diumenge, 5 de juliol del 2020

MARISA LÓPEZ Y LA NECESARIA MEMORIA COLECTIVA

El 30 de junio falleció Marisa López, era una de esas personas que no se mencionará en los libros de historia por su nombre y apellidos, una más de las que han contribuido al funcionamiento de un sujeto colectivo que sí deberá ser tenido en cuenta para entender el periodo en el que vivió, un número no tan grande de personas que haríamos mal en subsumir en una memoria colectiva sin detenernos a valorar su rol específico. Hablo del movimiento obrero, más concretamente de CC.OO., de relaciones laborales y del desarrollo de un modelo económico determinado, de una parte del pasado que casi empieza a ser historia pero es aún casi presente.

El sindicalismo, ya legal y actuando en una sociedad con un funcionamiento democrático homologable al de los países de nuestro entorno, se enfrentó a una serie de mutaciones importantes que en la inmediatez del momento no se apreciaban con tanta nitidez como ahora en perspectiva, Desde los principios de la década de los 80 hasta la gran crisis de 2008 señoreó en el mundo la hegemonía de los planteamiento neoliberales con una contestación a sus postulados siempre a la defensiva. Bajo esa hegemonía se produjeron cambios profundos en el tejido productivo y en las relaciones laborales, en el caso de España y Catalunya se vivió el desmantelamiento de buena parte de la industria tradicional, nos convertimos en pista de aterrizaje (después de despegue) de todas las multinacionales habidas y por haber, cambió el paradigma de producción fordista, se generalizó la externalización de los procesos productivos y de los riesgos empresariales hacia el conjunto de la sociedad, se terciarizó profundamente la economía y los grandes capitales fueron dominando porcentajes cada vez mayores del tejido económico y de los resortes de poder.

Actuar sobe la marcha para hacer frente a los retos nunca es sencillo y no lo fue en esos años, con aciertos y errores el sindicalismo en general y CC.OO. en particular se enfrentó a unas transformaciones que dificultaban las formas de organización clásicas. Soy de los que piensa que no supimos ver, hasta que estuvo muy avanzado el deterioro, lo que suponían los distintos procesos de precarización que se iban poniendo en práctica (con externalizaciones, con contratación temporal, con trabajo a tiempo parcial no deseado, con subcontratas encadenadas...) Parte de la explicación de esa tardanza en hacer sonar las alarmas provino de que las practicas más sangrantes no afectaron de entrada y de lleno al grueso de trabajadores y trabajadoras que ya estaban organizados. Siguiendo la lógica de siempre esas prácticas se cebaron en las empresas y sectores más desorganizados, los no tradicionales.

Marisa trabajaba en el comercio textil tradicional. El comercio (como la hostelería o los servicios auxiliares a las empresas y administraciones como la limpieza, la vigilancia o el mantenimiento) fue un sector en el que los cambios se produjeron, se siguen produciendo, sin descanso. Los sectores con menos músculo sindical fueron los más expuestos a las nuevas exigencias, no es de extrañar que también fueran los más caóticos en clave interna.

Ella vivió todo eso en lo que entonces era la Federació de Comerç de CCOO de Catalunya desde antes de ser su Secretaria General, yo algo parecido en la Federació d´Hostaleria. De los dos colosos tradicionales del comercio uno desaparecía, Galerías Preciados, y el otro, El Corte Inglés, se abonaba a las practicas antisindicales y potenciaba un sindicalismo amarillo que iba a tener futuro en el sector. Carrefour había entrado ya en los 70, pero el crecimiento del formato de las grandes superficies iba a darse a partir de los 80, con esa misma empresa, con ALCAMPO y con CONTINENTE, una llegada en la que los obstáculos a la presencia sindical eran de todo tipo y por sistema. Las cadenas de supermercados de matriz catalana empezaron a coger dimensiones importantes sin abandonar el paternalismo habitual de los negocios originarios y adoptando pronto las mismas prácticas antisindicales como modus operandi complementario de ese tipo de relaciones laborales. También llegaban las franquicias, y las cadenas de supermercados de multinacionales o de empresas españolas de matriz no catalana. Todos y cada uno de los pasos han ido siempre y desde entonces en la misma dirección, una mayor concentración de poder en menos manos, por la extensión de algunas marcas, por las absorciones y fusiones en el sector o por la llegada de nuevos gigantes que no tenían su origen en la distribución sino en la producción (caso de INDITEX) o en las nuevas tecnologías aplicadas (como AMAZON). Siempre las relaciones laborales se alejaron del modelo clásico al que se había adaptado el sindicalismo desde la implantación de las grandes factorías fordistas como paradigma del modelo productivo.

Acabamos fusionando las federaciones de comercio y de hostelería, creo que con resultados positivos a pesar de todos los pesares. La futura Federació de Comerç, Hostaleria i Turisme (FECOHT-CCOO) nos llevó al periodo de mayor relación personal a Marisa y a mí, no en vano éramos los máximos responsables de las dos organizaciones llamadas a fusionarse. El conjunto del sindicato pareció entender la necesidad de fortalecer a los sectores menos tradicionales, pero con un peso creciente en la actividad económica, y aportó recursos para que de la fusión no llevara a lo que Marisa decía muchas veces que podría pasar, que juntando enanos en vez de hacer un gigante montáramos un circo.

Durante dos años nos vimos casi a diario, nos recorrimos varias veces toda Catalunya, íbamos en mi coche y ella me decía continuamente, aquello de allí es nuestro y aquello también. Lo que me estaba diciendo no era que tuviéramos presencia organizada en todo lo que me indicaba, sino lo amplio que era el sector del comercio, mucho más allá de los escaparates de los núcleos urbanos, y la vastedad del trabajo que quedaba por delante, En mi caso no hacía falta ir señalando lo mucho que pertenecía a la hostelería, igualmente pendiente de ser organizado. Como es de imaginar en un proceso de fusión entre organizaciones con equipos y formas de trabajar con su propia idiosincracia no hubo romance idílico ni  hubo parto indoloro. Es ley de vida, como es ley de vida que pasado el tiempo todos relativizamos lo que parecía en un momento determinado como inasumible o irrenunciable.

La fusión se produjo finalmente en 1998, Marisa optó por dedicarse al trabajo en la unió territorial del Barcelonés y yo acabé dejando la dirección de la nueva federación en 2004. Como siempre sucede la vida siguió, Manuel García Murillo me sucedió a mí, vino la gran crisis de 2008 que lo puso todo patas arriba y todo lo vivido anteriormente parece abonado a convertirse en nada o en batallitas del abuelo Cebolleta. A mi modo de ver sería, además de injusto, un error.

La muerte demasiado prematura de Marisa, ahora, y de Murillo, hace ya dos años, nos interpela porque buena parte de su legado vital ha quedado vinculado a su actividad de muchos años en el terreno sindical, aunque sólo fuera por justicia deberíamos recordar qué vivieron y en qué condiciones lo vivieron. Pero más allá del homenaje personal, recordar significa entender qué sucedió, la memoria del sindicato, por extensión la del movimiento obrero organizado, no puede limitarse a la tradición de los sectores industriales o a la construcción. Con aciertos y errores estuvimos en muchos otros frentes con realidades muy diversas. Hubo formas de precariedad que crecieron sin que nos percatáramos de la trascendencia de los cambios que se producían en algunos sectores, hacíamos frente al crecimiento de sindicatos corporativos en otros como el sanitario, nos organizábamos con no pocas dificultades pero con éxitos importantes en la enseñanza, etcétera.

Los años de la hegemonía neoliberal no fueron los de la épica del antifranquismo o los de la construcción del sindicato en la primera legalidad, pero empieza a ser ya un periodo histórico y nos interesa hacer nuestra propia valoración de lo que sucedió en aquellos años porque otros ya llevan tiempo haciendo la suya y propagándola insistentemente, yo diría que insidiosamente. CC.OO. fue un protagonista clave de esos años y CC.OO. era la suma de la actividad de muchas personas en frentes muy diversos. Mantener la memoria de Marisa, entre otros y otras, es construir nuestra propia memoria colectiva, si no lo hacemos otros la construirán, por su propio interés y para justificar un presente, el de ahora o el de dentro de unos años, muy distinto del que nosotros pretendemos.

