divendres, 15 de maig del 2020

LA VERDADERA AUSTERIDAD

La lectura del discurso de Enrico Berlinguer en la clausura de la convención de intelectuales organizada por el PCI en 1977 (aquí) ha sido un acicate para intentar ordenar algunas ideas que me van rondando desde el inicio del confinamiento..

Es evidente que la situación anómala en la que vivimos desde hace dos meses tiene muchos elementos negativos de todo tipo, desde la limitación de libertades básicas a consecuencias sociales inmediatas de extrema gravedad (de qué viven los propietarios de pequeños negocios o, en peor situación aún, las muchas personas que  subsistían con ocupaciones irregulares y han quedado sin nada) o a efectos económicos a más largo plazo que nos sitúan ante una situación muy preocupante  de cara a los próximos meses o años

Pero también es cierto que esta casi distopía nos ha proporcionado alguna pequeña satisfacción, respirar aire más limpio, reducir los decibelios de las calles, ver videos de delfines en el Port Olímpic de Barcelona, tener tiempo para aburrirse entre meme y meme, descubrir que la bollería casera es mejor que la industrial. Al lado de las graves consecuencias negativas son temas que alguien puede considerar menores, aunque es discutible que respirar mejor sea un tema menor, por ejemplo, pero resulta que van acompañados de otras cuestiones ya no tan menores, apunto tres:

1.- Hemos constatado la importancia de lo fundamental, de la sanidad pública y de rebote de la enseñanza pública o de lo necesario que es mejorar el modelo de atención a las personas dependientes

2.- Se está replanteando el uso del espacio público urbano y lo que llega como provisional  va a quedarse como permanente, al menos en parte. Dar más espacio a las personas en detrimento del que se destina a vehículos privados, incluso dar más espacio a la actividad económica (terrazas de bares) a costa de plazas de aparcamiento en superficie puede tener un recorrido más largo del que se prevé. En el fondo subyace el debate más profundo sobre el uso individual o el uso colectivo de los recursos que son limitados, casi todos

3.- Hay elementos para promover cambios significativos en la escala de valores, a veces como amenazas (crecimiento del autoritarismo) pero también como oportunidad. Recuperamos la conciencia de vulnerabilidad falsamente ocultada por la percepción de que nuestra civilización podía con todo, descubrimos que el individualismo es mala receta para hacer frente a amenazas globales o empezamos a reflexionar, incluso de forma inconsciente, sobre aquello que parecía tan desfasado de la diferencia entre valor y precio. Esto último no tiene relación directa con el tema central que quiero abordar, pero no puedo resistirme a remarcar que gran parte de los empleos que se han mostrado más importantes durante estos meses se corresponden con actividades que de forma tradicional, durante siglos, se han venido cubriendo en los núcleos familiares por parte de las mujeres, tareas de cuidados de personas dependientes o tareas básicas para la subsistencia, como la limpieza, que cuando han salido del ámbito doméstico se han minusvalorado pese a la importancia que realmente tienen

Seguro que se podrían apuntar más líneas sobre las que profundizar, u organizarlas según otros criterios, no pretendo hacer un tratado sistemático en estas líneas. Lo que sí quiero es seguir uno de los posibles hilos conductores, el que engarza con el discurso que Berlinguer pronunció hace 43 años, el despilfarro asociado al consumismo desbocado que necesita el capitalismo en su versión hegemónica presente hace necesario hablar seriamente de la austeridad.

Soy consciente de que la palabra se la apropió la ortodoxia neoliberal y se asoció a recortar gastos en lo que se está mostrando básico para la inmensa mayoría de la población, el sistema juega a hacer suyas las palabras, así, intenta hacer suya una expresión como crecimiento sostenible para cambiarle el sentido y convertirlo en sinónimo de crecimiento sostenido. Si alguien tiene una palabra que defina lo que es la verdadera austeridad que la proponga, yo creo que vale la pena hablar de ella sin medias tintas para defenderla como algo necesario para afrontar el futuro, obviamente con un significado muy diferente al que se le dio en la pasada crisis financiera.

Ser austero no significa dejar de comer porque es imprescindible comer. En clave social, ser austero no puede significar dejar desatendidos servicios esenciales para nuestra existencia como seres sociales, ser austeros no puede ser jibarizar la sanidad pública, ni las pensiones, ni la educación como instrumento a la vez de progreso real y de equilibrador social, ni la debida atención a las personas dependientes que hemos visto que deja mucho que desear. Todo lo contrario, ser austero significa dar prioridad a lo que es esencial, buscando recursos donde los hay y la riqueza llega a ser hasta obscena o limitando el gasto en otros ámbitos.

Un ejemplo de cada cosa para que se entienda, ser austero es buscar recursos que se usan o acaparan de forma no precisamente austera porque las grandes fortunas de los modélicos emprendedores, o de los a veces no tan modélicos ídolos deportivos y de los que se mueven en su entorno, no nacen del ideal luterano o calvinista de trabajo constante y del privarse de todo aquello que no es esencial, las grandes fortunas no se presentan precisamente como el personaje del Sr. Scrooge de Cuentos de Navidad, privándose a sí mismas de cualquier comodidad. La fiscalidad progresiva es un instrumento imprescindible para una auténtica política de austeridad, para derivar el gasto superfluo a lo que es esencial. El último libro de Thomas Piketty, Capital e ideología, tiene a mi modo de ver muchas debilidades (leyéndolo me venía constantemente a la cabeza la imagen de los socialistas utópicos del s. XIX, con sus Icarias y sus falansterios) pero por contra hace un análisis muy loable de la evolución de la fiscalidad desde finales del s. XVIII a la actualidad. No es que sea posible, es que aplicar sistemas fiscales extremadamente progresivos se hizo en las democracias occidentales del s. XX con unos resultados más que satisfactorios.

Segundo ejemplo, hemos visto en la escenografía de las ruedas de prensa sobre la pandemia multitud de uniformes, no todos eran militares, pero ha dado la sensación de que se nos ha querido convencer de la utilidad del ejército para el conjunto de la sociedad en una situación en que dicha utilidad era difícil de percibir. Resulta que no nos ha atacado ningún ejército enemigo, ni tan siquiera una organización terrorista difícil derrotar por procedimientos militares clásicos y que el ejército ha tenido que hacer un esfuerzo para mostrar su utilidad. Ciertamente la ha demostrado con los hospitales de campaña y las desinfecciones, pero no es menos cierto que aquel invento de Zapatero que tantas mofas le costó, la UME, perfectamente podría pertenecer a un cuerpo de protección civil para hacer lo que hace y que es de agradecer cuando hay incendios, inundaciones o, como sucede ahora, en una pandemia. Quiero decir que buena parte del gasto militar también es superfluo dadas las amenazas reales que tenemos. No se lea esto como un antimilitarismo infantil, a buen seguro que hay otros gastos superfluos que son prescindibles o que pueden reducirse, sólo que este en concreto tiene un montante muy significativo.

Pero la austeridad tiene también una vertiente personal que afecta a cada uno de nosotros, aunque de forma muy distinta según el caso. Hay gastos que debieran plantearnos el interrogante sobre su simple viabilidad, en una magnífica entrevista publicada en El País (aquí) Ángel León, propietario del restaurante  Aponiente, dice que habían montado una locura, "una locura que vivía de que el mundo se cogiera un avión para venir a vernos". Él habla en pretérito y habla de que seguramente deberán reinventarse. Puede parecer exagerado, pero hace pocos días la presentadora Ana Rosa Quintana dejó caer en directo que echaba de menos coger el AVE a Valencia, desde Madrid, comerse una paella y volver. No parecen prácticas muy razonables, pero otras del comportamiento habitual de cada uno de nosotros son también irracionales, como usar una prenda de vestir un par de veces o tres y darla por amortizada, o pretender vivir "como señores" y que nos traigan una botella de wiski a las tres de la mañana, sin pararnos a pensar qué condiciones de explotación supone que nos podamos permitir ciertas cosas para millones de personas en el mundo.

No es un mensaje fácil el de la austeridad porque significa replantear muchas cosas. Ahora bien, sucede que la ortodoxia dominante nos ha llevado a dos crisis importantes, de las que acostumbran a llevar aparejadas cambios políticos y sociales trascendentes, en poco más de un decenio. Tras la crisis financiera el capitalismo se refundó, como dijo Sarkozy, doblando la apuesta, para garantizar la continuidad del sector financiero se impuso una falsa austeridad a países como Grecia, España, Italia o Portugal, pero todo el mundo quedó tocado. Se reabrió un debate demasiado tiempo tratado con sordina, el del sentido de un sistema que incrementaba las desigualdades a costa de los intereses de los que menos culpa tenían de aquella crisis y en beneficio de sus responsables. Ahora la crisis no la ha generado directamente el modelo económico, pero se ha puesto de manifiesto que este no sirve para atender lo verdaderamente prioritario ante una emergencia. A diferencia de lo que sucedió en 2008 hay mucha más gente que no está dispuesta a tragarse nuevos sapos, al tiempo que los halcones del orden establecido no van a quedarse impasibles, no van a permitir perder privilegios sin plantar cara. El conflicto está servido y viendo el avance en el mundo de estados autoritarios sustituyendo a democracias más o menos consolidadas es para preocuparse. Eso sí, de lo que no se está hablando, al menos de momento, es de políticas de austeridad en el sentido en que se usó el término hace uno años, políticas que serían definitivamente un suicidio aplicadas como entonces.

Es el momento de reivindicar la verdadera austeridad, la que invocaba Enrico Berlinguer en 1977, una austeridad aún más necesaria hoy contra el despilfarro innecesario que pasa factura a las condiciones de vida de la mayor parte de la humanidad y al propio planeta finito en el que vivimos, una austeridad para centrar los esfuerzos en aquello que es esencial para garantizar una vida digna y plena a todas las personas. En el contexto de 1977 Berlinguer quizá consideraba, con excesivo optimismo de la voluntad, que estaba próxima la superación del capitalismo, con la presión de los movimientos nacionales de liberación en los países empobrecidos (el Tercer Mundo era el término usado entonces y que hoy sería cuestionado) como uno de los motores de ese cambio. El capitalismo demostró su capacidad para reinventarse e ir en el sentido contrario, las cuatro décadas pasadas desde entonces han sido el sueño de los defensores del laissez faire, se abrió un proceso de crecimiento de las desigualdades y de desregulación que nos ha abocado a una situación de fin de época, la ortodoxia neoliberal es ya incompatible con el funcionamiento democrático de las sociedades, los poderes económicos operan más allá de los límites a los que las leyes nacionales pueden alcanzar y, por tanto, eluden el más mínimo control democrático.

Quien piense en transformar el mundo ha de tener un punto del optimismo que tenía Berlinguer, no sé si para superar el capitalismo, pero sí como mínimo para superar esta fase que se agota, lo contario es avanzar hacia sociedades cada vez más autoritarias, con cuestiones identitarias de uno u otro tipo sustituyendo al debate económico y social. El conflicto económico y social debe llevarnos a otro escenario y será obligatorio abordar el debate de la verdadera austeridad, la que garantice la pervivencia de lo esencial, se le dé el nombre que se le dé

dimecres, 6 de maig del 2020

CONFLICTOS Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS. EL CASO CATALÁN

Como en otras ocasiones el motivo de esta entrada es responder de forma menos encorsetada que la que permite twitter a un debate abierto en dicha red. En este caso un tuit mío sobre el posicionamiento de ERC en relación al estado de alarma ha ido yendo al terreno del conflicto político de fondo y al final al concepto mismo de conflicto

Brevemente, hay conflicto cuando hay posiciones confrontadas entre dos actores (personas o colectivos) y su resolución puede ser la imposición de una parte sobre la otra o un acuerdo ente las dos, ni la imposición ni el acuerdo tienen por qué ser permanentes

En cualquier caso un conflicto es una confrontación de poder en la que los argumentos esgrimidos por cualquiera de las partes (eso muchas veces tan subjetivo de tener la razón) no tienen más valor que el de su capacidad para atraer partidarios o convencer a terceras partes. Cargarse de razón sólo sirve si da más capacidad para actuar, lo que no es poco, pero en ningún caso sirve lo de que tengo que conseguir lo que pretendo porque tengo razón. Eso explica multitud de frustraciones de demandantes ante los tribunales porque la sentencia no es la que se esperaba o, peor aún, ganar un procedimiento jurídico y tener una sentencia favorable a sus pretensiones pero que en la práctica no sirva para nada. En el mundo laboral eso es muy frecuente y en otros aspectos de la vida también. La maldición tengas pleitos y los ganes dice mucho al respecto

No hay conflicto si una de las partes no busca cambiar una situación de equilibrio (sin entrar en lo más o menos justa que sea dicha situación) pero si se da un paso para romper ese equilibrio y sustituirlo por otro cabe esperar la respuesta de la otra parte. La cosa puede ser bastante compleja porque siempre puede haber un momento anterior en el que la percepción de quién rompe el equilibrio sea la contraria. En el conflicto catalán abierto por el procés hay quien es capaz de ir alargando los agravios hasta el compromiso de Caspe o los Reyes Godos y más allá

Lo determinante en la resolución (definitiva o temporal) de un conflicto es el equilibrio de poder entre las partes para que una se imponga a la otra o se alcance un pacto que establezca un equilibrio idéntico (rara vez) parecido o muy distinto del anterior. Si es un conflicto entre individuos uno puede llevarse en su cabeza mil ideas de cómo ha actuado, si ha conseguido lo que le interesaba y hasta qué punto, si podría haber hecho otras cosas, etcétera. Si es un conflicto colectivo esos debates pueden exteriorizarse en forma de posiciones diferentes de cada sujeto individual o de subgrupos del colectivo global. En los casos de conflictos que implican a un número importante de personas hay individuos que tienen un protagonismo mayor, ellos deciden las medidas concretas y al mismo tiempo que interpretan los deseos del colectivo van delimitando los objetivos y las estrategias para alcanzarlos

Finalmente y antes de entrar en el conflicto catalán, para que haya un acuerdo entre las partes es imprescindible que exista alguna coincidencia entre las pretensiones de cada una, en caso contrario el conflicto sólo puede cerrarse con la imposición de los intereses de una sobre los de la otra. Dicho en otros términos, si para A el objetivo ideal sería llegar al punto X y para B seria llegar al punto Y podrá haber acuerdo si ambas partes están dispuestas a aceptar un acuerdo en un punto situado entre X e Y, si lo aceptable para A está mas cerca X de lo que está dispuesto a asumir B o lo aceptable para B está más cerca de Y de lo que puede asumir A el acuerdo es imposible. Parece un trabalenguas pero si se dibuja una recta  con A en un extremo, B en el otro y se ponen X e Y en distintos punto de la recta se ve gráficamente la posibilidad o no de un acuerdo en función de la ubicación que cada uno dé a su objetivo asumible (no ideal). Tanto el posible acuerdo como la imposición serán siempre temporales, el conflicto puede reabrirse siempre

