Sólo teniendo presente la situación de conflicto social abierto, del que el movimiento obrero (aquí) es quizá el mayor exponente, pero no el único, puede entenderse la reorientación de estrategia que se gesta en ese primer periodo de la monarquía reinstaurada y que culmina con la sustitución de Carlos Arias por Adolfo Suárez.
Juan Carlos I empieza su reinado entre expectativas democratizadoras tibias y presiones contrarias que explican las características de su primer gobierno, mezcla de inmovilismo y aperturismo aceptable para el régimen. Hasta que la presión popular cuestionó el juego versallesco entre unos y otros ese fue el terreno en el que pensó moverse la monarquía en un primer momento, por mucho que se quieran resaltar declaraciones a medios extranjeros o las manifestaciones de fidelidad al pensamiento de su padre como pruebas de la voluntad inicial del rey de avanzar hacía un sistema plenamente democrático.
El análisis de lo sucedido en esos meses claves podría hacerse cronológicamente, pero la multitud de temáticas que se entrecruzan hacen preferible una aproximación no tan lineal cronológicamente que permita entender la influencia de factores como las relaciones internacionales, las resistencias del franquismo más intransigente, las diferentes estrategias opositoras, o las situaciones territoriales diferenciadas, por ejemplo
Los primeros días del reinado de Juan Carlos I ponen en evidencia tanto las expectativas como los temores al peso de los sectores más inmovilistas
Las primeras se expresan en las diferencias entre los actos de juramento del 22 de noviembre (condicionado por ser anterior en dos días al entierro de Franco) y el de exaltación a la corona del 27 de mismo mes. Lo más comentado de esta ceremonia fue la homilía del cardenal Tarancón en la que no hacía falta leer entre líneas para entender que la cúpula eclesiástica se desmarcaba abiertamente del régimen franquista, era la expresión de que no todo lo que debía afrontar el reinado que se iniciaba iba a ser la oposición de los más intransigentes a cualquier cambio. La Iglesia llevaba tiempo chocando con el franquismo después de haber sido uno de sus principales soportes (aquí) y no era, como se verá más adelante con el caso de la burguesía catalana, el único apoyo social que había ido perdiendo
La otra gran diferencia fue el rango de las delegaciones extranjeras, la asistencia el día 22 implicaba la presencia en el entierro del dictador y fue muy reducida por lo que respecta a altos mandatarios, tan sólo Pinochet y el rey Hussein de Jordania, además de la dictadora consorte filipina Imelda Marcos, mientras que el día 27 asistieron cargos del relieve del presidente francés Giscard d'Estaing, el presidente alemán o el duque de Edimburgo, si bien su relevancia política era muy inferior a la del francés por el carácter protocolario de la figura del presidente en Alemania y del consorte de la monarca británica estaba claro que las grandes potencias europeas marcaban distancias con el dictador fallecido y tenían interés en el escenario que se abría en España, sobre todo Francia. No obstante conviene recordar que la presencia estadounidense tuvo el mismo nivel en los dos actos, la del vicepresidente Rockefeller
Desde el unto de vista de las relaciones exteriores los países europeos se ven obligados a mantener las formas ante la opinión pública respectiva, son muy recientes aún las protestas contra el régimen franquista a raíz de sus últimas ejecuciones (aquí). La exigencia de reformas democráticas para facilitar la integración en la Comunidad Económica Europea ayudó a que el poder económico interesado en ese proceso las asumiera pese a que suponían inconvenientes de otro tipo. Menos escrúpulos tenían los USA en el contexto de Guerra Fría, los dos objetivos a los que supeditaban toda su estrategia eran:
1.- La renovación de los tratados con España que les permitieran seguir disponiendo de las bases, estaban avanzados y acabaron entrando en vigor el septiembre de 1976, pero se firmaron ya en enero de 1976, por lo que estaban ultimados antes de la muerte de Franco
2.- El mantenimiento de España en el boque occidental sin sobresaltos a la portuguesa. Los USA no habían tenido ningún problema en auspiciar el golpe de Pinochet dos años antes y tampoco lo tuvieron para volver a hacerlo con el que se produjo en Argentina el 24 de marzo de 1976 y que llevó a Videla y compañía al poder. Por lo que respecta a España su opción era la de un proceso lento en el que se excluyera al partido comunista y todo lo que se relacionara con él, es decir, eran partidarios de unas pseudodemocracia muy similar a la que pretendían los sectores aperturistas del gobierno Arias y que parecía dispuesta a aceptar parte de la oposición democrática.