Jordi Gutiérrez, el compañero de Marisa, me pidió que interviniera en el acto de despedida de Marisa, termino esta entrada con el texto de esa intervención

Mi relación con Marisa se limitaba en los últimos tiempos a algunos comentarios, retuits y me gusta, ella ejercía su galleguismo, yo mis habilidades culinarias, ambos nuestro compromiso de siempre, el que nos llevó a conocernos hace ya bastantes años.

 

Físicamente nos veíamos, quien lo iba a decir, en los entierros: el de Vicenta, el de su hermano Salva, el de Murillo o el de Gemma, salvo quizá el caso de Vicenta todos injustamente tempranos, como el de la propia Marisa que hoy nos junta aquí. Temprano madrugó la madrugada, en versos de Miguel Hernández.

 

El nexo de todas esas relaciones compartidas tiene unas siglas, las de CC.OO. No concibo hablar de Marisa sin hablar del sindicato, en él nos conocimos, en él y para él nos relacionamos. Como un enorme coral millares de personas formamos una única estructura que cumple una función básica en su hábitat. Pero a diferencia de los corales, los componentes de esa estructura merecen el reconocimiento individual.

 

La vida de Marisa abarcaba muchas más cosas que el sindicato, no puede ser de otra manera, pero una parte importante de lo que ella fue y de lo que seguirá siendo a partir de ahora tiene que ver con lo que hizo en el sindicato. La memoria no es sólo necesaria para entender qué somos, la memoria es justicia para mujeres como Marisa, para personas que han dejado buena parte de su huella vital en la defensa de los intereses de los más débiles

 

Por pura cuestión de edad Marisa no pertenece a la generación fundadora de CC.OO, ni tan siquiera a la de los y las (pocas) dirigentes de la primera legalidad. A Marisa le tocó bregar con obstáculos distintos algo más tarde. Mientras en los sectores industriales y en los servicios públicos se desarrollaba el sindicalismo clásico que a casi todo el mundo le viene a la cabeza como arquetipo, ella veía como la precariedad se instalaba en las empresas que conocía mucho antes de que nadie hablara de precariedad.

 

Y no eran sólo las pequeñas tiendas de toda la vida, a las prácticas antisindicales de los colosos de siempre del sector, con El Corte Inglés a la cabeza impulsando su propio sindicato, más afín a los intereses de la dirección que a los de la plantilla de la empresa, se sumaban prácticas casi idénticas de los nuevos gigantes que irrumpían y crecían a un ritmo que entonces nos parecía demencial: los Carrefour, Continente, Alcampo... Mientras, crecían con los tics paternalistas las cadenas de supermercados, CAPRABO, CONDIS, BON PREU… Faltaba todavía para el desembarco de las grandes empresas de la distribución en el mundo de los supermercados o para el aterrizaje de MERCADONA, como faltaba aún para que las grandes marcas se fueran haciendo cada vez con un mayor porcentaje del comercio textil, más aún para que el comercio sin tiendas físicas se fuera quedando con un mordisco cada vez mayor del pastel. Llegaban eso sí, las franquicias, las empresas con cientos de tiendas de minúsculo tamaño como DIA y las grandes superficies especializadas. Y las fusiones y absorciones, la compra de cadenas enteras, el aterrizaje de nuevas multinacionales, etcétera.

 

Perdonad la mención a la diversidad de cosas que se movían en el mundo del comercio, pero es que todo eso tenía una cosa en común. Cualquiera de los múltiples formatos que aparecían y desaparecían, al igual que sucede hoy, era un laboratorio de pruebas de mayor desregulación, de más arbitrariedad empresarial… de situaciones para las que no había instrumentos legales adecuados ni capacidad organizada de los trabajadores y de las trabajadoras, añadamos y no perdamos el dato de la elevada feminización del sector. Cuando casi nadie era consciente del alcance de esos cambios unas cuantas Marisas ya se las tenían que ver con esa realidad, con pocos medios y todas las dificultades.

 

Que fueran menos de las necesarias no justifica su olvido, al contrario, el recuerdo de lo que fue Marisa López entre algunas otras personas gana en dimensión valorando con qué medios se enfrentaron a qué retos. Va siendo hora de ir recopilando esa memoria porque lo necesita el sindicato para que la colectiva no sea tan parcial como lo es y, como he dicho antes, por justicia

 

En lo personal cada uno de nosotros y nosotras habrá tenido su propia relación con Marisa, la mía se concentró mucho en un momento complicado, el de la fusión de las antiguas federaciones de comercio y hostelería, con la complejidad que ese tipo de situaciones acarrean. Nos recorrimos juntos toda Catalunya, hablamos de la familia, de las personas que había en cada una de las federaciones, de su Galicia natal que es también la de una parte de mi ascendencia, de nuestra tierra común que es Catalunya, fueron muchas horas de coche, muchos menús de 900 pesetas (de esto hace ya unos cuantos años) y muchas reuniones solos o en compañía. Marisa era pasión, pedía la fidelidad que ella estaba dispuesta a ofrecer, como es casi inevitable en las organizaciones pequeñas ejercía de madre protectora, en el mejor sentido de la palabra, de su gente. Para cada cual quedará el recuerdo personal, será la huella íntima de su paso por la vida. Faltará seguir construyendo el relato colectivo, repleto de personas como ella, que preserve el recuerdo de la huella común que da sentido completo a la existencia de las personas como Marisa, la que hace realidad, en un sentido complementario al que le dio Miquel Martí i Pol, el último verso del poema: la nostra estirp, ben cert, és de titans


dimecres, 24 de juny del 2020

¿QUÉ ESTATUA DERRIBAR?

Imaginemos una distopía, en el mundo y en el continente europeo progresan las fuerzas de extrema derecha, a medida que crece el nacionalismo esencialista se van recuperando personajes históricos que en la actualidad consideramos de forma casi unánime criminales de guerra. No es una distopía, está sucediendo en muchos lugares (Croacia, Ucrania, Polonia o las repúblicas bálticas...) pero lo hubiese sido hace 35 años.

Sigamos imaginando que en un paseo por Berlín han cambiado los plafones que recuerdan el pasado nazi de muchos edificios en términos negativos por otros que expresan una visión neutral de lo que fue aquel régimen. Podría pasar, basta con que se rompa el acuerdo muy mayoritario que condena lo que supuso el nazismo y se abra paso el mensaje de que Hitler hizo cosas buenas, como poner orden y recuperar la economía alemana. Eso no ha dejado de pasar en España con la figura de Franco, o está pasando en la Rusia de Putin, en la que no se recuerda qué supuso la revolución de octubre, pero se blanquea la figura de Stalin como la de un patriota ruso.

Más imaginación, viajemos mentalmente a un futuro más lejano: cómo valorarán las generaciones futuras (si les damos la oportunidad de existir, que esa es otra) la tragedia de miles de seres humanos ahogados en el Mediterráneo; o las hambrunas que se llevan por delante a millones de personas mientras en Chicago se especula con el precio de los cereales que se van a producir dentro de 5 años; o con los datos de desigualdades de todo tipo, con origen en el machismo, en el racismo o simplemente con las desigualdades económicas que dicen que 200 o 300 personas en el mundo acumulan la misma riqueza que miles de millones de los habitantes más pobres. Todo eso pensando en que avanzaremos hacia un mundo mejor, algo que no está escrito en ningún sitio.

Y me imagino, puestos a imaginar, que a estas alturas habrá quien dé por hecho que voy a defender que las figuras históricas que aparecen en todo tipo de estatuas y monumentos no pueden valorarse sobe la base de la visión del mundo que tenemos actualmente, que lo que deberíamos hacer es dejar constancia de lo contradictorio que pueden ser esas figuras y lo que representaron. Pues no, de lo que quiero hablar no es de los personajes, de si habría que derribar o resignificar (palabreja de moda) las estatuas de Sabino Arana o Pompeu Fabra por ser manifiestamente racistas, etcétera.

Lo que hay que resignificar son las propias esculturas y monumentos, tanto o más que a los personajes, ¿es Colón responsable de la iconografía y de los valores que transmite su monumento en las Ramblas de Barcelona?,  ¿los consensos sociales del momento en que se erigió la estatua no se hacen notar?, ¿por qué hay una estatua de Francesc Cambó en el centro de Barcelona que el nacionalismo catalán no cuestiona unánimemente? Quizá haya más información en los acuerdos que se consideran, o se consideraron suficientemente amplios en su día que en cada personaje en sí.