A partir de estas cuatro pinceladas básicas sobre el conflicto en términos genéricos y sus mecanismos de resolución (que no implica solución y menos definitiva) es posible acercarse a lo sucedido desde el otoño de 2012 en Catalunya para analizarlo exclusivamente desde este punto de vista, lo que a su vez implica obviar cuestiones esenciales como los antecedentes remotos e inmediatos o el contexto histórico global de crisis sistémica desde 2008. Lo que sigue no pretende ser ni siquiera una aproximación a la problemática de fondo del encaje o no encaje de Catalunya en España, tan sólo unos apuntes a cómo se ha abordado el llamado procés por parte de los que han tenido la máxima responsabilidad en el mismo

Hay dos partes en conflicto que no son exactamente Catalunya y España aunque se usen esos términos habitualmente, los gobernantes se autoproclaman portavoces del conjunto de la ciudadanía que no es lo mismo, lo que tiene su repercusión como más adelante diré. Una de las partes decidió que el statu quo existente no le servía y Artur Mas se presentó ante Mariano Rajoy después de la gran manifestación del 11 de septiembre de 2012 con un listado de reivindicaciones que sabía perfectamente que no serían atendidas, no buscaba en ese momento abrir una vía de negociación para un acuerdo, sino una justificación para convocar unas elecciones en las que aspiraba a obtener una clara victoria. Si eso se hubiese producido no sabemos cómo hubiera evolucionado la situación, pero no fue eso lo que sucedió y se abrió un terreno nuevo

Desde ese momento el conflicto irá aumentando su intensidad de forma paulatina, sin que en ningún momento se vislumbrara la opción de un proceso de negociación. Las razones creo que son dos, la primera que las propuestas sobre lo que se debería negociar eran difícilmente aceptables, por mucho que se recordaran aquellos días los ejemplos de Quebec y Escocia, es obvio que la inmensa mayoría de estados homologables al español no entrarían a negociar la posibilidad de la independencia de una parte de su territorio. La segunda, el gobierno central se creía lo suficientemente fuerte como para resistir la presión que se pudiera ejercer en ese sentido, a través de los aparatos del estado y porque detrás de las propuestas de los gobernantes catalanes no estaba una parte suficiente de la población catalana como para obligarle

El procés fue hasta octubre de 2017 una huida hacia adelante continua, ante la negativa del gobierno central a negociar consulta en 2014, plebiscitarias en 2015, sustitución forzada de Artur Mas por Carles Puigdemont y un proceso acelerado de pasos hacia no sé sabe aún dónde entre las leyes de desconexión de septiembre de 2017 y la no proclamación de la república en octubre del mismo año. Desde ese momento la situación es de derrota de los postulados independentistas y de espera de un nuevo momentum. Frente a lo que se suele decir, el gobierno central no estuvo inactivo, no negoció nada, pero fue utilizando los recursos de los que disponía para hacer frente al conflicto, contrapuso nacionalismo español a nacionalismo catalán, se apoyó en la sociedad civil para movilizar a los catalanes contrarios a los que hacían los gobernantes catalanes, hizo uso de sus facultades legales y se escudó en todos los poderes del estado.

Es imposible que los dirigentes catalanes del procés no supieran que era imposible ganar el pulso al gobierno central en 2017, hemos oído en diferentes momentos que no había las estructuras de estado de las que tanto se habló, que lo que se quería era forzar una negociación, que se iba de farol... Pese a todo se siguió adelante siendo conscientes de la inviabilidad de lo que se proponía. Por una parte eso obedeció al miedo a enfrentarse a las expectativas generadas (la no convocatoria de elecciones y las 155 monedas de plata lo expresan con claridad) nadie quería quedar como traidor, algo a lo que ayudó el que no hubiera un liderazgo indiscutible. Por otra parte, más de un dirigente tenía claro que no era el momento de alcanzar el objetivo planteado, sino el de un sacrificio que lo facilitara en el futuro

Lo que siguió al otoño de 2017 fue la consecuencia de lo vivido entonces, incluyendo un proceso judicial que a muchos nos parece aberrante. Ahora bien, de la misma manera que los dirigentes catalanes no expresaban la voluntad de toda la ciudadanía catalana tampoco lo hacía el gobierno central con respecto a la española

El conflicto sigue abierto, después de una derrota clara de los dirigentes catalanes y su estrategia hay quien cree posible volver a plantear otro pulso a todo o nada ahora o en un futuro más o menos inmediato, como hay quien está esperando en la otra trinchera que eso suceda para acabar de doblegar al independentismo. Pero también hay quienes creen factible otro escenario, el de transitar un camino difícil de negociación hacia un acuerdo aceptable para tirios y troyanos, en consecuencia no el ideal para ninguno de ellos. Ya se ha hecho en otros casos, ¿o nadie recuerda lo que se ha vivido desde el plan Ibarretxe hasta hoy en Euskadi?

En definitiva, hay planteado un conflicto político de gran envergadura con vías de resolución muy distintas. Avanzar por unas o por otras no es una fatalidad impuesta por las circunstancias, sino consecuencia de las opciones que en cada momento se elijan, como en cualquier conflicto

diumenge, 19 d’abril del 2020

QUI HO HAVIA DE DIR

- Qui ho havia de dir, semblava dels nostres. Casteller, parlava el català sovint tot i l'accent, sempre havia criticat els atacs a Catalunya dels polítics espanyols.

- Però si et fixaves ja hi tenia algunes sortides, alguna vegada ja havia dit que en allò de les balances fiscals hi havia molt de fum o que no havíem de parlar com parlàvem dels subsidis que reben els andalusos per treballar quatre dies l'any… coses que queien pel seu propi pes les qüestionava, no sé.

- Tot i això sobte la seva actitud, de vegades sembla com ofès, fins i tot en temes evidents que no s'haurien de discutir, no entenc com algú pot negar que el franquisme va voler acabar amb la nostra llengua i la nostra cultura i va fer servir totes les eines possibles, que hi ha gent que porta anys i panys a Catalunya i continua dient que no entén el català i en canvi hi ha nouvinguts que el comencen a parlar en pocs mesos.

- Ens van voler colonitzar i van fer servir la gent vinguda de fora, que no tenien cap culpa, però que després de tots aquests anys ja podien fer un esforç, que hi ha mitjans. Doncs no, és de les coses que més l'empipen, aquest tema el treu de polleguera.

- Bé, deixem-ho córrer, esperem que amb el temps ho vagi veient, és una llàstima, deu costar desfer-se del bagatge cultural que portem cadascú a la motxilla i això que ell va néixer aquí i ho hauria de tenir més clar.

- I que té certa formació, t'ho pots esperar més aviat de gent sense estudis. I després les postures d'aparador, que si estic en contra de l'empresonament dels dirigents independentistes, que si jo tinc clar que el poble català té tot el dret a decidir el que vulgui, que si... però sempre acaba el matís, sempre hi ha algun però.

- Això és cosa de la seva militància política, mai s'ha amagat. I com que l'ambigüitat és la norma del partit això s'expressa en les seves posicions, però al final tot és un no res, parlar amb la boca petita per mantenir el que hi ha. Va, parlem d'una altra cosa que em poso malalt. Què penses que podríem fer quan..?

Puc imaginar-me una conversa al voltant de la meva persona en un entorn molt majoritàriament independentista, em costaria molt més recrear una altra mantinguda entre dos defensors de la idea d'una Espanya atacada pels catalans, posem per cas la que podria donar-se si l'atzar m'hagués portat a formar part d'una confraria en una localitat de conca del Guadalquivir en la que la gran majoria de persones fos crítica amb el que ha estat passant a Catalunya els darrers anys. Vull dir que podria imaginar el temes, però no la parla, no estic habituat a aquest ambient i no sé en quins termes s'expressaria, amb tota seguretat, l'estranyesa perquè algú fill d'immigrants que es manifesta no independentista pugui aprovar el plantejament d'un referèndum, criticar el comportament de policia i guàrdia civil l'1 d'octubre o el discurs del rei dos dies després, discrepar de l'empresonament dels dirigents independentistes o queixar-se del tracte donat per la majoria de mitjans de comunicació a un conflicte polític d'aquesta magnitud.

