dissabte, 3 de novembre del 2018

LA MUERTE DE COMPANYS O EL MANOSEO DE LA HISTORIA (y III)



ALGUNAS CONCLUSIONES

PRIMERA. Del repaso de quiénes eran y qué dijeron los testigos del juicio a Companys (aquí) se puede sacar la conclusión nada novedosa de que fue una farsa, complementando la información sobre ese tema con la otra que disponemos pueden surgir algunas reflexiones

SEGUNDA. Es sabido, aunque menos divulgado de lo que sería conveniente, que el nacionalismo catalán conservador, con gran parte de la burguesía y al igual que hicieron las clases propietarias en toda España, ante el temor a la revolución social o ante la simple amenaza de un reparto más justo de la riqueza, apoyó decididamente a los sublevados contra la república, empezando por su máximo dirigente, Francesc Cambó. La Guerra Civil no fue una guerra de España contra Catalunya como a veces parece que se nos quiere hacer creer, fue una guerra entre españoles y también entre catalanes. Si era eso lo que quería destacar Sergio Sanz en su hilo de tuit (aquí) podía haber utilizado otras vías, el juicio a Lluís Companys va por otros derroteros

TERCERA. Durante todo el s. XX y hasta el presente ha habido en Catalunya actitudes y posicionamientos anticatalanistas, no necesariamente vinculados al nacionalismo español, a veces como simple reacción a la contra. Buena parte del anarquismo catalán de principios del s. XX se expresó contrario al nacionalismo que irrumpía con fuerza y consideró a sus representantes, no sin motivos, miembros de la burguesía que explotaba a las clases trabajadoras. De ese rechazo pretendió convertirse en portavoz político Alejandro Lerroux que inició su carrera política en Barcelona, una carrera llena de vaivenes en la que a lo único que se mantuvo fiel fue al anticatalanismo.

ERC consiguió acercar el catalanismo político a parte de esas clases populares durante los años de la república, pero Catalunya no fue ajena a la existencia de posiciones conservadoras marcadamente españolistas por muy minoritarias que fueran, tanto de monárquicos de todo tipo como del naciente fascismo falangista.

Es difícil determinar qué apoyo social tuvo el nacionalismo español oficial durante la dictadura franquista, pero no es creíble que el franquismo sociológico fuera sólo cosa del resto de España, tampoco el catalanismo político fue asumido de forma unánime por la oposición antifranquista de Catalunya durante todo el periodo franquista como sí sucedió en los últimos años de la dictadura, en especial con la Assemblea de Catalunya.

Llegada la democracia el anticatalanismo se ha expresado de diversas formas, con el voto a partidos que se manifestaron o se siguen manifestando abiertamente contarios al nacionalismo catalán como el caso del Partido Andalucista (entonces aún PSA) en las primeras elecciones al Parlament en 1980 o el de C’s desde 2006, pero también cabe ver una expresión de rechazo menos abierto en la abstención diferencial en las elecciones a la Generalitat hasta que la amenaza de una posible independencia ha movilizado a esa parte de la población que se desentendía del gobierno de “los catalanes”, sin olvidar que una parte significativa de voto a formaciones como el PP o el PSC ha sido siempre en parte un voto contrario al catalanismo, sobre todo en el caso del PP

En definitiva, nunca ha sido Catalunya un sol poble como nunca lo ha sido probablemente ninguna nación del mundo, la expresión tiene sentido en un contexto de amplio consenso sobre unas reglas de juego pero deja de tenerlo cuando ese consenso se rompe por una causa o por otra, así ha sucedido en el pasado y así sucede hoy, donde desde trincheras enfrentadas los tirios se empeñan en cambiar la realidad repitiendo el mantra y los troyanos hacen cuanto pueden por fragmentar a la sociedad en términos de identidad. Los tuits en torno a la muerte de Companys que han dado pie a estas entradas son sólo una expresión de esa batalla de trincheras que empieza a parecerse metafóricamente a la de Verdún en la Primera Guerra Mundial

CUARTA. Los antecedentes familiares de Xavier Trias sí que son significativos, por repetidos en otros casos, del comportamiento político de buena parte de la burguesía catalana, sin que ello tenga que suponer nada a la hora de juzgar la labor política del exalcalde de Barcelona. Su abuelo paterno era carlista, su tío pasa del carlismo a ser fundador de la Falange en Catalunya y a Jefe Provincial de la Falange tras la guerra (aquí) y su padre es uno de los muchos miembros de la burguesía catalana que consigue huir de Catalunya y lucha en el bando franquista, su madre es hija de uno de los políticos de la Lliga Regionalista que más tarde fundó Acció Catalana, también con vínculos familiares con el carlismo, de Xavier Trias no se conoce actividad política durante la dictadura y entra en el mundo de la política de la mano del nacionalismo conservador de Pujol. Una biografía personal y familiar que puede ser un buen ejemplo de la trayectoria de buena parte de la burguesía catalana pero en la que lo más representativo no es que su tío fuera testigo en el juicio a Companys, sino todo lo demás

QUINTA. El carlismo en la Catalunya de la segunda mitad del s. XIX y la primera mitad del XX es como el perejil, está en todas las salsas, los antecedentes familiares de Xavier Trias podrían considerarse una anécdota, pero no debe olvidarse que Catalunya fue con Navarra, el País Vasco y Aragón una de las zonas con mayor implantación del tradicionalismo carlista y que influyó tanto en la gestación del ideario del nacionalismo catalán conservador como en otros frentes. Son conocidas las simpatías mutuas entre Macià y el carlismo catalán, buena parte de su ideología reaccionaria está presente en el antirepublicanismo de los años 30 y no puede olvidarse que el requeté catalán organizó el Tercio de Montserrat que luchó con el bando franquista durante la guerra. Con el asesinato disfrazado de proceso judicial de Lluís Companys sólo guarda relación de manera muy colateral, pero el tema de la influencia del carlismo en la vida política catalana no merece pasar desapercibido porque aún rezuma en algunos planteamientos del nacionalismo catalán conservador

SEXTA Y ÚLTIMA. Está muy bien que los políticos se aficionen a la historia, quizá así despierten el interés de la población por conocer el pasado, lo malo es que suelen acordarse de ella parcialmente y para convertirla en una caricatura, los tuits cruzados con motivo de la muerte de Companys parecen hasta sesudas reflexiones si se comparan  con las palabras de Casado sobre el descubrimiento de América que al final ya no sabe uno si la familia Botín financió la expedición de Colón o si fue el PP quien conquistó México.
Hasta los disparates más evidentes tienen audiencia, peor aún cuando se juega con medias verdades, cuando se oculta una parte de la información para resaltar aquella que conviene no al conocimiento del pasado sino al interés partidario del presente, justo lo que hicieron tanto Quin Torra como Sergio Sanz hablando del juicio a Companys. A los que hayan tenido la paciencia de leer estas tres entradas creo que les habrá quedado clara la manipulación que ambos hacen del pasado, sin que ello esté reñido con discrepar de mi en parte o en todo lo que sostengo. El problema es que un tuit se lee en unos pocos segundos y llega a mucha gente, mientras que la información más detallada y los matices requieren de espacio para ser explicados y de tiempo y ganas para leerlos. Así las cosas no es de extrañar que este mundo actual se convierta en el paraíso las fake news.

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