Sirva de ejemplo Fray Junípero Serra, una de cuyas estatuas ha sido derribada en la ola de protestas en USA. Balear de nacimiento fue misionero franciscano, sin que haya datos de comportamientos que a nuestros ojos (a los de la mayoría social, quiero decir) nos puedan parecer escandalosos, pero el derribo de su estatua indica que su labor merece la crítica de algunos sectores. No esclavizó a los indígenas de California, donde desarrolló su principal labor evangelizadora en la segunda mitad del s. XVIII cuando formaba parte del Virreinato de la Nueva España, el actual México. Al contrario, en las diferentes misiones que impulsó se formó en la agricultura y en el desarrollo de actividades artesanas a la población originaria del territorio, algo que pareció digno de elogio a los californianos que lo propusieron como uno de los personajes que merecía tener presencia en la Sala de las Estatuas de americanos ilustres del Capitolio. Una visión positiva de su figura que ha llevado en tiempos aún mas recientes a su beatificación por Juan Pablo II, en 1988, y a su canonización por Francisco I, en 2015. Sin embargo, una parte de la población, quizá minoritaria aún pero susceptible de convertirse en corriente mayoritaria en el futuro, considera que esa supuesta labor civilizadora era una forma de imponer una forma de vivir a la población aborigen. Como casi siempre, estos temas acostumbran a tener reflejo en conflictos actuales, en nombre del progreso, del crecimiento económico y de sacar de su miserable vida propia del paleolítico se justifica acabar con el hábitat de las tribus amazónicas que hasta el presente han quedado fuera del alcance del la humanidad civilizada. Sea como sea, que en pleno s. XXI se considere la labor evangelizadora como algo que arrancó del primitivismo a los aborígenes californianos del XVIII podría parecer en el futuro casi un chiste a una hipotética población del planeta que considere al cristianismo pura superstición adornada de mucho boato y basada en textos y tradiciones inverosímiles, más o menos lo que hoy pensamos de la mitología griega y romana.

Volvamos a Colón y su monumento en Barcelona, inaugurado en 1888 y erigido con motivo de la Exposición Universal puede ser una buena excusa para entender no tanto al personaje como a la sociedad que le erigió la estatua. A mi me vienen por lo menos dos hilos, relacionados entre sí, de los que tirar más allá de lo controvertido del personaje (controversia que le acompañó siempre, ya en sus encontronazos con los Reyes Católicos).

Primer hilo, los nacionalismos románticos y esencialistas español y catalán no habían desarrollado ni una mínima parte de sus respectivos argumentarios, o al menos no habían calado aún lo suficiente. Que la burguesía barcelonesa y catalana decidiera por fin hacer un monumento a Colón (el proyecto ya se había planteado con anterioridad) pone en evidencia que a cuatro años de las Bases de Manresa (1992) se asumían como propias ideas de la historia que más tarde han venido a considerarse como impuestas por el opresor castellano. A sensu contrario, para imponerse al patriotismo liberal heredero de los planteamientos ilustrados le faltaba mucho a la idea de un espíritu de la nación española conformado en torno a la religión que formuló Menéndez Pelayo pocos años antes (entre 1880 y 1882 se publicó la Historia de los heterodoxos españoles) y que el imaginario del nacionalismo identitario español acabó completando con las gestas imperiales, los descubridores y conquistadores de nuevos y viejos mundos y la Reconquista. Ambos planteamientos (primer programa político del nacionalismo catalán y la idea de una esencia española antiliberal) coincidían en lo retrógrados que eran ya en su época y con el entronque de ambos en el tradicionalismo carlista, pero han acabado por generar una apropiación de figuras históricas, debidamente manipuladas, por parte del españolismo más rancio y una reacción a la contra frente a ellas por parte del nacionalismo catalán conservador, no tanto por lo que realmente fueron personalidades como Fernando de Aragón como por ser la personificación del nacionalismo que había enfrente. Colón es una de esas figuras y erigirle un monumento en Barcelona no hubiese sido una propuesta surgida de la sociedad catalana unos años más tarde,

Segundo hilo, el pasado imperial español no era visto con malos ojos por la sociedad catalana de la época. Desde la apertura de los territorios ultramarinos a la actividad de los nacidos en la antigua Corona de Aragón en el s XVIII, los catalanes desarrollaron intereses en Latinoamérica. A finales del s. XIX las relaciones entre la burguesía catalana y las colonias americanas que aún quedaban (Puerto Rico y, sobre todo, Cuba) fueron muy importantes, España mantiene la trata de esclavos pese a las presiones británicas (la gran potencia mundial del s. XIX) y figuras destacadas nacidas o afincadas en Barcelona se enriquecen con el comercio de esclavos o con el uso de mano de obra esclava en las plantaciones de caña y los ingenios azucareros. es cierto que hay voces contrarias al mantenimiento de la esclavitud, como en el resto de España, pero el acuerdo en su mantenimiento parece amplio.

Barcelona y Catalunya aprovechan los últimos coletazos del imperio y no se cuestionan ni el descubrimiento de América ni el temprano uso de mano de obra esclava del primer periodo colonizador que en la época seguía siendo fundamental. Antonio López, Marqués de Comillas, cántabro que desarrolla su actividad en Barcelona tuvo su estatua (retirada en 2018, creo que equivocadamente) por aquellas fechas (1884) se enriqueció con la trata de esclavos y fue mecenas de Jacint Verdaguer que le dedica su poema L'Atlàntida, poema que acaba con alabanzas tanto a Colón como a Isabel la Católica. La familia Güell hizo su fortuna con sus negocios cubanos que se sustentaban en el uso de esclavos, Antoni Gaudí desarrolló buena parte de su obra a la sombra de los Güell. Incluso la pérdida de las colonias supuso, paradójicamente, un beneficio para la economía catalana, la repatriación de los grandes capitales catalanes que se habían generado en Cuba supuso un impulso importante de la inversión industrial en la Catalunya de los primeros años del s. XX.

Es difícil imaginar en ese contexto un rechazo de las clases dirigentes a Colón ni a la conquista y eso debería formar parte de la resignificación necesaria del monumento a Colón, de la estatua de Antonio López reubicada en una plaza que sí debería cambiar de nombre o de la estatua de Cambó situada desde 1997 en la Via Laietana, por poner un ejemplo de otro periodo.

Concluyo, los monumentos públicos, como los nombres de las calles y su historia, deberían tener una explicación accesible para las personas que van a verlos o se los encuentran sin buscarlos, pero debería ser una doble información, la relativa al personaje en sí y la que explique el contexto social y político del momento en el que se elevó el monumento o se decidió dedicar una calle. La tecnología lo facilita, nada impide que un plafón dé información básica del tipo que digo en el monumento a Colón, por ejemplo, y que un código QR proporcione una información más detallada en soporte digital. Quedaría un pequeño detalle de escasa relevancia, ponerse de acuerdo en qué información se traslada, porque como se le encargue el desarrollo a Jordi Bilveny acabaremos conociendo todos la catalanidad Juan XXIII

Tenemos un paisaje urbano que explica muchas cosas de lo que somos, unas nos gustaran más y otras menos, debería ser inconcebible que hubiera monumentos de exaltación de determinados valores o periodos históricos (y algunos franquistas quedan de esas características) pero también sería un error ocultar la historia en lugar de explicarla. Eso sin contar con la obligación de mirar al pasado no con la mirada del juez, sino con la del que intenta comprender el pasado para entender el presente, que diría el historiador Pierre Vilar. Las estatuas, monumentos y hasta el propio callejero nos dan esa oportunidad, saber quiénes fueron los personajes y también por qué se les homenajeó en un momento determinado. En caso contrario, ¿quién y qué determinada lo que se conserva y lo que no, con qué criterios?, ¿qué estatua derribar?

diumenge, 14 de juny del 2020

PiIKETTY ESTÁ BIEN, PERO NO BASTA

Hace algunas semanas que acabé de leer Capital e ideología de Tomas Piketty, una obra muy documentada en materia fiscal y de evolución de la fiscalidad, pero que me dejó más cerca del mal sabor de boca que del bueno.

La aportación de Piketty en el tema de fiscalidad, de su evolución histórica en diversas áreas del mundo y de las razones por las que se produjo dicha evolución es muy importante, también que no se haya limitado a la visión clásica de las economías centrales del sistema. Mucho más discutible es su aventura histórica por lo que en el libro llama sociedades propietaristas, en especial cuando se remonta a lo que él llama sociedades trifuncionales que se corresponden casi perfectamente con lo que siempre hemos conocido por economías feudales. Pero no es del análisis histórico de lo que quiero tratar.