La trascendencia que se ha dado habitualmente a la visita del rey a los USA en mayo de 1976 debe matizarse, fue su primera visita oficial a otro país y fundamental para acabar con el experimento del gobierno de Arias Navarro, o lo que es lo mismo, para la continuidad del franquismo sin Franco, pero por lo que tuvo de ratificación de una decisión ya meditada, nunca como causa de la misma que tenía sus razones en la situación interna que se vivió en España en los primeros meses del reinado, el miedo al involucionismo había sido cuando menos equilibrado por el miedo a un desborde rupturista
Las primeras decisiones de Juan Carlos I evitaban el choque con los sectores más continuistas del franquismo, no aceptó la dimisión que Arias Navarro presentó el 13 de noviembre, con Franco aún vivo, y se limitó, ya como Jefe de Estado definitivo, a llevar a Torcuato Fernández Miranda a la presidencia de las Cortes y del Consejo del Reino. Las pocas simpatías mutuas entre el rey y el presidente de gobierno no impidieron la continuidad de éste, si bien con un gabinete con fuerte presencia de representantes del llamado aperturismo, de entre los que destacaban Manuel Fraga en Gobernación y Areilza en Exteriores.
Más allá de enfrentarse a una situación social de fuerte conflicto y a una situación económica de crisis profunda, con elevada inflación y desempleo creciente, el gran tema de ese medio año de gobierno debería haber sido el impulso a un proceso de cambio político, pero la omnipresente ley de reforma política enfrentaba a los partidarios de un proceso paulatino en la línea de lo deseado por Washington con los defensores de cambios menos ambiciosos, poco más que la continuidad de lo existente, con Arias Navarro a la cabeza.
José María de Areilza, el más aperturista de todos los ministros del gabinete que había llegado a ceder locales a CC.OO. en el periodo franquista, dejaba claro los límites de su postura en la entrevista concedida a José Luis Cebrián en abril de 1975: compromiso de los no comunistas y restar protagonismo a Comisiones Obreras (a las que consideraba parte del comunismo organizado, la más preocupante por su representatividad y capacidad de movilización) mediante el pluralismo sindical. Es tanto como decir que ese era el límite máximo de un gobierno donde el presidente se alineaba con el área más inmovilista y pretendía ir más despacio y no llegar tan lejos.
