dijous, 7 de gener del 2021

EL VOTO EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES AL PARLAMENT

Si el revuelo provocado y las reacciones defensivas son un indicador de lo acertado de una decisión no cabe duda, la elección del Salvador Illa para encabezar la lista del PSC en las próximas elecciones al Parlament de Catalunya ha sido un acierto pleno. Puede que después el resultado electoral lo desmienta, pero de momento ha arrebatado protagonismo al ya tedioso serial sobre el procés.

Conviene tener en cuenta que ha habido seriales soporíferos que han mantenido un público fiel por mucho tiempo y que la polarización de la sociedad catalana en torno a la cuestión territorial va a seguir motivando muchos votos de partidarios y contrarios al nacionalismo catalán, no tantos como en diciembre de 2017 y no a las mismas opciones políticas, pero sí en perjuicio, otra vez, de quienes se nieguen a entrar en el lodazal de las pasiones identitarias.

No obstante, todo parece indicar que la superación del debate monotemático empieza a abrirse paso y que el debate sobre el modelo social y económico tendrá bastante más peso en la decisión final de voto. Al menos lo está teniendo en el debate previo, entre otras cosas porque la crisis sanitario-económica del COVID ha mostrado unas costuras muy débiles en el sistema sanitario, la producción industrial, el modelo económico, los sistemas de protección social, etcétera.

Y sin embargo las listas y los candidatos son el tema estrella, como ya es tradicional, eclipsando el análisis de las propuestas. El caso de salvador Illa es el de mayor trascendencia y será difícil que pueda ser superado en ese terreno, pero no ha sido el único, antes fue el juego del escondite con Puigdemont y las primarias de Junts, el mismo día que se conoció lo de Illa se supo también que Lorena Roldán daba el salto del C's al PP o hay casos menos mediáticos y sin embargo importantes, como que Gemma Lienas vaya en la lista del PSC habiendo sido diputada de Catalunya Sí Que Es Pot, entre 2015 y 2017.

En el ámbito de la izquierda están produciendo movimientos que conviene analizar y los juegos de listas son una manifestación de esos movimientos. Gemma Lienas es un buen activo en las listas del PSC, como explica Lluís Rabell en su blog (aquí) aunque es dudoso que pueda gozar del protagonismo que tuvo en el grupo de Catalunya Sí Que Es Pot en un grupo que se presume será más grande y en el que puede chocar con más de una dificultad, mientras que salvador Illa se ha visto al frente de una situación muy compleja y ha crecido su imagen política a causa de su gestión.

Todo el mundo juega con las listas como arma electoral en la medida de sus posibilidades, los Comuns cerrarán la lista de Barcelona con personalidades representativas, o tienen a Rosa Lluch encabezando la lista de Girona. Por eso es absurdo entrar en el juego de la crítica al otro por presentar a tal o a cual, no se trata de sustituir el monotema por un no tema porque en estas elecciones volvemos a jugarnos qué política se va a hacer en Catalunya en los próximos años, algo que lleva marginado del debate electoral demasiados años.

Son necesarias políticas progresistas, para superar la crisis sanitaria, económica y social, para apuntalar el giro hacia la sustitución de la ortodoxia económica neoliberal y para encauzar la cuestión territorial, conscientes de que resolverla llevará tiempo. Para llevar a cabo las políticas necesarias el abanico de opciones de voto se reduce drásticamente, basta escuchar los mensajes repetitivos de quienes consideran no ya inevitable, sino deseable, colocar el conflicto identitario en el objeto único de debate. Si no hablan de otra cosa es porque no quieren que se hable de otra cosa, no porque no tengan planteamientos en materia económica y social, los tienen y se basan en las recetas de siempre. En ese lodazal van a querer jugar Junts, PP, C's y VOX. De él no van a salir por distintas razones ni la CUP ni los restos del PDCAT, en el caso de la CUP porque su radicalidad se traduce en falta de compromiso con proyecto conjuntos de carácter social y en colaboracionismo con los frentes identitarios que se forman, como ha acreditado su actuación desde que saltó a la política supramunicipal y como anuncian sus movimientos presentes, analizados con lucidez por Jaume Bosch en este artículo (aquí) 

Fuera de ese terreno empantanado, como diría Joan Coscubiela, habrá que buscar las opciones de voto que quieran tener un compromiso social claro con los sectores más desfavorecidos. Puede parecer que los socialistas, el PSC en Catalunya y el PSOE en el conjunto de España, han roto definitivamente con un pasado de dudoso compromiso con los valores de la izquierda. Dos observaciones, una de pasado y otra de presente, cuestionan esa lectura. Una visión hacia el pasado del socialismo nos enseña que la supuesta radicalidad de los mensajes no siempre ha sido coherente con a práctica posterior, desde el mantenimiento de la enmienda republicana en el debate constitucional o el OTAN, de entrada no, hasta las sucesivas contrarreformas del mercado laboral, tanto en los mandatos de Felipe González como en el último de Rodríguez Zapatero. Que hay un riesgo presente lo demuestra la pugna que mantienen determinados sectores del PSOE, ya sea en boca de alguno de sus barones como en las actuaciones desde algunos ministerios. Considerar anecdótico que la responsabilidad del Ministerio de Economía y del de Seguridad Social hayan recaído en perfiles como los de Calviño y Escrivá no es de recibo. No es casualidad que exponentes del "viejo PSOE" derrotado en las primarias por Pedro Sánchez ocupen, precisamente, las carteras económicas.