Piketty asume el riesgo de hacer propuestas que tienen mucho de programa de transformación de las sociedades presentes hacia un modelo socialista cooperativo, con las políticas fiscales y la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas como instrumentos básicos, juntamente con la creación de organismos supranacionales de funcionamiento democrático. El problema, desde mi punto de vista, es que en cada página que iba leyendo me iba acordando de los socialistas utópicos del s. XIX, tan cargados de buenas intenciones como condenados al fracaso por no entender algo tan básico como que las buenas ideas no se propagan por el hecho de ser bienintencionadas.

El problema no es si se está de acuerdo con todo lo que propone, sino cómo se llega a alcanzar el objetivo. Dejando de lado la idea de crear una especie de herencia universal igualitaria para cada persona al cumplir una determinada edad (sobre la que habría mucho que discutir) el grueso de su planteamiento parece una añoranza de las gloriosas décadas posteriores a la II Guerra Mundial, con unas políticas fiscales muy progresivas y con la implantación en algunos países de la presencia obrera en los consejos de administración de las empresas. Frente a eso ya reaccionó en su día la élite dirigente, en cuanto vio que lo que había en el bloque soviético ya no era una amenaza porque había dejado de ser atractivo y aprovechando una crisis, la del petróleo a mediados de los 70, para imponer lo que venían anhelando desde el New Deal de Roosevelt: las políticas neoliberales que se han venido aplicando desde los años 80 hasta hoy, incrementando las desigualdades (como muy bien explica Piketty) y generando las condiciones para la profunda crisis en la estamos inmersos desde 2008

Pensar que van a dejar recuperar aquellas políticas económicas sin oponer todos los medios posibles, remarco el todos, peca de infantilismo, más aún porque una hipotética hegemonía del ideario de las políticas fiscales muy progresivas no afectaría sólo a una pequeña parte de la población mundial (Norteamérica y la Europa Occidental) sino a la inmensa mayoría de ella. Dicho de otro modo, es cada vez más difícil mantener unas condiciones decentes para unos pocos de los que no forman parte de las élites a costa del malvivir de los demás, al tiempo que la mejora generalizada de las condiciones del grueso de la población mundial reduciría la apropiación de riqueza por parte de la minoría más rica, algo que de ningún modo parece dispuesto a aceptar ese reducido grupo.

Piketty infravalora la amenaza que suponía la extensión de procesos revolucionarios que tuvieran como modelo la experiencia de la URSS. En los años 20 y 30 del s. XX llevó a las clases propietarias a dar apoyo a los fascismos como alternativa que no supusiera compartir parte de su riqueza, después de la guerra a asumir la necesidad de hacerlo. En la actualidad no existe una amenaza creíble y como dijo Warren Buffett, uno de los pocos archimillonarios de las élites que habla en público de tanto en tanto, "hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando". Ni siquiera la constatación del fracaso de las promesas que la ortodoxia económica hegemónica ofrecía les llevó a pasar a la defensiva, al contrario, el descontento social han sabido encaminarlo hacia posiciones que quizá sean suicidas de cara al futuro, pero que de momento han llevado al poder a personajes como Bolsonaro, Orban, Boris Johnson o Donald Trump, a la vez que a un crecimiento de las expectativas de otros actores políticos del mismo estilo, como la Lega en Italia, VOX en España o la extrema derecha francesa en proceso de mutación desde hace años

Frente a ellos, eso sí que lo constata Piketty, los herederos de las diferentes familias del socialismo están inertes, el comunismo casi desaparecido después del fracaso soviético y la socialdemocracia asumiendo lo esencial de las ideas económicas dominantes. Tiene razón Piketty en que hace falta un proyecto de sociedad alternativa a la actual, dudo que la propuesta acertada sea la que él plantea, preñada de voluntarismo al estilo de las diferentes corrientes del socialismo utópico que comentaba al principio, anteriores de la formulación de la teoría marxista. Muchas cosas han cambiado desde Marx, algunas superan ampliamente sus análisis entre otras cosas porque no era ni adivino ni profeta, en especial que no cuestionara el crecimiento económico capaz de sustituir como ídolo a los ídolos que se fueran derribando. Algo que tampoco supo prever el filósofo de Tréveris ni otros pensadores más recientes fue la capacidad de adaptación del capitalismo. Pero lo que se mantiene inalterado es el motor del sistema: conseguir la mayor tasa de beneficio posible.

El capital se orienta a las actividades que incrementan no ya el beneficio total, sino el porcentaje de ganancia sobre el capital invertido: la construcción en España concentró el grueso de la inversión en los años finales de s. XX y la primera década del actual porque la tasa de beneficio era mayor que en otras actividades, aunque invertir en otros sectores pudiera haber sido más rentable a medio y largo plazo, por lo menos para el país. Para ello se adoptan las prácticas que mejor vayan a ese objetivo, externalizar riesgos (medioambientales, de salud del personal asalariado o de la población, etc...) es una práctica generalizada, proliferan los falsos autónomos o nos encontramos de tanto en tanto con una consecuencia que no se suele plantear de la sustitución de la factoría fordista por el modelo toyotista, las decisiones estratégicas son menos costosas en materia laboral. Ahora tenemos el conflicto de NISSAN en Catalunya, la decisión de cerrar las plantas va a tener un coste para la multinacional si consigue llevar a cabo su objetivo, espero que no sea así, ¿pero cuánto aumentaría ese coste si tuviera que asumir a todo el trabajo indirecto empleado que es mucho mayor que el directo?, desde luego sería mucho mayor si todo el trabajo necesario se prestara por plantilla de la empresa en lugar de por empresas externas

Equilibrar el poder que tienen las élites económicas globalizadas no será fácil, las resistencias son enormes y las reglas son muy distintas a las clásicas, el mercado funcionando como lo describió en su día Adam Smith es una falacia, el mercado estará condicionado por lo que se decida colectivamente o, cada vez más, por lo que interese a la minoría del 1 % de la población, capaz de orientarlo a su antojo, no hay mano invisible. Hay  además nuevas necesidades porque en la situación actual el objetivo no es simplemente el crecimiento, sino un crecimiento que racionalice prácticas inviables basadas en el consumismo, el componente ecológico (más allá del cambio climático) no se puede gobernar empresa por empresa, seguramente habrá sectores de actividad que deberán decrecer y otros que deberán transformarse. 

Son imprescindibles las políticas fiscales, pero hace falta algo más que la presencia de representantes de los trabajadores y las trabajadoras en los consejos de administración de las empresas, hay que abrir procesos participativos (procesos democráticos de base de los que Piketty no habla) para decidir más allá del marco de la empresa qué se produce y cómo se hace. El trabajo sigue siendo central en los procesos productivos y en la prestación de servicios, como ha puesto de manifiesto la pandemia del COVID-19, pero la propuesta de modelo alternativo no puede obviar que estamos traspasando la frontera de la mecanización y adentrándonos en la de la robotización con aplicación de la inteligencia artificial. Usos del tiempo y control, no necesariamente propiedad, de los medios de producción (que me perdonen otra vez los que tengan alergia a Marx) son dos caras de la misma moneda.

En definitiva, las políticas redistributivas son vitales, reducir las desigualdades imprescindible, pero hace falta ir mucho más allá en la propuesta. Y hace falta, sobre todo, organizar las acciones que permitan avanzar en ese camino, disputar la hegemonía de las ideas. Las organizaciones clásicas (partidos, sindicatos y asociaciones de todo tipo) quizá no sirvan como las conocieron las generaciones pasadas, pero lo que vemos surgir y se presenta como alternativo no da muestras de ser mejor, Piketty ni siquiera hace referencia a tema de quién se encarga, y cómo, de hacer que avancen las propuestas que plantea u otras en su línea. Tampoco estaba obligado a hacerlo, pero debemos ser conscientes de que está funcionando una internacional ultraconservadora, informal pero efectiva, más los think tanks, los lobbies, buena parte de las confesiones religiosas... y frente a eso la batalla ideológica se libra casi en forma de guerrilla poco articulada.




divendres, 15 de maig del 2020

LA VERDADERA AUSTERIDAD

La lectura del discurso de Enrico Berlinguer en la clausura de la convención de intelectuales organizada por el PCI en 1977 (aquí) ha sido un acicate para intentar ordenar algunas ideas que me van rondando desde el inicio del confinamiento..

