Como en otras ocasiones el motivo de esta entrada es responder de forma menos encorsetada que la que permite twitter a un debate abierto en dicha red. En este caso un tuit mío sobre el posicionamiento de ERC en relación al estado de alarma ha ido yendo al terreno del conflicto político de fondo y al final al concepto mismo de conflicto
Brevemente, hay conflicto cuando hay posiciones confrontadas entre dos actores (personas o colectivos) y su resolución puede ser la imposición de una parte sobre la otra o un acuerdo ente las dos, ni la imposición ni el acuerdo tienen por qué ser permanentes
En cualquier caso un conflicto es una confrontación de poder en la que los argumentos esgrimidos por cualquiera de las partes (eso muchas veces tan subjetivo de tener la razón) no tienen más valor que el de su capacidad para atraer partidarios o convencer a terceras partes. Cargarse de razón sólo sirve si da más capacidad para actuar, lo que no es poco, pero en ningún caso sirve lo de que tengo que conseguir lo que pretendo porque tengo razón. Eso explica multitud de frustraciones de demandantes ante los tribunales porque la sentencia no es la que se esperaba o, peor aún, ganar un procedimiento jurídico y tener una sentencia favorable a sus pretensiones pero que en la práctica no sirva para nada. En el mundo laboral eso es muy frecuente y en otros aspectos de la vida también. La maldición tengas pleitos y los ganes dice mucho al respecto
No hay conflicto si una de las partes no busca cambiar una situación de equilibrio (sin entrar en lo más o menos justa que sea dicha situación) pero si se da un paso para romper ese equilibrio y sustituirlo por otro cabe esperar la respuesta de la otra parte. La cosa puede ser bastante compleja porque siempre puede haber un momento anterior en el que la percepción de quién rompe el equilibrio sea la contraria. En el conflicto catalán abierto por el procés hay quien es capaz de ir alargando los agravios hasta el compromiso de Caspe o los Reyes Godos y más allá
Lo determinante en la resolución (definitiva o temporal) de un conflicto es el equilibrio de poder entre las partes para que una se imponga a la otra o se alcance un pacto que establezca un equilibrio idéntico (rara vez) parecido o muy distinto del anterior. Si es un conflicto entre individuos uno puede llevarse en su cabeza mil ideas de cómo ha actuado, si ha conseguido lo que le interesaba y hasta qué punto, si podría haber hecho otras cosas, etcétera. Si es un conflicto colectivo esos debates pueden exteriorizarse en forma de posiciones diferentes de cada sujeto individual o de subgrupos del colectivo global. En los casos de conflictos que implican a un número importante de personas hay individuos que tienen un protagonismo mayor, ellos deciden las medidas concretas y al mismo tiempo que interpretan los deseos del colectivo van delimitando los objetivos y las estrategias para alcanzarlos
Finalmente y antes de entrar en el conflicto catalán, para que haya un acuerdo entre las partes es imprescindible que exista alguna coincidencia entre las pretensiones de cada una, en caso contrario el conflicto sólo puede cerrarse con la imposición de los intereses de una sobre los de la otra. Dicho en otros términos, si para A el objetivo ideal sería llegar al punto X y para B seria llegar al punto Y podrá haber acuerdo si ambas partes están dispuestas a aceptar un acuerdo en un punto situado entre X e Y, si lo aceptable para A está mas cerca X de lo que está dispuesto a asumir B o lo aceptable para B está más cerca de Y de lo que puede asumir A el acuerdo es imposible. Parece un trabalenguas pero si se dibuja una recta con A en un extremo, B en el otro y se ponen X e Y en distintos punto de la recta se ve gráficamente la posibilidad o no de un acuerdo en función de la ubicación que cada uno dé a su objetivo asumible (no ideal). Tanto el posible acuerdo como la imposición serán siempre temporales, el conflicto puede reabrirse siempre
A partir de estas cuatro pinceladas básicas sobre el conflicto en términos genéricos y sus mecanismos de resolución (que no implica solución y menos definitiva) es posible acercarse a lo sucedido desde el otoño de 2012 en Catalunya para analizarlo exclusivamente desde este punto de vista, lo que a su vez implica obviar cuestiones esenciales como los antecedentes remotos e inmediatos o el contexto histórico global de crisis sistémica desde 2008. Lo que sigue no pretende ser ni siquiera una aproximación a la problemática de fondo del encaje o no encaje de Catalunya en España, tan sólo unos apuntes a cómo se ha abordado el llamado procés por parte de los que han tenido la máxima responsabilidad en el mismo