Es tracta en qualsevol dels casos de posicions estereotipades que permeten reflectir quelcom que és veritat i que ha estat una constant al llarg de la història: no cal el suport majoritari de la població per a què una determinada visió del món acabi determinant els esdeveniments. Del que vull parlar és de la dificultat per no veure's arrossegat cap a una posició quan es polaritza una societat, com la visió crítica vers el que es manifesta al teu voltant porta a l'estigmatització o al silenci per no assenyalar-te i restar tranquil per anar a les teves coses.

Es barregen fets reals amb visions deformades de la realitat i acaben dominant percepcions amb dosis d'irracionalitat creixent que fan de barrera als arguments dels altres, encara que estiguin fonamentats, situació que es va aguditzant i que en paral·lel va delimitant un nosaltres en el que es percep com enemiga qualsevol discrepància.

És la lògica que porta a fer que es defensi la desmesura en l'aplicació del codi penal perquè "se saltaron la leyes", com si fos el mateix jutjar el robatori d'un mòbil que un assassinat i portant a una deformació de la realitat que és incapaç de distingir la violència d'incidents menors sense cap rellevància penal. La sentència condemnatòria per sedició dels polítics catalans no encaixa amb una idea de societat democràtica (a no ser que es vulgui transitar el camí cap al que ara s'ha començat a anomenar societats il·liberals) però ha necessitat de tota una elaboració prèvia de polarització d'una part significativa i cridanera de la societat espanyola.

També és la lògica que elabora la teoria de la colonització de Catalunya per un exèrcit de civils afamats, convertint una migració per causes econòmiques en una política deliberada per diluir la identitat catalana. Jo sóc fill d'aquests migrants, al treball coincidien amb companys i companyes vinguts de la Catalunya interior o natius de Terrassa, de Galícia, Andalusia i d'altres indrets d'Espanya, a mesura que es pujava en l'escala de comandament s'anava depurant la procedència fins a arribar als amos, gairebé sempre catalans, fills de generacions d'industrials que havien mantingut (o recuperat) les regnes del negoci amb la victòria feixista. Colonitzar no és venir a treballar en les pitjors condicions i a viure de mala manera en barris sense aigua corrent, qui vulgui pot provar a veure si descobreix un alcalde de Terrassa que no provingui de les famílies de sempre en tot el període franquista. Sense la construcció d'un relat (com es diu ara) és inversemblant aquesta teoria de la colonització, quasi idèntica a la de què els musulmans estan colonitzant Europa en aquests moments. Dins del relat es normalitza la irracionalitat.

Són només dos exemples de com es trenca el pensament crític a mesura que s'incrementa la polarització, posicionaments latents que no es manifestaven, o que es manifestaven de forma molt minoritària, van contaminant la presa de postura col·lectiva fins a apoderar-se d'ella, per molta càrrega d'irracionalitat que continguin. De forma simultània el proselitisme es va convertint en exigències de posicionaments individuals cada vegada menys flexibles, proliferen les acusacions de traïdoria (amb diferents noms) respecte a qualsevol discrepància, sobre el comportament de la policia, l'immobilisme del govern central, la bondat de l'estratègia duta a terme pels dirigents catalans, la conveniència de replantejar-se objectius, etcètera.

Si hi hagués viscut més enllà de l'Ebre m'hauria tocat ser assenyalat com un mal espanyol, però sóc català. Mai he combregat amb el procés, un moviment popular i de masses impressionant però amb un substrat profundament conservador al meu entendre (es pot discrepar de la meva percepció, evidentment, però no obligar-me a creure en la redempció dels pecats a través de la confessió). No tinc cap sentiment antiespanyol (sovint expressats en termes supremacistes) ni estic temptat a apuntar-me al nacionalisme espanyol (que es manifesta al seu torn en termes rancis i d'identitats enmalaltides) però la Catalunya que vaig creure possible és cada dia més llunyana, perquè la que veig es tanca més i més en si mateixa i es va empetitint. Qui ho havia de dir

Vivim una època de transformacions profundes i globals, la crisi de 2008 no està tancada en termes històrics i encara ni imaginem com impactarà l'actual crisi sanitària i les seves conseqüències econòmiques i socials, la temptació d'anar a mons més tancats i autoritaris és una amenaça real des de fa temps i es pot accelerar, com també pot obrir-se pas la idea que cal replantejar-se el model de consumir, produir i distribuir la riquesa que es genera. Debats de fons que a casa nostre i a Espanya queden ofegats pel soroll de les baralles identitàries. Només ens demanen oblidar-nos de tot fins que el seu tema estigui resolt, poca cosa.

dimarts, 14 d’abril del 2020

OBJETIVO, CAMBIAR LAS PRIORIDADES

Escribo esta entrada a partir de un artículo de Joan Coscubiela publicado hoy en eldiario.es (aquí) que me suscita algunas dudas, incluso el autor las manifiesta en su escrito. No es por tanto una respuesta lo que sigue a continuación, más bien una contextualización de sus planteamientos que surgen de unos deseos que presumo ampliamente coincidentes.

Lo primero que tiene claro todo el mundo (otra cosa es que alguien se haga el tonto) es que nos vamos a enfrentar a una crisis económica de gran calado cuando pase la crisis sanitaria. Aparte de las predicciones de los economistas sobre curvas en forma de V, de W o de L que demuestran que es imposible tener la seguridad absoluta sobre lo que vendrá, hay algunos cosas que sí tenemos claras. Habrá sectores fundamentales de la economía española a los que les costará más remontar, en concreto a todo lo orientado a la actividad turística; las microempresas y con ellas buena parte de las personas autónomas, lo tendrán mucho peor que las empresas con bases más sólidas; no quedará destruida la capacidad productiva (conviene señalarlo cuando se habla continuamente de que esto es una guerra) por lo que no habrá que invertir en reconstruir infraestructuras y la producción de bienes se podrá retomar con rapidez si hay demanda, que esa es otra cuestión; crecerá, está creciendo ya, la deuda pública, aunque no es lo mismo que crezca para inyectar poder adquisitivo y que no se hunda todo a que lo haga porque caiga el consumo y se deje de recaudar

Lo segundo que hay que tener claro es que, como pasó con la crisis financiera de 2008, el funcionamiento del sistema económico y social impuesto por décadas de ultraliberalismo ha demostrado su incapacidad para responder a las necesidades elementales de las personas. Es bueno tener memoria (frecuentemente es de pez, como dice Joan Coscubiela) y recordar que personajes como Sarkozy llegaron a hablar de refundar el capitalismo, sin olvidar tampoco que esa refundación fue al final más de los mismo y en mayores dosis, como el paciente no mejoraba le hicieron otra sangría, y una nueva porque iba a peor y así hasta que murió. Quiero decir que en este momento se tienen claro que hay que cambiar muchas de las prioridades, pero que a medida que pase el tiempo se rearmarán con nuevos mantras los partidarios de que se siga en esta espiral que nos lleva a la locura de un planeta sobrexplotado ecológicamente, con los riesgos para la salud y la economía que ello supone, en un mundo con una desigualdad que va en aumento de forma galopante, poniendo en riesgo los consensos sociales necesarios y aumentando en paralelo los mecanismos represivos de todo tipo para mantener el orden social

Es necesario tomar posiciones y aprovechar el momento inmediato, sin dejar pasar tiempo, para consolidar algunas ideas hegemónicas fundamentales para construir una respuesta adecuada a los retos que se nos plantean. Ahora es cuando la gente valora la importancia de lo público. Ahora es cuando la gente entiende que no se pueden infravalorar el trabajo de los cuidados a las personas dependientes, tradicionalmente femenino porque es el traslado a la actividad retribuida de las funciones no retribuidas que históricamente han desempeñado las mujeres y se han  minuvalorado. Ahora es cuando la gente está más receptiva al mensaje de que no se puede destruir la biodiversidad del planeta porque aumentan los riesgos para la especie humana. Ahora es el momento de romper la mentira de que el mercado dejado a su libre albedrío resuelve bien todos los problemas de abastecimiento de aquello que es fundamental en cada momento.

