dilluns, 1 d’abril del 2019

LA TRANSICION, UN VIAJE AL PASADO

Es frecuente en la actualidad el recuerdo a la Transición en forma de loanza o en términos o despectivos, rara vez el tratamiento es el de un proceso histórico, sino el de un argumento para defender unas posiciones políticas del presente. Se producen así dos paradojas:

  1. Se da por hecho en las dos visiones que se dan que la Transición fue algo diseñado por un pequeño grupo de personas que nos condujo a la constitución de 1978. Para los unos fue un ejemplo magnífico de saber hacer gobernado con mano maestra por Juan Carlos I y para los otros una componenda que permitió que todo siguiera prácticamente igual, siendo la monarquía española actual la continuación del franquismo
  2. Los que se autoarrogan el rol de defensores de la constitución de 1978 o no se la han leído o ignoran deliberadamente su contenido, la blanden contra todo el que discrepe de su opinión y hacen gala de un desconocimiento profundo de su contenido y del espíritu que la impregna. Los críticos con la constitución se ven en la necesidad de desempolvarla para recordar contenidos concretos de la misma en materia de pensiones, derechos a un empelo digno, a la vivienda etc...
Algo no cuadra cuando estas dos paradojas son reiteradas. Con esta entrada voy a iniciar una serie en las que intentaré explicar la Transición como proceso histórico, con un resultado que es consecuencia del equilibrio de fuerzas que se produce entre intereses y propuestas enfrentadas en el pasado. Quiero remarcar lo del pasado porque aunque se trate de hechos históricamente muy próximos el tratamiento ya no puede ser periodístico, significa eso que hay que hacer un esfuerzo para comprender unas mentalidades y unas situaciones que son distintas de las actuales

Lo más fácil sería recurrir al clásico del cambio que han introducido las nuevas tecnologías, pero los cambios espectaculares que se han producido en este terreno son menos relevantes que otros que pasan más desapercibidos. Si situamos los antecedentes inmediatos de la Transición en los inicios de la década de los 70 y la damos por concluida (cosa muy discutible) con la aprobación de la Constitución en 1978 vemos que se pasa de la tele en blanco y negro en gran parte de los domicilios al color en un porcentaje creciente y que el vídeo no había penetrado aún en la vida cotidiana de la gente, por supuesto que ni hablar de la informática. Pero soy de los que piensa que había cosas que han cambiado mucho más profundamente y pasan desapercibidas al aventurarnos en los hechos de aquellos años, sobre todo porque acostumbramos a pensar en nuestra propia historia como si se desarrollara en una burbuja y no tuviera relación con lo que sucedía en el resto del mundo

En los años 70 estábamos todavía en lo que el historiador inglés Eric J. Hobsbawm denominó el siglo XX corto, el que va de 1914 a 1991. El inicio de la I Guerra Mundial fue el fin del marco histórico que había dominado la historia europea (y por extensión la mundial) desde las revoluciones industrial y francesa y la consolidación de los estados burgueses modernos en la segunda mitad del s. XIX, la desintegración de la URSS abrió las puertas al mundo actual, el que imprime unas dinámicas y unas mentalidades que debemos aparcar cuando analizamos hechos anteriores. En la década de los 70 del s. XX se entra en la dinámica de cambios que nos lleva al mundo actual, pero aún resisten características que es imprescindible tener en cuenta para analizar la Transición. Dos grandes cuestiones deben tenerse presentes

La primera es que estaba plenamente vigente la Guerra Fría, España estaba en el bloque occidental a pesar de no pertenecer ni a la Comunidad Económica Europea ni a la OTAN y los Estados Unidos ejercían un papel determinante. Si algún proceso se desmadraba en cualquiera de los dos bloques era muy difícil que el experimento pudiera sobrevivir sin el consentimiento de la potencia tutelar, fuera en Chile o en Checoslovaquia. La muerte de Franco era seguro que ocasionaría cambios, pero nada estaba escrito sobre cuáles serían, el precedente de la revolución de los claveles en Portugal en 1974, un año antes, era un serio toque de atención, a USA y sus aliados les costó años reconducir la situación en Portugal y con ese frente abierto lo que menos se quería era otro quebradero de cabeza en España

La segunda es que la doctrina económica dominante no era aún el neoliberalismo. La intervención anticíclica de los estados en la economía, la escuela keynesiana, dominaba aún el mundo académico. Es cierto que la llamada crisis del petróleo, con el encarecimiento súbito de una materia prima esencial, puso en cuestión la eficacia de las recetas económicas al uso por el fenómeno de la estanflación (estancamiento e inflación de forma simultánea) ya que lo que solucionaba el problema del estancamiento (gasto público) empeoraba el de la inflación, pero la nueva doctrina económica preconizada por Milton Friedman y la escuela de Chicago no se había impuesto, justo empezó a probarse en la práctica tras el golpe de estado de Pinochet en Chile (1973) y empezó a ganar la hegemonía con las elecciones de Margaret Thatcher (1979) y Ronald Reagan (1981)

Sin ponerse mentalmente en ese contexto histórico, al que hay que añadir los elementos propios de una situación española que poco tiene que ver con la actual, es imposible comprender qué paso y por qué pasó. De la misma manera que es imposible entender la evolución posterior de la historia, hasta llegar al presente, sin tener en cuenta los cambios de contexto que se han producido. Un ejemplo para que se entienda, la constitución tiene artículos que hablan de la planificación de la economía o de la propiedad privada al servicio del interés general, eso sería impensable si los postulados keynesianos no fueran la ortodoxia económica generalmente aceptada durante la Transición, el famosos artículo 135 (el que desde 2011 establece que primero hay que pagar la deuda y después lo demás si se puede) no tiene mayor rango en la constitución que el que habla del derecho a la vivienda y que se incumple desde su aprobación. Significa eso que muchos de los males que unos atribuyen a la Transición tienen más que ver con lo que ha sucedido después en España y en el mundo. Y significa también que no hay una interpretación buena de las Constitución como parecen creer los autoproclamados constitucionalistas

