La Lliga Regionalista es hegemónica en el
nacionalismo catalán inicial, de hecho es la única opción existente en la
práctica. Su gran logro es conseguir un autogobierno embrionario con la
Mancomunitat de Catalunya en 1914, pero desde 1917 se ponen en evidencia los límites
de esta formación: el orden social frente a las reclamaciones del movimiento
obrero está por encima de cualquier otra cuestión.
En 1917 muere Prat de la Riba y le sucede Francesc
Cambó como líder de la Lliga, en junio de ese año aparecen las Juntas de
defensa y en julio la Lliga encabeza un movimiento político que pretende más
autogobierno y regeneración política. Son las dos primeras manifestaciones de la
crisis de 1917, pero ambos movimientos se ponen al servicio del orden establecido
muy pronto, cuando en agosto se ponga en marcha la huelga general convocada por
la UGT y la CNT.
No es este lugar para profundizar en la crisis de
1917, pero por lo que se refiere al nacionalismo catalán es la primera
manifestación de las muchas que da la Lliga de su posición con respecto a los
temas sociales
Más grave es el apoyo de la Lliga a la dictadura de
Primo de Rivera, preocupada por la conflictividad social reinante en Catalunya
no duda, como tampoco la burguesía catalana, en dar apoyo al que es capitán
general de Catalunya. El precio a pagar es la supresión de la Mancomunitat de
Catalunya, el gran logro de la Lliga se sacrifica en nombre del bien mayor, el
mantenimiento del orden social
El final de esta deriva es el apoyo a los sublevados
en 1936, apoyo de la Lliga de Cambó y de gran parte de las “clases benestants”
catalanas. Pero en 1936 la Lliga ya no es el partido hegemónico del
nacionalismo catalán, sus propias contradicciones han abierto paso a una nueva
formación, la compleja ERC encabeza por Macià, primero, y Companys, más tarde
ERC se funda en 1931, poco antes de las elecciones
municipales de abril que dan paso a la república. Se crea por la fusión de Estat
Català (Macià) y el Partit Republicà Català (Companys) entre otros
Macià es militar y va derivando hacia posturas
nacionalistas desde el ataque a la revista Cu-Cut en 1905 (aquí). Su postura en
la cuestión nacional sigue siendo identitaria, pero rechaza la dictadura de
Primo de Rivera, a diferencia de la Lliga de Cambó
La novedad la introduce el partido de Companys,
impulsado por él mismo y por Francesc Layret (asesinado en 1920 por pistoleros
de la patronal). El PRC aporta por primera vez las propuestas sociales al
ideario nacionalista catalán en un proyecto político con fuerte implantación,
Companys mismo había sido abogado de sindicalistas e impulsor de la Unió de
Rabassaires, defensora de los intereses de los campesinos no propietarios
ERC arrebata a la Lliga el dominio en el espacio
nacionalista ya en las elecciones de abril de 1931 y esto se mantiene en los
años de la II República. ERC es un partido complejo, con elementos que pueden
asociarse al fascismo creciente en Europa con Dencàs y los hermanos Badia a la
cabeza, pero también es la primera expresión con influencia política de un
nacionalismo catalán centrado en los derechos sociales
Esta doble alma de ERC se va a trasladar, como ya se
verá, a todo el catalanismo político y se expresa también en el tratamiento
dado a las figuras más destacadas de la ERC de los inicios. Companys es
honorado como el “president mártir”, pero de inmediato aparecen los reproches a
su gestión al frente de la Generalitat, a su actuación en octubre de 1934 y
durante la guerra, es un personaje incómodo para una parte del nacionalismo
catalán que critica su aventurismo. Contrasta con la valoración casi entrañable
de “l’avi Macià”, hombre proveniente del ejército, con algunos flirteos con el
carlismo, demandante de ayuda a la URSS, organizador de la desastrosa operación
de Prats de Molló, proclamador de la república Catalana en 1931 que tres días
después deja de lado para aceptar el Estatut de Núria, recortado por la cortes
republicanas y que entra en vigor en 1932 con muchas menos competencias que el
Estatut de Sau aprobado en 1979. Pese a todo lo dicho, Macià no es visto como
proclive a la aventura, a diferencia de Companys, cosas que tiene la historia
según quién y para qué la cuente
La pugna entre un relato conservador, esencialista e
identitario del nacionalismo catalán y otro progresista, inclusivo y con los
derechos sociales como elemento aglutinante de la sociedad se refleja en cómo
se explica la historia, pero de eso ya se hablará
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