Hay dos partes en conflicto que no son exactamente Catalunya y España aunque se usen esos términos habitualmente, los gobernantes se autoproclaman portavoces del conjunto de la ciudadanía que no es lo mismo, lo que tiene su repercusión como más adelante diré. Una de las partes decidió que el statu quo existente no le servía y Artur Mas se presentó ante Mariano Rajoy después de la gran manifestación del 11 de septiembre de 2012 con un listado de reivindicaciones que sabía perfectamente que no serían atendidas, no buscaba en ese momento abrir una vía de negociación para un acuerdo, sino una justificación para convocar unas elecciones en las que aspiraba a obtener una clara victoria. Si eso se hubiese producido no sabemos cómo hubiera evolucionado la situación, pero no fue eso lo que sucedió y se abrió un terreno nuevo
Desde ese momento el conflicto irá aumentando su intensidad de forma paulatina, sin que en ningún momento se vislumbrara la opción de un proceso de negociación. Las razones creo que son dos, la primera que las propuestas sobre lo que se debería negociar eran difícilmente aceptables, por mucho que se recordaran aquellos días los ejemplos de Quebec y Escocia, es obvio que la inmensa mayoría de estados homologables al español no entrarían a negociar la posibilidad de la independencia de una parte de su territorio. La segunda, el gobierno central se creía lo suficientemente fuerte como para resistir la presión que se pudiera ejercer en ese sentido, a través de los aparatos del estado y porque detrás de las propuestas de los gobernantes catalanes no estaba una parte suficiente de la población catalana como para obligarle
El procés fue hasta octubre de 2017 una huida hacia adelante continua, ante la negativa del gobierno central a negociar consulta en 2014, plebiscitarias en 2015, sustitución forzada de Artur Mas por Carles Puigdemont y un proceso acelerado de pasos hacia no sé sabe aún dónde entre las leyes de desconexión de septiembre de 2017 y la no proclamación de la república en octubre del mismo año. Desde ese momento la situación es de derrota de los postulados independentistas y de espera de un nuevo momentum. Frente a lo que se suele decir, el gobierno central no estuvo inactivo, no negoció nada, pero fue utilizando los recursos de los que disponía para hacer frente al conflicto, contrapuso nacionalismo español a nacionalismo catalán, se apoyó en la sociedad civil para movilizar a los catalanes contrarios a los que hacían los gobernantes catalanes, hizo uso de sus facultades legales y se escudó en todos los poderes del estado.
Es imposible que los dirigentes catalanes del procés no supieran que era imposible ganar el pulso al gobierno central en 2017, hemos oído en diferentes momentos que no había las estructuras de estado de las que tanto se habló, que lo que se quería era forzar una negociación, que se iba de farol... Pese a todo se siguió adelante siendo conscientes de la inviabilidad de lo que se proponía. Por una parte eso obedeció al miedo a enfrentarse a las expectativas generadas (la no convocatoria de elecciones y las 155 monedas de plata lo expresan con claridad) nadie quería quedar como traidor, algo a lo que ayudó el que no hubiera un liderazgo indiscutible. Por otra parte, más de un dirigente tenía claro que no era el momento de alcanzar el objetivo planteado, sino el de un sacrificio que lo facilitara en el futuro
Lo que siguió al otoño de 2017 fue la consecuencia de lo vivido entonces, incluyendo un proceso judicial que a muchos nos parece aberrante. Ahora bien, de la misma manera que los dirigentes catalanes no expresaban la voluntad de toda la ciudadanía catalana tampoco lo hacía el gobierno central con respecto a la española
El conflicto sigue abierto, después de una derrota clara de los dirigentes catalanes y su estrategia hay quien cree posible volver a plantear otro pulso a todo o nada ahora o en un futuro más o menos inmediato, como hay quien está esperando en la otra trinchera que eso suceda para acabar de doblegar al independentismo. Pero también hay quienes creen factible otro escenario, el de transitar un camino difícil de negociación hacia un acuerdo aceptable para tirios y troyanos, en consecuencia no el ideal para ninguno de ellos. Ya se ha hecho en otros casos, ¿o nadie recuerda lo que se ha vivido desde el plan Ibarretxe hasta hoy en Euskadi?
En definitiva, hay planteado un conflicto político de gran envergadura con vías de resolución muy distintas. Avanzar por unas o por otras no es una fatalidad impuesta por las circunstancias, sino consecuencia de las opciones que en cada momento se elijan, como en cualquier conflicto
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