleo importante de población, también por las dinámicas unitarias que supo generar

En Euskadi, la defensa de los derechos nacionales adquirió otras características bien diferentes. El PNV (Partido Nacionalista Vasco) desarrolló buena parte de su actividad en el frente exterior, con una pérdida de eficacia importante provocada tanto por la muerte del lendakari José Antonio Aguirre como, sobre todo y al igual que pasó con el resto de organismos republicanos en el exilio, por el aislamiento que implicó el reconocimiento del gobierno franquista

El propio PNV viene a reconocer en su propia versión de la historia del partido lo magro de su trabajo en el interior, limitado al mantenimiento de las estructuras clandestinas. Las lejanas huelgas de  1947 y 1951 se señalan como el principal acto de resistencia interior al franquismo junto a la organización del Aberri Eguna (día de la patria vasca) en 1964, poca cosa comparada con la prolija información sobre la actividad exterior del partido.

Sí supo mantener el contacto con la sociedad vasca a través de las entidades culturales y deportivas y la Iglesia Católica, lo que ayuda a entender su rápida reorganización tras la muerte de Franco

Fue el nacimiento de ETA lo que dio una característica de excepcionalidad al antifranquismo vasco. En su origen fue una escisión de las juventudes del PNV en 1959 y durante la primera mitad de la década de los 60 fue marcando diferencias ideológicas con este partido. En los primeros años hay un proceso de clarificación que marcaron, con tensiones internas, dos tendencias que pueden parecer contradictorias: escoramiento hacia la izquierda y priorización de la lucha por los derechos nacionales frente a los sociales. Tras la escisión de lo que después acabó siendo el MC (Movimiento Comunista) por querer priorizar la lucha social y coordinarse con otros movimientos en España, se impuso una visión ligada a los movimientos de liberación colonial en la que debían alcanzarse la justicia social y la liberación nacional en un mismo proceso, quedando relegada también la visión más cultural de la cuestión nacional

Aunque algunas fuentes le han atribuido a ETA la muerte de una niña de 22 meses en 1960 la autoría no está clara y la asunción de la práctica violenta no cristalizó hasta la segunda mitad de la década, con la realización de atracos para obtener recursos y con un primer asesinato no premeditado en junio de 1968 de un guardia civil en un control. El primer asesinato premeditado se produjo en agosto de ese mismo año, la víctima fue Melitón Manzanas, jefe de la brigada político social de Guipúzcoa conocido por su actividad como torturador. Al parecer fue una respuesta a la muerte en un tiroteo de Txabi Etxebarrieta, que huía tras el asesinato referido anteriormente del guardia civil José Pardines. En dos meses ETA había dado el salto de la invocación a la lucha armada y los atracos para financiarse como expresión de ella a la actividad terrorista.

Se decretó el estado de excepción en el País Vasco, prorrogado por tres meses y que enlazó con el promulgado para toda España en enero de 1969, en este periodo se sucedieron numerosas detenciones y un nuevo asesinato no planificado, en 1969, de un taxista en una huida de un etarra herido, Fue el último hasta el resurgir de los mismos en 1973, momento a partir del cual ya no pararon hasta el final de ETA. Lo más destacado del periodo fue el proceso de Burgos, con condenas a muerte de 6 miembros de ETA que levantaron una fuerte oposición internacional que consiguió su conmutación

ETA siguió teniendo escisiones, marcadas después de los primeros asesinatos por el debate entre concentrarse en la acción militar o supeditar esta a la acción política. En ese debate estaba todavía cuando se produjeron dos saltos cualitativos, en 1973 se realizó el asesinato de Carrero Blanco, presidente del gobierno y primer atentado fuera de Euskadi y en 1974 el primer atentado múltiple de ETA, en la cafetería Rolando de Madrid, con 13 fallecidos. A su muerte, Franco dejó en herencia una organización terrorista que a pesar de la represión (de los cinco últimos fusilados del régimen el 27 de septiembre de 1975 dos eran miembros de ETA) y de la división (ETA estaba fracturada desde 1974 entre ETA militar y ETA político-militar) había iniciado una escalada de atentados que había llevado de 6 muertes en 2 actos en 1973 a 18 en 6 acciones en 1974 y 14 en 12 atentados entre enero y el 20 de noviembre de 1975

La situación en Euskadi tenía poco que ver con la de Catalunya, pero en ambos casos era evidente que las diferentes identidades nacionales eran un tema no resuelto por la dictadura, menos aún si se añaden conflictos de la misma raíz aunque de menor intensidad en Galicia, o incluso en Canarias o Andalucía, además de la influencia de los nacionalismos vasco y catalán en Navarra, Valencia y Baleares


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