La Transición fue un proceso histórico, su resultado un nuevo régimen que como todos es susceptible de ser cambiado a través de evoluciones o por rupturas. Seguirán a esta nuevas entradas en el bloc para intentar explicarla, para que tenga sentido hay que tener en cuenta la necesidad de acercarnos con la idea de que aquel era otro tiempo y, en consecuencia, otro mundo, si eso es algo que requiere de un esfuerzo por parte de los que vivimos el periodo mucho mayor será el de las personas que no lo vivieron y no tienen recuerdos de cómo era la vida cotidiana en aquellos tiempos

La recompensa de conocer la historia es entender mejor lo que nos pasa hoy, si el pasado es tan reciente como los 40 o 50 años que nos separan del periodo a analizar en este caso la influencia sobre nuestras vidas es innegable, saber qué pasó puede ayudarnos, y mucho, a acertar con las claves del presente

dilluns, 25 de març del 2019

SOBRE EL MANIFEST KOINÉ

No és la primera vegada que utilitzo una entrada del blog per contestar una piulada, en aquest cas es tracta d'una resposta a la ex consellera de Cultura i ara candidata al Congrés per JUNTSxCAT Laura Borràs. Per raons que s'entendran llegint l'entrada faré servir a estones el català i a estones el castellà, la meva llengua materna i la que vaig estudiar en la meva infància

Podria haver contestat la piulada limitant-me a rebutjar que una cita de Leopoldo Calvo Sotelo del 1983 serveixi per justificar res, però ja ho ha dit algú altre, prefereixo explicar les raons per les quals considero profundament equivocat i fins i tot insultant el contingut del Manifest Koiné que ella, juntament amb altres, va signar al 2016

En primer lugar, las relaciones entre el castellano y el catalán como lenguas son muy complejas y se remontan a mucho antes de la icónica fecha del 11 de septiembre de 1714. A modo de ejemplo se puede recordar que Boscán, catalán de la primera mitad el s. XVI, fue con Garcilaso uno de los introductores de la nueva métrica renacentista en la poesía castellana. En el otro sentido, es recordado con frecuencia que el Tirant lo Blanc es de los pocos ejemplares de la biblioteca de Don Quijote que se libra de ser quemado. Son sólo ejemplos de la estrecha relación entre lenguas y personas, salvo que alguien quiera acogerse a las teorías delirantes de los Bilbeny y compañía parece obvio que hay una relación de la cultura catalana con el castellano y de la cultura castellana con el catalán que tiene poco que ver con la pérdida o el mantenimiento de las instituciones propias de la Corona de Aragón con la llegada de Felipe V

En segon lloc, el manifest deixa palesa una ignorància profunda dels processos històrics viscuts a Catalunya i España durant el s. XX i un desconeixement greu d'una part de la realitat social catalana. La Guerra d'España no va ser una guerra de España contra Catalunya, va ser el primer o segon episodi (si comptem o no la invasió d'Etiòpia) del que va ser la II Guerra Mundial, va tenir com escenari España i va adoptar la forma d'una guerra civil quan una part de la població va fer front a l'aixecament militar que volia acabar amb la II República. A Catalunya, com a la resta d'España, va haver-hi guanyadors i perdedors, la burgesia catalana va estar majoritàriament en el costat dels vencedors i va obtenir rèdits substanciosos del suport que va donar al govern de Burgos, Cambó no va ser ni molt menys un cas aïllat. A Catalunya no es va produir cap procés de colonització, ni voluntari ni involuntari, la mateixa burgesia catalana que des de finals de la dècada dels 50 donava vida a la recuperació de la llengua i la cultura catalana demanava mà d'obra que va venir d'altres indrets d'España, el nouvinguts van ocupar, com passa ara, el esglaons més baixos de l'escala social, van accedir als pitjors treballs i van acabar vivint en barris  i ciutats que molts anys després, amb moltes lluites i una gran feinada van anar dignificant. Un procés de colonització es caracteritza per la substitució total o parcial de les elits preexistents per las vingudes de la metròpoli i amb la població originària sotmesa i relegada pels nous pobladors, podem pensar en la colonització d'Amèrica o en la conquesta del Far West, però per a res en el que va viure Catalunya en la segona meitat del s.XX. Ni els meus pares ni la meva dona han estat colonitzadors, ni voluntaris ni involuntaris

En tercer lugar, el manifiesto rechaza el bilingüismo porque entiende que conlleva la muerte de la lengua sometida, en nuestro caso la catalana. Aparte de que los datos dicen lo contrario y que el catalán ha ganado presencia en el periodo transcurrido desde 1978 (mi catalán es de autodidacto y el de mi hija lo aprendió en la enseñanza obligatoria) la pregunta que hay que hacerse es si se considera cultura catalana a la cultura en castellano hecha en Catalunya y que acostumbra a tener a Catalunya muy presente. ¿Es más catalana la Colometa que el Pijoaparte?, ¿Manuel Vázquez Montalbán era autor catalán sólo en sus escritos en lengua catalana? Para mi no es comprensible la cultura catalana (aquí sólo he puesto  dos ejemplos literarios, hay muchos más y en muchas otras materias) sin la producción cultural catalana hecha en castellano, como creo que en el resto de España quedaría mutilada, por ejemplo, la asignatura de literatura española sin hablar de Rodoreda o de Jaume Cabré, uno de los mejores autores actuales del estado español para mi gusto y a peasar de ser firmante del manifest

El problema de fons és que la Laura Borràs i jo tenim dos conceptes de nació molt diferents. Tots dos coincidim en considerar que Catalunya és una nació i a partir d'aquí ja no ens posem d'acord en gairebé res més, perquè ella parteix de la idea romàntica de nació a partir d'un esperit del poble que és anterior a la gent que habita el territori, és el volkgeist del nacionalisme romàntic alemany que en el cas català està constituït per la cultura i de forma molt especial, per la llengua. Jo prefereixo nedar contra corrent i pensar la nació en termes molt diferents, existeix nació si existeix la voluntat del habitants de considerar-se ciutadans de la nació, som les persones amb drets cívics i socials i deures cívics i socials els que formem la nació

Esa diferencia en el concepto de nación del que partimos, afecta a todo lo demás, para el catalanismo progresista la argamasa que une a la sociedad catalana es garantizarle a las personas derechos de ciudadanía, libertades personales y derechos sociales que generen sentimientos de vinculación a la comunidad nacional. Los recortes en el estado del bienestar, por ejemplo, implican desvinculaciones de lo colectivo y, en paralelo, buscar refugio en pertenencias identitarias que en Catalunya están lejos de ser uniformes, como está quedando demostrado. Las políticas de Artur Mas convirtiéndose en el gran adalid de las políticas del llamado austericidio entre 2010 y 2012 pretende compensarlas dando impulso a un movimiento nacionalista clásico, los orígenes del procés son una mezcla de movimiento popular de base y de maniobra orquestada desde las instituciones, el problema es que hacer eso cuando las identificaciones emocionales son diversas conduce a la división que se ha generado en Catalunya, pretender solucionarlo como plantea el manifest Koiné es pretender imponer el sentimiento nacional a través de la lengua, ya no es catalán quien vive y trabaja en Catalunya, sino quien además quiere serlo y lo expresa y lo demuestra con el dominio de la lengua, entre otras cosas. Si seguimos despejando la ecuación no cuesta mucho llegar a que los que no lo acepten no son verdaderos catalanes diga lo que diga el padrón

Dit en altres termes, el manifest Koiné és representatiu d'una concepció conservadora de la nació que anteposa els símbols i els aspectes culturals, etnogràfics i el conjunt de creences suposadament compartides per la comunitat a les persones, aquestes esdevenen subjectes que han de servir a la construcció nacional pel bé de la causa i sense esperar cap altra contrapartida que les que es derivin de la prosperitat que assolirà la nació una vegada es pugui desenvolupar plenament. Cap dret de ciutadania o social és més important, en darrera instància, que la nació perquè només el seu ple desenvolupament els pot garantir. Això ens explica bona part de les expressions que sovintejant pel país: España ens roba; d'això o d'alló altre ja em parlarem quan hàgim assolit l'objectiu; lliures de l'opressió espanyola tot és possible...

España tiene que asumir que es un estado plurinacional, tratar de imponer la visión de una única nación  o es inviable o tiene costes inasumibles en los tiempos presentes, la historia ha impedido en los siglos XIX y XX la construcción de algo similar a lo que es Francia, por poner un ejemplo, pero eso tampoco tiene por qué ser negativo si se asume. En Catalunya sucede algo parecido, nuestra historia ha hecho que en Catalunya los sentimientos de pertenencia en clave identitaria sean cualquier cosa menos uniformes, habrá que asumir esa pluralidad y basar la idea de nación en otros elementos, de la misma forma que hay que defender que sea absolutamente natural y no de mal valenciano identificarse con la cultura catalana hay que defender lo mismo para los catalanes con respecto a la cultura española, ya no digo nada para la cultura propiamente catalana que se expresa en castellano y que también existe. Esa constatación no puede impedir que se defienda el catalán como lengua propia del país, ni que se ignore el peligro real que tiene una lengua que no es la de un estado, la inmersión lingüística es imprescindible para garantizar la supervivencia del catalán y debe ser un derecho indiscutible el de la ciudadanía a expresarse en ella en cualquier ámbito, lo que implica el conocimiento por parte de los servidores públicos, entendidos estos en un sentido amplio, pero eso no es incompatible con el bilingüismo como demuestra lo ocurrido desde la recuperación de la democracia en España, otro hecho (el de que España es una democracia con todas las imperfecciones que se quieran) que también hay que reconocer para poder pactar lo que sea, nuevo modelo de relaciones, como yo deseo, o independencia, como desea Laura Borràs. Eso sí, sin los postulados del manifest Koiné de por medio en cualquier caso que se dé

dissabte, 9 de març del 2019

LA FINANCIACIÓN COMO EXCUSA

No tenía pensado escribir esta entrada en el bloc, pero ayer inicié una polémica en twitter y, dada mi torpeza para escribir con el teclado del móvil hilos interminables, he pensado que mejor contestar a un argumento recurrente de mi contertulio de esta forma. Confío en que sea capaz de leer escritos de más de 180 caracteres aunque no alimenten sus firmes y contradictorias convicciones y ya de paso que pueda esclarecer a otras personas por qué hay quien no se considera gilipollas por no dar la razón a los ideólogos del nacionalismo catalán conservador (uso el término gilipollas porque debe ser muy querido por mi interlocutor tuitero, ya que lo utiliza en una de cada dos respuestas, aproximadamente)

Vivimos en un país, Catalunya, que se autoconsidera colectivamente la avanzadilla del progresismo en España frente al rancio conservadurismo de la ciudadanía de resto de la península, esa apreciación de que los catalanes y catalanas nos consideramos más progresistas que el resto de españoles se percibe en  multitud de ocasiones y lo constatan los estudios demoscópicos realizados. Somos tan progresistas en Catalunya que en 39 años de gobiernos elegidos de la Generalitat hemos tenido a la derecha pura y dura gobernado durante 32. Empiezo diciendo esto porque me temo que tenemos una visión distorsionada de lo que somos que nos lleva a creernos todos los mensajes que el conservadurismo hegemónico catalán va construyendo para perpetuarse en el poder y desviar nuestra atención hacia otro lado cuando ellos meten la mano en nuestras carteras, o en nuestros derechos, que al final acaba siendo lo mismo.