Y porque es ahora el momento y no dentro de unos meses es por lo que soy escéptico no sobre la necesidad de unos Pactos de la Moncloa (término sobre el cual Joan Coscubiela ha expresado prevenciones sobre su uso que comparto) sino sobre su viabilidad. Los partidarios de que se salga con las mismas recetas de siempre lo saben también, no van a facilitarlo, hablaran en nombre del interés nacional (español o catalán, dependiendo del caso) para frenar cualquier avance, o se negaran directamente a plantearse tan siquiera la posibilidad de abordar la cuetión (también por el interés nacional, faltaría más)

Creo que la idea de una reedición de algo parecido a los Pactos de la Moncloa empezó como una manera de poner presión al gobierno para disminuir el peso de Unidas Podemos y del ala más izquierdista del PSOE en las medidas que se vayan adoptando. El cálculo era simple y simplista, simple era la idea inicial de que si entran más actores en juego tenderán a llevar la respuestas hacia posiciones más moderadas, simplista era pensar que en una crisis de este calado ese conducir a posiciones más moderadas que pudieran llevar incluso a la ruptura de la coalición de gobierno (sueño húmedo final de no pocas cabezas pensantes de este país) transitaría sin contratiempos

Ha acertado el gobierno al aceptar el reto para tomar la inciativa, pero creo que debería pensar en alternativas al bloqueo que preveo, al intento de ganar tiempo más que previsible. En definitiva, unos acuerdos amplios (patronales y sindicatos, partidos y comunidades autónomas) en este momento estoy convencido de que pondrían en el centro las políticas sociales o temas tan importantes como desarrollar políticas industriales. Al tiempo creo que hay que prever que eso sea inviable o que se pretenda derivar en el tiempo para que las conclusiones que hoy parecen claras dejen de serlo, debidamente modelada la opinión pública, evidentemente. Así las cosas no descartaría pactos parciales menos ambiciosos pero que vayan consolidando políticas sociales. Podrían ser acuerdos con las comunidades autónomas de mejora de financiación con criterios finalistas, es decir, condicionadas a que el gasto vaya a determinados capítulos, acuerdos de políticas industriales con patronales y sindicatos, pactos con los grandes municipios de apoyo a las politicas de dependencia...

El avance en acuerdos, incluso no culminados, puede forzar la existencia de un acuerdo global, el resultado final es lo que no podemos perder de vista porque nos va mucho en ello: las prioridades de las políticas públicas y de los objetivos de la sociedad en su conjunto deben redefinirse porque el modelo vigente es suicida además de injusto


diumenge, 29 de març del 2020

LAS SOLUCIONES MÁGICAS

Hace ahora un siglo que un movimiento con trasfondo puritanista consiguió que se aprobara la Ley Seca, su principal argumento, aparte de las cuestiones morales, fue que se trataba de evitar un mal, el consumo de alcohol que destrozaba personas y familias. Parecía sencillo, había una solución mágica para acabar con algo en lo que casi todo el mundo estaba de acuerdo que era negativo: la prohibición. No se tuvieron en cuenta los escenarios que se abrían y en sólo 13 años, la enmienda constitucional fue derogada en 1933, las mafias habían proliferado en los Estados Unidos y allí se quedaron, cambiando simplemente de negocios.

La toma de decisiones fáciles con respecto a los problemas, reales o imaginarios, no suele tener en cuenta los efectos perversos, si de Europa desaparecieran de repente todos las personas originarias de otros continentes el caos sería total, pero eso no impide que crezcan en todo el continente las fuerzas políticas que reducen su mensaje a cerrar las fronteras para evitar los males. La fascinación que producen las recetas mágicas es mayor cuanta más inseguridades da a la población el sistema en el que vive, un sistema que lo es todo, el mundo de la política y sus relaciones con los poderes económicos e ideológicos dominantes, la situación económica coyuntural y estructural, la distribución de la riqueza y de los sacrificios, etcétera

En una situación de crisis de gran calado que estalló en 2008 y de la que no se ha salido aún nos ha sobrevenido una pandemia de una extensión que no recordábamos, planetaria desde el punto de vista territorial y potencialmente universal porque la probabilidad de contagio de cada individuo es real y se está viendo día a día. Terreno abonado para los remedios simplistas, para los que el oportunismo es una oportunidad de medrar extraordinaria

No hace falta ser un lince para saber que una enfermedad contagiosa se frena de una manera muy sencilla, evitando los contactos entre las personas, algunos ya proclamaron la virtud de la abstinencia para hacer frente al SIDA. El confinamiento total como solución mágica para la pandemia se ha convertido ahora en caballo de batalla de dos supuestos adversarios políticos, la derecha nacionalista española y la derecha nacionalista catalana. Pero conviene repasar algunas cosas

1. Esa fe en las virtudes del confinamiento total sobrevinieron de forma abrupta y cuando el virus estaba ya extendido. Si el gobierno español o el Ayuntamiento de Barcelona hubieran pedido suspender el Mobile World Congress pongamos que a principios de febrero (no hace ni dos meses aunque parezca una eternidad) es de imaginar la reacción frente a "un gobierno de populistas que llevan el país a la ruina", por imaginar una de las expresiones que podrían haber utilizado al unísono Pablo Casado y Quim Torra, las expresiones de Abascal me cuesta imaginarlas. Especialistas en mantener los mantras que les puedan favorecer electoralmente, en Catalunya estamos en puertas de unas elecciones si no cambia el panorama cuando esto pase, el nacionalismo conservador catalán va repitiendo lo del confinamiento reiteradamente, arrastrando otra vez a los que desde el terreno de ese mismo nacionalismo quieren salir de sus encerronas y con una idea que subyace siempre a sus planteamientos, los problemas nos vienen de Madrid, esta vez hasta el virus, y estaríamos mejor aislados de esa España atrasada. Pero va repitiendo ese mantra desde el día 13 de marzo, cuando ya se sabía que se iba a decretar el estado de alarma, el día 11 todavía se negaba desde la Generalitat que se tuvieran que cerrar ni tan siquiera los colegios. parece como si en Catalunya nadie se percatara de lo que se venía encima (como en todas partes, no es un mal exclusivo del Govern de la Generalitat) hasta que el día 12, casi por sorpresa, nos enteramos de que había un foco descontrolada en Igualada y se decretaba el confinamiento de la Conca de l'Òdena

