ALGUNAS CONCLUSIONES
PRIMERA. Del repaso de quiénes eran y qué dijeron los
testigos del juicio a Companys (aquí) se puede sacar la conclusión nada
novedosa de que fue una farsa, complementando la información sobre ese tema con
la otra que disponemos pueden surgir algunas reflexiones
SEGUNDA. Es sabido, aunque menos divulgado de lo que
sería conveniente, que el nacionalismo catalán conservador, con gran parte de
la burguesía y al igual que hicieron las clases propietarias en toda España,
ante el temor a la revolución social o ante la simple amenaza de un reparto más
justo de la riqueza, apoyó decididamente a los sublevados contra la república,
empezando por su máximo dirigente, Francesc Cambó. La Guerra Civil no fue una
guerra de España contra Catalunya como a veces parece que se nos quiere hacer
creer, fue una guerra entre españoles y también entre catalanes. Si era eso lo
que quería destacar Sergio Sanz en su hilo de tuit (aquí) podía haber utilizado
otras vías, el juicio a Lluís Companys va por otros derroteros
TERCERA. Durante todo el s. XX y hasta el presente ha
habido en Catalunya actitudes y posicionamientos anticatalanistas, no necesariamente
vinculados al nacionalismo español, a veces como simple reacción a la contra.
Buena parte del anarquismo catalán de principios del s. XX se expresó contrario
al nacionalismo que irrumpía con fuerza y consideró a sus representantes, no
sin motivos, miembros de la burguesía que explotaba a las clases trabajadoras.
De ese rechazo pretendió convertirse en portavoz político Alejandro Lerroux que
inició su carrera política en Barcelona, una carrera llena de vaivenes en la
que a lo único que se mantuvo fiel fue al anticatalanismo.
ERC consiguió acercar el catalanismo político a parte
de esas clases populares durante los años de la república, pero Catalunya no
fue ajena a la existencia de posiciones conservadoras marcadamente españolistas
por muy minoritarias que fueran, tanto de monárquicos de todo tipo como del
naciente fascismo falangista.
Es difícil determinar qué apoyo social tuvo el
nacionalismo español oficial durante la dictadura franquista, pero no es
creíble que el franquismo sociológico fuera sólo cosa del resto de España,
tampoco el catalanismo político fue asumido de forma unánime por la oposición
antifranquista de Catalunya durante todo el periodo franquista como sí sucedió
en los últimos años de la dictadura, en especial con la Assemblea de Catalunya.
Llegada la democracia el anticatalanismo se ha expresado
de diversas formas, con el voto a partidos que se manifestaron o se siguen manifestando
abiertamente contarios al nacionalismo catalán como el caso del Partido
Andalucista (entonces aún PSA) en las primeras elecciones al Parlament en 1980
o el de C’s desde 2006, pero también cabe ver una expresión de rechazo menos
abierto en la abstención diferencial en las elecciones a la Generalitat hasta
que la amenaza de una posible independencia ha movilizado a esa parte de la
población que se desentendía del gobierno de “los catalanes”, sin olvidar que
una parte significativa de voto a formaciones como el PP o el PSC ha sido
siempre en parte un voto contrario al catalanismo, sobre todo en el caso del PP
En definitiva, nunca ha sido Catalunya un sol poble como nunca lo ha sido
probablemente ninguna nación del mundo, la expresión tiene sentido en un
contexto de amplio consenso sobre unas reglas de juego pero deja de tenerlo
cuando ese consenso se rompe por una causa o por otra, así ha sucedido en el
pasado y así sucede hoy, donde desde trincheras enfrentadas los tirios se
empeñan en cambiar la realidad repitiendo el mantra y los troyanos hacen cuanto
pueden por fragmentar a la sociedad en términos de identidad. Los tuits en
torno a la muerte de Companys que han dado pie a estas entradas son sólo una
expresión de esa batalla de trincheras que empieza a parecerse metafóricamente a
la de Verdún en la Primera Guerra Mundial
CUARTA. Los antecedentes familiares de Xavier Trias sí
que son significativos, por repetidos en otros casos, del comportamiento
político de buena parte de la burguesía catalana, sin que ello tenga que
suponer nada a la hora de juzgar la labor política del exalcalde de Barcelona.
Su abuelo paterno era carlista, su tío pasa del carlismo a ser fundador de la
Falange en Catalunya y a Jefe Provincial de la Falange tras la guerra (aquí) y
su padre es uno de los muchos miembros de la burguesía catalana que consigue
huir de Catalunya y lucha en el bando franquista, su madre es hija de uno de
los políticos de la Lliga Regionalista
que más tarde fundó Acció Catalana,
también con vínculos familiares con el carlismo, de Xavier Trias no se conoce
actividad política durante la dictadura y entra en el mundo de la política de
la mano del nacionalismo conservador de Pujol. Una biografía personal y familiar
que puede ser un buen ejemplo de la trayectoria de buena parte de la burguesía
catalana pero en la que lo más representativo no es que su tío fuera testigo en
el juicio a Companys, sino todo lo demás
QUINTA. El carlismo en la Catalunya de la segunda
mitad del s. XIX y la primera mitad del XX es como el perejil, está en todas
las salsas, los antecedentes familiares de Xavier Trias podrían considerarse
una anécdota, pero no debe olvidarse que Catalunya fue con Navarra, el País
Vasco y Aragón una de las zonas con mayor implantación del tradicionalismo
carlista y que influyó tanto en la gestación del ideario del nacionalismo catalán
conservador como en otros frentes. Son conocidas las simpatías mutuas entre
Macià y el carlismo catalán, buena parte de su ideología reaccionaria está
presente en el antirepublicanismo de los años 30 y no puede olvidarse que el
requeté catalán organizó el Tercio de Montserrat que luchó con el bando
franquista durante la guerra. Con el asesinato disfrazado de proceso judicial
de Lluís Companys sólo guarda relación de manera muy colateral, pero el tema de
la influencia del carlismo en la vida política catalana no merece pasar
desapercibido porque aún rezuma en algunos planteamientos del nacionalismo catalán
conservador
SEXTA Y ÚLTIMA. Está muy bien que los políticos se
aficionen a la historia, quizá así despierten el interés de la población por
conocer el pasado, lo malo es que suelen acordarse de ella parcialmente y para
convertirla en una caricatura, los tuits cruzados con motivo de la muerte de
Companys parecen hasta sesudas reflexiones si se comparan con las palabras de Casado sobre el
descubrimiento de América que al final ya no sabe uno si la familia Botín
financió la expedición de Colón o si fue el PP quien conquistó México.
Hasta los disparates más evidentes tienen audiencia,
peor aún cuando se juega con medias verdades, cuando se oculta una parte de la
información para resaltar aquella que conviene no al conocimiento del pasado
sino al interés partidario del presente, justo lo que hicieron tanto Quin Torra
como Sergio Sanz hablando del juicio a Companys. A los que hayan tenido la
paciencia de leer estas tres entradas creo que les habrá quedado clara la
manipulación que ambos hacen del pasado, sin que ello esté reñido con discrepar
de mi en parte o en todo lo que sostengo. El problema es que un tuit se lee en
unos pocos segundos y llega a mucha gente, mientras que la información más detallada
y los matices requieren de espacio para ser explicados y de tiempo y ganas para
leerlos. Así las cosas no es de extrañar que este mundo actual se convierta en
el paraíso las fake news.
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