Por lo que respecta a ERC poco que añadir a lo que ya es tradición, la pugna de sus dos almas viene de antiguo y a estas alturas lo único que sí sabemos es que cada vez que Oriol Junqueras filtra algo desde la cárcel en la que no debiera estar la que sale triunfante es el ama identitaria y la derrotada el alma social. Todos los propósitos de crecer en el área metropolitana, de tener un mensaje social más nítido, acaba chocando con el gran obstáculo de la pugna insomne que mantiene con el nacionalismo conservador.

Los Comuns, por su parte, se aficionan a nadar contra corriente, la imagen que ofrecemos (me incluyo) no se corresponde con la trascendencia que Unidas Podemos está teniendo en la gestión del gobierno en temas esenciales en clave social, todo el mundo en el ámbito progresista valora muy bien a la Ministra de Trabajo. Pero parece como si Yolanda Díaz no fuera un activo de la formación sino un fichaje de Pedro Sánchez. En sentido opuesto, cuando se presiona para que se active pronto el Ingreso Mínimo Vital y se nos acaba imputando la poca extensión por unos requisitos y formalidades que dependen del Ministerio de Escrivá. No ayuda el entramado político, mediático y económico que ven en Unidas Podemos un riesgo, pero con eso ya se contaba. No obstante sólo los Comuns son una garantía de anclaje de las políticas en el terreno de la izquierda, como demuestra lo que aplica allí donde se gobierna en ayuntamientos como el de Barcelona, Montcada, El Prat o Santa Perpetua

El otro juego, inevitable con los resultados que pronostican las encuestas, es el de las posibles alianzas y es clarificador ver qué propone cada una de las formaciones que podrían configurar una mayoría progresista de gobierno. Con una ERC con el ojo puesto en su rival en el campo del nacionalismo identitario proponiendo un pacto inviable y con seguridad nefasto si prosperara, con la CUP, Junts y los Comuns junto a la propia ERC. La fórmula no podría ser más contraria al desarrollo de un programa de cambios profundos en los postulados económicos y sociales de la actuación del futuro Govern, la inmediata y rotunda negativa de los Comuns contrastó con los argumentos más vaporosos de las otras fuerzas convidadas.

Por su parte, el PSC no puede evitar tampoco pensar en la competencia por un determinado tipo de votante que perdió en comicios anteriores y que considera recuperable. No se explica si no que proclame su rechazo a formar parte de un gobierno encabezado por ERC, podría eludir el tema antes de entrar en una formulación tan contundente y contradictoria, pronósticos en mano, con la posibilidad de articular un gobierno progresista que se complemente con el gobierno central en un momento de tanta complejidad y trascendencia como el actual.

En ese tema de las alianzas y los objetivos sólo los Comuns se plantean como objetivo el único que es razonable prever que pueda servir para un gobierno progresista como el que solicitan los firmantes del manifiesto (aquí) de la Plataforma Progresista sin pedir el voto a ninguna opción en concreto, como es lógico dado lo heterogéneo, en los orígenes y los planteamientos, de sus componentes. Porque no parece dibujarse ninguna posibilidad de gobierno de progreso, salvo sorpresas múltiples y casi imposibles, que un tripartito con ERC, PSC y Comuns. Es más, no ser claro en ese planteamiento como objetivo de las fuerzas progresistas lo que sí puede significar es que la suma no dé y sigamos enquistados dando vueltas en torno a confrontaciones identitarias en las que las derechas se encuentran cómodas, sean las derechas nacionalistas catalanas o las derechas nacionalistas españolas.

No nos equivoquemos de voto aquellos y aquellas que desde orígenes muy diversos coincidimos en la necesidad de dar una respuesta en clave de progreso a la situación en la que vivimos, heredera de la crisis de 2008, del desastre político que ha supuesto el procés y de la crisis del COVID. No hagamos tampoco la campaña a los agoreros del desastre, hay motivos sobrados para defender la labor del gobierno central en una situación extremadamente difícil y proponer una alternativa equivalente de gobierno para Catalunya, una alternativa que ponga a las personas y sus necesidades en el centro de la acción política. Y eso pasa por blindar y fortalecer el voto a la izquierda transformadora que representan los Comuns, por eso ese voto le pesa mucho a algunos, por eso es tan necesario como siempre

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