2. Como en el caso de la Ley Seca, una medida como la del confinamiento y la paralización de la actividad económica tiene repercusiones que van mucho más allá de las estrictamente sanitarias, el perjuicio económico de lo que se está haciendo en España o Italia es elevado y va a tener repercusiones que no me atrevo ni a barruntar, pero que serán graves sin duda. Prueba de que a la hora de tomar decisiones los responsables de hacerlo tienen que calibrar entre ventajas y posibles perjuicios es la actitud que estamos viendo en otros puntos del planeta, Boris Johnson eligió expertos que le dijeran lo que a él le convenía, mejor no tomar medidas y la población se inmunizará y, ya de paso, el Reino unido saldrá con una mejor posición que el resto de países que sí contraigan su actividad económica, algo que está también tras las actitudes de Trump o Bolsonaro frente a la pandemia. Esa visión no es sólo de personajes excéntricos, un "modélico" estado como los Países Bajos nos viene a sugerir que dejemos morir a nuestros ancianos, que por lo visto tenemos muchos, para no perjudicar a la actividad económica y que la Unión Europea casi no tenga que adoptar medidas de ningún tipo. El simplismo de que hay que elegir entre luchar por la vida de las personas o por no perjudicar a la economía es tramposo, lo saben los dirigentes que lo alientan desde la comodidad de no ser responsables de la toma de decisiones y debiera saberlo todo el mundo. quizá lo sepamos y prefiramos quedarnos con la opción que más se acomoda a nuestra visión del mundo y de las cosas, como acostumbra a suceder

3. Cuando se llega a una decisión drástica siempre cabe la posibilidad de pedir más, el otro día alguien (con alias, que siempre es más fácil decir cosas) me decía en twitter que mi trabajo recogiendo muebles viejos en el servicio de limpieza viaria de Barcelona no era prioritaria, vale con recoger la basura, pero los muebles... le contesté que para evitar que nadie sacara muebles viejos haría falta un estado policial tipo gran hermano peor que la propia pandemia y que si se sacaban no era una opción dejar que se fueran acumulando en las calles por razones de salubridad obvias. Este ejemplo pone de manifiesto que es muy difícil determinar qué es lo imprescindible, estoy seguro de que cuando hoy se concreten los sectores a los que se les va a aplicar esa consideración habrá críticas tildándolos de excesivos o de escasos. Pero falta añadir que eso tampoco sale gratis, lo que se nos va a plantear va a afectar a una mínima parte de la actividad económica, porque la inmensa mayoría o ya está parada o va a seguir funcionando por considerarse esencial, el gobierno creo que no es un misterio que ha optado por una medida que no incrementa el gasto (viendo la solidaridad de la UE no es de extrañar) y suponen incrementar el parón económico en un 10% durante las próximas dos semanas, una y media decretada que empalma con la Semana Santa, pues esta medida está siendo contestada por las distintas patronales del país, aunque el descanso que se da ahora deba recuperarse posteriormente, lo que demuestra la dificultad de adoptar medidas de este tipo en sistemas no autoritarios

Concluyo, hace dos o tres meses el conjunto de las sociedades occidentales banalizamos el problema que se nos venía encima, unos pocos expertos avisaban de que el peligro no era la letalidad, sino la avalancha de casos médicos que podría hacer colapsar los sistemas sanitarios, pero para la mayoría eso caía en saco roto, seguíamos disfrutando de nuestros deportes favoritos en recintos abarrotados, salíamos de fiestas y nos abrazábamos, organizábamos actos políticos, económicos o culturales y nos enorgullecíamos de abarrotar los lugares en los que se realizaban, seguíamos yendo apretujados pero satisfechos de poder ir a nuestros empleos. Hicimos vida normal hasta verle las orejas al lobo, momento de empezar a gesticular y reprochar la imprevisión (siempre aplicada al otro y no a uno mismo). El final de esta secuencia es la propuesta de soluciones milagrosas, la acusación gruesa (casi de asesinos despiadados) a los que no la comparten y agitar el árbol para que caiga la fruta madura. Espero que la mayoría de la población sea lo suficientemente inteligente como para valorar los errores (que los ha habido con total seguridad) y separarlos de la maraña de engaños colectivos cuando mañana veamos que la cosa no es muy diferente de lo que pasó esta semana que termina, pero espero sobre todo que las soluciones milagrosas, las recetas mágicas y simples, no gobiernen nuestras vidas ni este tema ni en ningún otro, por mucho que en tiempos de incertidumbre sean siempre una tentación

divendres, 27 de març del 2020

EL PODER DE LA CIENCIA Y SUS LIMITACIONES

Con frecuencia, oímos decir que hay que dejar tal o cual tema, por supuesto la pandemia que padecemos, en manos de los expertos y científicos que son los que saben, yo voy a permitirme discrepar. Los que venimos de eso que con cierto desprecio se llaman letras estamos acostumbrados a movernos con la ausencia de certezas absolutas. Yo cursé historia y aunque nunca me he llamado a mí mismo historiador porque nunca me he dedicado a la investigación tengo claras dos cosas: que siempre aparecen nuevos datos que modifican el conocimiento que tenemos del pasado y que hay hechos que son la base sobre la que se construye el conocimiento cada vez más sólido. También es cierto que hay versiones de la historia que se construyen al margen de los hechos y que después seleccionan aquellos datos parciales que ayudan a la hipótesis planteada ignorando todo lo que la niega.

La actual crisis sanitaria provocada por el COVID-19 pone de manifiesto que las ciencias sin adjetivar, las que no llevan la coletilla de sociales detrás, se enfrentan a esos mismos problemas, eso no es nuevo, pero cuesta asumirlo. La microbiología, como todas las ciencias aplicadas al funcionamiento del mundo en qué vivimos, no tienen certezas absolutas, sólo datos que nos permiten orientarnos y tener idea de cuál es el origen de las cosas, pasa con la sismología o con el cambio climático, un tema de máxima actualidad aunque ahora esté en segundo plano.

No están la ciencias exentas de cuestionamientos sin base real que hacen más o menos fortuna, el terraplanismo o el creacionismo son una buena muestra, como las visiones románticas de la historia que modelan el relato del pasado al servicio de la causa del presente, cosa que hacen todos los nacionalismos sin descanso (así, el rescate del mito de la Reconquista o la catalanidad de los grandes personajes de la historia)

En la pandemia del COVID-19 eso se expresa en la negación de su gravedad, no hablo de previsiones erróneas (lo haré después) sino de negaciones de la evidencia. Es lo que hicieron los expertos británicos que asesoraban a Boris Johnson y le explicaban la teoría del contagio controlado que inmunizaría a la población británica, propuesta que se mantuvo a pesar de que la evidencia de lo que sucedía en otros lugares indicaba claramente lo contrario. O en una entrada de blog que me llegó recientemente donde se teorizaba sobre la falsedad de la situación de pandemia el mismo día que Bérgamo no daba abasto para deshacerse de los cadáveres.

Nadie debe llevarse a engaño, Boris Johnson hacía caso de sus expertos profetas (parece que ahora ya no) porque le interesaba, muy probablemente porque soñaba con un Reino Unido que sacara partido de la paralización económica que se iba a extender en el resto del mundo y que elevaría la talla de su figura a la de gran estadista. De la misma manera, hay quienes se apuntan al negacionismo de la gravedad de la situación para que les encaje en su relato de que es un montaje de unas cuantas compañías para enriquecerse vendiendo mascarillas, vacunas o lo que sea, en definitiva que es una maldad del sistema. Al final, siempre hay una visión del mundo detrás de este tipo de opciones que piensa en cómo hacer que los hechos sirvan de refuerzo a su planteamiento, no en lo que los hechos muestran

Aislar este tipo de planteamientos es relativamente fácil, otra cosa es que desaparezcan, pero estamos viendo también que los expertos discrepan en cuanto a la efectividad de unas u otras medidas o con respecto a la progresividad de su aplicación. La conclusión es que es imposible tener una seguridad plena sobre cómo va a evolucionar el virus, se suponen escenarios probables, como que con el incremento de temperaturas la propagación debería tender a ralentizarse, pero siempre con la coletilla de que no se puede tener la garantía total, como tampoco sobre alguna posible mutación, etcétera. La condición humana es como es, ser científico no implica no tener afinidades ideológicas (como le pasa también a los jueces, a los que se quiere revestir de un aura de neutralidad imposible, por cierto) y nos encontramos con manifiestos (aquí) contestados por otros expertos (aquí) sin que cada uno de nosotros sepa muy bien quién tiene razón o, más probablemente, adhiriéndonos a uno de los posicionamientos por afinidad con la postura que subyace en cada una y no por la contundencia de los hechos

Hay que tener en cuenta un asunto de no poca importancia, cuando se trata de adoptar medidas que afectan a las personas no es lo mismo decidir una campaña de vacunación cuando ya se tiene la vacuna que decretar un confinamiento. Las repercusiones en la vida de las personas de lo que se está haciendo en España van a ir mucho más allá del periodo de confinamiento y decisiones más drásticas de aislamiento total (tampoco se detallan nunca qué actividades son esenciales y cuáles no) tendrían costes aún mayores, los económicos son los más evidentes, pero hay otros que no se pueden ignorar, como que los mecanismos de control estrictos implican el uso de una capacidad de coerción, de intromisión en lo que hacemos cada uno de nosotros mucho mayores que los controles de movilidad que se están practicando

En más de una ocasión he escuchado a Quim Brugué y Joan Subirats explicar lo de los procesos deliberativos en la toma de decisiones. Parece mucho más eficaz adoptar una decisión rápida, como construir una infraestructura, que abrir procesos de debates con todos los posibles afectados para ver las implicaciones sobre los medios de vida de una parte de la población, las afectaciones al medio ambiente, la expulsión directa o indirecta de población, las necesidades de servicios complementarios que se puedan generar, etcétera. El proceso se ralentiza, pero las probabilidades de que el proyecto genere perjuicios imprevistos disminuye. Sucede que en este caso las decisiones se tienen que adoptar con rapidez, lo que no significa que se ignoren las repercusiones de las mismas pero imposibilita procesos de ese tipo. Y sucede también que hay pocas experiencias previas acreditadas y que lo que funciona en un sitio puede ser inviable en otro, por ejemplo, yo desconozco si el conocimiento de nuestra vida privada por medio del big data es tan invasivo en nuestro caso como en el de Corea, si no lo es las medidas de control adoptadas allí no se pueden ejecutar aquí y, sinceramente, me preocupa un conocimiento tan exhaustivo de cómo respira cada uno de nosotros

Al final, lo que se hace o se deja de hacer no depende tanto del conocimiento científico del virus al que se debe combatir, sino de cosas de las que se ocupan las ciencias sociales, ¿qué disciplina que no sea la politología explica que Pablo Casado pase en una semana de reprochar al gobierno que los que el llama sus socios le den quebraderos de cabeza (refiriéndose entre otras cosas a la petición de Torra del aislamiento total de Catalunya) a que él mismo defienda endurecer las medidas restrictivas sin que el escenario anunciado cuando se adoptó el estado de alarma sea muy distinto del que realmente se está dando?

¿Significa eso que la ciencia no tenga una función esencial en esta crisis? Ni mucho menos, está siendo fundamental porque sin el trabajo de científicos conocedores de la materia las decisiones se tendrían que tomar a ciegas o por intuición, está siendo fundamental porque está salvando vidas con los conocimientos acumulados que ya se tenían acumulados previamente, está siendo fundamental porque sigue avanzando en la búsqueda de fármacos y vacunas... ¿Los que no tenemos conocimiento en esas materias debemos abstenernos de opinar? si fuera posible abstenerse, que lo dudo, haríamos mal en hacerlo, la ciudadanía tiene su rol y si las decisiones están inspiradas por criterios científicos pero son al final opciones de gestión de la cosa pública, políticas en el sentido noble de la palabra, tenemos la obligación de filtrar la información y desinformación que nos llega, actuar corresponsablemente y no dejar de reflexionar sobre muchas interrogantes que se abren, si hemos tenido las prioridades equivocadas durante muchos años, si el gobierno de los asuntos que son planetarios puede territorializarse o cómo debe hacerlo, si el modelo de residencias para la gente mayor que tenemos en cada sitio es el adecuado... Son tantas las cosas que se han puesto en cuestión, desde las próximas y concretas a las más globales y en apariencia teóricas, que no será sólo el necesario saber científico el que pueda dar respuesta.

De los riesgos de una pandemia existían avisos previos de los que ahora nos enteramos la inmensa mayoría, de fenómenos como el cambio climático todo el mundo está avisado. Es tiempo de reivindicar el trabajo de la ciencia, libre de los lastres de las falacias que algunos alimentan, en colaboración con las ciencias sociales (entre las que incluyo a la economía política) y la hasta hace muy poco vapuleada filosofía para tener herramientas que nos permitan construir un mundo mejor, porque será imposible que sea perfecto, pero no que sea más justo y eficiente

dimecres, 18 de març del 2020

EMERGENCIA Y DEMOCRACIA

Es inevitable, ante una situación como la que estamos viviendo se extiende la opinión de que se tendría que haber actuado antes y con más contundencia ante la expansión del nuevo virus, ese que han bautizado como COVID-19 sin que la mayoría sepamos muy bien por qué. Es algo que oímos decir a la gente de a pie en las redes sociales o en los pocos momentos en que abandonamos el confinamiento para ir a comprar, pero es algo que también estamos escuchando decir a personas con mayor responsabilidad, políticos o expertos, en relación a la gestión general de la crisis o con respecto a un aspecto concreto

En casi la totalidad de los casos (en todos los que yo conozco, por lo menos) sus hechos o sus palabras del pasado inmediato los dejan en mal lugar, como quedará claro en las próximas líneas, pero el objeto final de este escrito no es desnudar al rey, sino constatar que hubiera sido imposible adoptar según qué medidas con tanta antelación como se plantea salvo que renunciemos a nuestras libertades fundamentales

Hace dos días escuché en la cadena SER a un epidemiólogo catalán criticar duramente que no se hubiera actuado antes y con más rotundidad, ayer leí una entrevista que le hicieron EL PAÍS en el mismo sentido y el sábado pasado decía las mismas cosas en un programa de TV3, recuerda a los economistas que hasta 2008 no nos alertaron de nada y después analizaron sesudamente por qué se nos vino encima la crisis que no vieron venir. Hay dos intervenciones del mismo epidemiólogo, Oriol Mitjà, en el mismo programa de la emisora RAC1. Repasémoslos, el 11 de febrero, es decir, hace poco menos de un mes, es entrevistado por Jordi Basté cuando el tema estrella en relación al coronavirus era si se suspendía o no el Mobile Congres, hacía referencia el presentador a unos tuits en los que el epidemiólogo abogaba por la suspensión, pero en unos diez minutos de entrevista en directo, este mismo se rectificaba, quitaba hierro a la gravedad de la enfermedad, decía que nuestro sistema estaba preparado para una amenaza de ese tipo, etcétera, es decir, que la presión generalizada para que no se suspendiera el Mobile le pudo en vivo y en directo (aquí está la entrevista, para los que sientan curiosidad, a partir del minuto 4:45). Pero me parece aún más flagrante lo que decía hace tan poco tiempo como una semana en la misma emisora y el mismo programa el 11 de marzo, a tres días de que se decretara el estado de alarma y un día antes de decretarse el confinamiento de Igualada, proponía medidas más drásticas, pero no un confinamiento absoluto (aquí). Cuando alguien va diciendo cosas diferentes de forma casi simultánea siempre puede recuperar la que le interese, pero también puede haber quien recupere la que diga lo contrario o matice lo que quiere presentar como una manifestación rotunda. Al final, lo que me interesa destacar es que cuesta mucho no ya adoptar, sino incluso plantear medidas que van a contracorriente de lo que la población está dispuesta a asumir en cada momento, quienes en plena euforia económica del cambio de milenio decíamos que la política económica y fiscal que se practicaba no nos convencía sabemos algo de lo que es predicar en el desierto

