Este es un escrito de urgencia de alguien que sabe que no tiene capacidad de influir, pero siempre es mejor sumarse a otras voces que quizá vayan en el mismo sentido.
Este fin de semana es el de mayor tensión en el gobierno de coalición, lo es porque a diferencia de otras situaciones de tensión anteriores en este momento hay dos temas de mucha trascendencia y la sospecha, como mínimo la sospecha, de que el socio mayoritario está por un giro al centro (de dudosa eficacia visto lo que pasó en Madrid) y el minoritario tiene alguna tensión interna en torno a cómo abordar el futuro.
Por un lado tenemos el caso del diputado Alberto Rodríguez, a mi modo de ver condenado por ser diputado de un determinado partido y no por ninguna supuesta agresión a un policía, los votos particulares de la sentencia tienen la coherencia que no tiene la condena. El lawfare funciona y le tiende a la coalición de gobierno una trampa para elefantes, pasarle al Congreso de los Diputadod la patata caliente de una inhabilitación tan discutible como para que los letrados del mismo consideren que no procede hacerla. Marchena ya fue puesto en evidencia por un tema similar, fue ponente del caso Atutxa en una sentencia que tumbó la justicia europea, y se cuida de quedar expuesto, en lugar de que sea el Tribunal Supremo el que adopte la medida presiona a la Presidenta del Congreso para que ella lo haga, con lo que Batet queda entre la espada y la pared.
Las dos partes de la coalición tienen argumentos razonables para justificar la decisión de la inhabilitación, unos, y el anuncio de querellarse por prevaricación, los otros.
Pero esto se produce al mismo tiempo que la facción de la derecha económica (lo digo sin eufemismos y para que quede claro) presente en el PSOE vuelve a querer meter cazo en uno de los temas centrales del acuerdo de gobierno, la derogación de la reforma laboral del gobierno del PP. Vuelve porque ya ha interferido antes, con la diferencia de que ahora se está en el momento de abordar la conclusión de la negociación.
Hace un momento que he escuchado a Echenique decir que ambos temas no tienen relación, un absurdo más de los que oímos a veces. Cómo no van a tener relación dos temas de ese calado que se presentan al mismo tiempo, se habrán generado por vías diferentes, pero aparte de ser dudoso que hayan hecho aparición de forma simultánea por puro azar nadie con dos dedos de frente va acreerse que se pueda dar una salida a lo que está planteado que no sea conjunta.
Aunque mi opinión es estrictamente personal no hace falta mucha perspicacia para ver que mis simpatías en este choque están con Unidas Podemos, por tradición militante y porque en ambos temas creo que tienen toda la razón en la cuestión de fondo que defiende los representantes de la parte minoritaria de la coalición de gobierno. Al mismo tiempo, la experiencia me dicta la necesidad de mantener la cabeza fría, analizar el escenario en su conjunto y centrar los objetivos. Por una parte se tiene un problema que no tiene arreglo y que es de extrema gravedad aunque tampoco es el fin del mundo, Alberto Rodríguez tiene gran parte de la campaña hecha para las próximas generales, para encabezar la propuesta de UP en las próximas autonómica de Canarias o para lo que sea, ejemplos tenemos en Catalunya de có lomo sacar partido a martirios menos justificables. La cabeza de un diputado no tiene el mismo alcance que la de Dilma Rousseff, de momento no se atreven a tanto en el lawfare a la española que viene enseñando la patita desde hace tiempo (que se ande con ojo el presidente del gobierno porque tampoco está claro que vayan a parar viendo sentencias tan estrafalarias como la del estado de alarma del Tribunal Constitucional). La querella anunciada es un elemento de negociación si se es consciente de que la presión sobre Meritxell Batet la ha ejercido el presidente de la sala de lo penal del supremo que no es tonto y sabe lo que se hace, no se confunda al mensajero con el causante de la noticia y búsquese la forma de reconducir lo que sea posible reconducir, siempre quedara el agravio para recodar lo difícil que resulta culminar lo que ya parecía hecho.
Si no tiene ya arreglo lo de la inhabilitación sí que hay mucho por hacer en el tema de la reforma laboral, elemento central del pacto de gobierno que hay que exigir que se cumla y sobre el que debe centrarse toda la presión en este momento, la actitud de Yolanda Díaz esta mañana en el Congreso de CC.OO. apunta en el buen camino, firmeza al fijar objetivos y eludir polémicas que deben resolverse donde corresponde. La negociación colectiva debe recuperar su razón de ser, recuperando la ultraactividad de los conveios y la primacía del convenio sectorial, y la estabilidad en el empleo tiene que abordar temas tan serios como reducir la contratación temporal injustificada (lleva años siendo escandalosa más allá de las reformas laborales que se hayan hecho) o impedir que los ajustes de plantilla dependan en exclusiva de la voluntad de la empresa de proceder a despedir aunque no haya causas objetivas que lo justifiquen.
Este es un fin de semana complicado y habrá que ser inteligente, apoyarse en los aliados del proyecto de cambio que España merece y ser verdaderamente patriotas con los que más en precario trabajan y, en consecuencia, más en precario viven. Esta es una reflexión urgente, seguro que con muchas lagunas, que busca centrar los objetivos en lo esencial. Ojalá sea un granito de arena para introducir elementos de debate y reducir la visceralidad, mala consejera a la hora de decidir.
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