Así sucede con el tema de la financiación desde los primeros tiempos del pujolismo, con diversas expresiones, la más reciente de las cuales es el Espanya ens roba

Vaya por delante que Catalunya tiene un problema de financiación que hasta el PP catalán de Alicia Sánchez-Camacho vio, de hecho elaboró su propia propuesta de financiación, dicen los que saben que bastante buena, motivo por el que con toda seguridad el PP estatal le dio rápido carpetazo. Pero el problema de financiación lo tienen todas las autonomías excepto Euskadi y Navarra, es más consecuencia de una España que no se ha creído nunca lo de avanzar hacia una fórmula federal, lo del Estado de la Autonomías nació para que no se notara mucho el trato diferente que tenían Euskadi y Catalunya, especialmente, fue más una manera de no reconocer lo de la España plurinacional que una voluntad política de construir un estado federal, con reglas tasadas. Así, el Senado sirve para lo que sirve y los gobiernos centrales se permiten recentralizar cuando lo consideran oportuno, o trasladar el grueso de los recortes presupuestarios a las Comunidades Autónomas, lo que en la práctica es trasladarlos a dos servicios públicos básicos del estado del bienestar: la sanidad y la educación. Pujol pudo escoger un sistema de cupo similar al Vasco y Navarro y lo rechazó, Pujol es cualquier cosa menos tonto, sabía que al 20% del PIB español no se le iba a permitir el trato de merienda de negros que se le permite a las comunidades forales y, muy posiblemente, ya calculó que dejar el tema de la financiación abierto daría mucho rédito político: ha sido un tema recurrente y básico de la estrategia de victimización que tan bien le ha ido a la derecha catalana para perpetuarse en el poder

Dicho eso, los cálculo de las balanzas fiscales, lo del tanto por ciento de PIB que tenemos de déficit fiscal, los diez y no sé cuanto mil millones anuales que se van y no vuelven son un tema tan discutible como para que Mas-Colell acabara diciendo que en realidad tampoco es eso.

Mi interlocutor tuitero argumenta en repetidas ocasiones que la financiación y recaudar nuestros propios impuestos nos hubieran permitido no haber tenido que hacer los recortes cuando la realidad es que los recortes fueron una apuesta ideológica del primer gobierno de Artur Mas, aquel que él calificó como el dels millors. Añade, no podía ser menos, que es de gilipollas no darse cuenta y no reconocerlo, pero en ningún momento se plantea qué otras políticas se pueden hacer con los recursos de los que sí se dispone, cuando lo que quizá sea de ingenuos (voy a ahorrarme la gilipollez de caer a su altura) es pensar que con más recursos no se harían políticas iguales a las que se han venido haciendo

Mi tuitero debe considerarse de izquierda-izquierda, en una de sus piulades me cita como referentes a Dante Fachín y David Fernández. Cabe suponer que considera un mal menor investir por activa o por pasiva a sujetos como Puigdemont y Torra, que es lo que ha hecho la CUP en las dos últimas legislaturas, o permitir que se aprueben presupuestos que consolidan los recortes de Artur Mas, los más bestias hechos en cualquier autonomía, en tanto que no los revierten. ¿Se ha planteado esa izquierda-izquierda qué supone dar apoyo al catalanismo conservador hegemónico?, ¿se ha preguntado en serio qué consecuencias ha tenido su hegemonía de cuatro décadas para la sociedad catalana? O no lo ha hecho o ha llegado a una respuesta a mi modo de ver equivocada, será que yo sólo soy de izquierdas y no de izquierda-izquierda

Ocho años de recortes no revertidos y siete de procés aún no han servido para que nos demos cuenta de que nos parecemos al Barça a.C. Quizá me enfrentó a un lozano y juvenil tuitero que no sabe qué era el Barça antes de Cruyff, hasta que el profeta del gol volvió reencarnado en entrenador para reverdecer las esperanzas que nos dio el glorioso 0-5 en blanco y negro yo había vivido dos celebraciones de títulos de liga, dos de Recopa de Europa (competición europea menor) y de vez en cuando alguna Copa, cabe decir que estaba mucho más cerca de los 30 que de los 20 años cuando Cruyff ejerció de oráculo y puso fin a décadas de echarle la culpa al empedrado (árbitros, mala suerte, secuestros de jugadores..) para decirnos hagamos bien las cosas y las circunstancias que nos rodean pesarán menos en nuestra contra. Catalunya sigue siendo el Barça a.C. sigue señalando, me temo que ahora más que nunca al enemigo exterior, en lugar de aprovechar sus potencialidades

Quiero decir que si los servicios públicos catalanes son los que son y no mejores la causa principal no es la financiación, sino las políticas que han hecho los sucesivos gobiernos y que no será fácil cambiar, si en la tercera ciudad de Catalunya (Terrassa, alrededor de 225.000 habitantes) nadie recibe atención sanitaria pública, primaria u hospitalaria, prestada por el sector público es por las políticas realizadas por los sucesivos governs, si el porcentaje de alumnado que estudia en centros privados concertados en Catalunya es el mayor de España no es por un problema de financiación. Si las políticas de privatización que escandalizan y movilizan a la población en Madrid o en su día Valencia se han hecho aquí desde 1980 sin que la sociedad catalana se haya alarmado más allá de los cuatro locos que osaban oponerse (incluyendo a los que ahora llaman sindicatos del régimen del 78 los que aplaudían a rabiar a Pujol y sus políticas) la culpa no es de fuera, si el Barça a.C. no ganaba títulos alguna culpa tendrían el Barça y lo que hacían las directivas del club que elegían los socios (añado que me temo que vamos avanzando hacia lo mismo de entonces desde que Rosell fue elegido y hasta hoy, a pesar que D10S nos permite seguir soñando, pero ese es otro tema)

La prioridad debiera ser lo que está en nuestras manos hacer, entre otras cosas no perpetuar por más tiempo a los de siempre con nuevas siglas, o no convertirse, como me temo que le pasa a ERC, en ejecutores de las mismas políticas, o no dejarnos engañar con las trampas permanentes que tan bien le van a los sucesores de Pujol

Espero que como mínimo quien lea esto deje de considerarnos idiotas o poco menos (gilipollas en otras palabras) a los que no comulgamos con ruedas de molino aunque nos las decoren de tal forma que parezcan la hostia consagrada y, para terminar, ya que sale el tema: ¿no hay ningún tuitero de izquierda-izquierda que se pregunte como es posible que la dirigencia del procés estuviera y esté formada por un porcentaje tan elevado de católicos practicantes? A mi me da que pensar

dilluns, 4 de març del 2019

CATALUNYA BIPOLAR Y ESPAÑOLIDAD TÓXICA

Leyendo el artículo de Jordi Évole sobre lo que se vivió en Catalunya los días 10 y 11 de julio de 2010 (aquí) no he podido ignorar cómo viví yo los dos episodios a los que él hace referencia: la manifestación contra la sentencia del TC sobre el Estatut y la victoria de España en el Mundial de Sudáfrica. Adelanto que en ambos casos lo negativo pudo a lo positivo

la manifestación del 10 de julio la viví en primera línea, como en otras ocasiones estaba en el servicio de orden de la manifestación que convocaban, entre otros, los a menudo denostados sindicatos mayoritarios Con mi peto de CCOO estuve en la cabecera, era uno de los que flanqueaba la inmensa senyera que precedía a la cabecera, constituida por todos los presidentes de la Generalitat y del Parlament. La manifestación fue un éxito de participación y yo salí asqueado como nunca me había pasado en una situación como esa

El caso es que en una manifestación supuestamente unitaria de la inmensa mayoría de la sociedad civil catalana, aquí sí que convocaba más del 80% de la representación política presente en el Parlament, lo que yo viví fue una muestra de sectarismo difícilmente superable. El éxito de convocatoria puede explicar que la cabecera se viera sobrepasada por los manifestantes, pero no la actitud de quienes apostados a los flancos del recorrido vitoreaban a uno (Pujol) vituperaban a otro (Montilla) y eran indiferentes respecto a todas los demás personas de la cabecera, ni los insultos que recibimos los que estábamos aguantando sus empujones porque era prioritario que ellos se pudieran acercar a gritar sus pasionales expresiones a que la cabecera de la manifestación se pudiera mantener y se avanzara en el recorrido. Añadiré que no se trataba de jóvenes con aspecto de pertenecer a colectivos radicales quienes vociferaban, sino familias enteras con sus niños, señoras de edad vestidas de domingo, esas tranquilas clases medias eran las protagonistas de algo que a mis ojos y mis oídos tenía mucho de clasismo y algo más

Lo sintomático del caso es que fui aquel día con otro compañero de mi comarca, los dos estuvimos juntos haciendo de cadena humana, vivimos y oímos lo mismo y cuando nos íbamos él iba entusiasmado por el éxito de la manifestación mientras yo le explicaba mi sensación de asqueo. Dos percepciones totalmente distintas del mismo suceso vivido en las mismas circunstancias, por personas con la suficiente afinidad como para militar activamente en una misma organización sindical. Da que pensar

Un salto al día siguiente, domingo caluroso y final del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, no me vuelven loco los éxitos de la selección, per me alegro cuando gana, si además la columna vertebral del equipo, el estilo de juego y el autor del gol tienen como nexo en común ser del Barça aún más. Uno no puede evitar un cierto grado de irracionalidad, me pasa cuando algún deportista español consigue un triunfo aunque sea consciente de que sus impuestos no servirán para la sanidad española, sino para la suiza o la andorrana o cuando un equipo catalán juega con otro de algún otro lugar de España en el deporte que sea, salvo que sea de Sabadell (por evidente rivalidad local) suelo preferir la victoria del catalán, no puedo evitar que esas buenas gentes que usualmente van en pantalón corto me encandilen más allá de lo que racionalmente debieran hacer 

Así pues, estaba contento con el gol de Iniesta cuando se juntó un grupito de españoles de verdad sin mejor ocupación que celebrar la victoria haciendo el saludo fascista mirando a mi casa. Conviene añadir aquí que lo desapego de los fascistas (el uso del término no es banal en este caso) se venía arrastrando desde hacía algunos años a raíz de una agresión sufrida por un miembro de mi familia que no quiso retirar la denuncia que interpuso. Lo cierto es que en algún momento se oyó un ruido en la cocina, cuando fuimos vimos una pequeña piedra que había entrado por la ventana abierta que da a la calle y había roto el vidrio de la puerta que da al patio en el lado opuesto

Esta historia de buenos patriotas, catalanes o españoles, se expresa en una Catalunya bipolar desde antes del procés y se exacerba como consecuencia de él, sin olvidar que fuera de Catalunya también se manifiesta una españolidad tóxica, por desgracia más extendida que los grupúsculos fascistas, desde antes del procés y en aumento desde entonces

El problema es que nadie puede dejar de lado sus apegos irracionales, esos que te hacen querer la victoria de tu equipo o de la selección nacional con la que te identificas, más allá de si juegan bien o son limpios o marrulleros en el campo. Ese punto que nos hace tener percepciones distintas de los mismos hechos es inevitable. Lo evitable debiera la incapacidad colectiva para reconducir las emociones hasta hacer posible el encuentro no excluyente de los que tienen percepciones diferentes


dimarts, 26 de febrer del 2019

LA EXTREMA DERECHA NO NECESITA SER FASCISTA (DE MOMENTO)


La historia nunca se repite, la utilidad de su conocimiento no reside saber qué hechos del pasado van a repetirse, lo que sí permite la historia es tener instrumentos para entender la realidad presente a partir de los conocimientos de los procesos ocurridos en el pasado

El fascismo en sus distintas expresiones es un producto de un contexto histórico determinado que hoy no se da, la actual extrema derecha que crece por todo el mundo tiene conexiones con los postulados defendidos por la extrema derecha de los años 30 del siglo pasado, pero se diferencia del fascismo por aspectos fundamentales, desde mi punto de vista dos son las grandes diferencias y las dos tienen que ver con las diferencias del contexto histórico en que vivimos y el que había en la Europa de entreguerras.