Es evidente que la situación anómala en la que vivimos desde hace dos meses tiene muchos elementos negativos de todo tipo, desde la limitación de libertades básicas a consecuencias sociales inmediatas de extrema gravedad (de qué viven los propietarios de pequeños negocios o, en peor situación aún, las muchas personas que  subsistían con ocupaciones irregulares y han quedado sin nada) o a efectos económicos a más largo plazo que nos sitúan ante una situación muy preocupante  de cara a los próximos meses o años

Pero también es cierto que esta casi distopía nos ha proporcionado alguna pequeña satisfacción, respirar aire más limpio, reducir los decibelios de las calles, ver videos de delfines en el Port Olímpic de Barcelona, tener tiempo para aburrirse entre meme y meme, descubrir que la bollería casera es mejor que la industrial. Al lado de las graves consecuencias negativas son temas que alguien puede considerar menores, aunque es discutible que respirar mejor sea un tema menor, por ejemplo, pero resulta que van acompañados de otras cuestiones ya no tan menores, apunto tres:

1.- Hemos constatado la importancia de lo fundamental, de la sanidad pública y de rebote de la enseñanza pública o de lo necesario que es mejorar el modelo de atención a las personas dependientes

2.- Se está replanteando el uso del espacio público urbano y lo que llega como provisional  va a quedarse como permanente, al menos en parte. Dar más espacio a las personas en detrimento del que se destina a vehículos privados, incluso dar más espacio a la actividad económica (terrazas de bares) a costa de plazas de aparcamiento en superficie puede tener un recorrido más largo del que se prevé. En el fondo subyace el debate más profundo sobre el uso individual o el uso colectivo de los recursos que son limitados, casi todos

3.- Hay elementos para promover cambios significativos en la escala de valores, a veces como amenazas (crecimiento del autoritarismo) pero también como oportunidad. Recuperamos la conciencia de vulnerabilidad falsamente ocultada por la percepción de que nuestra civilización podía con todo, descubrimos que el individualismo es mala receta para hacer frente a amenazas globales o empezamos a reflexionar, incluso de forma inconsciente, sobre aquello que parecía tan desfasado de la diferencia entre valor y precio. Esto último no tiene relación directa con el tema central que quiero abordar, pero no puedo resistirme a remarcar que gran parte de los empleos que se han mostrado más importantes durante estos meses se corresponden con actividades que de forma tradicional, durante siglos, se han venido cubriendo en los núcleos familiares por parte de las mujeres, tareas de cuidados de personas dependientes o tareas básicas para la subsistencia, como la limpieza, que cuando han salido del ámbito doméstico se han minusvalorado pese a la importancia que realmente tienen

Seguro que se podrían apuntar más líneas sobre las que profundizar, u organizarlas según otros criterios, no pretendo hacer un tratado sistemático en estas líneas. Lo que sí quiero es seguir uno de los posibles hilos conductores, el que engarza con el discurso que Berlinguer pronunció hace 43 años, el despilfarro asociado al consumismo desbocado que necesita el capitalismo en su versión hegemónica presente hace necesario hablar seriamente de la austeridad.

Soy consciente de que la palabra se la apropió la ortodoxia neoliberal y se asoció a recortar gastos en lo que se está mostrando básico para la inmensa mayoría de la población, el sistema juega a hacer suyas las palabras, así, intenta hacer suya una expresión como crecimiento sostenible para cambiarle el sentido y convertirlo en sinónimo de crecimiento sostenido. Si alguien tiene una palabra que defina lo que es la verdadera austeridad que la proponga, yo creo que vale la pena hablar de ella sin medias tintas para defenderla como algo necesario para afrontar el futuro, obviamente con un significado muy diferente al que se le dio en la pasada crisis financiera.

Ser austero no significa dejar de comer porque es imprescindible comer. En clave social, ser austero no puede significar dejar desatendidos servicios esenciales para nuestra existencia como seres sociales, ser austeros no puede ser jibarizar la sanidad pública, ni las pensiones, ni la educación como instrumento a la vez de progreso real y de equilibrador social, ni la debida atención a las personas dependientes que hemos visto que deja mucho que desear. Todo lo contrario, ser austero significa dar prioridad a lo que es esencial, buscando recursos donde los hay y la riqueza llega a ser hasta obscena o limitando el gasto en otros ámbitos.

Un ejemplo de cada cosa para que se entienda, ser austero es buscar recursos que se usan o acaparan de forma no precisamente austera porque las grandes fortunas de los modélicos emprendedores, o de los a veces no tan modélicos ídolos deportivos y de los que se mueven en su entorno, no nacen del ideal luterano o calvinista de trabajo constante y del privarse de todo aquello que no es esencial, las grandes fortunas no se presentan precisamente como el personaje del Sr. Scrooge de Cuentos de Navidad, privándose a sí mismas de cualquier comodidad. La fiscalidad progresiva es un instrumento imprescindible para una auténtica política de austeridad, para derivar el gasto superfluo a lo que es esencial. El último libro de Thomas Piketty, Capital e ideología, tiene a mi modo de ver muchas debilidades (leyéndolo me venía constantemente a la cabeza la imagen de los socialistas utópicos del s. XIX, con sus Icarias y sus falansterios) pero por contra hace un análisis muy loable de la evolución de la fiscalidad desde finales del s. XVIII a la actualidad. No es que sea posible, es que aplicar sistemas fiscales extremadamente progresivos se hizo en las democracias occidentales del s. XX con unos resultados más que satisfactorios.

Segundo ejemplo, hemos visto en la escenografía de las ruedas de prensa sobre la pandemia multitud de uniformes, no todos eran militares, pero ha dado la sensación de que se nos ha querido convencer de la utilidad del ejército para el conjunto de la sociedad en una situación en que dicha utilidad era difícil de percibir. Resulta que no nos ha atacado ningún ejército enemigo, ni tan siquiera una organización terrorista difícil derrotar por procedimientos militares clásicos y que el ejército ha tenido que hacer un esfuerzo para mostrar su utilidad. Ciertamente la ha demostrado con los hospitales de campaña y las desinfecciones, pero no es menos cierto que aquel invento de Zapatero que tantas mofas le costó, la UME, perfectamente podría pertenecer a un cuerpo de protección civil para hacer lo que hace y que es de agradecer cuando hay incendios, inundaciones o, como sucede ahora, en una pandemia. Quiero decir que buena parte del gasto militar también es superfluo dadas las amenazas reales que tenemos. No se lea esto como un antimilitarismo infantil, a buen seguro que hay otros gastos superfluos que son prescindibles o que pueden reducirse, sólo que este en concreto tiene un montante muy significativo.

Pero la austeridad tiene también una vertiente personal que afecta a cada uno de nosotros, aunque de forma muy distinta según el caso. Hay gastos que debieran plantearnos el interrogante sobre su simple viabilidad, en una magnífica entrevista publicada en El País (aquí) Ángel León, propietario del restaurante  Aponiente, dice que habían montado una locura, "una locura que vivía de que el mundo se cogiera un avión para venir a vernos". Él habla en pretérito y habla de que seguramente deberán reinventarse. Puede parecer exagerado, pero hace pocos días la presentadora Ana Rosa Quintana dejó caer en directo que echaba de menos coger el AVE a Valencia, desde Madrid, comerse una paella y volver. No parecen prácticas muy razonables, pero otras del comportamiento habitual de cada uno de nosotros son también irracionales, como usar una prenda de vestir un par de veces o tres y darla por amortizada, o pretender vivir "como señores" y que nos traigan una botella de wiski a las tres de la mañana, sin pararnos a pensar qué condiciones de explotación supone que nos podamos permitir ciertas cosas para millones de personas en el mundo.

No es un mensaje fácil el de la austeridad porque significa replantear muchas cosas. Ahora bien, sucede que la ortodoxia dominante nos ha llevado a dos crisis importantes, de las que acostumbran a llevar aparejadas cambios políticos y sociales trascendentes, en poco más de un decenio. Tras la crisis financiera el capitalismo se refundó, como dijo Sarkozy, doblando la apuesta, para garantizar la continuidad del sector financiero se impuso una falsa austeridad a países como Grecia, España, Italia o Portugal, pero todo el mundo quedó tocado. Se reabrió un debate demasiado tiempo tratado con sordina, el del sentido de un sistema que incrementaba las desigualdades a costa de los intereses de los que menos culpa tenían de aquella crisis y en beneficio de sus responsables. Ahora la crisis no la ha generado directamente el modelo económico, pero se ha puesto de manifiesto que este no sirve para atender lo verdaderamente prioritario ante una emergencia. A diferencia de lo que sucedió en 2008 hay mucha más gente que no está dispuesta a tragarse nuevos sapos, al tiempo que los halcones del orden establecido no van a quedarse impasibles, no van a permitir perder privilegios sin plantar cara. El conflicto está servido y viendo el avance en el mundo de estados autoritarios sustituyendo a democracias más o menos consolidadas es para preocuparse. Eso sí, de lo que no se está hablando, al menos de momento, es de políticas de austeridad en el sentido en que se usó el término hace uno años, políticas que serían definitivamente un suicidio aplicadas como entonces.

Es el momento de reivindicar la verdadera austeridad, la que invocaba Enrico Berlinguer en 1977, una austeridad aún más necesaria hoy contra el despilfarro innecesario que pasa factura a las condiciones de vida de la mayor parte de la humanidad y al propio planeta finito en el que vivimos, una austeridad para centrar los esfuerzos en aquello que es esencial para garantizar una vida digna y plena a todas las personas. En el contexto de 1977 Berlinguer quizá consideraba, con excesivo optimismo de la voluntad, que estaba próxima la superación del capitalismo, con la presión de los movimientos nacionales de liberación en los países empobrecidos (el Tercer Mundo era el término usado entonces y que hoy sería cuestionado) como uno de los motores de ese cambio. El capitalismo demostró su capacidad para reinventarse e ir en el sentido contrario, las cuatro décadas pasadas desde entonces han sido el sueño de los defensores del laissez faire, se abrió un proceso de crecimiento de las desigualdades y de desregulación que nos ha abocado a una situación de fin de época, la ortodoxia neoliberal es ya incompatible con el funcionamiento democrático de las sociedades, los poderes económicos operan más allá de los límites a los que las leyes nacionales pueden alcanzar y, por tanto, eluden el más mínimo control democrático.

Quien piense en transformar el mundo ha de tener un punto del optimismo que tenía Berlinguer, no sé si para superar el capitalismo, pero sí como mínimo para superar esta fase que se agota, lo contario es avanzar hacia sociedades cada vez más autoritarias, con cuestiones identitarias de uno u otro tipo sustituyendo al debate económico y social. El conflicto económico y social debe llevarnos a otro escenario y será obligatorio abordar el debate de la verdadera austeridad, la que garantice la pervivencia de lo esencial, se le dé el nombre que se le dé

dimecres, 6 de maig del 2020

CONFLICTOS Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS. EL CASO CATALÁN

Como en otras ocasiones el motivo de esta entrada es responder de forma menos encorsetada que la que permite twitter a un debate abierto en dicha red. En este caso un tuit mío sobre el posicionamiento de ERC en relación al estado de alarma ha ido yendo al terreno del conflicto político de fondo y al final al concepto mismo de conflicto

Brevemente, hay conflicto cuando hay posiciones confrontadas entre dos actores (personas o colectivos) y su resolución puede ser la imposición de una parte sobre la otra o un acuerdo ente las dos, ni la imposición ni el acuerdo tienen por qué ser permanentes

En cualquier caso un conflicto es una confrontación de poder en la que los argumentos esgrimidos por cualquiera de las partes (eso muchas veces tan subjetivo de tener la razón) no tienen más valor que el de su capacidad para atraer partidarios o convencer a terceras partes. Cargarse de razón sólo sirve si da más capacidad para actuar, lo que no es poco, pero en ningún caso sirve lo de que tengo que conseguir lo que pretendo porque tengo razón. Eso explica multitud de frustraciones de demandantes ante los tribunales porque la sentencia no es la que se esperaba o, peor aún, ganar un procedimiento jurídico y tener una sentencia favorable a sus pretensiones pero que en la práctica no sirva para nada. En el mundo laboral eso es muy frecuente y en otros aspectos de la vida también. La maldición tengas pleitos y los ganes dice mucho al respecto

No hay conflicto si una de las partes no busca cambiar una situación de equilibrio (sin entrar en lo más o menos justa que sea dicha situación) pero si se da un paso para romper ese equilibrio y sustituirlo por otro cabe esperar la respuesta de la otra parte. La cosa puede ser bastante compleja porque siempre puede haber un momento anterior en el que la percepción de quién rompe el equilibrio sea la contraria. En el conflicto catalán abierto por el procés hay quien es capaz de ir alargando los agravios hasta el compromiso de Caspe o los Reyes Godos y más allá

Lo determinante en la resolución (definitiva o temporal) de un conflicto es el equilibrio de poder entre las partes para que una se imponga a la otra o se alcance un pacto que establezca un equilibrio idéntico (rara vez) parecido o muy distinto del anterior. Si es un conflicto entre individuos uno puede llevarse en su cabeza mil ideas de cómo ha actuado, si ha conseguido lo que le interesaba y hasta qué punto, si podría haber hecho otras cosas, etcétera. Si es un conflicto colectivo esos debates pueden exteriorizarse en forma de posiciones diferentes de cada sujeto individual o de subgrupos del colectivo global. En los casos de conflictos que implican a un número importante de personas hay individuos que tienen un protagonismo mayor, ellos deciden las medidas concretas y al mismo tiempo que interpretan los deseos del colectivo van delimitando los objetivos y las estrategias para alcanzarlos

Finalmente y antes de entrar en el conflicto catalán, para que haya un acuerdo entre las partes es imprescindible que exista alguna coincidencia entre las pretensiones de cada una, en caso contrario el conflicto sólo puede cerrarse con la imposición de los intereses de una sobre los de la otra. Dicho en otros términos, si para A el objetivo ideal sería llegar al punto X y para B seria llegar al punto Y podrá haber acuerdo si ambas partes están dispuestas a aceptar un acuerdo en un punto situado entre X e Y, si lo aceptable para A está mas cerca X de lo que está dispuesto a asumir B o lo aceptable para B está más cerca de Y de lo que puede asumir A el acuerdo es imposible. Parece un trabalenguas pero si se dibuja una recta  con A en un extremo, B en el otro y se ponen X e Y en distintos punto de la recta se ve gráficamente la posibilidad o no de un acuerdo en función de la ubicación que cada uno dé a su objetivo asumible (no ideal). Tanto el posible acuerdo como la imposición serán siempre temporales, el conflicto puede reabrirse siempre

A partir de estas cuatro pinceladas básicas sobre el conflicto en términos genéricos y sus mecanismos de resolución (que no implica solución y menos definitiva) es posible acercarse a lo sucedido desde el otoño de 2012 en Catalunya para analizarlo exclusivamente desde este punto de vista, lo que a su vez implica obviar cuestiones esenciales como los antecedentes remotos e inmediatos o el contexto histórico global de crisis sistémica desde 2008. Lo que sigue no pretende ser ni siquiera una aproximación a la problemática de fondo del encaje o no encaje de Catalunya en España, tan sólo unos apuntes a cómo se ha abordado el llamado procés por parte de los que han tenido la máxima responsabilidad en el mismo

Hay dos partes en conflicto que no son exactamente Catalunya y España aunque se usen esos términos habitualmente, los gobernantes se autoproclaman portavoces del conjunto de la ciudadanía que no es lo mismo, lo que tiene su repercusión como más adelante diré. Una de las partes decidió que el statu quo existente no le servía y Artur Mas se presentó ante Mariano Rajoy después de la gran manifestación del 11 de septiembre de 2012 con un listado de reivindicaciones que sabía perfectamente que no serían atendidas, no buscaba en ese momento abrir una vía de negociación para un acuerdo, sino una justificación para convocar unas elecciones en las que aspiraba a obtener una clara victoria. Si eso se hubiese producido no sabemos cómo hubiera evolucionado la situación, pero no fue eso lo que sucedió y se abrió un terreno nuevo

Desde ese momento el conflicto irá aumentando su intensidad de forma paulatina, sin que en ningún momento se vislumbrara la opción de un proceso de negociación. Las razones creo que son dos, la primera que las propuestas sobre lo que se debería negociar eran difícilmente aceptables, por mucho que se recordaran aquellos días los ejemplos de Quebec y Escocia, es obvio que la inmensa mayoría de estados homologables al español no entrarían a negociar la posibilidad de la independencia de una parte de su territorio. La segunda, el gobierno central se creía lo suficientemente fuerte como para resistir la presión que se pudiera ejercer en ese sentido, a través de los aparatos del estado y porque detrás de las propuestas de los gobernantes catalanes no estaba una parte suficiente de la población catalana como para obligarle

El procés fue hasta octubre de 2017 una huida hacia adelante continua, ante la negativa del gobierno central a negociar consulta en 2014, plebiscitarias en 2015, sustitución forzada de Artur Mas por Carles Puigdemont y un proceso acelerado de pasos hacia no sé sabe aún dónde entre las leyes de desconexión de septiembre de 2017 y la no proclamación de la república en octubre del mismo año. Desde ese momento la situación es de derrota de los postulados independentistas y de espera de un nuevo momentum. Frente a lo que se suele decir, el gobierno central no estuvo inactivo, no negoció nada, pero fue utilizando los recursos de los que disponía para hacer frente al conflicto, contrapuso nacionalismo español a nacionalismo catalán, se apoyó en la sociedad civil para movilizar a los catalanes contrarios a los que hacían los gobernantes catalanes, hizo uso de sus facultades legales y se escudó en todos los poderes del estado.

Es imposible que los dirigentes catalanes del procés no supieran que era imposible ganar el pulso al gobierno central en 2017, hemos oído en diferentes momentos que no había las estructuras de estado de las que tanto se habló, que lo que se quería era forzar una negociación, que se iba de farol... Pese a todo se siguió adelante siendo conscientes de la inviabilidad de lo que se proponía. Por una parte eso obedeció al miedo a enfrentarse a las expectativas generadas (la no convocatoria de elecciones y las 155 monedas de plata lo expresan con claridad) nadie quería quedar como traidor, algo a lo que ayudó el que no hubiera un liderazgo indiscutible. Por otra parte, más de un dirigente tenía claro que no era el momento de alcanzar el objetivo planteado, sino el de un sacrificio que lo facilitara en el futuro

Lo que siguió al otoño de 2017 fue la consecuencia de lo vivido entonces, incluyendo un proceso judicial que a muchos nos parece aberrante. Ahora bien, de la misma manera que los dirigentes catalanes no expresaban la voluntad de toda la ciudadanía catalana tampoco lo hacía el gobierno central con respecto a la española

El conflicto sigue abierto, después de una derrota clara de los dirigentes catalanes y su estrategia hay quien cree posible volver a plantear otro pulso a todo o nada ahora o en un futuro más o menos inmediato, como hay quien está esperando en la otra trinchera que eso suceda para acabar de doblegar al independentismo. Pero también hay quienes creen factible otro escenario, el de transitar un camino difícil de negociación hacia un acuerdo aceptable para tirios y troyanos, en consecuencia no el ideal para ninguno de ellos. Ya se ha hecho en otros casos, ¿o nadie recuerda lo que se ha vivido desde el plan Ibarretxe hasta hoy en Euskadi?

En definitiva, hay planteado un conflicto político de gran envergadura con vías de resolución muy distintas. Avanzar por unas o por otras no es una fatalidad impuesta por las circunstancias, sino consecuencia de las opciones que en cada momento se elijan, como en cualquier conflicto

diumenge, 19 d’abril del 2020

QUI HO HAVIA DE DIR

- Qui ho havia de dir, semblava dels nostres. Casteller, parlava el català sovint tot i l'accent, sempre havia criticat els atacs a Catalunya dels polítics espanyols.

- Però si et fixaves ja hi tenia algunes sortides, alguna vegada ja havia dit que en allò de les balances fiscals hi havia molt de fum o que no havíem de parlar com parlàvem dels subsidis que reben els andalusos per treballar quatre dies l'any… coses que queien pel seu propi pes les qüestionava, no sé.

- Tot i això sobte la seva actitud, de vegades sembla com ofès, fins i tot en temes evidents que no s'haurien de discutir, no entenc com algú pot negar que el franquisme va voler acabar amb la nostra llengua i la nostra cultura i va fer servir totes les eines possibles, que hi ha gent que porta anys i panys a Catalunya i continua dient que no entén el català i en canvi hi ha nouvinguts que el comencen a parlar en pocs mesos.

- Ens van voler colonitzar i van fer servir la gent vinguda de fora, que no tenien cap culpa, però que després de tots aquests anys ja podien fer un esforç, que hi ha mitjans. Doncs no, és de les coses que més l'empipen, aquest tema el treu de polleguera.

- Bé, deixem-ho córrer, esperem que amb el temps ho vagi veient, és una llàstima, deu costar desfer-se del bagatge cultural que portem cadascú a la motxilla i això que ell va néixer aquí i ho hauria de tenir més clar.

- I que té certa formació, t'ho pots esperar més aviat de gent sense estudis. I després les postures d'aparador, que si estic en contra de l'empresonament dels dirigents independentistes, que si jo tinc clar que el poble català té tot el dret a decidir el que vulgui, que si... però sempre acaba el matís, sempre hi ha algun però.

- Això és cosa de la seva militància política, mai s'ha amagat. I com que l'ambigüitat és la norma del partit això s'expressa en les seves posicions, però al final tot és un no res, parlar amb la boca petita per mantenir el que hi ha. Va, parlem d'una altra cosa que em poso malalt. Què penses que podríem fer quan..?

Puc imaginar-me una conversa al voltant de la meva persona en un entorn molt majoritàriament independentista, em costaria molt més recrear una altra mantinguda entre dos defensors de la idea d'una Espanya atacada pels catalans, posem per cas la que podria donar-se si l'atzar m'hagués portat a formar part d'una confraria en una localitat de conca del Guadalquivir en la que la gran majoria de persones fos crítica amb el que ha estat passant a Catalunya els darrers anys. Vull dir que podria imaginar el temes, però no la parla, no estic habituat a aquest ambient i no sé en quins termes s'expressaria, amb tota seguretat, l'estranyesa perquè algú fill d'immigrants que es manifesta no independentista pugui aprovar el plantejament d'un referèndum, criticar el comportament de policia i guàrdia civil l'1 d'octubre o el discurs del rei dos dies després, discrepar de l'empresonament dels dirigents independentistes o queixar-se del tracte donat per la majoria de mitjans de comunicació a un conflicte polític d'aquesta magnitud.

Es tracta en qualsevol dels casos de posicions estereotipades que permeten reflectir quelcom que és veritat i que ha estat una constant al llarg de la història: no cal el suport majoritari de la població per a què una determinada visió del món acabi determinant els esdeveniments. Del que vull parlar és de la dificultat per no veure's arrossegat cap a una posició quan es polaritza una societat, com la visió crítica vers el que es manifesta al teu voltant porta a l'estigmatització o al silenci per no assenyalar-te i restar tranquil per anar a les teves coses.

Es barregen fets reals amb visions deformades de la realitat i acaben dominant percepcions amb dosis d'irracionalitat creixent que fan de barrera als arguments dels altres, encara que estiguin fonamentats, situació que es va aguditzant i que en paral·lel va delimitant un nosaltres en el que es percep com enemiga qualsevol discrepància.

És la lògica que porta a fer que es defensi la desmesura en l'aplicació del codi penal perquè "se saltaron la leyes", com si fos el mateix jutjar el robatori d'un mòbil que un assassinat i portant a una deformació de la realitat que és incapaç de distingir la violència d'incidents menors sense cap rellevància penal. La sentència condemnatòria per sedició dels polítics catalans no encaixa amb una idea de societat democràtica (a no ser que es vulgui transitar el camí cap al que ara s'ha començat a anomenar societats il·liberals) però ha necessitat de tota una elaboració prèvia de polarització d'una part significativa i cridanera de la societat espanyola.

També és la lògica que elabora la teoria de la colonització de Catalunya per un exèrcit de civils afamats, convertint una migració per causes econòmiques en una política deliberada per diluir la identitat catalana. Jo sóc fill d'aquests migrants, al treball coincidien amb companys i companyes vinguts de la Catalunya interior o natius de Terrassa, de Galícia, Andalusia i d'altres indrets d'Espanya, a mesura que es pujava en l'escala de comandament s'anava depurant la procedència fins a arribar als amos, gairebé sempre catalans, fills de generacions d'industrials que havien mantingut (o recuperat) les regnes del negoci amb la victòria feixista. Colonitzar no és venir a treballar en les pitjors condicions i a viure de mala manera en barris sense aigua corrent, qui vulgui pot provar a veure si descobreix un alcalde de Terrassa que no provingui de les famílies de sempre en tot el període franquista. Sense la construcció d'un relat (com es diu ara) és inversemblant aquesta teoria de la colonització, quasi idèntica a la de què els musulmans estan colonitzant Europa en aquests moments. Dins del relat es normalitza la irracionalitat.

Són només dos exemples de com es trenca el pensament crític a mesura que s'incrementa la polarització, posicionaments latents que no es manifestaven, o que es manifestaven de forma molt minoritària, van contaminant la presa de postura col·lectiva fins a apoderar-se d'ella, per molta càrrega d'irracionalitat que continguin. De forma simultània el proselitisme es va convertint en exigències de posicionaments individuals cada vegada menys flexibles, proliferen les acusacions de traïdoria (amb diferents noms) respecte a qualsevol discrepància, sobre el comportament de la policia, l'immobilisme del govern central, la bondat de l'estratègia duta a terme pels dirigents catalans, la conveniència de replantejar-se objectius, etcètera.

Si hi hagués viscut més enllà de l'Ebre m'hauria tocat ser assenyalat com un mal espanyol, però sóc català. Mai he combregat amb el procés, un moviment popular i de masses impressionant però amb un substrat profundament conservador al meu entendre (es pot discrepar de la meva percepció, evidentment, però no obligar-me a creure en la redempció dels pecats a través de la confessió). No tinc cap sentiment antiespanyol (sovint expressats en termes supremacistes) ni estic temptat a apuntar-me al nacionalisme espanyol (que es manifesta al seu torn en termes rancis i d'identitats enmalaltides) però la Catalunya que vaig creure possible és cada dia més llunyana, perquè la que veig es tanca més i més en si mateixa i es va empetitint. Qui ho havia de dir

Vivim una època de transformacions profundes i globals, la crisi de 2008 no està tancada en termes històrics i encara ni imaginem com impactarà l'actual crisi sanitària i les seves conseqüències econòmiques i socials, la temptació d'anar a mons més tancats i autoritaris és una amenaça real des de fa temps i es pot accelerar, com també pot obrir-se pas la idea que cal replantejar-se el model de consumir, produir i distribuir la riquesa que es genera. Debats de fons que a casa nostre i a Espanya queden ofegats pel soroll de les baralles identitàries. Només ens demanen oblidar-nos de tot fins que el seu tema estigui resolt, poca cosa.

dimarts, 14 d’abril del 2020

OBJETIVO, CAMBIAR LAS PRIORIDADES

Escribo esta entrada a partir de un artículo de Joan Coscubiela publicado hoy en eldiario.es (aquí) que me suscita algunas dudas, incluso el autor las manifiesta en su escrito. No es por tanto una respuesta lo que sigue a continuación, más bien una contextualización de sus planteamientos que surgen de unos deseos que presumo ampliamente coincidentes.

Lo primero que tiene claro todo el mundo (otra cosa es que alguien se haga el tonto) es que nos vamos a enfrentar a una crisis económica de gran calado cuando pase la crisis sanitaria. Aparte de las predicciones de los economistas sobre curvas en forma de V, de W o de L que demuestran que es imposible tener la seguridad absoluta sobre lo que vendrá, hay algunos cosas que sí tenemos claras. Habrá sectores fundamentales de la economía española a los que les costará más remontar, en concreto a todo lo orientado a la actividad turística; las microempresas y con ellas buena parte de las personas autónomas, lo tendrán mucho peor que las empresas con bases más sólidas; no quedará destruida la capacidad productiva (conviene señalarlo cuando se habla continuamente de que esto es una guerra) por lo que no habrá que invertir en reconstruir infraestructuras y la producción de bienes se podrá retomar con rapidez si hay demanda, que esa es otra cuestión; crecerá, está creciendo ya, la deuda pública, aunque no es lo mismo que crezca para inyectar poder adquisitivo y que no se hunda todo a que lo haga porque caiga el consumo y se deje de recaudar

Lo segundo que hay que tener claro es que, como pasó con la crisis financiera de 2008, el funcionamiento del sistema económico y social impuesto por décadas de ultraliberalismo ha demostrado su incapacidad para responder a las necesidades elementales de las personas. Es bueno tener memoria (frecuentemente es de pez, como dice Joan Coscubiela) y recordar que personajes como Sarkozy llegaron a hablar de refundar el capitalismo, sin olvidar tampoco que esa refundación fue al final más de los mismo y en mayores dosis, como el paciente no mejoraba le hicieron otra sangría, y una nueva porque iba a peor y así hasta que murió. Quiero decir que en este momento se tienen claro que hay que cambiar muchas de las prioridades, pero que a medida que pase el tiempo se rearmarán con nuevos mantras los partidarios de que se siga en esta espiral que nos lleva a la locura de un planeta sobrexplotado ecológicamente, con los riesgos para la salud y la economía que ello supone, en un mundo con una desigualdad que va en aumento de forma galopante, poniendo en riesgo los consensos sociales necesarios y aumentando en paralelo los mecanismos represivos de todo tipo para mantener el orden social

Es necesario tomar posiciones y aprovechar el momento inmediato, sin dejar pasar tiempo, para consolidar algunas ideas hegemónicas fundamentales para construir una respuesta adecuada a los retos que se nos plantean. Ahora es cuando la gente valora la importancia de lo público. Ahora es cuando la gente entiende que no se pueden infravalorar el trabajo de los cuidados a las personas dependientes, tradicionalmente femenino porque es el traslado a la actividad retribuida de las funciones no retribuidas que históricamente han desempeñado las mujeres y se han  minuvalorado. Ahora es cuando la gente está más receptiva al mensaje de que no se puede destruir la biodiversidad del planeta porque aumentan los riesgos para la especie humana. Ahora es el momento de romper la mentira de que el mercado dejado a su libre albedrío resuelve bien todos los problemas de abastecimiento de aquello que es fundamental en cada momento.

Y porque es ahora el momento y no dentro de unos meses es por lo que soy escéptico no sobre la necesidad de unos Pactos de la Moncloa (término sobre el cual Joan Coscubiela ha expresado prevenciones sobre su uso que comparto) sino sobre su viabilidad. Los partidarios de que se salga con las mismas recetas de siempre lo saben también, no van a facilitarlo, hablaran en nombre del interés nacional (español o catalán, dependiendo del caso) para frenar cualquier avance, o se negaran directamente a plantearse tan siquiera la posibilidad de abordar la cuetión (también por el interés nacional, faltaría más)

Creo que la idea de una reedición de algo parecido a los Pactos de la Moncloa empezó como una manera de poner presión al gobierno para disminuir el peso de Unidas Podemos y del ala más izquierdista del PSOE en las medidas que se vayan adoptando. El cálculo era simple y simplista, simple era la idea inicial de que si entran más actores en juego tenderán a llevar la respuestas hacia posiciones más moderadas, simplista era pensar que en una crisis de este calado ese conducir a posiciones más moderadas que pudieran llevar incluso a la ruptura de la coalición de gobierno (sueño húmedo final de no pocas cabezas pensantes de este país) transitaría sin contratiempos

Ha acertado el gobierno al aceptar el reto para tomar la inciativa, pero creo que debería pensar en alternativas al bloqueo que preveo, al intento de ganar tiempo más que previsible. En definitiva, unos acuerdos amplios (patronales y sindicatos, partidos y comunidades autónomas) en este momento estoy convencido de que pondrían en el centro las políticas sociales o temas tan importantes como desarrollar políticas industriales. Al tiempo creo que hay que prever que eso sea inviable o que se pretenda derivar en el tiempo para que las conclusiones que hoy parecen claras dejen de serlo, debidamente modelada la opinión pública, evidentemente. Así las cosas no descartaría pactos parciales menos ambiciosos pero que vayan consolidando políticas sociales. Podrían ser acuerdos con las comunidades autónomas de mejora de financiación con criterios finalistas, es decir, condicionadas a que el gasto vaya a determinados capítulos, acuerdos de políticas industriales con patronales y sindicatos, pactos con los grandes municipios de apoyo a las politicas de dependencia...

El avance en acuerdos, incluso no culminados, puede forzar la existencia de un acuerdo global, el resultado final es lo que no podemos perder de vista porque nos va mucho en ello: las prioridades de las políticas públicas y de los objetivos de la sociedad en su conjunto deben redefinirse porque el modelo vigente es suicida además de injusto