Hace un mes, del 8 al 16 de marzo, yo estaba en la diminuta aldea gallega de la que es originaria la rama materna de mi familia, allá por donde nace el Miño. escuchaba como en los medios de comunicación estatales, tanto radio como televisión, se hablaba de Barcelona y del coronavirus, todas las administraciones y "fuerzas vivas" de Catalunya se veían venir lo peor... la suspensión del Mobile y los terribles efectos que eso tendría sobre el empleo, la unanimidad era plena en que era un contratiempo importante que se basaba en temores poco fundamentados. En esa misma semana dos gobiernos autonómicos, el vasco y el gallego, decidieron convocar elecciones para el 5 de abril, al parecer les preocupaba mucho más evitar que sus procesos electorales coincidieran con el de Catalunya que la pandemia que se iba extendiendo por el mundo, ya por entonces no era sólo un tema chino, en Italia era objeto de mucha preocupación. La opinión pública seguía siendo escéptica sobre el alcance de la supuesta amenaza.

De vuelta en Catalunya, ya una semana después, la gran noticia fue el multitudinario acto de Puigdemont en Perpinyà. Cualquier aprendiz del pseudohistoriador Billbeny tendría materia para relacionar aquel acto de masas con la el salto de casos que vivió Catalunya dos semanas después, seguramente con más base racional que la utilizada para defender el origen catalán de Cervantes o de Leonardo da Vinci. Esa relación ha podido existir o no, pero lo cierto es que hace tres semanas ningún dirigente catalán, por supuesto no el Poc Honorable President Torra, hablaba de confinamiento de la población catalana. Tampoco era un clamor ciudadano que se adoptaran medidas drásticas para frenar el contagio. Por aquel entonces, la mayoría de catalanes veíamos el tema como un asunto que afectaba a Madrid, a Euskadi y a Haro, un pueblo de la Rioja en el que vivían unas decenas de gitanos que se habían contagiado en un entierro, por si faltaba algo se añadía el toque entre racista y clasista que nos tranquilizaba porque eso no iba a pasarnos a la gente más europea de la península

Y vino el 8 de marzo, yo me manifesté con orgullo junto a las mujeres de mi casa, el debate de la semana no fue si era una locura mantener las manifestaciones, sino la presencia del PP por vez primera en las mismas y los desmarques de algunas dirigentes destacadas de dicho partido como la inefable Cayetana Álvarez de Toledo o la doctoranda en esperancismo Isabel Díaz Ayuso. Cierto que casi al día siguiente, cuando ya les veíamos las orejas del lobo, empezaron a oírse voces diciendo que había sido una locura permitir las manifestaciones, pero no recuerdo una sola declaración anterior en ese sentido de ningún dirigente destacado. Y hablando de ese clon de Esperanza Aguirre que es Díaz Ayuso, la semana pasada estuvo unos cuantos días diciendo que ella no sabía cómo se cerraba Madrid, justo hasta el día antes de decir que no era su competencia y mientras muchos madrileños, habitantes del principal foco de infección, salían de la ciudad, entre otros el inconmensurable líder espiritual del refundado PP: José María Aznar y su familia se fueron a una de sus segundas residencias en Marbella cuando se veía venir que la cosa en Madrid se ponía seria

Ya para acabar con este repaso voy a referirme a lo que ha dicho hoy Espinosa de los Monteros, portavoz de VOX en el Congreso, en respuesta a la comparecencia de Pedro Sánchez en la cámara. Espinosa de los Monteros ha sacado pecho de las veces que ellos ya dijeron lo que iba a pasar, sobre todo de sus propuestas de cerrar fronteras y de las críticas a la inacción de la Unión Europea. Hay que decir que cerrar fronteras y criticar a la UE es el pan nuestro de cada día por lo que hace a las propuestas de VOX, sirve para los conflictos en el sector agrario, para luchar contra el desempleo y para cualquier otra cosa. Pero Espinosa de Los Monteros no nos ha explicado por qué ha intervenido él y no lo ha hecho en un tema de esta envergadura el líder máximo del partido Santiago Abascal, quizá para no tener que contar que el 8 de marzo, hace semana y media, la proverbial anticipación a los hechos de su partido no sirvió para posponer el miting de Vistalegre, en el que se repartieron saludos y abrazos varios miles de militantes con sus líderes (alguno ya con sintomatología de la infección) y de la que resultaron contagiados bastantes asistentes, entre ellos el propio Abascal

El resumen, la práctica totalidad de la población empezó alarmarse la pasada semana, cuando se confino Igualada y la Conca de l'Òdena, cuando en Madrid los casos se dispararon, cuando un buen número de personas con presencia pública dieron positivo y cuando pasamos a ver como inevitable tomar medidas drásticas que al día siguiente aún debían ser más draconianas

Todo el espectro político, todas las instituciones gobernadas por dirigentes de todos los colores y la inmensa mayoría de la ciudadanía ha sido escéptica, como mínimo, frente a la irrupción del virus desde que se dio a conocer en el mes de enero. Más allá de la impresentable actitud de Torra, el mismo que asentía a los recortes generalizados del Govern de Artur Mas en 2010 y ahora exige mucho más que un paquete de 200 mil millones de euros, la conclusión a la que quiero llegar tiene que ver con los tiempos a la hora de adoptar medidas y el funcionamiento del sistema democrático.

Ni hace un mes, ni hace tres semanas, ni hace dos, se hubiera aceptado una imposición de medidas que aún no habíamos interiorizado como inevitables. Eso es viable en sistemas autoritarios porque la respuesta de la población a las medidas que se adoptan son imposibles, otra cosa es que si determinadas medidas resultan ser contraproducentes eso pueda tener consecuencias a posteriori también en los sistemas no democráticos, pero en los sistemas democráticos las medidas de esa repercusión en el funcionamiento cotidiano de la vida de las personas requieren de un mínimo consenso. 

Eso quizá dé una cierta ventaja a los sistemas no democráticos, yo no creo en eso de que la democracia al final siempre acaba triunfando como paso en la II Guerra Mundial, olvidando que una parte importante de la victoria sobre el nazismo descansó en la eficacia de una dictadura sangrienta como la de Stalin. Ahora bien. imaginemos que Boris Johnson, además de ser un populista irresponsable y demagogo tuviese el poder de un dictador, que la disparatada idea defendida por él y algunos asesores terraplanistas que se ha buscado de dejar avanzar el contagiono no estuviera reculando, puede que tarde, ante la presión de una ciudadanía que ve lo que sucede y pide, ahora sí en el Reino Unido, que se adopten medidas

Los sistemas democráticos no sirven para adoptar las decisiones con mayor inmediatez, lo grave sería que ese hecho nos llevara a aumentar el apoyo, creciente ya en nuestras sociedades, a ceder espacios de libertades y derechos. Quizá nuestra reacción sea más lenta, pero además de poder incidir en los cambios en la respuesta si esta se demuestra equivocada nos queda la cuestión esencial: ¿sacríficacmos los derechos democráticos de forma permanente en aras de la eficacia en momentos puntuales? A mí, desde luego, la propuesta no me convence, lo que necesitamos es justo lo contrario, que aquellos temas que se escapan al control democrático en la actualidad puedan ser influenciados por la voluntad popular