Primera diferencia, el papel de la violencia, la actual extrema derecha no ha organizado estructuras paramilitares propias como hicieron los partidos fascistas, no hay camisas azules en VOX, ni camisas negras en la Lega, ni camisas pardas, ustachis, etcétera

Segunda diferencia, la política económica que defienden no se aparta en lo substancial de la ortodoxia económica dominante, todo lo más que cuestionan y sólo parcialmente es el librecambio mundial en defensa de un supuesto patriotismo económico, pero sus recetas económicas son neoliberalismo puro: menos impuestos, menos trabas a la iniciativa privada, alabanzas del afán de enriquecimiento personal que ha de llevar la prosperidad a todo el mundo y toda la retahíla de los Chicago Boys. Nada más alejado del fascismo clásico, en el que el papel del estado en la economía era clave y todo debía regularse, incluyendo las relaciones laborales, hasta el más mínimo detalle

¿Cuál es la diferencia entre el contexto histórico actual y el de entreguerras? Uno básico, no hay alternativa al modelo económico, la revolución rusa era en los años 20 y 30 una referencia válida para gran parte de la sociedad, cuando el funcionamiento económico clásico de la economía liberal llevó al crac del 29 y a la gran crisis de los años 30 hubo que buscar respuestas para contrarrestar la amenaza de una revolución que se llevara el sistema por delante. En EEUU empezaron a aplicarse las medidas keynesianas y en Europa cobraron fuerza las propuestas que propugnaban la intervención del estado defendidas por las formaciones fascistas. No hay en la actualidad una alternativa al capitalismo, tras la crisis de 2008 se ha aplicado el más de lo mismo como receta. Algo similar sucede en el ámbito del orden público, ninguna amenaza revolucionaria creíble necesita ser contestada con medios que vayan más allá de la capacidad de coerción que ya tienen los estados

La extrema derecha se ha refundado porque su versión fascista no era útil, no le daba los apoyos necesarios en forma de seguimiento popular, reconocimiento de buena parte de los medios de comunicación y aceptación de los poderes económicos. Los nostálgicos del pasado sin más no han prosperado, la Lega no es hija del MSI, Falange, Democracia Nacional y todos los herederos directos de la extrema derecha franquista no han sido capaces de crecer como VOX, que viene de otros pagos, incluso en el caso francés tuvo que haber una ruptura entre el patriarca Le Pen y su hija Marine para romper techos de apoyo

¿Significa lo anterior que no deba preocupar el crecimiento de la extrema derecha, su acceso al poder en USA, Brasil, Hungría, Polonia o Italia o su influencia en el debate político en todas partes? Ni mucho menos, el control de los aparatos de poder se está usando para debilitar la capacidad de respuesta social, con el objetivo final de su destrucción absoluta, la Ley Mordaza del PP es una broma pesada frente a lo que se está gestando desde hace años en Polonia y Hungría o lo que está poniendo rápidamente en marcha Bolsonaro en Brasil. Que la extrema derecha no tenga necesidad de presentarse como fascismo en estado puro no significa que renuncie a destruir la contestación, a desviar la atención hacia chivos expiatorios como la inmigración o los conflictos territoriales, a prohibir la expresión de todo aquello que se les oponga. El liberalismo económico a ultranza se complementa cada vez más con la disminución del liberalismo político clásico, el de los derechos individuales de ciudadanía

El uso del término fascista o de su equivalente nazi, así como los distintos derivados de ambos se ha extendido con el riesgo de vaciar esos términos de contenido, se usa contra los independentistas catalanes, contra C’s, contra el PP y hasta contra el PSC. Ahora casi nadie duda en emplearlo para calificar a VOX. Al margen del rigor en el uso del lenguaje, sobre todo de determinado lenguaje, considero un error su utilización política frente a la actual extrema derecha, le hace un favor porque le facilita recibir el voto de la extrema derecha nostálgica y, sobre todo, porque le permite eludir el debate sobre propuestas políticas y económicas, le facilita contestar con aquello de izquierda trasnochada anclada en un pasado que no es la realidad presente. Mucho más útil sería rebatir sus propuestas con otras alternativas en campos básicos como el de la redistribución de la riqueza y la necesaria reforma fiscal que evite el fraude y la elusión fiscal, en la defensa de las libertades individuales y de los colectivos (mujeres, inmigrantes, homosexuales..) en posición de debilidad en la actual sociedad, en el del modelo territorial que recoja el respeto a la diversidad y la necesidad de un proyecto supranacional que haga frente al poder financiero para burlarse de los estados nación tal como están concebidos, en la defensa del medio ambiente y la calidad de vida de las personas frente a las consecuencias del cambio climático y del desastre ecológico que provoca el actual modelo de producir y consumir

Las políticas que nos llevaron a la crisis que padecemos son defendidas por todas las derechas, su incapacidad para satisfacer las necesidades del conjunto de la población se pone periódicamente de manifiesto y en 2008 lo hizo a gran escala. Son políticas económicas que no necesitan de un sistema democrático para su aplicación, como acredita que se aplicaran por primera vez en el Chile de Pinochet. Es más, a medida que se manifiesta la mentira de lo que prometen quienes las implantan se hace necesario limitar los contrapoderes democráticos. Limitar el derecho de protesta es algo que ya ponen en marcha formaciones políticas clásicas, como ya hemos visto con la Ley Mordaza del PP o con la represión del 15-M que practicó el Govern de Artur Mas en 2011, pero eso no hace más que favorecer los discursos de mano dura para todo que propugna la extrema derecha, un buen caldo de cultivo para su crecimiento. No necesitan un estado fascista, necesitan un estado que será más autoritario cuanto más se necesite sin que ello conduzca necesariamente al fascismo

No es una cuestión de purismo, sino de utilidad. Se encuentran cómodos en el intercambio de calificativos y palabras gruesas, sus escrúpulos son nulos. Su estrategia pasa por señalar los síntomas para desviar la atención de las causas, todos los descontentos son susceptibles de ser atribuidos a un chivo expiatorio (inmigrantes, feministas, nacionalistas de otra causa nacional…) mientras la enfermedad se extiende. En realidad, todo se acaba reduciendo a qué se produce, cómo se produce y cómo se reparte, de eso es de lo que no quieren hablar y ahí cabe todo: modelo económico, sostenibilidad ambiental, justicia social, modelo de familia y lo que eso comporta... Intentemos llevar a ese terreno el debate y no a una estéril guerra de etiquetas.

dilluns, 11 de febrer del 2019

¿QUÉ HA CAMBIADO?


Nos recuerda Joaquín Estefanía en este artículo que la estrategia de la crispación no es nueva, también nos explica algo substancial, el objetivo de las campañas exacerbadas no es conseguir que los votantes de izquierda pasen a votar a la derecha, sino conseguir que se abstengan. Después habla de Steve Bannon para resaltar las similitudes entre su estrategia de campaña con Donald Trump y lo que está haciendo la derecha española en estos momentos



Joaquín Estefanía podría haberse remontado más en el tiempo, las estrategias electorales a las que hace referencia se teorizaron y se pusieron en práctica hace décadas por el Partido Republicano estadounidense y en España ha pasado ya un cuarto de siglo desde que el PP de Aznar hizo lo propio con los últimos gobiernos de Felipe González, ciertamente entonces con la ayuda inestimable de hechos reales como los GAL o los casos de corrupción que afectaban al PSOE



En el Partido Republicano llegaron a la siguiente conclusión, es muy difícil que los votantes demócratas cambien masivamente el voto hacia los candidatos republicanos, pero si se tensa el ambiente político con temas transversales donde lo irracional pese más que lo reflexivo, donde prime más el corazón (lo visceral) que la cabeza (lo cerebral) se puede conseguir que un porcentaje substancial de ese electorado se quede en casa, asqueado, mientras que el votante tradicional republicano no se desmovilizará, bien porque ese tipo de temas son motivadores para ellos, bien porque son votantes más constantes. Asuntos como las políticas económicas y sociales se reducían a las consignas neoliberales en boga de menos impuestos y menos estado y las cuestiones de derechos civiles e individuales pasaban desapercibidas por el ruido de la campaña continua sobre los asuntos de los que interesaba hablar, tuvieran una base real o fueran en muchos casos magnificados, cuando no inventados



Ese tipo de planteamientos fueron importados unos años después por la derecha española. Ayudados por la irrupción de nuevos medios de comunicación tanto en prensa escrita como en radio y televisión, los dirigentes de PP en la oposición empezaron a usar temas diversos más o menos fundamentados para que el votante tradicional socialista se desmovilizara. Lo explicó con su tremenda lucidez Manuel Vázquez Montalbán en Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos, de muy recomendable relectura para ver, entre otras cosas, que el asunto de Catalunya no es nuevo como instrumento de desgaste político en el ámbito español



Como se juega con la desmemoria y el consumismo de la información (consumismo en el sentido de usar y tirar) nos parece que lo que está pasando ahora en España es aberrante, pero si retrocedemos sólo 15 años en nuestra memoria recordaremos cómo un invento del calibre de la teoría de la conspiración sobre el 11-M fue el gran caballo de batalla de la oposición del PP en la primera legislatura de Zapatero, o cómo se usó de forma irresponsable algo tan inocuo, visto en la perspectiva actual, como la reforma del Estatut, o cómo de fariseo era el mensaje contra reformas como la del aborto o la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo que después no se revirtieron, o cómo la lucha antiterrorista es tema de estado que no se puede usar políticamente para desgastar al gobierno sólo cuando este es del PP. Únicamente la crisis y la mala gestión gubernamental que se hizo de ella llevó el debate público a lo que podríamos denominar las cosas de comer



Porque la crisis de 2008 es el gran cambio, en España y en el mundo, que hace distinta la situación actual. Si se analizan los resultados en las elecciones generales en España desde 1993 vemos que hasta 2011, inclusive, se confirma el patrón, las grandes victorias del PP se deben tanto a sus votos como al incremento del abstencionismo en el electorado del PSOE que en su número de votos es una montaña rusa con hundimientos aparatosos en las legislaturas en las que el PP obtiene mayorías absolutas. Después el tablero político salta por los aires



Lo preocupante del presente es la crisis de las democracias, lo que se ha denominado de distintas maneras en función de la posición ideológica de cada cual (democracias burguesas, democracias liberales, democracias capitalistas, democracias occidentales) está resultando un instrumento inútil para hacer frente a lo que la crisis de 2008 ha puesto de manifiesto, el modelo capitalista neoliberal ha fracasado, al menos en el sentido de que lo que prometía se está incumpliendo sistemáticamente, otra cosa es si lo que prometían los teóricos del neoliberalismo fuera lo que pretendían en realidad. Se nos ha venido diciendo desde finales de los años 70 que lo que había que hacer era desregular y privatizar, bajar impuestos y dejar hacer al capital, que eso serviría para generar riqueza suficiente como para que todo el que quisiera (y no fuera un aspirante a parásito social vividor de subvenciones) pudiera vivir bien, cada vez mejor, porque además las nuevas tecnologías nos lo iban a permitir



La crisis de 2008 no es un pequeño accidente en el camino, por mucho que sigan aplicándose las mismas políticas económicas cualquiera con un mínimo de información constata que las desigualdades son crecientes y que las expectativas de futuro personal acostumbran a ser peores de lo que eran para las generaciones anteriores, al menos entre los antaño supuestamente privilegiados habitantes de las democracias occidentales. Los estados nación surgidos de la doble revolución de la que habló Hobsbawm en Las revoluciones burguesas (liberal e industrial) ya no pueden dar respuesta a los problemas de la población de cada uno de ellos, son incapaces de controlar las consecuencias para su ciudadanía de las decisiones del capital transnacional, en especial el financiero. La democracia pierde contenido y los sistemas autoritarios queda claro que no son incompatibles con el neoliberalismo económico