En el terreno de la política impulsada desde el gobierno, aparte de la represión a lo mucho que consideraban que iba más allá de lo admisible, destacaron dos frentes de actuación no necesariamente coordinados, los debates internos de las diferentes familias del franquismo sobre la reforma política y la política de gestos y contactos para perfilar una vía lenta hacia una democracia parcial
El gobierno, tras la confirmación de Arias Navarro, fue nombrado el 11 de diciembre, sobre la situación de la España del momento es ilustrativo que en el mismo número de La Vanguardia en el que se informa de ello (edición del 12 de diciembre) aparecieran las siguientes noticias breves en un apartado de orden público: puesta a disposición de Marcelino Camacho ante el Tribunal de Orden Público (hacía escasos días que estaba en libertad por el indulto real), dos personas puestas a disposición del TOP por intentar un homenaje en la tumba de Pablo Iglesias, petición de permiso para procesar al sacerdote García Salve (procesado y condenado en el proceso 1001 contra los dirigentes de CC.OO.), perdón de la una multa impuesta al también sacerdote Díez Alegría, tres detenidos en Zaragoza puestos a disposición del juzgado por participar en un acto proamnistía, manifestación en Bilbao con las consiguientes retenciones de algunos participantes por parte de la policía nacional
La ley de reforma política fue el tema estrella de la vida política oficial en el periodo, la evidencia de la pugna interna entre los sectores más inmovilistas y los aperturistas fue su caótico final. tras meses de debate, idas y venidas, la norma que debía permitir la legalización de los partidos políticos acabó siendo aprobada y bloqueada en la Cortes que el 9 de junio acabaron por no debatir ni aprobar la modificación del código penal, imprescindible para poder aplicar la ley de asociaciones votada previamente. Por su parte, el Consejo Nacional del Movimiento entorpecía con dictamines desfavorables los proyectos que le iban llegando hasta el día antes del cese de Carlos Arias Navarro
En paralelo se iba desarrollando una política de gestos que buscaba atraer a parte de la oposición democrática. Así, se permitía lo que de hecho era el Congreso de la UGT entre el 15 y el 18 de abril, mientras que se impedía nada parecido a CC.OO. que no pudo celebrar una reunión de similares características en Madrid y acabó forzando la Asamblea de Barcelona en la iglesia de San Medir en un sólo día, el 11 de julio, ya con el nuevo gobierno presidido por Suárez. El 29 de marzo fueron detenidas 13 personas que iban a presentar el acuerdo de constituir Coordinación Democráticas (más conocida como Platajunta, de la que se hablará en una próxima entrada) de las que son puestas en libertad nueve y pasan a prisión Marcelino Camacho, de CC.OO. y el PCE, Javier Álvarez Dorronsoro del Movimiento Comunista, Nazario Aguado del Partido del Trabajo y Antonio García Trevijano, independiente afín a la derecha monárquica democrática y miembro de la Junta Democrática, los tres primeros estuvieron en prisión hasta finales de mayo y el último hasta mediados de junio, mientras que los restantes detenidos, vinculados a diferentes partidos socialistas, democristianos, etcétera fueron puestos en libertad. Que la figura más conocida de CC.OO. estuviera de nuevo en prisión mientras la UGT realizaba su congreso con consentimiento gubernamental, o que se encarcelara a los detenidos de la Platajunta vinculados a opciones de carácter comunistas y a un independiente integrado en el organismo unitario impulsado por el PCE no era una casualidad, mientras ellos estaban en prisión Manuel Fraga, ministro del Interior y uno de os hombre fuertes del gobierno se reunió con Felipe González (PSOE) y Nicolás Redondo (UGT), el rey recibía a Gil Robles o el ministro de Exteriores, Areilza, proponía públicamente un pacto nacional a la oposición moderada
Si bien la tendencia general fue la del tratamiento diferenciado dependiendo de la tendencia política la combinación de represión y gestos de permisividad siguió pautas de arbitrariedad de todo tipo. Valga un ejemplo local, el 17 de abril fue detenido en Madrid el egarense Domènech Martínez, en aquel momento máximo dirigente de la Joventut Comunista de Catalunya y miembro de la dirección de la UJCE, las juventudes del PCE, según los autos él y los otros dirigentes de la UJCE detenidos estaban preparando los actos del 1º de mayo. Torturados en las dependencias de la Dirección General de Seguridad de Madrid pasaron a la cárcel de Carabanchel hasta la puesta en libertad el día 15 de junio, mientras tanto, en Terrassa, la ciudad del mencionado Doménech Martínez, se pudo pactar con las autoridades y organizar el primer miting comunista (del PSUC) en toda España el día 29 de mayo. La contradicción entre permitir un acto público de los comunistas catalanes (que llenaron el pabellón deportivo) y al mismo tiempo tener detenido a responsable de sus juventudes no deja de ser indicativa del pulso político que se estaba manteniendo
Mientras la política institucional se movía entre estas dos vías de inmovilismo y reforma lenta la oposición clandestina desarrollaba su actividad y la presión en la calle, pero de eso y del papel de la violencia en esos meses se tratará en una próxima entrada
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada