dimecres, 31 de juliol del 2019

LUCHA POR LA HEGEMONÍA, ENTRE LA PREOCUPACIÓN Y LA ESPERANZA

No es que me haya olvidado de la historia de la Transición, pero escribir una página sobre lo ocurrido en los meses inmediatos a la muerte de Franco con un mínimo de rigor requiere de un trabajo de documentación que me está llevando más de lo que preveía. Así que para no tener el bloc parado por más tiempo voy a ver si consigo analizar la situación presente (compartiendo el cabreo de mucha otra gente por el esperpento de la sesión de investidura de la semana pasada) desde un visión menos cortoplacista, la de la disputa por la hegemonía de las ideas

La crisis de 2008 puso el mundo patas arriba, cuando se produce un fenómeno de esa magnitud siempre tiene repercusiones serias en los años que siguen. Los postulados neoliberales que nos vendían un mundo en el que el crecimiento iba a dar para que todo el mundo tuviera cada vez más aunque el reparto fuera muy poco equitativo saltó por los aires, lo que ahora se dilucida es qué alternativa hay a eso o qué nueva versión del neoliberalismo se impone. Pero el estallido de 2008 no vino porque sí, tiene su explicación en lo que ha venido pasando en el mundo en los últimos 50 años

Empiezo por una rápida visión histórica, desde finales de los años sesenta del siglo pasado las clases económicamente dominantes (los que de verdad mandan) se han gastado ingentes cantidades de dinero en imponer la visión del mundo que más les convenía. Al principio fue una campaña para contrarrestar la que entonces era visión dominante y después ha sido para consolidar la que consiguieron imponer. El neoliberalismo derrotó al keynesianismo porque primero se dio una batalla para ganar la hegemonía de las ideas, algo que va mucho más allá del famoso relato del que tanto se habla.

En sus últimos trabajos, Josep Fontana lo explicaba machaconamente, pero no ha sido el único. El miedo a perderlo todo hizo que las clases dominantes accedieran a repartir el pastel de una forma más equitativa, ese miedo lo generó la Revolución Rusa de 1917 y explica que tras la II Guerra Mundial se vivieran 30 años en los que la riqueza que se generaba se repartía evitando las grandes desigualdades. eso sólo pasaba en los países centrales del sistema y muchas veces a costa de las condiciones de vida de los que vivían en otros lugares, pero era la tendencia que se creía podía extenderse a todo el mundo

A finales delos 60 el miedo a un "contagio" de la revolución se había diluido, la URSS y el socialismo realmente existente no suscitaban ya grandes esperanzas, en parte por la propaganda contraria, pero, sobre todo, por los propios deméritos de esos sistemas, obcecados en competir en la carrera de armamentos y relegando la mejora de las condiciones de vida de su población. Con la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS la fiesta neoliberal se convirtió en orgía

Pero mejor no saltar esos 20 años tan rápido. Desde finales de lo 60 empiezan a financiarse la realización y difusión de estudios que pretendidamente demostraban que la intervención del estado en la economía y los mecanismos de reparto de la riqueza, a través de los impuestos a los más ricos o por medio de los incremento de los salarios similares al crecimiento de la productividad, eran un error que frenaba la economía y con ello empobrecía al conjunto de la sociedad. La crisis económica de los años 70, la que conocemos como crisis del petróleo, resultó un acicate para estos planteamientos que ya estaban elaborados pero se vendieron a la población como las conclusiones que se extraían de dicha crisis. En realidad, la crisis del petróleo estalló en 1975 y ya en 1973 se puso en marcha el primer experimento práctico de aplicación de las políticas neoliberales, concretamente en el Chile que surge tras el golpe de estado de Pinochet, en el que la sangrienta represión que evitaba las posibles manifestaciones de rechazo a cualquier tipo de medida fue acompañada del desarrollo de las políticas inspiradas por la Escuela de Chicago, por ejemplo, con lo que después se demostró un negocio ruinoso para la población, la privatización de las pensiones

El planteamiento era sencillo, en el fondo era desandar lo hecho después de la crisis de los años 30 y dejar barra libre al capital, bajar los impuestos y las prestaciones sociales y limitar legalmente la capacidad de los trabajadores para negociar incrementos salariales y mejoras de las condiciones de trabajo a través de los sindicatos. Eso era reducir el papel del estado en la economía y redistribuir mucho menos la riqueza generada, aunque lo que se decía al gran público era otra cosa, se trataba de quitar cortapisas a la iniciativa privada para favorecer el crecimiento, del que acabaría por beneficiarse toda la población, excepto los que se automarginasen

Con la llegada al poder de Margaret Thatcher, en el Reino Unido, y de Ronald Reagan, en USA, el neoliberalismo se viste de largo. Frases como la solución no es el estado, el estado es el problema y políticas que redujeron rápidamente los impuestos, sobre todo los que pagaban los más ricos, se convierten en el discurso dominante. Las teorías keynesianas dejaron de ser las ortodoxas y se fueron imponiendo las neoliberales, aunque en muchas ocasiones sin ninguna base que demostrara lo correcto de los planteamientos que defendían, dando por buenos supuestos axiomas que en realidad eran falacias, como que la gestión privada es siempre más eficaz que la pública

El resultado no es del todo conocido por los propios afectados. Las bajadas de impuestos y los recortes de prestaciones fueron selectivos, los primeros beneficiaron en mucha mayor medida a los más ricos y los segundos afectaron en su casi totalidad a los más pobres y eso empieza a conocerse como consecuencia de las críticas al sistema que ha provocado la crisis de 2008, pero es mucho menos conocido que los salarios casi no han crecido desde los años 80, descontado el efecto de la inflación, mientras que la productividad se ha disparado. Dicho de otra manera, las famosas clases medias sobre las que se sostenían las sociedades de los países más prósperos (muy especialmente la norteamericana) ha ido menguando, su capacidad real de compra fue sustituida por su capacidad para endeudarse, al mismo tiempo que se permitía a las entidades financieras saltarse las normas antes existentes para limitar los riesgos. El resultado fue la burbuja financiera que estalló entre 2007 y 2008

Y partir de entonces, ¡qué? Las visones críticas del sistema existían antes de 2008, pero nadie hacía caso a esos agoreros (como tampoco se hacía caso a los que llevan décadas hablando de los límites del planeta para ser explotado, pero ese es otro tema) y se tenían que conformar con intentar subsistir moviéndose en la periferia del sistema como algo anecdótico. La izquierda alternativa existía antes de 2008 aunque a alguno le sorprenda, pero como estaba allí le tocó que la reacción contra todo lo existente que había llevado a aquel desastre también le afectara, los sindicatos que predicaban en el desierto contra las bajadas de impuestos a los más ricos pasaron a ser colaboradores del sistema. Había que crear, romper con lo anterior y, como se dice en Catalunya fer foc nou, hacer fuego nuevo

Por primera vez en 40 años las críticas al funcionamiento del sistema eran generalizadas y cuestionaban toda la arquitectura del edificio, los bancos, la codicia desmedida de unos pocos, el injusto reparto de la riqueza y de los sacrificios, todo daba pie a la construcción de un discurso crítico aunque no a un proyecto alternativo global. Incluso desde los sectores que representaban al poder político y económico se hablaba de refundar el capitalismo o de dejar algunas de sus reglas en suspenso durante un tiempo. Frente a esa situación podía esperarse una reacción de aflojar la cuerda para destensar la situación, pero la reacción de los poderes económicos (viendo que no existía una alternativa para sustituir al sistema) fue la de aprovechar el momento para lanzar un nuevo ataque al viejo edificio del estado del bienestar. Casi desmantelado ya en los USA y el Reino Unido, los sistemas públicos de pensiones, sanidad y educación, junto a otros servicios públicos como las ayudas a la dependencia, los sistemas del becas, etcétera, seguían siendo un posible negocio privado de muchos millones de euros si se privatizaban, por lo que la solución ortodoxa a la crisis provocada por las doctrinas neoliberales fue profundizar en la mismas. Se desvirtuó el término austeridad para imponer políticas que básicamente eran desviar recursos del sector público al privado, reduciendo presupuestos, privatizando servicios y destinando recursos públicos ingentes a salvar las cuentas de resultados de las grandes entidades financieras o, en una variante de lo mismo, para sanear las pequeñas y regalarlas a las grandes

A falta de un modelo alternativo al que aspirar, la crítica a esas políticas creció en forma reactiva de protestas contra los recortes y en forma propositiva de rescatar las políticas socialdemócrata clásicas (algo que hoy se cataloga de radicalismo comunista) La hegemonía de las ideas neoliberales se cuestionaba ampliamente, algo que no sucedía antes de 2008 y como repuesta se actualizaba la respuesta del bloque dominante redoblando la apuesta (los inadaptados son los perjudicados, la cultura del esfuerzo debe primar, nos roban los que vienen de fuera o nos roba Europa...)

Frente a la contestación creciente se ha descartado la alternativa de repartir mejor para aliviar tensiones, se pretende mantener la ortodoxia hegemónica y se articula la respuesta sobre dos ejes, el recorte de libertades para criminalizar la protesta, de tal manera que casi cualquier contestación se convierte en una cuestión de orden público, y desviar la atención de las cuestión de fondo, el crecimiento de la desigualdad, hacia otros frentes, como el identitario o el miedo al extraño en el que se camufla el miedo al pobre con diferencias culturales, étnicas, etcétera. Al mismo tiempo se recuperan o se crean visones idílicas de sociedades de supuestos iguales, hilo conductor del primero América, los españoles primeros, con la independencia o el Brexit viviríamos mejor y el crecimiento de las llamadas sociedades iliberales que pueden representar hoy Hungría y Polonia o dentro de muy poco la misma Italia

En definitiva, hay por primera vez en mucho tiempo un discurso que gana fuerza y cuestiona la ortodoxia dominante, es decir, una disputa por la hegemonía de las ideas, que se expresa de forma a veces contradictoria (criticando a los que ya decían eso mismo desde antes, por ejemplo) pero que por lo que respecta a España genera movimientos como el 15-M, el surgimiento de Podemos o los Comunes y el giro forzado a la izquierda que tuvo que dar el PSOE para no correr la suerte de otros partidos socialdemócratas europeos, aunque está por ver que ese giro se consolide. Fuera de España el liderazgo de Corbyn es una bofetada a las terceras vías que dominaron al laborismo británico, o en USA se habla de socialismo, un término que estaba erradicado de los mensajes políticos. Con todas las contradicciones que se quiera se está dando la batalla por la hegemonía de las ideas

El paralelo crecen los fantasmas de los que habló en día Gramsci, pero eso es seguramente inevitable además de inquietante También, aunque se oyen poco, hay críticas de los poderosos hacia esa política de mantenella y no enmendalla que alguno piensa que puede poner en peligro todo el edificio, como la que recientemente han lanzado algunas de las personas más ricas de Norteamérica quejándose de los pocos impuestos que pagaban los de su clase

Aunque pueda parecer que la crisis se va superando y que la gente vuelve a los viejos hábitos el mundo es muy distinto al de hace diez años, más inquietante y más esperanzador al mismo tiempo, pero en cualquier caso muy distinto. No hay recetas mágicas, a falta de un modelo global alternativo  hay que construir la alternativa a cada paso, de entrada cuestionando las políticas fiscales y de gasto social y las políticas laborales, también relacionando los movimientos sociales emergentes con la crítica al sistema. el feminismo no puede desligarse de la construcción de un modelo en el que las tareas no retribuidas que tradicionalmente han desarrollado las mujeres cobren valor, donde los cuidados sean al menos tan importantes como la producción de bienes, el ecologismo debe cuestionar un modelo de crecimiento que consume recursos de manera irracional, la explotación laboral está vinculada a un consumismo que en muchas veces es absurdo

Termino con un apunte muy ligado al presente, porque al final todas estas cuestiones que pueden parecer casi metafísicas tienen que tener su concreción, la lucha por la hegemonía requiere de victorias parciales que marquen el camino, subir el salario mínimo, poner límite al crecimiento de los alquileres, defender las libertades esenciales con la derogación de la Ley Mordaza, desescalar el conflicto territorial para centrarse en las cuestiones sociales, cambiar las políticas fiscales, blindar el sistema público de pensiones, en definitiva, empezar a desarrollar parte de la agenda es fundamental. Con todas las contradicciones del PSOE, que son muchas, la izquierda alternativa no puede permitirse el lujo de dejar pasar la oportunidad revertir parte importante de lo que nos ha sido impuesto. Otro día podemos hablar del relato, pero que no se nos olvide lo esencial en este contexto de bloqueo, lo esencial son las políticas que se apliquen

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