El crecimiento de la nueva extrema derecha, que no se siente heredera de los fascismos al menos en sus proclamas, tiene que ver con esa situación de desconcierto, se ofrecen aparentes seguridades centrando el objetivo no en la causas de la enfermedad, sino en los síntomas, no en los fallos sistémicos sino en lo que se visualiza de esos fallos, así las personas que trabajan en precario dentro o fuera de la norma legal, muchas veces pero no siempre inmigrantes, son responsables de todos los males, la inseguridad se asocia a los pobres pero no a la pobreza, quien vive en otro territorio se aprovecha de los esfuerzos que hacemos en el nuestro, etcétera. No es una extrema derecha que planteé otra política económica, sólo se proclama antisistema en el repliegue a verdades supuestamente incontestables que varían de un lugar a otro y tienen como nexo común un profundo conservadurismo social



Por tanto, la gran diferencia es que la confrontación crispada como estrategia electoral no tiene como consecuencia la alternancia en el gobierno, sino que se enmarca en el avance de posiciones políticas que progresan en la destrucción de la democracia, porque la inutilidad de las propuestas para dar respuesta a las necesidades de las personas, incluso cuando los datos macroeconómicos son positivos, da pie a modelos cada vez más autoritarios, con una división de poderes paulatinamente menos definida, el castigo a la disidencia y a la protesta, la limitación de libertades y la inaplicación de los derechos humanos reconocidos internacionalmente en nombre de la seguridad, etcétera. Ha sucedido en España y está sucediendo en Hungría, Italia, EEUU, amenaza claramente en Francia desde hace tiempo Es un peligro global, plena libertad para la economía privada sin control social y menores libertades, menor calidad democrática, para defender cualquier alternativa



Frente a eso también crece en el mundo la visión contraria, la que plantea, sin tener un modelo de referencia claro, la necesidad de hacer frente a esta oleada ultraconservadora y a las aberraciones de las políticas económicas neoliberales, en defensa de una mejor distribución de la riqueza, el mantenimiento de los equilibrios ecológicos del planeta y el respeto a los derechos individuales y colectivos. Es mucho más difícil sin tener una referencia a seguir, pero será mucho más productivo que tenerlas equivocadas y, sea como sea, resulta imprescindible

divendres, 1 de febrer del 2019

MIEDO



Cuando murió mi padre yo era fumador. Todo el mundo asoció su cáncer de pulmón al tabaquismo, había fumado desde que tenía uso de razón, conocíamos sus historias de cuando fumar era un lujo y no porque el tabaco fuera caro, sino porque en aquella España y en aquellos tiempos hasta comer era un lujo, de cómo aprovechaban las beatas (las colillas que recogían del suelo si otro no se las había apropiado antes) o de cómo secaban pieles de patatas o cualquier otra cosa para conseguir un sucedáneo del tabaco. Por entonces dejó de fumar mi hermano, seguramente por miedo. Yo no tuve miedo, seguí fumando unos años más



No tener miedo no significa no preocuparte de tanto en tanto por si, como pensar que te puedes matar con el coche o, en mi caso, me dan miedo las alturas, con que puedo despeñarme en cualquier sitio elevado. Pocos fumadores, si hay alguno, no habrán pensado alguna vez en lo que puede pasarles, menos con las campañas, pero al menos en mi caso era un temor pasajero que no se asentó nunca, todo y ser un fumador de riesgo elevado por el consumo, rondando los tres paquetes diarios



Dejé de fumar una docena de años después sin tener realmente miedo en el sentido al que me referiré más adelante. Una enfermedad sin relación directa con el hábito me tuvo cinco días sin fumar entre urgencias y cuidados intensivos, cuando pasé a planta decidí probar, no había habido una voluntad previa de dejar el tabaco, no hubo una prohibición médica porque la úlcera sangrante que a punto estuvo de llevárseme por delante no tenía un vínculo directo con el tabaco. Han pasado diecinueve años, no recuerdo que el miedo tuviera que ver con mi decisión



Pero el otro día sí que sentí miedo, como otras veces me ha pasado. No el miedo súbito de la película de terror, sino el miedo de una perspectiva futura, sólo una posibilidad, que genera desasosiego interior, que indispone físicamente incluso, un malestar que perdura y retorna de tanto en tanto, similar a un recuerdo ya viejo que aún me provoca una sensación parecida, con mi hija muy pequeña intentando asomarse, mientras yo recogía la ropa en el terrado, a un estrecho respiradero de una parte de los cuartos de baño del bloque. También tiene que ver con ella, la que de niña me reconvenía porque yo fumaba y la que al llegar a la adolescencia, como suele pasar, se olvidó de sus reproches y empezó a fumar



Han pasado años, fuma (o fumaba, me gustaría pensar) y mucho. Hace poco más de un mes dijo que lo dejaba, la sensación de alivio y orgullo se sucedía con la desconfianza en mi caso, sabedor de lo difícil de mantener el empeño. Pasaron días, no había sido un propósito de año nuevo, había empezado antes y las semanas iban pasando, me ha rodeado en este tiempo algo parecido a una atmósfera de felicidad, que durará poco y se irá diluyendo pero dejará, si se confirma la razón que está en su origen, ese poso interior que sedimentan las alegrías y las tristezas profundas.



El otro día todo se frustró, intuí algo, bajé con la excusa de ir a por agua o no sé qué y la encontré con un cigarro. Me dijo que era el primero y que lo apagaba y no volvería. Ni me convence ni me convenció, tiene ya su edad y yo la mía, ella para hacer lo que quiera y yo para desconfiar. El miedo vuelve a estar al acecho, a anidar dentro, ese miedo que no sientes por nadie más, ni siquiera por ti mismo



Escribo esto y lo publico porque seguro que hay miedos como el mío, por los motivos que sean, latentes en otra gente. Pero, sobre todo, lo escribo porque sé que ella lo leerá, porque sé que le gustará en el fondo lo que cuento y porque espero que me haga cao, aunque lo dude